Showing newest posts with label Socialismo. Show older posts
Showing newest posts with label Socialismo. Show older posts

Thursday, June 24, 2010

Revista de Grupo Socialista en Jamaica

Estos articulos fueron escritos por un Grupo de Socialista localizados en Jamaica los cuales estuvieron integrados y relacionados con el Movimiento Socialista Mundial. Sus ideas de una manera real y sin izquierdismo reformista muestran cual es el verdadero concepto de socialismo, y cual era la verdadera realidad en Jamaica, y en el Caribe. Ninguno de sus escritos no estan basados en la basofia del nacionalismo burgues, y la llamada integracion del Caribe, sino en la integracion de la clase obrera mundial para formar un solo movimiento y destronar el capitalismo, Sus intenciones no eran hacer alianzas con ningun partido de la burguesia, con ningun gobierno, con ningun lder burgues y nacionalista, y sus objectivos no eran las reformas y las coyonturas, su programa immediato era el Socialismo, o una sociedad de posession comun de los medios y los instrumentos de posesion. Ese grupo nunca apoyo ni divulgo la falacia de Cuba y Rusia socialista, como tampoco no considero a el movimiento de Grenada y su liderazgo como un movimiento socialista, lo cual indica que despues del 1950, y los 60 hubo un grupo en el Caribe que sostenia ideas diferentes a las que se estaban propagando y no fueron tomados en consideracion, como tampoco nunca enarbolaron el Castrismo, el Guevarismo, y el Maoismo, corrientes las cuales se desperdigaron en algunos paises del Caribe en especial en la Republica Dominicana, lo cual trajo como consecuencia la aniquilacion de muchos jovenes y obreros que se basaron en la teoria conspirativa
http://www.worldsocialism.org/Socialist_Review/index.php

Tuesday, June 22, 2010

La revolucion rusa en retroceso

La Revolución Rusa en Retroceso, 1920-24. Los trabajadores Soviéticos y la nueva élite comunista. Por Simón Pirani, Routledge, 2008.

Una de las consecuencias de la caída del capitalismo de Estado en la URSS a principios de los años 90, ha sido la apertura de los archivos del antiguo régimen, incluyendo los archivos de la policía secreta. Este libro es un estudio fascinante, tomando como base los apuntes de las actas de las reuniones de los soviéticos, los comités de fábrica, así como también los informes de la policía, y de las luchas de los obreros en Moscú durante el período del 1920 al 1924, en la defensa de sus intereses en contra del gobierno Bolchevique. Pirani también describe el comienzo de la aparición de miembros del Partido bolchevique que se fueron convirtiendo en una nueva elite privilegiada.

Las condiciones en Rusia durante el periodo de la Guerra Civil que ocurrió durante el periodo del 1920 al 1921, e inmediatamente después de su culminación, fueron nefastas para la población rusa. .A los trabajadores se les pagaba en especies, pero las raciones a menudo llegaban tarde, y algunas veces eran reducidas. Esto dio lugar a que ocurrieran protestas y huelgas, que el gobierno bolchevique solo estaba dispuesto aceptar, siempre y cuando estas fueron de carácter puramente económicas, y no a desafiar el régimen. El gobierno estaba particularmente nervioso en el 1921 en el momento que había ocurrido la Rebelión de Krondstadt, la cual exigía a los soviéticos demandas de elecciones libres, y un relajamiento de la prohibición del comercio privado, demandas que tenían la simpatía de muchos trabajadores. De hecho, en las aún no totalmente elecciones no libres, los soviets locales de ese año, miembros de otros partidos (Mencheviques, socialistas revolucionarios, anarquistas) y no militantes de partido, obtuvieron beneficios a expensas de los Bolcheviques. Pirani se concentra en estas demandas “no partidistas” que parecen haber sido militantes fabriles que querían concentrarse en las cuestiones económicas, pero con una aguda comprensión del equilibrio de fuerzas que podían ser extraídas del mismo gobierno.

En 1923 el gobierno comenzó a reprimir a los demás partidos políticos, incluyendo a los activistas de las fábricas, y se les prohibió llevar a cabo cualquier tipo de actividad política abierta. Pirani señala que las organizaciones políticas no comunistas pudieron operar abiertamente en Moscú otra vez hasta el final del periodo Soviético”. Los elementos no partidistas pudieron sobrevivir más, mientras que los bolcheviques trataron de ganárselo a ellos hacia las filas de su partido. La oposición política se limitó a disidentes bolcheviques, dentro y fuera del partido, algunos de los cuales asumieron posiciones pro obrera, por mejoras salariales y por mejores condiciones, pero, con el tiempo ellos también fueron silenciados, y muchos de ellos se sumaron a los miembros de los demás partidos, que fueron enviados a los campos de trabajos forzados de Asia Central, y Siberia.

La típica actitud de Lenin fue la que siempre manifestó veinte años atrás en su famoso panfleto ¿Qué hacer?, en el cual el indicaba que los trabajadores no podían llegar a conocer sus intereses ellos mismos, partiendo de esta idea, sus intereses deberían ponerse en las manos de una elite intelectual, de profesionales organizados en un partido de vanguardia. Pirani resume parte del discurso que Lenin pronunció ante el undécimo Congreso del Partido bolchevique en el 1921:

“Lenin argumenta que la clase obrera de Rusia no puede considerarse debidamente como miembros del proletariado. Citamos «A menudo cuando las personas dicen ‘trabajadores’, piensan que eso significa que es un trabajador fabril, ciertamente no lo es, continua diciendo Lenin: La clase obrera que Marx describió en sus escritos, no existía en Rusia, Lenin, vuelve y argumenta. Adonde quiera que usted vea, los trabajadores que están en las fábricas, estos no son proletarios, son trabajadores ocasionales de toda índole.”

Pirani comenta que “la consecuencia práctica de esta idea, es que la toma de decisiones políticas se había concentrado en el partido”. Esta distinción entre la clase obrera actual (en la cual no se podía confiar) y el “proletariado” (organizado en un partido de vanguardia con conocimiento) ha sido heredada por todos los grupos leninistas desde entonces, y es utilizada para justificar la dictadura del partido sobre la clase obrera.

El libro escrito por Pirani debe ser leído por aquellas personas que piensan, o que quieren refutar, la idea de que el estado que existió en Rusia bajo del régimen de los Bolcheviques nunca podría ser descrito como un Estado Obrero. Los trabajadores tendrán siempre que luchar por la defensa de sus intereses, y de sus condiciones salariales, y en contra de las condiciones que pueda n afectarlos, aun durante el tiempo de Lenin y de Trotsky.

Utopia socialista, Proyecto realizable o sueno inaccesible ?

Utopía Socialista: ¿Proyecto Realizable O Sueño Inaccesible?
Sunday, May 31, 2009
El término utopía encuentra su origen en una novela de Tomás Moro, un lejano precursor inglés del socialismo. Esa obra, publicada en el año 1518, fue escrita en reacción a la miseria que reinaba en los grandes centros urbanos de Inglaterra entre los campesinos echados de sus tierras por el desarrollo de la gran propiedad agrícola y por los progresos de la naciente industria textil. Describe detalladamente la vida en una isla imaginaria e “idílica” (pero con una organización estrictamente jerarquizada, apoyada en la explotación de los esclavos para las tareas más ingratas) que ignora la existencia de la propiedad privada.

En el transcurso de los siglos que siguieron, numerosos autores se ejercitaron en imaginar “mundos mejores” entre los que Anton Francesco Doni (Mundo cuerdo, mundo loco, 1552), Tommasso Campanella (La Ciudad del Sol, 1602), Francis Beacon (La Nueva Atlántida, 1623), James Harrington (La República de Oceana, 1656), Dyonisius de Vairas d’Alais (Historia de los Sevarambos,1677), Morelly (Náufrago de las islas flotantes o Basiliada del célebre Pilpai, 1753), Etienne Cabet (Viaje y aventuras de Lord Carisdall en Icaria, 1840), Edward Bellamy (Cien años más tarde o el año 2000, 1888), William Morris (Noticias de ninguna parte, 1891), Anatole France (La sociedad comunista) no son más que algunos entre tantos otros.

