Lunes, 13 de noviembre de 2006 | 12:30

La misma espina de siempre

Cuando tantos medios están muy atareados en denigrar al Estado de Israel y, en muchos casos, aventar los rescoldos del antisemitismo que nunca se han apagado, me he acordado de un caso muy particular, que se relata a continuación. Sorprende que en nuestros días se renueven creencias del medioevo cuando se trata de sentir antijudío. El increíble episodio ocurrido cinco siglos atrás, renacido en nuestra época.


En el muro, adyacente a la puerta principal de la catedral de Toledo, hay un mural en el que aparece un niño pequeño crucificado, y una mano que sostiene su corazón sangriento. Representa una de las tantas difamaciones difundidas por el clero y las esferas antisemitas, que se han arraigado de tal modo que hasta el día de hoy se cree que ocurrieron. Es una calumnia más de las muchas fabricadas por aquéllos, para convencer al pueblo de los criminales designios de "la raza maldita".

En los años noventa, luego de concluir su gestión como Presidente del Estado, el escritor, político y estudioso sefardí Itzhak Navón fue a España para redescubrir sus raíces. Y en esa ocasión la TV de Israel realizó un reportaje, que muestra al televidente muchas imágenes de la España judía desde Sevilla hasta Zaragoza. Relata el prestigioso comentarista, que fue a una aldea toledana llamada La Guardia, que se halla en la moderna autopista Madrid – Andalucía, aunque -agrega- por el modo de su pensar de sus habitantes, parecería ser que todavía está estancada en la Edad Media.

El reportaje nos muestra primero un pequeño monasterio que se llama Ermita del Santo Niño. Y luego vemos a Itzhak Navón en lo que debería ser la plaza mayor de ese pueblo, preguntando a la gente sobre el caso. Y lo que en definitiva se le explica es que los judíos, "como la pasaron muy mal, cogieron a un niño en Toledo cuya madre era ciega, y lo trajeron a la Guardia, y allí lo escondieron. Y después de unos días en que le atormentaron, lo crucificaron y le hicieron todo lo que habían hecho con Jesús, le sacaron el corazón, lo mezclaron con una hostia consagrada, y echaron todo a la fuente para envenenar el agua". Y así un hombre relativamente joven, le explicó a su interlocutor con la mayor seriedad, la razón por la que en el pueblo se adora al Santo Niño. Y éste, después de escuchar impávido el insensato relato, agrega que pocos años atrás se celebró en esa localidad un acto en recuerdo del "pequeño inmolado", al cumplirse los 500 años de "su martirio", en presencia de las más altas autoridades eclesiásticas de Toledo.

Y quien no pueda llegar a creer en este inaudito suceso ocurrido en el siglo XX, conste que en poder del autor de estas líneas está la caseta de vídeo con los testimonios grabados que se han mencionado.

Los hechos históricos relatan que esa difamación que se conoce como el Santo Niño de la Guardia, constituyó el apogeo de la propaganda antijudía y anticonversa realizada por el clero, con el asentimiento tácito de la corona. El caso citado fue investigado por la Inquisición, la que acusó a un grupo de conversos y judíos de tramar la destrucción del cristianismo, por medio de prácticas de magia negra realizadas en el corazón de ese niño cristiano. El juicio tuvo lugar en los años 1490-91, primero en la ciudad leonesa de Astorga, y después en Segovia y Avila, y aunque el cadáver de la presunta víctima jamás fue hallado -la Inquisición ni se molestó siquiera en buscarlo, ni de descubrir si acaso había desaparecido algún niño en Toledo- el juicio fue prolongado, se desvirtuaron los hechos, se obtuvieron confesiones por medio de la tortura y, en una palabra, se recurrieron a todas las tretas posibles para demostrar la supuesta complicidad de hebreos y criptojudíos.

En cierto momento, cuando el proceso estaba dirigido por el propio Gran Inquisidor Tomás de Torquemada, se intentó involucrar en el caso a Abraham Seneor, rabino de la Corte y primer recaudador de Castilla, pero los investigadores no tardaron en percibirse que habían llegado demasiado lejos, y esa derivación del caso fue acallada. Ello posiblemente debido a la intervención de los propios Reyes Católicos, que a pesar de estar muy ocupados en la campaña contra Granada, recibían detallados informes del proceso. En última instancia, los acusados fueron condenados a la hoguera. Otro desenlace no podía tener tal acusación, aunque en la práctica –bien se ha demostrado- no tenía base firme alguna, y de hecho era toda una sarta de contradicciones y falsedades. Su auto de fe se celebró el 16 de noviembre de 1491, por el presunto asesinato de un niño cuya existencia en sí ha quedado en tela de juicio. Y ello ocurrió, recuérdese, pocos meses ante de emitirse el Edicto de Expulsión.

El juicio pretendía demostrar la presunta conspiración judía contra el cristianismo, y preparó al pueblo para el próximo paso, que sería la expulsión de los judíos y la inhumana persecución de los conversos por la Inquisición. Es decir, si los judíos fueron exilados de España, ello se debió a su "insidiosa manera de proceder contra los cristianos y, en especial, a su nefasta influencia sobre los conversos para que siguieran practicando los ritos de su abominable culto".

Se dirá que todo lo que antecede ocurrió en tiempos pasados, en donde las normas eran diferentes. Podría ser cierto en algunos casos. Pero parece que muchos conceptos antisemitas, como bien se ha visto, siguen teniendo actualidad en nuestros días. En muchas ocasiones, disfrazado de anti-israelismo. En hebreo se dice “otá haaguiveret beshinui aderet”, “la misma mujer con otras galas”. Qué lástima que así sea.

Moshé

DOCUMENTO ADICIONAL

Véase lo que la enciclopedia digital Wikipendia escribe sobre el particular:

“Se denomina Santo Niño de La Guardia a la supuesta víctima de un asesinato ritual realizado por judíos y judeo-conversos a finales de la década de 1480 en la localidad de La Guardia (Toledo). Por este supuesto asesinato fueron procesados por la Inquisición varios judíos y conversos, que fueron quemados en Ávila el 16 de noviembre de 1491. Se conservan algunos documentos del proceso (especialmente, el proceso completo contra uno de los acusados, Yuce Franco), que demuestran que hubo múltiples irregularidades y que no existe evidencia alguna de que el supuesto crimen se cometiese realmente. La mayoría de los historiadores actuales considera que el proceso estuvo destinado a propiciar un clima antisemita para permitir una mejor acogida al decreto de expulsión de los judíos, que se promulgaría sólo meses después (en marzo de 1492).

Durante el siglo XVI se desarrolló una leyenda hagiográfica acerca del Santo Niño, cuyo culto continúa celebrándose en La Guardia”.

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