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Martos en la Edad Moderna

El siglo XVI será especialmente importante y significativo para la villa de Martos, en él se producen grandes cambios que configuran su imagen moderna. A ello contribuyen personalidades como el corregidor Pedro Aboz y Enriquez, el humanista Diego de Villalta y el arquitecto Francisco del Castillo. Diego de Villalta estudia la historia de Martos en su obra "Historia y Antigüedades de la Peña de Martos" (1579), aportando gran cantidad de datos y dando a Martos un origen mitológico: fundada por Hércules el Libio. A su vez, en el siglo XVI, Francisco Delicado publica "La lozana andaluza" en la que hace referencia a Martos. Consecuencia será el desarrollo de un interesante capítulo arquitectónico que, dentro del Renacimiento, significa lo más destacado del manierismo andaluz.
Por otro lado, el siglo XVI supone una etapa de expansión económica, social y de estabilidad institucional, lo que llevó consigo el paso de la ciudad medieval, amurallada, a la nueva imagen de ciudad moderna. Desde el punto de vista económico, Martos se caracteriza por la tradicional impronta agraria y ganadera. En la imagen agraria destaca la presencia de gran número de hectáreas destinadas a dehesas, monte bajo poblado de encinas, chaparros, quejidos...; por otro lado, se desarrolla la típica trilogía mediterránea en el siguiente orden: vid, cereal y olivo.
En la nueva imagen urbana y arquitectónica de la ciudad, será Francisco del Castillo el intérprete que lleva a cabo los intereses ideológicos de este momento.
El primer trabajo que puso en contacto a Francisco del Castillo con Martos fue un proyecto de restauración de la Fortaleza Baja en 1558, proyecto al servicio de la puesta en valor de la ciudad medieval. Le continuarían los trabajos de ampliación y remodelación de las dos iglesias principales: Santa Marta y Santa María de la Villa, y la construcción de sus respectivos campanarios. Pero el gran encargo que recibe Francisco del Castillo sería un programa civil que se materializa en el edificio de la Cárcel y Cabildo, y en la construcción de dos fuentes públicas: la de Neptuno, situada en el centro de la Plaza de Santa Marta, y la llamada Fuente Nueva, que se situaría en una de las entradas a la ciudad.
La plaza de Santa Marta, con el edificio de la Cárcel y Cabildo y la Fuente de Neptuno, además de la Iglesia dedicada a la patrona de la ciudad, que ahora se embellece con la magnífica torre-campanario, se convierte definitivamente en el centro neurálgico de la villa.
En torno a esta plaza irán consolidándose nuevas calles y nuevos barrios, a lo cual contribuye la fundación en la segunda mitad del siglo XVI de una serie de conventos: de franciscanos, de clarisas y de trinitarias, junto a la fundación del hospital de la Orden Mendicante de San Juan de Dios. Calle la Fuente y plaza Fuente de la Villa, calle San Pedro y barrio del Portillo, calle Adarves y barrio de San Bartolomé, calle Real de San Fernando y barrio de las Heras, calle Tranquera y barrio de la Almedina..., irán ampliando el urbanismo de la ciudad.
La fundación de nuevas iglesias y de los conventos mencionados darán una nueva entidad a Martos, no sólo en el ámbito urbano y arquitectónico, sino también social, económico y cultural.
En el siglo XVII la ciudad continúa su expansión y se consolidan las órdenes religiosas fundadas en el siglo anterior. En este momento el núcleo social más privilegiado escogió para asentar sus casas-palacio y casas solariegas la zona comprendida entre la calle La Fuente y la calle Las Huertas; este crecimiento estuvo condicionado por el arroyo Fuente de la Villa, que pasaba por la actual plaza del mismo nombre y que constituyó un límite claro a la extensión del pueblo, por lo que el asentamiento de las casas solariegas fue paralelo al arroyo.

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