Lista de Cuadernos Patagónicos Editados


Sugerencias

13. Lago Argentino

Lago argentino
El nombre del lago
Volando sobre el lago
Glaciar Perito Moreno
La exploración del Glaciar Moreno
El pasaje al océano pacífico
El Divortium Glaciarum
Cordón Reichert
El éxito de Tilman
Sobre las huellas de Tilman
Más al sur, entre los Glaciares Moreno y Dickson
Cerro de Mayo (2.380 m)
Bahía Onelli
La daily express expedition
Glaciar upsala
Una primicia por muy poco no concretada
Nuevas exploraciones
Entre los lagos Argentino y Viedma
Lago Viedma
Otro acceso al hielo patagónico
La gran incógnita del hielo patagónico sur
¿Hasta dónde?
El pasaje de la laguna escondida
Cumplida incumplida
El pedazo que falta
Entre los naipes gigantes
Un pedacito y algo más


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El espejo del Lago Argentino llega al Este hasta una árida estepa donde viven los avestruces. A lo lejos en la Cordillera se perfila el Cerro de Mayo; más cercano a la derecha el Cerro Castillo.

 

 

 

 


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Mapa de la zona del Lago Argentino y el Lago Viedma.

 


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En una plazoleta acogedora, Calafate honra a Francisco Pascasio Moreno con un hermoso bronce.

 


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Hacia el Norte, el Canal de los Témpanos confluye en el Brazo de Mayo. Enfrente, los Cordones de la Península Avellaneda, donde todavía se ocultan en los bosques muchos vacunos baguales.

 

 


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Los cerros de la Península Magallanes ya no tienen más glaciares, si bien franjas de bosques con hayas australes y especies botánicas preciosas. Hasta la fecha no hay caminos que crucen la hermosa naturaleza de las riberas Oeste y Norte.

 


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Así sale en el famoso libro "Andes Patagónicos" del Padre Alberto De Agostini, la imagen histórica del piloto Franco Bianco y del mismo Padre (a la izquierda), en la oportunidad de su vuelo sobre la Cordillera.

 


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La frente del Glaciar Moreno, cuya altura llega hasta 70 metros, tiene una superficie muy agrietada. De la pared se destacan los trozos de hielo que luego navegan como témpanos en el canal, llegando a veces hasta la estepa al borde Este del Lago Argentino.

 

 


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Cuando por el cierre del Glaciar Moreno crecen las aguas del Brazo Rico, las tierras quedan inundadas, sumergiendo las praderas y hasta los árboles. Este fenómeno causó el abandono de su campo por parte de varios colonos ya en la década del '30.

 


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Desde el Cerro Moreno se puede mirar, como si fuese el vuelo de los cóndores, la lengua del Glaciar Mores. Aquí se nota como en 1990 la lengua quedaba muy cerca de la Península Magallanes.

 

 


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Donde la superficie del Glaciar Moreno se halla tan quebrada es difícil y peligroso desplazarse sobre ella. Los andinistas prefieren buscar el Paso sobre las morenas laterales, aun cuando son empinadas y muy sueltas.

 


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Rodolfo Hauthal (Hamburg 1854-Hildesheim 1928) "después de una fecunda vida de naturalista y deportista que lo llevó en muchas ocasiones a riesgos extraordinarios, en pleno vigor físico y mental, por un extraño contraste del destino, muere accidentalmente en una caída ..." (Mario Hünicken, Córdoba)

 


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Hoy día resulta más correcto nombrar como en este croquis los cerros que se divisan hacia el Norte desde la depresión donde llegó Reichert en 1914 (croquis tomado de la foto de Reichert).

 


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Un cerro sobresaliente del Cordón Reichert fue bautizado con referencia al viejo puesto en la Bahía Ameghino, al que el antiguo poblador quiso poner el nombre "Canario Negro". Unos álamos y manzanos quedan todavía cerca de la casucha en ruinas. Otro cerro menor cerca del puesto lleva desde hace tiempo el nombre de Asunción Fraile, la esposa del poblador.

 


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Esta foto de Tilman salió en el Alpine Journal de Inglaterra. Se puede considerar hoy a Tilman como a un testigo significativo de la forma más sencilla y espartana de la aventura montañesca, tal vez la que más merezca este nombre y un futuro en el sentido deportista y ecológico.

 

 


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Al Sur del Glaciar Moreno, arriba de donde paso Tilman bajando al Lago Argentino, se destaca el Cerro Cervantes. Detrás emerge a su izquierda el cerro que recién fue dedicado a la memoria del gran explorador. A la derecha de la ancha depresión que lleva al Altiplano Polonia, sobre la "divisoria de las aguas" se halla el Cerro Gardiner con su casquete de hielo.

 

 


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El Cerro Moreno es un cuerno rocoso audaz que se divisa desde lejos. Se halla arriba de la margen derecha del Glaciar Moreno en su parte cerca del lago, y también debido al encanto de su posición panorámica merece una ascensión que por lo demás se puede cumplir en el día.