A principios del siglo XIX, algunos pensadores (los franceses Claude-Henri de Saint-Simon [1760-1825], François-Marie-Charles Fourier [1772-1837] y Étienne Cabet [1788-1856], los ingleses William Godwin [1756-1836] y Robert Owen [1771-1859], el alemán Wilhelm Weitling [1808-1871] que, si bien emitían una crítica generalmente acertada del orden social de su tiempo y eran conscientes de que la felicidad de los hombres no se podía alcanzar en una sociedad en la que imperaba una implacable lucha de competencia, fueron llamados posteriormente socialistas utópicos por ser partidarios de la colaboración de clases, pues, por una parte, “no concedían a la lucha de clases sino una importancia secundaria, o, más bien, no creían en ella. Se daban perfectamente cuenta de que varias categorías sociales estaban en presencia - el Babuvismo lo había proclamado en términos precisos - pero no se imaginaban que el proletariado y la burguesía debieran ser, necesariamente, fuerzas antagónicas. Suponían, por el contrario, que estas fuerzas podrían unirse para barrer con los nuevos privilegios o con lo que quedaba de los antiguos, y para preparar una sociedad de fraternidad y de justicia.” (Paul Louis, Ideas esenciales del Socialismo, Editorial Luz, Santiago de Chile, 1933, p. 31), y, por otra parte, creían que esa “sociedad de fraternidad y de justicia” se podría alcanzar propagando la “verdad” entre todos los hombres, y haciendo un llamado a la generosidad de ricos filántropos para establecer colonias-modelos organizadas según las reglas “harmónicas” que ellos propugnaban.

Desde luego, varios intentos de colonias “comunistas”, de islas de socialismo en el mar del capitalismo, fueron llevados a cabo a lo largo del siglo XIX en Europa, pero sobre todo en América del Norte, aunque también se realizaron algunas experiencias en América del Sur. Los propios Cabet, Owen y Weitling establecieron colonias en Estados Unidos… pero, tarde o temprano, todos fracasaron, pues, por una parte, decidieron mantenerse tercamente fieles a sus proyectos originales, fomentando peleas sobre los más nimios detalles, y por otra parte, la “experiencia demuestra que allí donde los socialistas han fundado colonias comunistas basadas sobre la producción de los artesanos y de los labradores, la necesidad irresistible de llegar a la propiedad privada de los medios de producción prevalecía, tarde ó temprano, sobre el entusiasmo socialista que había creado la colonia, cuando influencias externas no contribuían á estrechar los lazos de la asociación comunista, por ejemplo, la vida de los colonos en medio de un pueblo hostil, de lengua y religión diferentes.” (Carlos Kautsky, La doctrina socialista (Respuesta a la crítica de Ed. Bernstein), Editorial Librería de Francisco Beltrán, Madrid, 1910, p. 113).

Hoy en día, se considera generalmente que una utopía es un sueño ilusorio que no toma en cuenta las presiones de la realidad. Para los que se niegan a ver más allá de sus narices, o para los que tienen un interés en la conservación del orden social actual, cualquier proyecto, susceptible de cuestionar la posición social, los privilegios y los intereses económicos de la minoría capitalista, sólo puede ser obra de soñadores, simpáticos en el mejor de los casos o peligrosos en el peor. No cabe duda de que es así cómo fueron considerados los que, antes de la toma de la Bastilla o del derrocamiento del último zar, querían acabar con la servidumbre, los privilegios feudales y la influencia de la religión, o los que, antes de la caída del Muro de Berlín, soñaban con suprimir el gulag y la dictadura del partido único. El “peligroso” Tomás Moro, recordémoslo, fue decapitado en 1535 por Enrique VIII.

Los socialistas son de esa clase de utopistas. Conscientes de que, en todo deseo de cambio, hay una parte de utopía, y convencidos de que el capitalismo no tiene por qué ser más “eterno” que el feudalismo o que las sociedades esclavistas antiguas, su utopía es el motor de su actividad, como fue el de los revolucionarios burgueses del siglo XVIII. Es la cristalización de su sueño en un futuro mejor que, así lo esperan, algún día se convertirá en realidad.

Pero, para que un día ese sueño se realice, para que el capitalismo deje de ser considerado como “el fin de la historia” y que el socialismo pierda su carácter utópico, dos condiciones son necesarias: 1° un desarrollo suficiente de las fuerzas de producción, que permita, en el momento del advenimiento de la nueva sociedad, no la repartición de la miseria sino la satisfacción de las necesidades de la población; 2° una clase social mayoritaria, consciente de su interés, enterada de su situación de subordinación a los intereses económicos y a las imposiciones de una minoría poseedora y deseosa de acabar con ellas.

Evidentemente, la primera de esas condiciones está ya realizada. Los progresos gigantescos realizados por el capitalismo mismo, el uso de máquinas cada vez más eficientes, la “revolución” informática, etc. son algunas de tantas pruebas de que los medios están ahí para erradicar los problemas que, hace algunas décadas apenas, nos parecían aún insuperables. Así, el hambre en el tercer mundo o la escasez de viviendas en los países ricos, por ejemplo, no son las consecuencias de cualquier atraso técnico o el efecto de un supuesto excedente de población, sino la de la lógica del provecho, inherente al sistema capitalista. Los informes anuales de la Organización para la alimentación y la agricultura (OAA/FAO) de las Naciones Unidas nos recuerdan con regularidad que la producción alimenticia mundial actual es ya de sobras suficiente para satisfacer la demanda mundial. En realidad, el hambre es la consecuencia de la pobreza: millones de personas mueren de hambre cada año porque no tienen los medios de comprar una comida que, por otra parte, es destruida en los países ricos para mantener la tasa de beneficio de las empresas productoras.

Lo que impide la realización del socialismo es simplemente el hecho de que la segunda condición está sólo parcialmente cumplida. Los asalariados y sus familias forman bien la inmensa mayoría de la población. Son efectivamente ellos los que llevan a cabo todas las tareas necesarias al buen funcionamiento de la sociedad, fabricando, reparando, administrando, transportando y distribuyendo todos los bienes y servicios que necesitamos. Pero, permanentemente acondicionados desde su más tierna edad por la escuela, los medios de comunicación de masa, la familia, etc., viven con la idea que le mundo actual es “natural” y “perenne”.

Sin embargo, el día en que los trabajadores asalariados tomen conciencia de sus intereses comunes y de las posibilidades que se ofrecen a ellos si pusieran término a las divisiones artificiales y a la atomización que los debilitan (y fortalecen a sus amos), el día que comprendan la necesidad de abolir un sistema - el capitalismo - que, por definición, sólo puede funcionar en beneficio de los capitalistas, ese sistema perderá su carácter “eterno” y el socialismo su aspecto utópico.

A pesar del sinfín de problemas creados por el capitalismo, ese día aún no ha llegado. Pero el fracaso de todas las reformas intentadas para “humanizar” este sistema nos induce a pensar que el utopista no es el que, conciente de ese fracaso, desea instaurar un tipo de sociedad que aún no existe (el capitalismo, después de todo, no siempre ha existido), sino el que sueña con reformar, en el interés general, un sistema que, por su organización misma (apropiación por la minoría capitalista de los medios de existencia de la sociedad, producción de las riquezas sociales en el provecho exclusivo de esa minoría poseedora, defensa de esa propiedad por la ley y la fuerza del Estado), sólo puede funcionar en el interés de esa minoría.

