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156 / junio 2009

SAN JUAN
A 199 años de la creación del Ejército Argentino

INTELIGENCIA DE COMBATE
El Carancho, pequeño pájaro de información

COMPAÑIA DE COMANDOS 601
Una herramienta eficaz para el combate moderno

CONFERENCIA DE EJÉRCITOS AMERICANOS
IIdo Ejercicio de Operaciones de Paz

MAR DEL PLATA
Bautismo de Fuego de la Artillería Antiaérea

PUNTA ALTA, PROVINCIA DE BUENOS AIRES
El Batallón Conjunto Argentino 11 se adiestra para operar en Haití

CONVENIO ENTRE LOS MINISTERIOS DE DEFENSA Y SALUD
Crean un hemocentro de las Fuerzas Armadas

DEPARTAMENTO DE POLÍTICAS DE GÉNERO
Lucha por la igualdad de oportunidades

EL EJÉRCITO ARGENTINO Y LA PRODUCCIÓN NACIONAL / Capítulo Décimocuarto
El gran gasoducto

HISTORIAS DEL PENSAMIENTO POLITICO NACIONAL / Capítulo Décimoprimero
La reforma universitaria de 1918

RESERVISTAS DEL EJÉRCITO
Unidos por un Sentimiento

17 DE MAYO - DÍA DE LA ARMADA
Veleros de la Independencia

ESTADO MAYOR CONJUNTO
Primera Reunión del Comando General Electoral

OLIVA – CORDOBA
Festival de Bandas

CORDOBA
Paixpillan: La Cacique solidaria

2DA SECCION
HACIA EL BICENTENARIO

El Ejército abrió sus puertas

HACIA EL BICENTENARIO
Un San Martín de película


GUARDIA MÉDICA DEL HOSPITAL MILITAR CENTRAL
Ocho días a la semana


PERSONALIDADES
El rugido de una Leona

EL EJÉRCITO ARGENTINO Y LA PRODUCCIÓN NACIONAL / Capítulo Décimocuarto
El gran gasoducto
por Lauro S. Noro

El 5 de marzo de 1945 se instituyó el Día de la Nacionalización de Gas, luego de que el gobierno nacional tomara posesión de las empresas distribuidoras privadas de gas. Y con la creación de Gas del Estado se puso en marcha el primer gasoducto Comodoro Rivadavia-Buenos Aires, de 1.605 kilómetros de largo. Fue inaugurado el 29 de diciembre de 1949 y esta es la historia del hombre que lo hizo possible.
Trabajo de protección en la zona de Paragüil
 
Ahora viene lo más difícil, general, pero hay que hacerlo. De lo contrario, todo esto no servirá para nada.
-¿Y qué hay que hacer?
-Un gasoducto. En Comodoro Rivadavia dejamos escapar el gas y después importamos carbón de hulla para fabricarlo. Tenemos que traerlo a Buenos Aires y terminar con el carbón importado.
Perón hizo llamar a su despacho al ministro de Industria y Comercio, Rolando Lagomarsino, mientras seguía atentamente las explicaciones del ingeniero Julio Canessa sobre un gran mapa.
-Está bien; no hace falta que entremos en más detalles. Vaya y hágalo. Ahora se lo ordeno. Y usted, Laguito, se ocupará de que a Gas del Estado no le falte nada. Quiero ver ese gasoducto terminado cuanto antes.
EL MAPA de Argentina muestra el recorrido del Gran Gasoducto Presidente Perón
Con este diálogo entre el Presidente de la República y el titular de la flamante empresa Gas del Estado, nació la obra que llevaría gas a la mayoría de los hogares de Buenos Aires. De esta manera también, el nuevo organismo -resultado de la fusión del Departamento de Gas de YPF, la nacionalizada Compañía Primitiva de Gas y otras empresas más-, se quedaría con el transporte y distribución del gas. Hasta aquel 5 de marzo, YPF había tenido el monopolio de los yacimientos de hidrocarburos no sólo era responsable de construir las redes de captación de gas, sino de ceder el gas a Gas del Estado. Las tarifas fijadas por la Secretaría de Energía, no debían reflejar necesariamente los costos reales; lo que se trataba era que la gran mayoría de la población tuviera acceso tanto al gas de garrafa como al gas natural.

