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¿Por qué temen a los debates?
El Gran Debate de RCN TV y Radio y Semana generó una interesante discusión sobre los perfiles y propuestas de los candidatos.
El Gran Debate de RCN TV y Radio y Semana generó una interesante discusión sobre los perfiles y propuestas de los candidatos.
ELECCIONES 2010La inasistencia a los debates ha sido estrategia de campaña de los candidatos que puntean las encuestas. Pero, ¿es eso conveniente para la democracia?
Martes 6 Abril 2010

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Este martes, se postergó el debate organizado con los candidatos, organizado por Semana. ¿La razón?: Juan Manuel Santos, de La U, y Noemí Sanín, del Partido Conservador, declinaron su participación y se excusaron de no poder asistir. Ambos argumentaron razones de agenda.

Este debate era el segundo programado por un medio de comunicación, después de que se conociera la baraja completa de candidatos. Sin embargo, su programación comenzó mucho antes de que se conociera el resultado de la consulta conservadora. Es decir, hace más de un mes.

Varios analistas consultados por Semana.com prevén que esta será una actitud recurrente en los días que restan de campaña. En otras palabras, lo más probable es que la deliberación pública no vaya a caracterizar esta competencia por llegar a la Casa de Nariño.

La importancia de debatir

Tras el debate de la alianza entre RCN Radio y T.V, La Fm, y Semana el pasado 23 de marzo, columnistas tuvieron un insumo para escribir, se abrieron foros ciudadanos, se hicieron sondeos de opinión, los mismos candidatos evaluaron fortalezas y debilidades de sus campañas, los internautas discutieron; en fin, se generó una discusión importante sobre qué es lo más conveniente para el país.

Y el debate demostró que sigue siendo el mecanismo más expedito para conocer, además de las propuestas de gobierno de un candidato, su capacidad de reacción e improvisación, su posición frente a temas polémicos y no menos su carácter.

Para el consultor en asuntos internacionales sobre democracia Juan Fernando Londoño, “el debate es el escenario más propicio para que los ciudadanos conozcan los programas y propuestas de los candidatos y los puedan comparar”.

En la columna de Alfredo Rangel, de la edición 1456 de Semana, el analista enumeró las razones por las cuales el contexto político exige más debates y de mayor calidad: “todos los candidatos son muy capaces y hay temas en la era pos Uribe. Habrá cifras récord de participación electoral. La gente está muy interesada en lo que va a suceder. La segunda vuelta está prácticamente empatada. El juego de las alianzas va a ser determinante…”, escribió.

Un debate es una puesta en escena de los candidatos con lo público. En ese sentido, el ciudadano del común puede darse cuenta de qué compromisos puede tener su favorito y con quiénes. Además de comparar a los aspirantes.

Por estas razones, a menos de dos meses de las elecciones, la inasistencia a los debates y la falta de estos, afecta el buen desarrollo de una campaña deliberativa.

Para Londoño, “el debate intelectual se ha desarrollado muy poco. Y esta campaña no será la excepción, al final los votantes elegirán más la imagen de los candidatos, u otras motivaciones, que sus ideas”.

¿A qué le temen los candidatos?

Para la politóloga Elizabeth Ungar, directora de la organización Transparencia por Colombia, “la importancia de los debates en una democracia es total. La posibilidad de conocer a los candidatos en la plaza pública ya se acabó. Ahora, los medios de comunicación juegan un papel muy importante para que la ciudadanía pueda conocer a los candidatos”, dice la politóloga.

Cuando un candidato tiene dificultades para comunicarse es probable que sus estrategas de campaña le sugieran no presentarse a los debates. “Esa actitud no es necesariamente un acto de irresponsabilidad, pero la política moderna exige que un candidato tenga una gran capacidad de comunicación”, explica a Semana.com la directora de Votebien.com, María Teresa Ronderos.

La incapacidad de comunicarse, sin embargo, antes que ser una excusa para que un candidato no se presente a un debate es la oportunidad de enfrentar el miedo al escrutinio público. En palabras del analista político, Rodrigo Pardo, “una persona que aspira a ser gobernante debe ser capaz de comunicarse con el país, tener habilidad para improvisar y generar confianza”.

El temor verdadero de quienes van punteando las encuestas es que tras un debate, sobre todo si es televisado, puedan cambiar las preferencias de los electores. En las campañas estadounidenses los debates son decisivos. Hay estudios que indican que más de la mitad de los votantes son motivados para su elección tras un debate.

No obstante, en Colombia no ocurre lo mismo. Un ejemplo reciente de que los debates televisivos parecen afectar muy poco la opinión de los ciudadanos. Por ejemplo, tras el debate del 23, la encuesta de la firma Ipsos Napoleón Franco indicó que las preferencias de los electores no cambiaron sustancialmente.