El despotismo empresarial, el desempleo para unos, la precariedad y el chantaje al paro para otros, el estrés y la inseguridad en los países ricos, las guerras y el hambre en los demás no son males que se puedan resolver escogiendo a los dirigentes políticos “apropiados” o votando la ley “adecuada”. No hay gobiernos o leyes capaces de acabar con el paro, la pobreza, la desigualdad, la delincuencia, el hambre o la guerra, pues estos problemas existen desde que el capitalismo existe y nunca han encontrado solución, son males inherentes a este sistema.

Los socialistas parten de la observación de las taras de la sociedad actual, del análisis de sus características y de las causas de sus disfunciones para, conscientes de la imposibilidad práctica de terminar con ellos en el marco del sistema capitalista, proponer otro tipo de organización económica y social. Ese proyecto de sociedad no es una utopía en el sentido de que sería un modelo preconcebido o un puzzle en el que cada pieza tendría un lugar predeterminado. Esto sería contrario a la naturaleza democrática del socialismo. Ese proyecto es una utopía en la medida en que jamás ha existido (tanto como la democracia lo fue para los revolucionarios burgueses del siglo XVIII), pero es una utopía que deseamos establecer a partir de las posibilidades que nos ofrece la sociedad actual. Es un sueño que una minoría, por interés, y una mayoría, por ignorancia, nos impiden realizar… pero que un día, porque obramos contra esa ignorancia, pero sobre todo, porque esa utopía es la única solución a los problemas de la sociedad actual, todos juntos instauraremos.

Saturday, February 28, 2009

TECNOLOGIA DE LA INFORMACION Y SOCIALISMO

Tecnología de la información y socialismo

El socialismo será una sociedad basada en la producción para el uso. ¿Pero qué significa esto? ¿Como podría trabajar esto y que papel desempeñaría la tecnología de la información en el socialismo?

Al describir la nueva sociedad por la que estamos trabajando, a nosotros los socialistas con frecuencia nos preguntan “¿Cómo funcionará eso?” Quienes preguntan suponen las más de las veces que sólo con un sistema de dinero y precios pueden “funcionar” las cosas; que las cosas sólo ocurren, sin ninguna necesidad de que ellos participen.

El sistema de mercado, de comprar y vender, bien puede “funcionar”, en el sentido de que continúa funcionando sin que la gente trate o no trate de controlar a dónde nos lleva. Después de todo, los políticos de hoy pareces estar cada vez más convencidos del poco control que tienen sobre el sistema que meramente administran. Sin embargo, esta inevitable falta de control consciente y social es justamente el problema. La nueva forma de organización social donde la producción se organiza solamente para el uso puede requerir de una participación más activa de la gente, pero esta es la única manera de echar a andar la sociedad en interés de la población entera. Así, al responder la pregunta de “¿Cómo funcionará?” los socialistas reconocen que en primer lugar está la necesidad de que la gran mayoría de la gente entienda y desee el socialismo.

La forma en que las cosas “funcionarán” en el socialismo será por medio de lo que llamamos “producción para el uso”. Esta característica que define al socialismo no es difícil de entender, pues no significa otra cosa que simplemente producir lo que es necesario, sin la necesidad de intercambio monetario, como en el capitalismo. Durante toda la historia humana ha habido siempre producción para el puro uso, comenzando con la recolección de alimentos y la hechura de herramientas en las sociedades de cazadores recolectores. En el capitalismo actual, hay muchos ejemplos que van desde las actividades de las organizaciones de voluntarios hasta el cuidado de la casa y la jardinería.
Producción para el uso

En el socialismo, la producción directamente para el uso será la regla. La producción socialista necesita esta organizada democráticamente: una dictadura que organizara la producción para el uso no sería socialismo. Al considerar la relación entre democracia y producción, la pregunta de “cómo funcionará” exige ampliar la respuesta. Al construir el socialismo, necesitamos considerar la forma en que las preferencias y las opiniones de la sociedad en su conjunto se reflejarán en las elecciones que se tomen sobre la producción de mercancías y servicios.

Vienen a la mente tres preguntas específicas. Primera: lo relativo al cálculo económico; segunda: la escala geográfica de la toma de decisiones y, tercera: los incentivos dentro de una sociedad socialista. Estas son las preguntas donde el papel de la tecnología de la información (TI) en el socialismo puede ser de lo más importante en las respuestas que den los socialistas.

La primera pregunta, relativa al cálculo económico, la plantean los defensores del libre mercado. Se dice que el mercado es un mecanismo descentralizado para calcular la demanda a fin de lograr el nivel correcto de abasto, tal y como se expresa en el gasto monetario. Ciertamente este razonamiento tiene fallas: el dinero no está distribuido igualitariamente, el mercando no es un sistema elegantemente descentralizado y no consigue la eficiencia que proclaman los libros de texto. Con todo, es necesario mostrar como se abordarían los cálculos sobre la oferta y la demanda a falta del sistema de mercado.

Sería necesario calcular la cantidad de insumos que serían necesarios para alcanzar cierto nivel de producción. Esta clase de cálculo de insumos-consumo tendría que ocurrir en escalas geográficas diferentes: desde las formas “locales” de cálculo hasta las regionales y aun las globales. Esto nos conecta con segunda pregunta sobre la extensión de la toma de decisiones localizadas en contraste con centralizadas dentro del socialismo

Examinando las formas locales de organización, las unidades individuales de producción en el capitalismo (fábricas, oficinas, etc.) ya tienen sistemas de TI para calcular los recursos necesarios para la producción, así como sistemas de control de existencias para administrar las ofertas de recursos. Además de las partes interesadas con la contabilidad monetaria, estos sistemas podrían ser de utilidad para la sociedad socialista que los herede.

Sea como sea, la contabilidad monetaria no ayuda con los cálculos insumos-consumo que en realidad se necesitan para planear la producción. Estos cálculos se hacen en función de cantidades (ya sea kilogramos, litros, watts u otras unidades de medida). A menudo lo son, incluso dentro del capitalismo. De hecho, en 1973 se le concedió el premio Nobel al economista Wassily Leontief por formular un método para el análisis de insumos-producto que podría emplear tales mediciones cuantitativas.

Al igual que utilizar los sistemas de TI existentes, harían falta muchos procedimientos innovadores en la organización local de la producción. Por ejemplo, las operaciones de los muchos tipos diferentes de actividad productiva podrían hacerse más abiertos y confiables mediante la mejora de la información al público. La toma de decisiones y la contratación de personal con ciertas destrezas son otras áreas donde la TI podría mejorar la organización de la producción para el uso.

Al pasar a las escalas regional y global, suele decirse que en la sociedad moderna la producción es demasiado compleja para ser objeto de cálculo. Sin embargo, aun retrocediendo a los años sesenta, en que la tecnología de las computadoras estaba en sus primeras etapas, los teóricos de orientación “socialista” ya citaban el uso potencial de las computadoras para el cálculo de insumos-producción en gran escala. La potencia actual de las computadoras significa que los cálculos necesarios incluso para millones de productos se pueden hacer en cuestión de minutos. Por cierto que la escala computacional de tales cálculos es pequeña comparada con otros usos que se les da a las modernas “supercomputadoras”, como la predicción del tiempo (véase Hacia un nuevo socialismo, de W. Paul Cockshott y Allin Cottrell, Spokesman Books, 1993).
La toma de decisiones democráticas

El procesamiento matemático en gran escala tal vez ya no sea el problema que antes fue. Sin embargo, en una sociedad socialista aún se enfrentaría la cuestión de cómo democratizar óptimamente la producción. Podría recurrirse a la TI para que diera acceso universal a fuentes de información sobre las diferentes elecciones que se presentan al planear la producción. Es importante notar que el almacenamiento central de información no significa necesariamente que la toma de decisiones deba centralizarse también. La amplia disponibilidad de la información facilitaría en sí la democracia misma que, según los socialistas, es necesaria para impedir la centralización del poder.