Un poco de historia
En 1940 los directivos de La Compañía Primitiva de Gas, de capitales ingleses y cuyo contrato con el gobierno había vencido, pensaban en que el presidente Roberto M. Ortiz, contrario a las nacionalizaciones, iban a prorrogarlo. Sin embargo, la asunción de Ramón S. Castillo frustró esos planes porque al respecto, tenía una idea distinta. La Segunda Guerra Mundial impidió que la concretase. Con el golpe militar de 1943 la situación no se definía, hasta que algunos técnicos de YPF trataron de convencer a las nuevas autoridades sobre la necesidad de crear un organismo estatal que reemplazara a la Primitiva de Gas, hecho que se produjo el 5 de marzo de 1945. Ese día, cuando el entonces coronel Perón asistió a la toma de posesión de las viejas instalaciones de la compañía privada, acompañando a las autoridades de YPF, le dijo a Canessa que cuando necesitase algo no dudara en ir a verlo.
Era la oportunidad para acercarle sus planes. Quince días después, con otro funcionario de YPF, el ingeniero Teófilo Tabanera, llegó hasta el despacho del ministro de Guerra, en Callao y Viamonte. En apenas diez minutos, expuso los motivos de la visita. “Es imprescindible crear un organismo

nacional y autónomo para desarrollar y explotar el servicio de gas en todo el país. La única manera de aprovechar el que se ventea en Comodoro Rivadavia es llevarlo a la Capital Federal y reemplazar combustibles más caros como el kerosén, leña, carbón vegetal y otros elementos importados que generan excesivos costos para el país y son muy caros para las familias”, explicó. Lo escuchó atentamente y guardó el proyecto en un cajón de su escritorio.



Lo que vino después

En 1960 se construyó un segundo gasoducto paralelo al primero, el General San Martín, de mayor diámetro y capacidad. Y con el descubrimiento de los yacimientos gasíferos en Salta, surgió el ducto desde Campo Durán a Buenos Aires y que también, unió áreas de Bolivia para importar fluido desde ese país. Cuando la Patagonia fue productora de este recurso en la cuenca neuquina, en los yacimientos de Loma de la Lata, surgieron los gasoductos NeuBA I y II, de Neuquén a Buenos Aires. Le siguió el que uniría Neuquén con Mendoza y hacia el este, para llevar el gas a otras regiones del país. Esta red de gasoductos troncales, junto con una extensa red de gasoductos secundarios, puso el gas natural al alcance de los centros poblados del país.
Durante más de 40 años, el servicio de gas alcanzó una participación del 40 por ciento del consumo de energía primaria, llegó a constituirse en el combustible esencial y barato en millones de hogares y fue actor fundamental de un plan de uso racional de la energía. En buena parte, sustituyó a los combustibles líquidos para generar electricidad y en grandes industrias y en la provisión de GNC para automotores.

Tres meses después y durante el arribo al país, de un nuevo buque petrolero de YPF, mientras Perón saludaba a uno por uno de los funcionarios alineados en la dársena, se encontró con Canessa. Le susurró al oído: “Quédese tranquilo, ingeniero que su proyecto está por salir…” A las 48 horas, cuando sus esperanzas parecían perdidas en un archivo, se enteró de la creación de la Dirección Nacional de Gas del Estado, que entraría a funcionar el 1º de enero de 1946. Ese mismo año y al mes de haber asumido como presidente de la Nación, en una de sus primeras audiencias, recibió al responsable de Gas del Estado. Y en ella, se produjo el diálogo que reproducimos al iniciar la nota.

Menos que un litro de leche
El gasoducto estaba listo en los papeles. El 21 de febrero de 1947 comenzaron las obras. En la localidad bonaerense de Llavallol, Perón fue invitado a soldar el primer caño, pero una lluvia torrencial lo obligó a cambiar de vehículo. Dejó el coche presidencial y a bordo de un jeep atravesó dificultosamente el lugar inundado, para llegar al lugar de la ceremonia con los pies llenos de barro y un piloto sobre los hombros. Le colocaron una máscara, empuñó el soldador y dejó simbólicamente inaugurada la obra. “Nadie comprendía por qué empezamos allí y no en Comodoro -recordó más tarde Canessa-, pero nosotros habíamos trazado una estrategia. Sabíamos que los intereses extranjeros podrían interferir y hacer parar la obra en cualquier

punto; pero si el tramo construido estaba aislado no servía para nada y había que terminarlo. Por eso empezamos al revés y quemamos las naves. Nos jugamos a todo o nada; o terminábamos o nos echaban a todos”. El gasoducto quedó inaugurado el 29 de diciembre de 1949 y en ese momento era el más largo del mundo. Tenía más de 1600 kilómetros de largo. Costó 50 millones de dólares y sirvió

para que la distribución de gas aumentara de 300 mil metros cúbicos por día a 15 millones. También mostraba otro resultado. “En 1940, el metro cúbico de gas costaba 20 centavos, igual que un litro de leche y después, cuando la leche costó 19 pesos, el gas ya valía la mitad. El valor de esa obra no tiene precio”, aseguraba el ingeniero.
El 29 de diciembre de 1999 el directorio de Enargas descubrió una placa recordatoria en su honor e impuso su nombre a la sala de audiencias del ente, como reconocimiento a uno de más los destacados pioneros gasíferos, miembro de una generación de esforzados visionarios. “Su obstinada convicción, empuje e inquebrantable fe en el desarrollo de la industria del gas en la Argentina, resultaría esencial para la consolidación de aquella obra”, expresó uno de sus directivos.
Los trabajadores preparan el empalme de los tramos de cañería en la Sierra de la Ventana, provincia de Buenos Aires
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