 


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El Cerro de Mayo en su severo traje de invierno, mirado desde la cumbre del "Cerro Serrucho" 1448 metros del Cordón Ameghino, donde Gino Buscaini, Lucía Castelli y Silvia Metzeltin hicieron cumbre primeros el 13 de agosto de 1997.

 

 


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Eric Shipton mostró predilección por los lugares más salvajes y remotos. Además de lo que aquí se relata, en la Patagonia cruzó parcialmente el HPS en 1960/61, después viajó dos años por Tierra del Fuego; en 1963/64 cruzó el HPN, en 1973 en su tercer tentativa hizo cumbre al Monte Burney.

 

 


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El salvaje ramal del Glaciar Spegazzini cae en el Lago Argentino con una cascada de seracs, bajo las torres y agujas del cerro llamado Peineta. A este cerro, Prichard en 1901 le dio el nombre de Millais, en recuerdo del pintor inglés que ilustró su precioso libro sobre la Patagonia, pero el bautismo no tuvo suerte.

 

 


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Témpanos azules espectaculares se desprenden del Glaciar Upsala, navegando luego cerca de los recorridos de las lanchas que llevan a los turistas.

 

 


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La lengua principal del Glaciar Upsala, el glaciar más largo de América del Sur, llega con su ancha frente al fondo del Brazo Norte del Lago Argentino.

 

 


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En el Hielo Patagónico, para desplazarse a lo largo de los altiplanos Italia y Japón, los andinistas utilizan esquíes y trineos. En los días de sol, protegerse la cara con máscaras o pañuelos es casi una obligación para evitar peligrosas quemaduras.

 

 


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Al centro el Cerro Heim, con su casquete de hielo, así bautizado por el Padre De Agostini en recuerdo del afamado geólogo suizo Albert Heim (1849-1937), padre de Arnold Heim, que intentó varias veces la primera ascensión del Cerro San Valentín. Al fondo, se divisan otros cerros imponentes que se hallan en la soledad de los hielos: Gemelos Blancos, Roma y Bertrand.

Cuaderno 13
Lago Argentino

Presentación

Ninguna otra región de los Andes Patagónicos como ésta, en los alrededores de los lagos Argentino y Viedma, ofrece una contigüidad tan fuerte entre cada una de las áreas asiduamente visitadas por el turismo internacional merced a la belleza del paisaje y a sus zonas desconocidas hasta por los andinistas.
El límite entre las dos está dado por la misma predisposición del territorio, donde se encuentran las mesetas y la cordillera, las estepas y la floresta pluvial, donde los lagos y los glaciares son al mismo tiempo obstáculo y posible vía de penetración.
Este cuaderno fue pensado como un puente entre las dos realidades: la de la Naturaleza y la de la Penetración del Hombre. A través de una visión global de la relación entre la naturaleza de los lugares y la historia de la exploración y del andinismo, pretende ofrecer una contribución a la comprensión total que enriquece tanto los sueños como las experiencias de los viajes patagónicos.
Silvia Metzeltin y Gino Buscaini


LAGO ARGENTINO

El Lago Argentino es el más sureño entre los grandes lagos que yacen a los pies de los cerros de la Patagonia Argentina. Su superficie se encuentra a sólo 185 metros sobre el nivel del mar. Sus brazos occidentales se adentran profundamente en la Cordillera y en ellos desaguan numerosos glaciares provenientes de los casquetes del Hielo Patagónico Sur. Los glaciares Moreno y Upsala sumergen en él de modo espectacular sus frentes de los que se desprenden continuamente los témpanos que, empujados por el viento, navegan hacia la parte oriental y más abierta del lago y pueden llegar hasta la orilla donde el clima es ya el clima árido de las estepas de las mesetas.

Su emisario es el Río Santa Cruz, río que desagua en el estuario de Santa Cruz del Océano Atlántico.
Hoy se lo puede visitar fácilmente gracias a las buenas comunicaciones entre Río Gallegos y Calafate, pueblo oficialmente fundado en 1927 y devenido en la localidad turística más importante de la provincia, con buenos servicios y principal punto de partida para excursiones y ascensiones en la región.