El asunto de qué tan lejos será posible localizar la producción y la toma de decisiones seguirá siendo materia de debate antes y después de la revolución socialista. La organización local parece ser, ciertamente, adecuada para muchas clases de producción, algunas de las cuales no será necesario centralizar mucho o ni siquiera la información empleada en su planeación. Otros problemas requerirán de decisiones en escala geográfica muy grande: algunos aspectos de la administración ambiental, por ejemplo. La discusión de estos problemas se beneficiará del polifacetismo de los sistemas de TI, lo cual quiere decir que la toma de decisiones puede ocurrir a la escala más conveniente, sea local, regional o global.

La tercera pregunta, la relativa a los incentivos, consiste en expresar la duda sobre qué podría motivar a la gente en el socialismo para lograr innovaciones. La respuesta principal reside en el conjunto completamente nuevo de prioridades y motivaciones en las cuales el pueblo reconocería la necesidad urgente de alcanzar ciertas clases de desarrollo (por ejemplo, hacer viables fuentes de energía renovable y otras formas de producción ecológicamente sostenibles). La TI, al promover la colaboración y que se comparta el conocimiento, sería importante en fomentar la innovación, así como ha sido bajo el capitalismo. Un ejemplo de que los socialistas han notado es el movimiento a favor de “programas (software) de fuente abierta”, en que personas separadas geográficamente han colaborado por medio de Internet para desarrollar la plataforma de computación Linux. Su trabajo, en la vanguardia misma de la industria de la TI, se ha organizado de modo voluntario, tratando activamente de evitar el mercado en lugar de utilizarlo.

Un sistema de producción sólo para el uso tendría un conjunto de prioridades completamente nuevo y los incentivos para desarrollarse en estas áreas surgiría de fuentes por entero diferentes, como la dinámica de la co-operación, la democracia y el disfrute de amplias libertades para concentrarse en aquellas áreas de la producción que, como se reconoce ampliamente, son las de mayor beneficio.

El rápido desarrollo de la tecnología de las computadoras ofrece una clase de respuesta a los argumentos pro-mercado, concernientes al cálculo, la toma de decisiones y los incentivos. Proveer información será parte esencial de la estructura democrática del socialismo y la tarea de diseñar los sistemas que mejor sirvan para construirla y administrarla será uno de los mayores retos que enfrentará la sociedad socialista.

El uso de los sistemas de TI en el socialismo puede no ser siempre el aspecto de la nueva sociedad que mejor capture la imaginación. Hasta habrá quienes teman que tal tecnología conduzca a un escenario en que las computadoras empiecen a controlarnos, y no nosotros a ellas. Estos temores pueden impedir que se valore el potencial de la TI para facilitar en vez de dictar la organización social, en cuanto sea aplicada a trabajar por los intereses del todo social. En la TI pueden encontrarse los elementos para construir nuevas formas de organización que sobrepasen a todo cuanto haya existido a la somb

Friday, February 27, 2009

UNA SOCIEDAD DIVDIDA EN DOS CLASES SOCIALES

Si usted le pregunta a un sociólogo moderno de cuántas clases sociales existen en nuestra sociedad. Ellos contestarían que son seis, o tal vez tres, o doce, o cualquier otro número que tenga en su fantasía. Existen muchas definiciones de lo que es una clase social. Por lo general esas definiciones son falsas e inútiles


Una respuesta más útil

Nuestra sociedad se divide en dos clases. Hay una clase trabajadora, y una clase capitalista. La clase obrera tiene que trabajar para ganarse la vida, la clase capitalista tiene suficiente riquezas para vivir sin tener que trabajar. Si usted se pregunta a que clase social pertenece, solamente debería preguntarse si podría vivir de sus inversiones en caso de que dejara de trabajar mañana mismo. No hay duda de que la sociedad capitalista se puede dividir de esta forma. Existe un grupo de personas en cada clase. Por supuesto, la mayoría de las gentes pertenecen a la clase obrera, y la clase capitalista es sólo una pequeña proporción de la población. Sin embargo, desde el punto de vista del capitalismo, ellos forman parte de una proporción muy importante.

¿Por qué esta definición es útil?

¿Cuál es la razón de que solo existan las clases? La respuesta es simple, eso es todo lo que necesita para comprender la forma en que el capitalismo funciona. Las clases sociales explican cómo hemos llegado a la situación que estamos en la actualidad. Ellas explican cómo la sociedad ha evolucionado y cambiado desde la sociedad esclavista, a través de feudalismo para llegar a el capitalismo. Una clase con un interés económico particular, ha tomado el control de la base económica de la sociedad de otra clase.

Pero las clases no sólo explican cómo hemos llegado al caos del capitalismo, sino que también explica cómo el capitalismo funciona. El principal hecho de la mayoría de la vida de las personas es el trabajo-trabajo en el hogar para apoyar a un salario-esclavo o el trabajo remunerado para poder vivir. ¿Por qué? No siempre ha sido cierto. En la sociedad feudal siervos pasaron su tiempo trabajando en la tierra, la producción de alimentos que podrían comer. Por supuesto, si la producción había que dar al Señor, el siervo feudal había grandes problemas, aunque estos son muy diferentes los problemas de la moderna esclavitud salarial.

También la concepción de clase explica los desastres del capitalismo: tales como, las guerras, que es cuando tenemos que luchar para proteger los intereses de la clase capitalista, la hambruna que es cuando la clase capitalista no puede obtener ganancias alimentándonos a nosotros, el desempleo cuando la clase capitalista obtiene más beneficios despidiéndonos de los trabajos, y manteniendo el precio bajo de los salarios, en vez de darnos puestos de trabajo, y así sucesivamente. Así que ahora existen dos clases, porque eso es lo que se necesita para explicar cómo llegamos al capitalismo y también cómo el capitalismo ha evolucionado.

La razón más importante, es sin embargo, ¿por qué sólo hay dos clases, y cuáles son las dos razones? Es el hecho que se explicar cómo podemos salir del desorden del capitalismo. Nosotros, la clase obrera, tenemos interés en deshacernos del enfermo sistema capitalista bajo el cual nos vemos obligados a vivir Al reconocer que sólo la clase de actividad consciente de esta misma clase social puede establecer una sociedad sin clases, y podemos vemos la forma en que el socialismo puede ser establecido. Agrupándonos en una sola clase como podemos transformar la sociedad. Si no lo hacemos nos quedaremos estancados con el capitalismo.

Los políticos reclaman que vivimos en una sociedad sin 'clases', lo cual es una afirmación engañosa, y si fueran honestos admitirán todo lo contrario... Los sociólogos están equivocados, porque ellos creen que el capitalismo siempre ha existido y existirá para siempre, El caso de los socialistas, de que sólo existen dos clases, sigue siendo tan importante y correcto como siempre porque muestra que no existe otra forma en que podamos detener la guerra, el hambre, la pobreza y el desempleo. Necesitamos la conciencia de clase y para ello tenemos que ser conscientes de que somos la clase trabajadora y que ellos son la clase capitalista. Solamente existen dos clases.

EL MITO DE LA SOCIEDAD TRANSICIONAL

El mito de la sociedad transicional

El Jornal Critique recientemente ha publicado la traducción de un artículo escrito por Ernesto Mandel en el que desarrolla su acostumbrado tema de que, en el curso de la evolución social, interviene – y debe intervenir – entre el capitalismo y el socialismo una “sociedad” transicional con su propia base social, relaciones de producción, etc. (http://www.ernestmandel.org/en/works/txt/1973/ten_theses.htm).

Este es un punto de vista que vale la pena discutir, pero, a pesar de la terminología marxista en la que se expresa, no es de hecho un punto de vista sostenido por Marx. El presente artículo tratara de demostrar que Marx hablo de un “un período político de transición” entre el capitalismo y el socialismo, pero nunca hablo de una “sociedad transicional”.