Al final, el resultado más significativo fue que aumentaron las intenciones de voto por Noemí Sanín y Antanas Mockus, mientras que las de los otros candidatos permanecieron relativamente igual, en relación con encuestas parecidas hechas con anterioridad.

“Lo que no se puede determinar es si esos resultados fueron producto de que recientemente se habían celebrado las consultas del Partido Conservador y del Partido Verde, o fruto del debate”, explicó a Semana.com Javier Restrepo director de estudios de opinión de la firma Ipsos Napoleón Franco.

En su criterio, el impacto de los debates en la intención de voto por los candidatos no es significativo, “salvo cuando la presentación de un candidato es muy mala”, explicó.

En cambio es muy probable que lo que hacen los debates sea afianzar más la opinión de los potenciales votantes e influir en algunos de los llamados indecisos.

No obstante, pasado el momento del debate, los columnistas y periodistas se encargan de enfatizar las respuestas de los candidatos y de hacer los análisis correspondientes, lo que sí podría modificar la intención de voto de alguno de los electores.

¿Asistir debería ser una obligación?

En algunos casos, la inasistencia a los debates es una estrategia de campaña, sobre todo cuando los candidatos puntean las encuestas, pues prefieren no arriesgarse a perder la favorabilidad ante una posible metida de pata. En otros, es una real imposibilidad la asistencia a un debate, sobre todo cuando los medios los planean a última hora, por la falta de una programación concertada de la agenda.

En Colombia se ha convertido en costumbre la inasistencia a los espacios de confrontación pública más por razones estratégicas de las campañas que por imposibilidades reales.

Uno de los antecedentes recientes de la inasistencia a los debates de campaña fue la carrera por la Presidencia en 2006. El candidato-presidente, Álvaro Uribe, no asistió a ningún debate, lo que generó la crítica de sus contendores y de medios de comunicación. Para algunos, se trató de una estrategia en la que evitó que su imagen se viera al mismo nivel de la de los candidatos.

Pero la lista es más larga. En la consulta del Polo Democrático, Carlos Gaviria Díaz dejó de asistir al primer debate organizado por su partido. Argumentó que estaba fuera del país y que no se había enterado. Ese acto de campaña fue decisivo para medir las preferencias de los militantes de la organización que en su mayoría (el 66 por ciento) estaban a favor de Gaviria. Al final, en la consulta, Gustavo Petro lo derrotó.

Otra de las razones que explican la inasistencia de los candidatos a los debates es que el costo de no asistir a un debate es mínimo.

Para Rodrigo Pardo, “el problema es que en Colombia no pasa nada. Tal vez, la inasistencia le beneficia a quien va ganando en las encuestas. En otros países sería impensable esa actitud. Asistir a un debate hace parte de sus responsabilidades como candidato”, dice.

Para Londoño: “los medios de comunicación y la sociedad no castigan al inasistente. Por el contrario, los candidatos que van punteando las encuestas resultan premiados”, asegura.

Y es que el candidato que no asiste termina torpedeando la oportunidad de que los demás candidatos (quienes pueden hacerse mutuas observaciones y críticas importantes a sus programas y propuestas) sean conocidos.

Tras el anuncio de la postergación del debate de Semana, los usuarios de Semana.com reclamaron que se realice el Foro y proponen "silla vacía" para quienes se ausenten. "El foro debe continuar"; "no nos pueden privar de los debates"; "necesitamos conocer las propuestas de los candidatos"; "deben respetar la disposición de quienes sí querían participar", son algunos de los muchos comentarios que reposan en Facebook y Twitter.

En países como Estados Unidos, los presidentes que buscan su reelección participan abiertamente en la deliberación pública. Allí, organizaciones sociales y medios de comunicación se ponen de acuerdo para organizar los debates.

En criterio de Pardo, en países donde la democracia es más madura, el costo de no asistir a un debate es más alto que el de hacerlo, así le vaya mal a un candidato.

George W. Bush, por ejemplo, ganó la Presidencia por segunda vez en el 2004, pese a que se enfrentó a John Kerry, calificado con mejor capacidad discursiva y más telegénico. Probablemente, si Bush no hubiera asistido a los debates, el rechazo de la opinión hubiera cambiado el resultado de su elección.

En Colombia no es una obligación asistir a un debate, como tampoco lo es organizarlo. Sin embargo, sí es una responsabilidad social de los medios de comunicación procurar abrir espacios para que los candidatos expongan y controviertan sus ideas. Pero, la no asistencia a los debates, basada en cálculos de campaña, es un irrespeto al derecho que tiene la ciudadanía de poner a los candidatos bajo la lupa.




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