• municipio:

    Monzón

  • Tipo:

    Castillo

  • estado:

    Uso Turístico

  • Cronología:

    XI-XVII

  • Ubicación:

    En un monte cercano al municipio

  • Catalogación:

    BIC

  • Propiedad:

Castillo de Monzón 2007, foto de E. Baringo  Castillo de Monzón 2007, foto de E. Baringo  Caballeros templarios en el Castillo de Monzón, foto de E. Baringo 2007  Castillo de Monzón iluminado, E. Baringo  Foto del castillo de José María Puig   Vista general  Torre del Homenaje  Fiesta Medieval 2005, E. Baringo  Homenaje a los Templarios 2005, E. Baringo  Torre y muralla  Interior del castillo  Acceso al Castillo, foto de E. Baringo  Iglesia del castillo, foto de E. Baringo  Detalle de la silleria y marca de artilleria, E. Baringo 2005  Garita, E. Baringo 2008  Sala de los Caballeros, foto de E. Baringo 2002  Interior de la Torre del Homenaje, E. Baringo 2002.  Marcas de artilleria, foto de E. Baringo 2008  Garita del castillo, foto de E. Baringo  Polvorín del Castillo, foto de E. Baringo  
   Dibujo de Teodoro Pérez Bordetas  
Castillo de Monzón 2007, foto de E. Baringo

Indice de Contenidos
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Historia:

Rodeada por los ríos Sosa y Cinca, la escarpada colina sobre la que se alza el imponente castillo templario, debió ser colonizada en época ibérica, al menos lo fue el cerro próximo de Las Celias, importante yacimiento iberorromano de Tolus o Tolous, cristianizado con el santuario Virgen de la Alegría.
Los árabes llegan a Monzón en el 714, llamándole Monzones. Su enclave en el límite de los distritos de Huesca y Lérida sirvió para provocar algunos enfrentamientos entre los poderes respectivos. En el año 872, Is-mail de la familia Banu Qasi de Zaragoza capturó al gobernador de esta ciudad y luego ocupó la población de Monzón, mientras su hermano Mutarrif se apoderaba el mismo día de Huesca, era de los Banu Amrus, dominando así la Marca Superior.
La reacción de la jefatura cordobesa propició que en el 873, Jalaf, señor de Barbitaniya, asaltara Monzón entregando a Ismail al emir Muhammad. Puesto en libertad Ismail volvió a Monzón con ánimo vengativo, ingeniándoselas para casarse con la hija de Jalaf; al nacerles un hijo invitó a su suegro y ocho cuñados, apresándolos y matándolos a todos. El cronista al-Udri registra actividad bélica en Monzón en el primer tercio del s. X, y en s. XI pertenecía a los Banu Hud, ocupando la ciudad el Cid Campeador al frente del ejercito musulmán de al-Mutamin de Zaragoza -1083-, "sin que el rey Sancho -Sancho Ramírez- que lo presenciaba todo se atreviese a dar un paso para impedirlo".

La gran ofensiva sobre el Cinca encabezada por el infante Pedro logró ocupar las plazas fuertes de Estada, Estadilla y Monzón -1089-, siendo distinguido con el título de rey de Monzón. Pero en una de sus aceifas los musulmanes se adueñaron nuevamente de la población. Recuperada por don Tizón, probablemente cayó en manos almorávides en 1126, entregándola al conde Ramón Berenguer III de Barcelona que lo pudo devolver en la entrevista sostenida con Alfonso I -1127- en el castro de Calasanz). En 1130 figura como léñente García Ramírez futuro rey de Navarra y nieto del Cid.
A la muerte de Alfonso I -1134- la villa fue concedida como señorío a un ricohombre llamado Tizón, designando en aquel tiempo al castillo Mont Tizonis en consideración a su nuevo señor, del que podría derivarse el nombre de Monzón.
Agarrándose al extraño testamento del Batallador, la orden del Temple recibe de Ramón Berenguer IV, que gobernaba en Aragón desde 1137, los castillos de Monzón, Chalamera y Mongay, convirtiéndose así el castillo de Monzón en la principal encomienda del Temple en el reino aragonés. Los templarios inician en 1143 la transformación de la fortaleza en convento, siguiendo las pautas austeras de los cisterciense.
Una etapa trascendental en el devenir del castillo le une a la infancia de Jaime I, pues aquí permaneció en total aislamiento entre agosto de 1214 y tal vez junio de 1217, encargándose el gran maestre del Temple Guillen de Montredón de su tutela. Acompañado de su primo el conde de Provenza estuvo en situación de encierro, casi prisionero, durante dos años y medio. Con nueve años fue proclamado rey, saliendo de estas venerables piedras con rumbo a Zaragoza, aunque durante toda su vida seguirá profundamente unido a la orden templaría y fortaleza de la villa.

Un siglo después el papa disolvió la orden del Temple. El ejército de Jaime II lo asedió durante siete meses y conquistó el castillo, defendido por el comendador Berenguer de Bellvis -1308-, entregándose las posesiones templarías a la orden militar de San Juan de Jerusalén, concretamente Monzón en 1317 Fue perdiendo importancia con el tiempo, manteniéndose la encomienda hasta el s. XVIII. Testigo de esta decadencia fue el geógrafo portugués Labaña a principios del s. XVII: "... en lo alto hay un antiguo castillo muy arruinado, fuerte para aquellos tiempos, en el cual aún hay en pie la iglesia de San Nicolás..."
El rey Pedro IV favoreció las instituciones comunales de Monzón convocando en la villa numerosas cortes, reunidas en la espaciosa nave de la colegiata. Al igual que la muralla oscense, el enfrentamiento castellano-aragonés del s. XIV conllevó reparaciones en el cercado y foso del castillo.
Posteriormente los hechos de armas fueron más puntuales. En la guerra de la independencia catalana contra Felipe IV -1640-, el castillo se rindió ante el ejército francocatalán de La Motte -1642-, siendo recuperado al año siguiente por las tropas castellanas de Felipe de Silva. El castillo fue reformado, agregándose amplios baluartes.

Durante la guerra de Sucesión, Francisco Barnoya ganó a los monzoneses a la causa del archiduque y apresó a los franceses que custodiaban el castillo -1705-, reteniéndolo dos años. Nuevamente lo conquistaron los archiducales tras duro sitio que provocó la ruina de la villa -1709-. En un plano de 1710 las fortificaciones se extendían hasta el vecino cerro de Santa Quiteria, uniéndose al castillo por un pasillo cubierto.

En la guerra de la Independencia fue asediado varias veces, con sucesivos cambios de mano. Durante la guerra civil de 1823 fue rendido por los realistas, convirtiéndose en cuartel de artillería hasta fines del s. XIX.
En los últimos años el castillo ha adquirido notable relevancia local, acrecentada por los campos de trabajo que el Centro de Estudios de la Historia de Monzón (CEIMO) viene realizando cada verano.
El castillo se asienta sobre un montículo de cima explanada, de unos 125 m de eje máximo, mostrando tendencia triangular deforme. Se sube desde el centro del casco urbano montisonense por empinada vía acondicionada para vehículo convencional. Está cerrado y tiene horario de visita.