Desde el punto de vista de la exploración y de la práctica del andinismo, los relieves de mayor interés se alzan en los alrededores de los largos brazos occidentales, que constituyen también las vías de acceso a los respectivos sectores del Hielo Patagónico Sur. Por ello los agrupamos en esta descripción a pesar de que se trate de cordones diversos desde el punto de vista geográfico. Tenemos incluso al Lago Viedma y a las montañas que se extienden entre este lago, el Lago Argentino y el Hielo, de manera de cubrir con el Cuaderno Número 13, también un área muy vasta y poco conocida que se extiende hasta el Río Túnel.
Esto porque las exploraciones y realizaciones montañísticas tienen características similares, y también porque continuaremos así, sin demasiadas lagunas, los Cuadernos Patagónicos Números 1, 3 y 4 que hablan de los andinistas de Lecco en la Patagonia, del Cerro Torre y del Fitz Roy, y el Cuaderno Numero 8 que trata sobre el "Hielo Continental" (Hielo Patagónico Sur).
Los límites de la presente descripción fueron fijados según el criterio del común acceso general poniendo como tal, al Sur, al Glaciar Dickson. Además, por contigüidad, consideramos hacia el Oeste también los cordones principales hasta la Meseta (Altiplano) Japón y hasta los Fiordos Peel y Calvo del Océano Pacífico, ya que en esta zona los fiordos del océano y los brazos de los lagos se encuentran particularmente cerca.
Muchos cerros son grandiosos. En algunos casos sus rocas son de tipo granítico, pero muy a menudo son esquistosas y casi siempre se encuentran revestidas por hielos. No es simple escalarlos: por lo general largos glaciares, agrietados, entrecortados por cascadas de seracs, tornan problemática la aproximación. También por esta razón han sido poco visitados y mayormente la ascensión a los mismos ni siquiera fue intentada por los andinistas. Todavía hoy existen dudas sobre las posibilidades de algunos pasajes y conexiones. Algunos andinistas que en ellos se adentraron vivieron momentos difíciles e incluso, a veces, dramáticos.
Las estribaciones más cercanas al lago fueron visitadas con menores problemas aunque también aquí el frecuente mal tiempo patagónico hizo que la suerte se torne necesaria para llegar a la cumbre incluso cuando las dificultades técnicas son muy escasas.
También persisten en nuestros días algunos problemas abiertos por el trazado de la frontera entre Chile y Argentina: un contencioso que ya al final del Siglo XIX había estimulado la exploración geográfica de los lugares, exploración que en este sentido no resulta concluida aún.
Gran parte del territorio montañoso de esta amplia región está comprendida en el Parque Nacional Argentino "Los Glaciares", instituido en 1937.

EL NOMBRE DEL LAGO


"... en la inmensa soledad, la naturaleza que te hizo, no te dio nombre: la voluntad humana desde hoy te llamará ¡Lago Argentino! Que mi bautismo te sea propicio..."

Francisco P. Moreno

Con estas palabras pronunciadas el 15 de febrero de 1877 Francisco Pascasio Moreno (1852-1919) le atribuyó al lago el nombre que perduraría a través de la historia. El fue el primero en desplazarse sobre el lago y ese lugar, a 45 km al Oeste de Calafate, desde donde se adentró con el bote, fue llamado Punta Bandera, siendo justamente izada allí, por él mismo, una bandera. Todavía hoy sigue siendo el lugar más adecuado para el atraque de las embarcaciones.
Sin embargo el lago era ya conocido por los indios tehuelches nómades que recorrían campos y cañadones entre el Río Santa Cruz y el territorio de Magallanes. Es de suponer que le dieron un nombre también al lago, nombre que sin embargo se fue perdiendo junto a gran parte de la tradición oral de estos indios.

Los exploradores blancos que llegaron al lugar durante la segunda mitad del Siglo XIX no lograron entender en realidad dónde habían arribado cuando se encontraron frente al lago. Así Fitz Roy en 1834, luego de haber remontado el curso del Río Santa Cruz, no se dio cuenta ni siquiera de que se encontraba frente a un lago, y desde lejos llamó a aquella amplitud simplemente "llanura del desengaño". El marinero inglés H. G. Gardiner, quien era integrante de la expedición organizada por Luis Piedrabuena y que llegó al lugar en 1867, lo llamó "La Laguna del Río". El capitán Feilberg, constatando en 1873 que desagua en el Lago Río Santa Cruz, consideró en cambio que se trataba del Lago Viedma, ya conocido desde 1786.

Fue la cuestión de los límites entre Chile y Argentina lo que empujó hacia una exploración más detallada. Así, en su viaje de exploración durante el verano de 1876/77, el perito argentino Francisco P. Moreno avanzó por el Canal de los Témpanos para entender la orografía de los brazos meridionales y llegó así al Brazo Rico. En aquella ocasión bautizó al lago y le dio nombre también a la Península Avellaneda, a los Cerros Buenos Aires y Frías y al esbelto Cerro de Mayo que se ve desde Punta Bandera.
En el Lago Argentino penetran dos grandes penínsulas. La más silvestre es la Península Avellaneda, lugar donde después del retiro de los colonos que habían llegado desde Punta Bandera quedaron vacunos que se volvieron finalmente salvajes. Sobre los costados de sus cimas cubiertas de escombros, visitadas por el Padre De Agostini en 1930/31, crece una floresta ya de tipo pluvial, rica en fucsias y típica de los brazos occidentales del lago.

