50 años de televisión también en Catalunya


Sergi Schaaff
Director, productor de televisión y profesor del Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual de la Universitat Pompeu Fabra


stos días hemos oído hablar mucho del nacimiento de la televisión en España, de sus primeros 50 años de vida y también de la gran cantidad de actos celebrados para conmemorar este hecho. Pero desafortunadamente tan solo se han dado unas pinceladas esmirriadas para recordar los primeros pasos de la televisión producida en Catalunya, los primeros programas realizados en los estudios de Miramar, en Montjuïc. Aun así, no hay que apenarse porque, bien mirado, nuestra televisión no cumplirá 50 años hasta 2009 (la producción de programas no se empezó en Barcelona hasta el año 1959) y la televisión en catalán no celebrará su medio siglo hasta 2014. Por lo tanto, aún estamos a tiempo de prepararnos y celebrar los 50 años de la televisión en Catalunya tal como se merecen: estudiando, revisando y criticando lo que significó la primera televisión de la casa y, cinco años más tarde, el comienzo de la Televisió Catalana.

Desgraciadamente, para llevar a cabo esta tarea tan importante, no podremos contar con el amigo Josep M. Baget, el primero y casi el único historiador de la televisión en catalán. Sería necesario que algún estudioso y crítico se animara y continuase el excelente trabajo de Baget.

A la espera de que podamos celebrar esta conmemoración y que algún académico haga realidad esta tarea de revisión necesaria de los 50 años de nuestra televisión, me permito la libertad de confeccionar mi pequeño índice personal (e incompleto, a buen seguro) de algunos puntos especialmente significativos de los 50 primeros años de televisión en Catalunya.

Antes de entrar en materia y, como es indudable en un medio que comienza, es preciso mencionar la tarea de aprendizaje y de formación que significó para los nuevos y futuros trabajadores poder experimentar y “tocar” las nuevas herramientas y metodologías del medio. También fue importante la transversalidad de trabajo que se alcanzó con la incorporación de profesionales de otros medios afines como es el caso del periodismo, la radio y el cine.

Dentro de esta línea inherente a un medio que nacía, también fue importante que, al trabajar por toda España, se exportase, digámoslo así, un cierto talante catalán, unos personajes catalanes y una manera diferente de hacer las cosas. Evidentemente, todo eso de forma coincidente y de manera muy leve, por miedo al franquismo. Considero que la exportación de programas de talante catalán a todo el Estado era de gran trascendencia para Miramar y lo continúa siendo en la actualidad desde Sant Cugat.

Pero vayamos poco a poco. El primer punto, cronológicamente hablando, que nunca se ha tenido en cuenta y que es preciso valorar con mucho cuidado dada su trascendencia podría titularse de tres maneras diferentes aunque, en el fondo, sean lo mismo: podríamos llamarlo el descubrimiento del formato o bien la incorporación del productor ejecutivo o incluso, la secreta implantación de las productoras independientes, aunque este hecho sólo se diese a medias. Fue un fenómeno catalán porque, en aquellos momentos y en estos tres ámbitos, la televisión, la única, la que se hacía en Madrid, tenía una parrilla en la cual todos los programas eran de género y no se buscaba la internacionalización. Todo el poder de “la fábrica” estaba en manos del realizador y sólo podía producir el propio canal, o sea, TVE.

Miramar permitió una estructura diferente de producción y, posiblemente, muchos ni se enteraron, porque fue una etapa relativamente corta que al final desapareció, para volver en los noventa con una fuerza imparable.

Esta ventana abierta a otras maneras de producción fue obra de dos profesionales que conocían muy bien la televisión americana. Uno de ellos, Antonio Losada, era guionista de la televisión cubana de antes de Castro. El otro, Jorge Leman, era un conocido publicista, cuyo verdadero nombre era Jorge Garriga Puig, que actuaba como un verdadero productor ejecutivo americano. Asumía la responsabilidad total del producto de una manera encubierta, pero totalmente efectiva. El hecho de que Leman fuese el jefe de publicidad de la compañera Nestlé y que esta firma patrocinase algunos programas favorecía esta estructura de producción televisiva.

Ambos conocían muchos formatos americanos. Jorge Leman, que era el jefe en calidad de productor ejecutivo, los importaba y Antonio Losada los desarrollaba rodeado por un equipo de profesionales de Miramar. La dirección de Miramar me asignó como ayudante de realización en alguno de sus programas y es preciso decir que de los dos aprendí mucho. De los numerosos programas que se hicieron se pueden recordar Adivine su vida, X-0 da dinero, Ésta es su vida y Reina por un día.