Entonces, ¿qué quería decir Marx cuando hablaba de este “periodo de transición”? Al contrario de lo que habitualmente se ha difundido (en gran parte como resultado de décadas de propaganda Estalinista y Trotskista), para Marx este periodo no era aquel entre el establecimiento de la propiedad colectiva de los medios de producción, y el tiempo cuando podía ser llevado a cabo el principio “de cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidad”. Más bien es, el periodo durante el cual la clase obrera usaría el poder estatal para colectivizar los medios de producción.

En otra palabras, el periodo de transición es una forma política entre la toma del poder político por la clase obrera dentro de la sociedad capitalista y el eventual establecimiento del socialismo, un periodo durante el cual la clase obrera ha reemplazado a la clase capitalista como clase dominante, y la clase que a la vez tiene el control del poder estatal.

El fin de este periodo de transición es el establecimiento de una sociedad sin clases basada en la propiedad colectiva y el control democrático de los medios de producción por el conjunto de la sociedad, con la desaparición consecuente del estado coercitivo, el sistema del trabajo asalariado, de la producción de mercancías destinadas a la venta en el mercado con el propósito de producir ganancias, la ley de compra y venta, la desaparición del sistema monetario, y del mercado por completo.

Por lo tanto, para Marx el “periodo de transición”, Era el periodo después de la toma del poder político de la clase obrera y antes del efectivo establecimiento de la propiedad colectiva de los medios de producción, este concepto está muy claramente expresado tanto en sus primeros y últimos escritos.

En el 1852 escribía a su amigo Weydemeyer el cual residía en Estados Unidos de Norte América, que una de las cosas que había demostrado era que “la dictadura del proletariado” (como llamaba al periodo de control proletario del poder estatal) “solo constituía la transición a la abolición de las clases y a una sociedad sin clases” (énfasis añadido).Federico Engels resume su ponto de vista, y el de Marx en el 1873 de la siguiente manera:

“Los opiniones del socialismo científico Alemán sobre la necesidad de la acción política del proletariado y de su dictadura como la transición de la abolición de las clases y con ellas del Estado... » (Contribución al problema de la vivienda, énfasis añadido).

El periodo de transición, por lo tanto, es el periodo hasta el establecimiento de la propiedad colectiva de los medios de producción. De nuevo, en el 1875 en sus notas particulares sobre él Programa de Gotha adoptado por el congreso de unificación de los socialdemócratas alemanes, Marx escribió:

“Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media el período de la transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también un período político de transición, en el cual el Estado no puede ser más que la dictadura revolucionaria del proletariado.” (http://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gotha/gotha.htm#ii)

Podemos resaltar aquí que, Marx usa las palabras “socialista” y “comunista” intercambiablemente al referirse a la futura sociedad sin clases,( aunque, él prefería la palabra “comunista”, pero seguiremos usando el termino de Engels. y emplearemos la palabra “socialismo” para describir la futura sociedad sin clases, basada en la propiedad colectiva y el control democrático de los medios de producción La idea de que el “socialismo” y el “comunismo” eran dos fases sucesivas de la sociedad pos capitalista no se encuentra en los escritos de Marx, sino que proviene de Vladimir Lenin. De este modo, cuando Marx escribe, con las expresiones antes mencionada, de una “sociedad comunista” quería decir lo mismo que cuando escribía de la “sociedad sin clases” en el 1852.

Es cierto que Marx se dio cuenta de esto, si se hubiera establecido el socialismo en su día, no hubiera sido posible implementarse inmediatamente, e incluso durante algunos años, el principio “de cada cual, según sus capacidades; a cada cual, según sus necesidades”, y. el libre acceso para todos a los bienes de consumo y servicios de acuerdo con la necesidad individual también no hubiera sido posible ser implementado inmediatamente

En los primeros años del socialismo, si se hubiese establecido en ese tiempo, debería de haber habido inevitablemente algunas restricciones en al acceso a los bienes de consumo y servicios, alguna forma de, si lo prefieren, de “racionamiento” (si la asociación de esta palabra con les cartillas de racionamiento del tiempo de guerra y de la posguerra se olvida, parque aunque el total libre acceso de acuerdo a la necesidad no hubiera sido posible en 1875 la suma asignada para el consumo podría haber sido considerablemente más alta que lo que los trabajadores conseguían bajo en capitalismo). Marx sugirió como un posible método los llamado recibos de trabajo (Labor –time vouchers)

Es importante poder ver que solo fue una sugerencia, aun mas, es un punto de vista que está abierto a objeciones, Pero el punto de vista de Marx era que sería necesario algún método de racionamiento del consumo, durante algún periodo de tiempo. Se refería al periodo del socialismo durante el cual éste sería así, como “la primera fase de la sociedad comunista”, comparada con la “fase superior” en la cual el libre acceso a los bienes de consumo y a los servicios podrían ser satisfechas. Nótese que Marx habla de diferentes fases de la misma sociedad, una sociedad “basada en la propiedad colectiva de los medios de producción”, una sociedad sin clases, sin Estado, sin salarios, y sin sistema monetario (Marx deja bien claro que los “certificados del tiempo de trabajo” no eran dinero, “dista tanto de ser dinero como, digamos, una contraseña del teatro” como lo expuso en El Capital, tomo 1, capitulo 3). Sin duda se puede hablar de una transición de la “primera” fase a la fase “superior” del socialismo, pero persiste el hecho de que Marx no empleó el concepto de “periodo de transición” en este sentido. Para él, como hemos explicado, era la transición del capitalismo al socialismo y no de una fase del socialismo a la otra.

¿Cuánto esperaba Marx que duraría este periodo de transición política? Su opinión sobre esta pregunta cambio durante el periodo de su vida política. En 1848, percibió claramente que tendría que durar bastantes años. Treinta años más tarde, el y Engels pensaban que podría ser considerablemente más corto, como resultado del tremendo desarrollo de la industria moderna en el periodo intermedio.

El Manifiesto Comunista de 1848 habla de la toma y uso del poder político por la clase obrera, haciendo uso de su supremacía política “para ir despojando paulatinamente a la burguesía de todo el capital, de todos los instrumentos de la producción, centralizándolos en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase gobernante, y procurando fomentar por todos los medios y con la mayor rapidez posible las energías productivas.” (http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm)

Marx y Engels prosiguen haciendo una lista de varias medidas inmediatas que ellos y los otros miembros de la Liga Comunista creían que la clase obrera debería tomar al llegar al poder, con objeto de hacer “incursiones despóticos sobra los derechos de propiedad”. Ellos concluyen así:

“Tan pronto como, en el transcurso del tiempo, hayan desaparecido las diferencias de clase y toda la producción esté concentrada en manos de la sociedad, el Estado perderá su carácter político.” (Énfasis añadido)

Claramente, en el 1848, Marx y Engels esperaban que el periodo de transición al establecimiento de la propiedad colectiva y la consecuente abolición de las clases y el Estado fuera medianamente largo. Engels en su borrador para el manifiesto, que no se uso pero que fue publicado más tarde bajo el titulo de Principios del Comunismo, (y que es siempre una glosa útil del Manifiesto), expuso esto explícitamente. Contestando a la pregunta, “¿Será posible suprimir de golpe la propiedad privada?”, escribió:

“No, no será posible, del mismo modo que no se puede aumentar de golpe las fuerzas productivas existentes en la medida necesaria para crear una economía colectiva. Por eso, la revolución del proletariado, que se avecina según todos los indicios, sólo podrá transformar paulatinamente la sociedad actual, y acabará con la propiedad privada únicamente cuando haya creado la necesaria cantidad de medios de producción.” (http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/47-princi.htm)