Al norte de la Península Avellaneda se encuentra la angostura lacustre llamada "La Garganta" o "Puerta del Infierno": un canal largo y ventoso, cuya navegación no es siempre factible ni siquiera con las actuales embarcaciones, y a través de la cual se llega al Brazo Norte del lago y a sus ramificaciones.
La Península Magallanes es en cambio fácilmente alcanzable ya que se encuentra conectada al terreno de las terrazas de Calafate. La vegetación es allí más escasa y un camino de ripio, abierto por Parques Nacionales durante los años '60, recorre su pendiente Sur y termina frente al glaciar Moreno, a 80 km de Calafate. Sus relieves son en parte pasturas utilizadas por las estancias. Emergen de ellos los cerros Buenos Aires y Frías, escalados por Hauthal en 1899-1900 y más tarde por Prichard en 1901, quien hizo en ellos la primera recolección botánica sistemática y que para recordar a un botánico llamó Burmeister a la península, nombre que luego no se confirmó.
Detengámonos un poco más en los nombres subrayando que en toda la región el baile de los topónimos no fue un tango sino más bien un vals. Esto provocó también alguna confusión en la atribución de itinerarios y ascensiones y todavía es causa de varios posibles equívocos. Si bien en lo que respecta a la ubicación sobre el terreno es hoy en día cada vez mayor el número de personas que se mueven dotados de GPS (Geo Positioning System) pudiendo así recibir indicaciones vía satélite de longitud y latitud del lugar en el que se encuentran, los topónimos permanecen sin embargo ligados a un mundo de emociones y de historia cuyo significado va más allá de aquél de las simples coordenadas geográficas, y que comprenden los equívocos que se deben devanar en la confrontación de cuentos, mapas e ilustraciones de varias épocas. En los últimos años, la mayor concurrencia al lugar aumentó la confusión debida a nombres atribuidos sin previas investigaciones o sin sensibilidad por la historia y la naturaleza de los lugares. De esta forma el mismo cerro puede encontrarse con diversos nombres en distintos mapas y estar en ambos en posiciones erradas con respecto a la atribución original.
El historiador del Instituto de la Patagonia de Punta Arenas, Mateo Martinic, señala que en los inicios del siglo XX resultaba vivo por ejemplo para el Lago Argentino un topónimo empleado por los baqueanos que transitaban el Cordón Baguales y lo llamaban "Laguna Santa Cruz".

La denominación "Península Magallanes" se debe en cambio al teniente Juan Tomás Rogers, científico británico al servicio de Chile que llegó al lago en 1877 y en 1879 proveniente del Sur y acompañado por Santiago Zamora, el más renombrado baqueano de la región. El nombre de Zamora, legendario exponente de los solitarios cazadores aventureros que acompañaban a los exploradores se encuentra todavía en los viejos mapas que indican un "Paso Zamora" cerca del Hito Número 63 sobre el Cordón Baguales.

VOLANDO SOBRE EL LAGO

En esta presentación del Lago Argentino podemos recordar que en 1931 se truncaron trágicamente las vidas de Günther Plüschow y Ernst Dreblow a causa de una caída en el Brazo Rico desde una altura estimada de 600 metros. Luego de sobrevivir a la Primera Guerra Mundial merced a las peripecias que más tarde cobraron fama, el aviador alemán Plüschow llegó a la Patagonia con una goleta bautizada "Feuerland" (Tierra del Fuego). Armó allí su aeroplano transportado en piezas, un hidroavión Heinkel D-24 conocido popularmente como "Cóndor de Plata". En 1928 realizó el primer correo aéreo entre Punta Arenas y Ushuaia.
Plüschow había preparado una base de despegue sobre la orilla Norte del Lago Sarmiento, en una bahía situada a 7 km de la actual entrada al Parque Nacional chileno "Torres del Paine". Durante los años 1993/94, luego de pacientes investigaciones, los esposos Roehrs y Günther Jüllich encontraron los restos del campamento base y reconstruyeron con minuciosas investigaciones la arriesgada actividad de exploración de Plüschow en la Patagonia Austral. En Calafate, el guía Horacio Svetaz está reconstruyendo el trágico epílogo del último vuelo en base a los documentos argentinos de la época.

Este aventurero de los cielos, que quedó fascinado por la Tierra del Fuego y por la Patagonia, sobrevoló primero los cerros del Paine y del Lago Argentino. Se supone que quería incluso establecerse en el lugar y también obstaculizarles a franceses y estadounidenses las vías de los cielos patagónicos. El destino de morir en un accidente aéreo lo mancomunó sin dudas a los demás aviadores ligados a América Latina y a la Patagonia, aquí abajo recordados por los cerros que les fueron dedicados en el grupo del Fitz Roy: Guillaumet y el escritor Saint-Exupéry, ambos abatidos durante la Segunda Guerra Mundial, y Mermoz desaparecido en 1936 con su hidroavión "Cruz del Sur" en los tempestuosos mares junto a la Tierra del Fuego. Más al Norte, a la memoria de Plüschow, fue dedicado un imponente cerro de hielo en las cercanías del Lago San Martín-Higgins.

En 1937 el aviador de origen italiano Franco Bianco llevó al padre salesiano Alberto María De Agostini (1883-1960), gran explorador de la Patagonia austral a quien fueron dedicados los Cuadernos Patagónicos Números 2 y 5, a realizar un recorrido como el que había intentado Plüschow, desde Puerto Natales hasta el Lago Argentino, con su avioneta "Saturno". En el momento del despegue un policía le preguntó al padre si llevaba un paracaídas quizás pensando en que fue justamente un desperfecto en el paracaídas lo que causó la muerte de Plüschow y de su mecánico de a bordo Dreblow cuando habiéndose roto el cable del timón del avión se lanzaron y cayeron al lago. Pero De Agostini consideraba que a él como paracaídas le podía bastar una reliquia de San Juan Bosco a quien invocaba en los peligros. En todo caso el suyo fue un vuelo con feliz retorno rico en emociones y fotografías.