En segundo lugar vendría la que Baget llamaba Escuela de Miramar. Podríamos decir que su núcleo estaba formado por Mercè Vilaret, Lluís M. Güell y por mí mismo. Tres realizadores que estábamos obsesionados por la televisión, por la modernidad del nuevo lenguaje cinematográfico y que teníamos una inquietud total por dar a cualquier historia un mensaje con preocupaciones sociales y políticas, fuera como fuera. Más tarde, otros muchos realizadores reforzaron este tipo de movimiento en el campo de la ficción, el musical y, naturalmente, en el del documental.

Este tipo de movimiento interno de Miramar constituye una circunstancia totalmente diferenciadora respeto a la televisión de Madrid, que no dio o no pudo dar ningún tipo de cohesión estilística o de contenido a sus profesionales, con la excepción de la llamada Escuela Sevillana que, integrada por periféricos, se desarrolló en la capital.

El tercer punto y, sin duda, el más importante es la creación de la programación en catalán pensada, hecha y emitida desde nuestro territorio. El año 1964 comienza tímidamente, pero con fuerza, la Televisión Catalana; primero, con programas con coartada cultural y aprovechando las horas en que TVE no emite y, más tarde, en aquellas horas de desconexión que tantas controversias trajeron y siguen comportando. Volveremos sobre este tema.

El hecho más importante de la programación en catalán era conseguir unos informativos normalizados, pensados y emitidos en catalán. En 1973 nace el programa Giravolt, dirigido por Antoni Serra, que, dentro de las limitaciones de la censura del franquismo, refleja y mantiene unas posiciones críticas con la realidad del momento. Un año más tarde comienza un informativo en toda regla: el informativo diario Miramar, primero en castellano y después en catalán.

En estos primeros años de Televisión Catalana cabe destacar la tarea que hizo Juan Martín de Blas a partir de 1974, cuando fue nombrado jefe de programas de TVE en Catalunya, cargo que cubrió hasta comenzada la transición. Él amplió la programación catalana e incorporó muchos profesionales que hasta ese momento no habían podido intervenir en la televisión pública.

Finalmente, en este último punto es preciso recordar que el año 1980 los profesionales catalanes de Miramar elaboraron un escrito conocido como el Informe Miramar, impulsado por Pere Joan Ventura, en que se establecían las bases para una televisión nacional de Catalunya apoyada en los fundamentos de Miramar. Sin embargo, las cosas no fueron por este camino sino por uno diferente. En la creación de la Televisió de Catalunya no se quiso aprovechar lo que representaba Miramar, ni después Sant Cugat. De esta manera el “circuito catalán”, el carrilet, entró en una vía muerta y sin salida hasta el día de hoy, en que de nuevo se plantea su futuro de manera incansable.

En resumen, 1) La incorporación de los formatos a la programación, 2) La Escuela Miramar y 3) La televisión en catalán son los tres puntos fundamentales y específicos que creo que configuran la historia de los 50 años de la televisión catalana de Miramar y también, por supuesto, de Sant Cugat. Naturalmente habrá que añadirle la historia pequeña y grande de los diferentes programas de estas cinco décadas, desde Teatre català a Geometria variable, pasando por Vostè pregunta.

Llegados a este punto, después de recapitular, es el momento de presentar una propuesta que quizá resulte atrevida, pero a la vez resolutiva, que dé un nuevo impulso a la programación de Miramar-Sant Cugat. Es preciso partir de dos premisas fundamentales y evidentes. La primera: Televisión Española no puede renunciar a utilizar las lenguas oficiales de sus propios territorios. Y la segunda: los programas en estas lenguas tienen que tener un lugar claro y estable en la parrilla y también una duración significativa, y no testimonial.

Dado que la primera cadena se considera la más generalista y de audiencia más universal, parece lógico que la segunda cadena, con características más culturales y más dedicadas a las grandes minorías, sea el espacio idóneo para difundir la programación en las diferentes lenguas de sus propios territorios: castellana, catalana, euskera y gallega.

Consecuentemente, sería necesario fijar todos los días de la semana en la segunda cadena de TVE una franja importante de programación de alrededor de cuatro horas que ocupase desde el acceso, alrededor de las ocho de la tarde, pasase por “las noticias” y el prime-time, y acabase a medianoche con el segundo prime-time. La programación de esta franja sería determinada por cada centro en la lengua propia de su comunidad.

Asimismo, para abaratar gastos, en esta parrilla podrían tener cabida programas emitidos simultáneamente por las cuatro programaciones, siempre que fuese posible doblarlos o subtitularlos en la lengua propia del territorio.

Estas medidas permitirían una programación estable y fija para cada territorio y, en relación con el nuestro, resolverían el problema endémico del “circuito catalán”.

Evidentemente, sería una buena cosa.