No fué hasta más tarde, después de que hubiera decaído la ola de entusiasmo revolucionaria del 1848, que Marx y Engels sacaron las implicaciones totales de esto. Habían estado diciendo, en efecto, que el establecimiento del socialismo no era posible en 1848. Engels, en 1895, en una introducción a algunos artículos que Marx había escrito en 1850 sobre política francesa, enuncio esto abiertamente:

“La historia nos ha dado un mentís, a nosotros, y a cuantos pensaban de un modo parecido. Ha puesto de manifiesto que, por aquel entonces, el estado del desarrollo económico en el continente distaba mucho de estar maduro para poder eliminar la producción capitalista.” (http://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/francia/francia1.htm)

Claramente, Engels estaba en lo cierto sobre este punto. Como Fritz Sternberg ha señalado, el capitalismo predominaba entonces solo en un país:

“Cuando Karl Marx y Friedrich Engels escriben El Manifiesto del Partido Comunista, – es decir, a mediados del siglo XIX – el capitalismo predominaba sólo en Inglaterra; los Estados Unidos eran sólo un país colonial, en el que la población agrícola sobrepasaba de lejos a la población industrial; en Europa, los albores del capitalismo se confinaban al Coste – en Alemana, por ejemplo, las formas de producción pre- capitalistas eran aún dominantes; Rusia y Japón eran aún Estados feudales; y relativamente había pocos puntos en la costa asiática los cuales estaban en contacto con los países Occidentales en los cuales el capitalismo había comenzado. Decir que, en aquel tiempo, quizás el 10% de la población mundial estaba ocupada en la producción capitalista es probablemente una estimación optimista.” (Capitalism and Socialism on Trial, Londres, 1951, p. 19)

Si el socialismo no era posible en 1848, esto suscita la interesante pregunta (claramente relevante para los últimos intentos de establecer el socialismo en un sólo país y atrasado): ¿Qué hubiera sido capaz de hacer la clase obrera, o más bien, un grupo determinado de comunistas, en el caso remoto de haber obtenido el control del poder político en ese tiempo? Seguramente, solo desarrollar el capitalismo. De hecho, la lista de medidas al final de la Sección 2 (“proletarios y comunistas”) del Manifiesto, y referida a lo que antecede, puede ser descrito con exactitud como de naturaleza de capitalismo de estado.

Desde entonces muchas de ellos han sido satisfechas en países abiertamente capitalistas (impuesto progresivo sobre la renta, banco estatal, nacionalización de los ferrocarriles, educación gratuita, prohibición del trabajo infantil, etc.) indicando de este modo que no había nada inherentemente anticapitalista en ellas.

Ni Marx, ni Engels fueros lo suficientemente lejos para repudiar estas medidas, o para enunciar que los comunistas de 1848 estaban equivocados al haber imaginado que podían incluso tomar el poder político y establecer solos el socialismo en aquel tiempo. Pero esto es lo que Marx y Engels escriben en el 1872:

“Ya el propio Manifiesto advierte que la aplicación práctica de estos principios dependerá en todas partes y en todo tiempo de las circunstancias históricas existentes, razón por la que no se hace especial hincapié en las medidas revolucionarias propuestas al final del capítulo II. Si tuviésemos que formularlo hoy, este pasaje presentaría un tenor distinto en muchos respectos.” (http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm).

También, escribiendo en 1850 Engels trataba del destino de Thomas Munzer, coma el del líder de un partido comunista llegado al poder antes de que las condicionas estuvieren maduras para el establecimiento de una sociedad comunista. Vale la pena acatar este pasaje extensivamente:

“le peor que le puede ocurrir a un líder de un partido radical es ser forzado a tomar el gobierno en un tiempo en el que la sociedad todavía no está madura par la dominación de clase que él representa y para las medidas que aquella dominación implica. Lo que realmente puede hacer no depende de su voluntad, sino del grado de tensión alcanzada por el antagonismo de las diferentes clases y del desarrollo de las condiciones de vida materiales, de les condiciones de producción y comercio en la clase sobre la cual siempre existen contradicciones. Lo que él debe hacer, lo que el partido le pide, de nuevo, no depende de él o del grado de desarrollo de la lucha de clase y sus condiciones. El está atado a les doctrinas y reivindicaciones hasta aquí planteadas que, de nuevo, no proceden de las relaciones de clase del momento, o del nivel de la producción y el comercio más o menos accidental. Sino que proceden de la comprensión más o menos penetrante del resultado general del movimiento social y político. De este modo, el se encuentra necesariamente en un dilema insoluble. Se encuentra pues en un dilema insoluble: lo que realmente puede hacer está en contradicción con toda su actuación anterior, con sus principios y con los intereses inmediatos de su partido; y lo que debe hacer no es realizable. El interés del propio movimiento lo obliga a servir a una clase que no es la suya y a entretener a ésta con palabras, con promesas y con la afirmación de que los intereses de aquella clase ajena son los de la suya propia. Quienes ocupan esta posición ambigua están irremediablemente perdidos”. (La Guerra campesina en Alemania)

El mismo Marx había escrito algo parecido en octubre de 1847 (unos pocos meses antes de que él y Engels escribiesen el Manifiesto):

"si el proletariado derroca el poder político de la burguesía, su victoria no pasaría de ser pasajera, sería solamente un cambio al servicio de la misma revolución burguesa, como lo fue en el año 1794, mientras la historia misma, en su desarrollo, en su 'movimiento', no se encargue de crear las condiciones materiales que hagan necesaria la abolición del modo de producción burgués y, por tanto, y a la par con ello, el derrocamiento definitivo del poder político de la burguesía." (Deutsche-Brüsseler-Zeitung, 11 de noviembre de 1847, énfasis de Marx).

Era eso mucho que decir que tuvieron Marx y Engels y otros en la Liga de los Comunistas l legado a controlar el poder político en 1848, que, no siendo capaces de implantar el socialismo, ellos habrían estado “irremediablemente perdidos”, y que no habrían tenido ninguna otra alternativa que desarrollar el capitalismo (incluso bajo la forma de un capitalismo de Estado)

En todo caso, la situación nunca lo presento ni siquiera como una remota posibilidad. En el exilio en Londres Marx y Engels pronto se dieron cuenta de la futilidad de los comunistas conspirando para la toma del poder político en el futuro inmediato, y tendieron a concentrarse en la larga y dura tarea de preparar a la clase obrera que se organizara a sí misma para la toma del poder político.

Después de 1848 la industria moderna hizo grande avances. En el 1847, Engels había escrito que los medios de producción no estaban disponibles en cantidad suficiente para permitir el inmediato, o incluso rápido, establecimiento del socialismo. Un cuarto de siglo más tarde, en 1872, escribía:

“Gracias precisamente a esta revolución industrial, la fuerza productiva del trabajo humano ha alcanzado tal nivel que, con una división racional del trabajo entre todos, existe la posibilidad – por primera vez desde que existen hombres capaz de producir lo suficiente, no sólo para asegurar un abundante consumo a cada miembro de la sociedad y constituir un abundante fondo de reserva, sino también para que todos tengan además suficientes ocios, de modo que todo cuanto ofrece un valor verdadero en la cultura legada por la historia – ciencia, arte, formas de trato social, etc. – pueda ser no solamente conservado, sino transformado de monopolio de la clase dominante en un bien común de toda la sociedad y además enriquecido.” (Contribución al problema de la vivienda, http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/73cpv/2.htm).