De vez en cuando se ven aviadores que se adentran sobre las extensiones del Hielo y vuelan alrededor de las montañas. Pero también ellos, y quizás aún más que los andinistas, tienen que lidiar con la habitual asechanza del mal tiempo. Un sobrevuelo invernal del Hielo Patagónico Sur dando vueltas entre el Fitz Roy y el Paine fue logrado en 1995 desde Buenos Aires por Agostino Rocca como piloto y Sebastián Letemendía. Pensando en los vuelos de Saint-Exupéry y en uno de sus libros, Letemendía comenta: "En 'Vuelo Nocturno' el piloto tiene que decidir si sale de Comodoro Rivadavia hacia Trelew a pesar de un aviso de tormenta. La diferencia es que mientras los aviones de aquélla época eran poco más que un motor con alas, los nuestros son muchísimo más seguros, equipados con buena radio y navegador satelital. Lo que claramente no ha cambiado es el riesgo implícito en la decisión de despegar: una vez que estemos en el aire, si las nubes bajan no podemos seguir volando y si Calafate se cierra por mal tiempo tampoco podremos volver".

Actualmente el vuelo desde el lago hacia el interior de la cordillera es autorizado únicamente con fines especiales, esencialmente para socorro, y esto sobre todo para preservar la naturaleza salvaje de los lugares. Es necesario también recordar la larga trayectoria del más capaz y valeroso de los pilotos argentinos que en los años '80 y '90 se adentró muchas veces con un helicóptero a través de los brazos del lago y a quien incluso algún andinista le debe también la vida: Oscar Almirón.


GLACIAR PERITO MORENO

Este glaciar es hoy una de las mayores atracciones que la naturaleza ofrece al turismo mundial.
Su lengua, muy agrietada en su parte media e inferior, baja desde el Hielo Patagónico Sur y tiene alrededor de 30 km de longitud. Su frente, sumergida en el Lago Argentino, tiene alrededor de 4 km de ancho y entre 50 y 70 metros de altura.
Como todos los glaciares también el Moreno se mueve continuamente hacia abajo y su velocidad es de unos 2 metros por día en el medio de la parte central y de unos 35 centímetros por día cerca de los bordes; pero cerca de su frente, desde donde se desprenden continuamente gigantescos paños de hielo azul, se mueve incluso hasta 5 metros por día. Pero amén de la excepcional belleza de este espectáculo y del paisaje, el Glaciar Moreno presenta una característica especial que llama la atención de los glaciólogos y la curiosidad de los visitantes. Contrariamente a la gran mayoría de los glaciares del mundo que desde hace años se hallan en notoria regresión, el Moreno disminuyó poco su espesor y nada su largura. Es más, su longitud incluso aumentó y de cuando en cuando su frente atravesó todo el lago y tocó las rocas de la Península Magallanes, creando así una valla de hielo entre el Canal de los Témpanos y el Brazo Rico. Las aguas de este último, alimentadas por torrentes y encontrando bloqueado su desagüe natural, se alzaron hasta 19 metros por sobre el nivel habitual inundando así los campos y pasturas de los colonos. En un determinado momento la presión del agua adquiere una fuerza tal que llega a excavar primero un túnel en el hielo para luego romper el mismo frente. Es entonces cuando el Brazo Rico se vuelve libre y el nivel entre las dos ramas del lago se restablece.
La primer rotura señalada luego del descubrimiento del glaciar se registró en 1917, la segunda en 1935; se rompió de manera espectacular en 1940, rotura precedida por una inundación desastrosa en 1939 que puso fin a varios asentamientos rurales, y de la misma manera sucedió en 1942. Hubo otra rotura en 1947 siguiendo luego una especie de ciclo de 2 a 4 años hasta 1988, año de la última rotura.

No queda sin embargo claro cuáles sean las causas de este aumento de longitud del glaciar: podría ser debido a las intensas nevadas, muy abundantes cerca de la divisoria de aguas, como también a un fenómeno de captura de la cuenca que anteriormente alimentaba a otro glaciar.
Francisco P. Moreno no menciona en sus escritos al glaciar que hoy lleva su nombre. El mismo le fue atribuido por el teniente argentino Iglesias en 1899 y se afirmó a través de los años. Los demás topónimos tuvieron vida efímera: en 1879 Juan Tomás Rogers lo había denominado "Francisco Vidal Gormaz"; en 1901 H. Esketh Prichard lo llamó "Glaciar de los Témpanos". El nombre que se le quedó un poco más de tiempo fue "Glaciar Bismarck", antes de quedarse borrado a raíz de la derrota alemana en la primera guerra mundial. De esto hablamos a continuación.

LA EXPLORACIÓN DEL GLACIAR MORENO

"...sólo puedo reproducir balbuceando lo que pasa por mi alma como una vibración: es una sensación pura, un sentimiento, por decir así, inmediato de lo infinito, eterno, de lo divino".

