Paseo por la ciudad de Logroño
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       El centro histórico aporta la mayor oferta turística, gastronómica y cultural de la ciudad, flanqueado a un lado por el Paseo del Espolón y a otro por el Parque del Ebro, en él se encuentran los monumentos más importantes de la ciudad: la concatedral, las iglesias de Santiago y de Palacio o la Puerta de Revellín. Las calles Portales, San Juan y Laurel son recorridos imprescindibles para conocer la ciudad desde el punto de vista gastronómico.
       La concatedral de la Redonda fue construida en los siglos XV y XVI sobre la iglesia románica de San Lucas. Presenta dos torres barrocas construidas por Juan Bautista de Arbaiza  y Martín de Beratúa a mediados del siglo XVIII y son de estilo churrigueresco. El sobrenombre de la Redonda proviene de su forma original de la planta. De su interior cabe destacar su notable retablo mayor barroco, así como la portada de los Angeles y varios retablos en las capillas laterales. Una de las joyas que posee en su interior es un pequeño lienzo atribuido a Miguel Angel, una crucifixión que se supone pintó para su amada Coloma. Tallas de Gregorio Fernández y de su escuela castellana, trípticos flamencos, obras de Navarrete el Mudo, Pantoja de la Cruz y una amplia muestra de orfebrería litúrgica, conforman un verdadero museo de arte religioso. En el interior de la Iglesia Concatedral se encuentra el Mausoleo del General Espartero y de su esposa Jacinta Martínez de Sicilia, Duquesa de la Victoria.

       A la entrada de la calle Portales se encuentra el Palacio de los Chapiteles, edificio de arquitectura civil del siglo XVI. Desde 1864 a 1980 fue sede del Ayuntamiento y en la actualidad alberga el Instituto de Estudios Riojanos (IER).

       Entre las calles de San Bartolomé y Rodríguez Paterna, detrás del Palacio de los Chapiteles se encuentra la iglesia de San Bartolomé, templo en el que sobresale la portada gótica del siglo XIII. La mezcla del mudéjar de su torre con el románico de su ábside la convierten en una iglesia realmente singular.

       La iglesia de Santa María de Palacio (situada entre las calles Marqués de San Nicolás y Ruavieja) destaca por su torre octogonal de estilo gótico (conocida por la Aguja y uno de los símbolos de la ciudad). Destaca en su interior el retablo mayor, obra de Arnault de Bruselas, el coro de reja forjada, los sepulcros, la imagen de Nuestra Señora de la Antigua (del siglo XIII) y su claustro de arcos ojivales.