Y seis años más tarde, en la parte del Anti-Dühring más tarde publicado como el panfleto Socialismo Utópica y Científico, inmensamente popular:

“Por vez primera, se da ahora, y se da de un modo efectivo, la posibilidad de asegurar a todos los miembros de la sociedad, por medio de un sistema de producción social, una existencia que, además de satisfacer plenamente y cada día con mayor holgura sus necesidades materiales, les garantiza el libre y completo desarrollo y ejercicio de sus capacidades físicas y espirituales.” (http://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/dsusc/3.htm)

En otros palabras, la opinión de Engels era que por los 1878 contrariamente a la situación da 1848, “el estado del desarrollo económico [estaba] maduro para poder eliminar la producción capitalista”. Si bien él no podría haber contestado a la pregunta, “¿sería posible que la propiedad fuera abolida de un golpe?” con un “si”, él, ciertamente, habría contestado que podría ser abolida (i.e. propiedad colectiva y una sociedad sin clases establecida) bastante rápidamente. El principio está claro aquí, para Marx y Engels cuento más alta es el nivel de desarrollo de los medios de producción, más corto es al periodo de transición política que se necesita para hacer de los medios de producción propiedad común de la sociedad como un todo.

Engels exageraba cuando escribió en 1872 que los medios de producción podían entonces haber abastecido “lo suficiente, no sólo para asegurar un abundante consumo a cada miembro de la sociedad y constituir un abundante fondo de reserva”. Ciertamente, los medios de producción podrían haber proporcionado lo suficiente para eliminar la pobreza material completamente y elevar al consumo de todos por encima del nivel que los tenían que resistir bajo el capitalismo, pero no hubiera sido realmente posible satisfacer el principio de “de cada cual, según sus capacidades a cada cual, según su necesidades”. Por supuesto, Engels reconoció esto y fue precisamente el punto de vista de Marx así como sus notas sobre el programa de Gotha acerca de la inevitabilidad de algunas limitaciones del consumo gratuito en la “primera fase” del socialismo (lo que reconoció).

Habiendo discutido la cuestión da cuanto tiempo Marx y Engels esperaban que durara el periodo político de transición entre el capitalismo y el socialismo podemos preguntarnos ahora, cuánto tiempo pensaban que la transición (como cada una quiera llamarla) entre las fases “primera” y “superior” del socialismo mismo duraría? Esto es algo que ellos no parecen haber discutido pero es claro que se aplica el mismo principio: cuanto más alto el nivel de desarrollo de los medios de producción más corto es el periodo.

Sin embargo, una cosa está clara, que el desarrollo de los medios de producción durante este periodo seria sobre la base de la propiedad colectiva y el control democrático de los medios de producción y la consecuente abolición del mercado, del dinero, de la venta y compra, de los salarios, de los beneficios, etc. La “primera fase de la sociedad comunista”, como la fase superior, sería una sociedad sin mercado en la que la producción será conscientemente planificada para satisfacer las necesidades humanas. Lo que se produciría serian cosas útiles, para la distribución directa a los usos sociales democráticamente decididos (consumo individual, consumo colectivo, expansión de fuentes productivas, reserves, etc.). Lo que Marx llamó “producción de mercancías”, la producción da mercancías para la venta en un mercado, no existiría, no podría existir, sin que la sociedad cesara de ser socialista.

Repetidamente, Marx dejó claro que el socialismo, en ambas fases, era una sociedad sin mercado, con una producción – solamente y directamente – para el uso de la sociedad. El Manifiesto Comunista habla específicamente de “la abolición comunista del tráfico”, y la abolición no solo del capital (riqueza usada para producir otra riqueza con una perspectiva de beneficio) sino también del trabajo asalariado. En el tomo primero del Capital Marx habla de “el trabajo directamente socializado, una forma de producción contrapuesta diametralmente a la de producción de mercancías.” (Capitulo 3) y en el tomo segundo, de cosas que serian diferentes “en el supuesto de que la producción fuera colectiva y no poseyera la forma de la producción de mercancías” (capitulo 20, sección 9). También, en el tomo segundo, Marx comparando como el socialismo y el capitalismo tratarían un problema particular, indica dos veces que no habría dinero que complicara los asuntos en el socialismo: “Si suponernos en vez de una sociedad capitalista, una comunista, en primer lugar desaparecería por completo el capital dinero...” (Capitulo 16, sección 3) y “El capital dinero dejaría de existir en la producción socializada” (capitulo 18, sección 2). En otras palabras, en el socialismo la producción y distribución de la riqueza es solo una cuestión de organización y planificación.

Es precisamente Mandel que es si oponente de Marx más capaz y de más influencia (y los otros que ce san puesto de acuerdo con él, notablemente Bordiga) sobre esta punto de la naturaleza completamente sin mercado de la “primera” fase del socialismo. En su ensayo La Economía en del Periodo de Transición Mandel apunta que,

“Inmediatamente después de la victoria de la revolución de octubre y especialmente en el periodo del comunismo de guerra, los teóricos comunistas contemplaron la desaparición de una economía socialista principalmente en los términos de una desaparición inmediata y general de la economía monetaria y de mercado.” (http://www.ctr.org.ve/paginas/la_economia_en_el_periodo_de_transicion.html)

Significativamente, no cuestiona por qué esto fue así, ya que esto le hubiera llevado a tener que admitir que, sobre este punto, los pensadores bolcheviques estaban en la tradición marxista.

Mandel enuncia que en Rusia pronto apareció que “el mantenimiento de las relaciones monetarias y del mercado se adaptaba mejor a la maximización del crecimiento económico y a la mejor defensa de los trabajadores como consumidores”, y concluye formulando la siguiente ley general:

“la supervivencia de las categorías monetaria y de mercado parecen ser inevitable en el período de transición del capitalismo al socialismo. Pero su supervivencia ocasiona una serie de consecuencias económicas y sociales que entran en contradicción con los imperativos de una sociedad que está construyendo el socialismo.”

De hecho, la experiencia de Rusia bajo el llamado “comunismo de guerra” demostró que en aquel tiempo la Rusia aislada estaba madura para alguna forma de capitalismo – con su “mercedo y categorías monetarios” – y no para el socialismo. Mandel acepta el socialismo como una sociedad mundial, sin clases, sin Estado, sin dinero y sin salarios (para definir la, de algún modo negativamente). Como escribió en The Inconsistencies of State Capitalism (“Les contradicciones del Capitalismo de Estado”, IMG, Londres, 1969):

“El socialismo significa una sociedad sin clase. Por lo tanto presupone no sólo la supresión de la propiedad privada de los medios de producción, en la sucesiva dirigida de modo planificado por los mismos trabajadoras asociados sino que también clama por un grado de desarrollo do los fuerzas productivas que haga posible la desaparición de la producción de mercancías, del dinero, y del Estado.”



“La clase obrera... no es capaz de edificar una sociedad socialista en un solo país, ni incluso en los Estados Unidos (por no hablar de Gran Bretaña o de la Europa Occidental).”

Todo lo que puedo consolidarse en el futuro inmediato, dice Mandel, es una tercera sociedad. Ni capitalista. Ni socialista, que tendrá el objetivo de desarrollar los medios de producción hasta el grado que el socialismo mundial sea posible como una sociedad de abundancia: una “sociedad transicional” entre el capitalismo y el socialismo, con su propia estructura social y con leyes económicas diferentes de las leyes económicas del capitalismo y del socialismo. Mandel describe a esta llamada sociedad transicional suya como sigue:

“Nacionalización de todos los medios de producción bajo el control de los obreros, economía planificada democráticamente, pero aún con la producción de mercancías de bienes de consumo, con la supervivencia del dinero, con comercio exterior y con un ejército de los obreros en tanto en cuanto subsista la amenaza de los Estados burgueses fuertes”.

Esta “sociedad transicional”, como el capitalismo pero no como el socialismo puede establecerse a escala nacional. De hecho, dice Mandel, sería el objetivo inmediato de cada clase obrera nacional (rechazando de este modo el punto de vista marxista según el cual la clase obrera de todos los países deberían apuntar a una revolución socialista mundial más o menos simultáneamente).