Rodolfo Hauthal

El primero en explorar y estudiar el glaciar hoy llamado Moreno fue el naturalista alemán Rodolfo Hauthal (1854-1928). De histórica familia pero con pocos medios financieros, Hauthal se inscribió en la facultad de teología porque era la única para la cual en aquellos años se concedían becas.
Pero su pasión por las ciencias naturales, acompañada por su afición a las excursiones y a las exploraciones, lo llevó a abandonar la teología y a financiarse los estudios de ciencias naturales trabajando como preceptor. En un principio, con la familia Von Cotta, fue a Estrasburgo donde estudió geología y botánica; luego, la emparentada familia Bunge lo llevó consigo a Buenos Aires donde el joven Hauthal, por intermedio de Burmeister, conoció a Francisco P. Moreno.

Aquí es necesario subrayar cuán abierto era Moreno para colaborar y cómo, para el progreso del conocimiento en la Argentina, sabía valerse de investigadores extranjeros.
Moreno designó a Hauthal en 1891 como Encargado de la Sección Geología y Mineralogía del Museo de La Plata. Para actuar en la comisión de los límites, a la que fue incorporado como geólogo, Hauthal se hizo también ciudadano argentino. En 1898 le fue confiada la Cátedra de Geología y Botánica de la Universidad de La Plata.

Se realizó como explorador e investigador en zonas aún desconocidas y fue el primero en escalar numerosos cerros, entre los cuales el Volcán Lanin (3800 metros) en 1896 y el Nevado de Famatina (6150 metros) en 1895. Su pasión por las montañas completaba con riqueza de emociones su pasión científica. Del centenar de publicaciones que escribió casi todas se refieren a la Argentina aún cuando luego regresó a Alemania.
En 1899 y en 1900 Hauthal llegó al Lago Argentino. Le dio al glaciar el nombre del Jefe del Gobierno de Prusia, Otto Bismarck (1815-1898), tal el topónimo que se encuentra en la bibliografía y en distintos mapas. Pero mas importante fue el primer estudio verdadero del glaciar, con las medidas del avance, la exploración del túnel en la masa glaciar, el relevamiento de las morenas y de las microestructuras de los hielos.
Puso sus estudios también a disposición de los montañistas y de esta forma sus contribuciones científicas aparecieron en la revista del DOaAV (Club Montañés Austro-Alemán), ilustradas por las acuarelas del más grande pintor de los Alpes, Edward Theodore Compton (1849-1921), nacido en Londres pero residente desde muy joven en Alemania.

También se llevaron a cabo más tarde investigaciones científicas hechas por Quensel en 1908, por Reichert en 1914, y luego retomadas con instrumentación moderna en los años '90, coordinadas por el glaciólogo argentino Pedro Skvarca con la participación de científicos japoneses. El azar quiso que justo se dirigió a Hauthal el joven químico y naturalista alemán Federico Reichert quien ya había alcanzado éxitos con las montañas en el Cáucaso y en los Alpes donde había sido también un pionero del esquí. Con la mediación de Hauthal llegó así a trabajar en Argentina que fue quien le diera luego un impulso determinante al desarrollo del montañismo en el país. El primero en recorrer el Glaciar Moreno fue justamente él.

EL PASAJE AL OCÉANO PACÍFICO

La suposición de que los grandes lagos al pie de los montes de la Cordillera Austral podrían comunicarse con el océano era difusa en el siglo XIX. Las opiniones de los viajeros y baqueanos invitaban a verificar esta hipótesis transmitida y extraída de algún texto de estudios sobre la Patagonia, como el del salesiano Lino D. Carbajal, director del Observatorio de Carmen de Patagones durante 1899.
En realidad están conectados con el Océano Pacífico sólo el lago Buenos Aires-General Carrera, a través del Río Baker, el lago San Martín-O'Higgins, a través del Río Pascua, y algunos lagos menores alrededor del San Lorenzo. Fueron varios los intentos de encontrar un pasaje desde los demás lagos, particularmente desde el Lago Argentino, hasta los fiordos del Pacífico, pero las grandes y muy agrietadas lenguas de hielo bloquearon también las expediciones de Hauthal y de Erland Nordenskjöld.
La primera expedición que remontó un glaciar para atravesar la Cordillera y llegar al Pacifico fue la de Reichert-Hicken en 1914 que se dirigía al Glaciar Moreno.

EL "DIVORTIUM GLACIARUM"

Federico Reichert, quien se insertó rápidamente en el ámbito de la investigación universitaria en Buenos Aires, había concebido un plan de cinco expediciones para explorar los Andes Patagónicos entre el San Valentín y el Paine. Para la primera expedición, que se llevaría a cabo durante el verano de 1913/14, logró contar con el apoyo del Ministerio de Agricultura y de la "Comisión Flora Argentina".
Partieron cuatro personas: Reichert, geólogo; Cristóbal Hicken, botánico; Lucien Haumann, biólogo y botánico; Juan Jörgensen, pintor.
Luego de un largo y penoso viaje desde Santa Cruz a través de la meseta patagónica -"digna del castigo de Dios por el tiempo que nos costó"- se hicieron llevar con un pequeño bote-motor más allá del Canal de los Témpanos e instalaron el campamento base en una bahía, a 2 km de la frente del glaciar, ayudados por el peón chileno Rojas. Utilizando un bote plegable llegaron a la entrada del bosque cerca de la frente del glaciar, "recorrido por colibríes y papagayos", y subieron a lo largo del borde Norte del glaciar hasta que pudieron atravesarlo con miras a un islote rocoso donde recogieron además ejemplares de musgos, saxífragas y Nothofagus antártica achaparrada.

Reconocieron por vez primera los distintos glaciares afluentes del Moreno. Entre las varias depresiones que les pareció ver sobre la "divisoria", dado el acecho del mal tiempo, eligieron la más cercana: la situada más al Oeste-Norte-Oeste.
Reichert, Haumann y Rojas llegaron al lugar el 27 de febrero de 1914 a las cinco de la tarde pero no bajaron al fiordo que según ellos divisaron entre las nubes y que consideraron como el San Andrés.
Mateo Martinic, revisando la descripción, puso más tarde en duda que se tratase del San Andrés e interpretó como muy probable que hubieran visto el Fiordo Peel. Pero Gino Buscaini, intentando una revisión toponomástica y cartográfica más general, llega ahora a otra conclusión, muy importante desde el punto de vista histórico. Comparando el informe original de Reichert, acompañado de croquis y fotografías, con la cartografía actual y sus fotografías personales, Buscaini considera válida la siguiente conclusión.
A raíz del mal tiempo que los acechaba, Reichert dobló hacia el Noroeste y llegó a una depresión que estimó de unos 1350 metros (alrededor de 1530 metros en la cartografía oficial actual) y que llamó "Portezuelo San Andrés". En la fotografía que él mismo tomó desde este punto (punto que él suponía como el "divortium glaciarum" interoceánico tal como también lo afirma en el epígrafe) los cerros bien visibles ofrecen una interpretación distinta. El Cordón dispuesto en sentido Norte-Sur que Reichert indica como "divortium aquarum" corresponde en cambio a la alineación Cerro Dos Picos-Cerro Fantasma del actual mapa IGM Argentino. Entonces el paso alcanzado por Reichert conduce desde el Glaciar Moreno hasta el Glaciar Ameghino. Aquél que él en la precisa descripción de la topografía entrevista llama "glaciar encajonado", que dobla en dirección Noroeste y luego Oeste, corresponde en realidad a una vinculación entre la cuenca superior del Glaciar Ameghino y el Glaciar de Mayo, donde en aquellos años debían verificarse intercambios de glaciares entre las dos cuencas. Del mismo modo, la reconstituida visión panorámica de las fotografías, confirma la nueva interpretación.

Si entonces hoy podemos considerar que la depresión a 1850 metros aproximadamente sobre el real "divortium aquarum", que en homenaje a aquella expedición fue llamada "Paso Reichert", no es la que en aquel momento alcanzaron y que la expedición Reichert no fue entonces la primera en llegar al "divortium aquarum" entre los océanos, la que remontó el Glaciar Moreno en 1914 no deja de ser una etapa importante y notable en la historia de las exploraciones, no solamente por los esfuerzos y los otros resultados de la empresa sino también por su serio planteo científico.
Además del paso, le fue luego dedicado aquí a Federico Reichert (1878-1953), considerado el "padre del andinismo argentino", también el Cordón a lo largo de cuya base se efectuó su recorrido para trasladarse hasta el Glaciar Moreno.

CORDÓN REICHERT

El cordón de cerros, límite norte de la lengua del Glaciar Moreno, es llamado Cordón Reichert. El Padre De Agostini, cuyas exploraciones continuaban en forma sistemática desde el Sur hacia el Norte, subió hasta la cota 1305 metros del mismo, desde el Puesto Canario Negro, para fotografiar el Glaciar Ameghino.
En 1996 los autores subieron nuevamente ésta y más tarde otras cimas para las cuales propusieron los siguientes nombres: "Cerro Canario Negro" (alrededor de 1600 metros), "Punta de los Pliegues" (1500 metros aproximadamente) por su conformación geológica, "Cerro Hauthal" (alrededor de 1520 metros) al cerro que se divisa desde la punta de la Península de Magallanes, rescatando así del olvido de los andinistas al científico que empezó con amor de andinista los estudios sobre el Glaciar Moreno, siendo además amigo de los mismos Reichert y Moreno. Pero podemos añadir que, en el campo de la ciencia, Hauthal es recordado también de otras maneras: el notable geólogo argentino Angel Borrello, quien también estudió las formaciones del Flysch en la cuenca del Lago Argentino, le dedicó en 1966 un nuevo género de fósiles (Hauthalia concava), agregando así una clasificación de géneros a la docena de fósiles que llevaban ya su nombre para definir a la especie, como la Turritella hauthali.