Si Marx había suscrito realmente este punto de vista, de que había otro sistema de sociedad – durando toda una “época” – entre el capitalismo et el socialismo, es curioso, por lo menos, que él nunca lo mencionara. De hecho, en ningún parte Marx habla de ninguna “sociedad transicional” entre el capitalismo y el socialismo o para utilizar alguna de las frases empleadas por Mandel, “la época de transición del capitalismo al socialismo”, “una economía transicional”, “la sociedad en transición del capitalismo al socialismo”. Ciertamente, él habla de un “periodo político de transición ” y de un “periodo de la transformación revolucionaria” entre el capitalismo y el socialismo pero, como hemos visto, esto era meramente el periodo durante el cual la clase obrera usaría su control del poder estatal para establecer la propiedad colectiva de los medios de producción, un periodo político de transición relativamente corta que sería tanto más corto cuanto más elevado fuera el desarrollo de los medios de producción en el momento en el que la clase obrera ganara el control del poder política y ciertamente, sin durar una “época”.

Mandel trata de justificar su posición identificando su “sociedad transicional” en la “primera fase de la sociedad comunista” de Marx (y pensar que la frase “primera fase de la sociedad comunista” quiere decir, obviamente, lo que dice: la primera fase de la sociedad comunista, de ninguna otra distante). Hemos visto, como Marx reconoció la inevitabilidad de algunas limitaciones en el consumo gratuito en los primeros estadios del socialismo (si se hubiera establecido en les 1.870) y mencionó “los certificados del tiempo de trabajo” como un método posible para hacer esto. Mandel sostiene que en estas circunstancias se use los certificados del tiempo de trabajo, o se use dinero, es sólo un asunto de elección. Argumenta que el dinero es mejor porque permite a los obreros, como consumidores más libertad de elección que los certificados del tiempo de trabajo o cualquier sistema de racionamiento físico.

Pero esto se basa en una completa incomprensión de la teoría marxista del dinero. Para Marx el dinero no era una cosa sino una relación social, una categoría económica que existía sobra la base de ciertas relacionas sociales entre los productoras, específicamente, una economía de trueque, reflejando el hecho de que la producción no estaba todavía socializada sin realizada por productores individuales aislados y más tarde el hecho de que, a pasar de la producción socializada, había aún apropiación privada o parcial. Señalo que “los certificados del tiempo de trabajo” no eran dinero; eran simplemente pedazos de papel autorizando una persona a retirar la provisión de productos reservados para el consumo individual. No circulaban, ni reflejaban una relación de propiedad privada. Como lo esposos, Marx en un pasaje de sus notas sobre el programa de Gotha – un pasaje accidentalmente entrecomillado par Mandel en el artículo de Critique – “en la sociedad de cooperación basada en la propiedad colectiva de los medios de producción, los productores no cambian sus productos”.

No queremos defender el sistema de los “certificados del tiempo de trabajo”. Era inapropiado incluso en tiempo de Marx, sufriendo numerosas anomalías, algunas de las cuales fueron reconocidas por el mismo Marx. Suscribiríamos el punto de vista de la crítica de Marx a los esquemas que introduce el “trabajo-dinero” bajo el capitalismo como apropiado también en cierta medida al esquema de los “certificados del tiempo de trabajo” en los primeros estadios del socialismo. Pero está claro que Marx no consideraba el uso del dinero (una mercancía que se ha convertido universalmente en permutable con todas las otras mercancías) como una forma alternativa de racionamiento en la “primera fase de la sociedad comunista” de hecho, hubiera considerado esto como una propuesta contradictoria absurda. ¡Podemos imaginarla reprendiendo duramente a Mandel en los mismos términos que el reprendió a Proudhon por sandeces similares!

Volvamos ahora a la cuestión de por cuánto tiempo tendrían que continuar algunas restricciones sobre el consumo gratuito después del establecimiento del socialismo. Mirando atrás, ahí podemos decir que de haberse consolidado el socialismo mundial en el 1879, podría haber pasado una generación antes de que hubiera podido ser satisfecho el acceso gratuito total a los bienes de consumo y servicios, de acuerdo con les necesidades individuales. Este cálculo se basa en el hecho de que fue en el 1900 que empezaron a sentirse les efectos de la llamada segunda revolución industrial – la aplicación a la producción del motor eléctrico y del motor de combustión interno. Recuerden que Marx y Engels juzgaban las posibilidades del socialismo en base solamente de la primera revolución industrial (la aplicación a la producción del motor de vapor). Marx, que murió en el 1883 nunca vio ni un motor eléctrico ni un motor de combustión interna. Pero por supuesto cada avance de la tecnología convertía el socialismo incluso en algo más relevante.

Alrededor del 1900, gracias a esta segunda revolución industrial, el capitalismo llegó a ser el sistema mundial predominante. Por “predominante” no queremos decir que el capitalismo existiera en todo el mundo sino que meramente toda la gente del mundo incluso si Vivian bajo condiciones pre capitalistas, fueron decisivamente afectadas por el funcionamiento del capitalismo mundial. Si ustedes lo prefiere, el 1900 indica la conversión del capitalismo en un sistema mundial – un hecho que algunos escritores marxistas han descrito como su conversión en “imperialista”. En el 1914, con el estallido de la primera guerra mundial en la historia de la humanidad, fue una sangrienta confirmación de esto. Entrecomillamos a Sternberg de nuevo:

“El desarrollo capitalista se había tomado varios cientos de años para llegar al estadio en el que quizás un diez por ciento de la población mundial producía según líneas capitalistas, pero los dos tercios del siglo que le siguió – aproximadamente desde la mitad del siglo XIX hasta el estallido de la primera guerra mundial – el capitalismo se convirtió en la forma de era la producción dominante no sólo en un país, Inglaterra, sino en todo el mundo, hasta quizás entre un 25% y un 30 % de la población mundial producía según líneas capitalistas, mientras que n Gran Bretaña, Estados Unidos, Alemania y en la Europa Occidental en general, el capitalismo mantenía prácticamente el monopolio de la producción. Al mismo tiempo el desarrollo capitalista había hacho un progreso considerable en Rusia y en Japón, aunque aún existían vestigios del feudalismo, mientas que en los otros países asiáticos las formas de producción pre capitalistas habían sido definitivamente socavadas.”(Socialismo and Capitalism on Trial, p. 19).

De hecho, podemos situar el fin del papel del capitalismo en la historia – al crear los lazos materiales para una sociedad de abundancia socialista mundial – en esta época. Alrededor de 1900 el capitalismo había sobrevivida completamente a su utilidad. Desde entonces solamente el establecimiento inmediato del socialismo mundial ha sido “progresivo”. De hecho, desde entonces, el socialismo mundial – dado, por supuesto, el desarrollo de un movimiento socialista mayoritario entre la clase obrera en las partes industrializadas del mundo – podría haber sido establecido “de un golpe” por una más o menos revolución socialista mundial.

Desde e1 1900 la clase obrera ha necesitado aún, en cierta manera, organizarse para tomar el poder político en los distintos estados del mundo, y, en este sentido, un “periodo político de transición” durante el cual la clase obrera use el poder estatal para establecer la propiedad colectiva de los medios de producción, es aún necesaria. Sin embargo ya que este periodo sería tan corto como despreciable, el concepto de un periodo de transición ha pasado de moda.

Similarmente, aunque en los primeros años del socialismo, mientras se clarifica el desarreglo dejado por el capitalismo, puede que aún sean necesarias algunas restricciones del consumo gratuito total, la sociedad socialista mundial podrá ahora avanzar rápidamente (i.e., bajo una década) como mucha satisfaciendo el libre acceso a los bienes de consumo y a los servicios de acuerdo a la necesidad individual como principio de distribución. Para resumir, el concepto de un “periodo de transición”, que dura varios años, entre el capitalismo y el socialismo es hoy un concepto obsoleto del siglo XIX, con el ideal de una “sociedad transicional” entre el capitalismo y el socialismo, como propone Mandel nunca se encuentra en Marx en primer lugar.