EL ÉXITO DE TILMAN

Después de una importante actividad de exploración en las montañas de Africa y Asia, sobre todo en el Himalaya, Harold William Tilman (1897-1977) deseaba conjugar vela y montañismo en una aventura global. La primera aventura de este género que le vino en mente fue justamente la de intentar la travesía en sentido Oeste-Este de la Cordillera Patagónica Austral, cosa que aún nadie había logrado.
Sus ambiciones eran deportivas y no científicas, sin embargo obtuvo el patrocinio de la Royal Geographical Society de Londres para llevar a cabo su aventura.
Fue así que en 1954 compró un viejo cutter que bautizó "Mischief", que significa "travesura" y lo arregló sobriamente para en 1955 partir desde Falthmouth y finalmente llegar a Montevideo luego de sesenta y tres días de navegación. Allí le encargó a la Embajada Chilena la misión de encontrarle un compañero para la travesía que pretendía llevar a cabo partiendo desde el Fiordo Peel. Cuando Tilman llegó a Punta Arenas encontró a un joven apicultor y estudiante de danzas que lo estaba esperando, Jorge Quinteros, quien lo acompañaría junto a E. H. Marriott del Alpine Club británico.
Quinteros no sabía inglés y Tilman no sabía castellano, pero se entendieron bien. El viaje por los canales desde Punta Arenas hasta el Fiordo Peel fue difícil, y para peor lo realizaron en gran parte a vela debido a la rotura del motor. Ya en el Golfo Peel encontraron al mismo obstruido por témpanos y banquinas de hielo y se detuvieron en un angosto pasaje de baja profundidad donde no confiaban poder pasar con el "Mischief".
Los varios glaciares que bajan al fiordo parecían inabordables. Sólo atravesando con un gomón el tramo Este, llamado Fiordo Calvo, descubrieron uno que parecía transitable a pesar de presentar varias cascadas de seracs.

Desembarcaron el 17 de diciembre de 1955. Después de haber buscado en vano la manera de subir a lo largo de las paredes hasta los bordes del glaciar, encontraron un pasaje a través del laberinto de grietas que recorrieron varias
veces para transportar el material destinado a preparar los campamentos altos. Mientras tanto el pobre Marriott se había roto un pie y Tilman tuvo que seguir acompañado solamente por Quinteros.
El 13 de enero de 1956 llegaron a un collado sobre la divisoria de aguas que llamaron "Bismarck Saddle", en referencia al nombre originario del Glaciar Moreno. Descendiendo por el lado Este se encontraron nuevamente sobre un glaciar muy roto y agrietado. Fue entonces cuando deshicieron un poco de camino y por otro paso, al que llamaron "Calvo Pass", atravesaron fácilmente a otro tramo del Glaciar Moreno, a una altitud más elevada, y levantaron finalmente su XI campamento sobre una roca. Desde aquí, por la orilla derecha (Sur) del glaciar, entre morenas y espesuras, llegaron al lago. Mientras Quinteros se detuvo en el último campamento, Tilman bajó propiamente hasta el lago e incluso se bañó en él.
Luego regresaron sobre sus propios pasos sin encontrar varias veces el material y los alimentos que habían dejado en los depósitos de los campamentos anteriores. Para tratar de evitar el Glaciar Calvo, descendieron sobre las rocas a lo largo de una cresta hasta unos 700 metros de altitud y luego bajaron con dificultad entre la espesura y llegaron sobre la morena situada a poca distancia del mar habiendo cumplido entre ida y vuelta alrededor de 75 km en línea de aire.

El 29 de enero regresaron con el gomón al "Mischief" y constataron que un témpano había arruinado la hélice. Para no navegar a vela contra el viento prefirieron seguir hacia el Norte hasta Valparaíso para así efectuar las reparaciones. Arribaron el 24 de febrero y Tilman regresó, siempre navegando, a Gran Bretaña, lugar al que llegó un año después de su partida.
Tilman tenía entonces 59 años pero era joven física y anímicamente. Y así fue hasta su último día: desapareció octogenario en 1977 junto a dos jóvenes compañeros, con la pequeña embarcación a vela "En Avant" en los mares del Sur, se supone que entre las Malvinas y las Georgias del Sud, y nadie jamás sabrá algo de él más allá del regreso que no se concretó.

SOBRE LAS HUELLAS DE TILMAN

Para comprender el ejemplo y la herencia de Harold William Tilman es necesario tener presente algunos aspectos biográficos. Era mayor del Ejército Británico y había llegado a la edad en la cual sus colegas se retiraban del ejército para dedicarse a los negocios, pero Tilman eligió vivir como montañista y explorador.
En Kenya se encontró con Shipton, de quien hablaremos más adelante y quien a pesar de tener diferente personalidad realizaría similares elecciones. En 1930 subieron juntos el Kilimanjaro (5893 metros), atravesaron el M. Kenya y escalaron el Ruwenzori. En 1933 Tilman atravesó el Africa en bicicleta y le propuso a Shipton seguir en bicicleta hasta la India para escalar el Himalaya. Pero Shipton rechazó hacer el viaje de esta manera y finalmente fueron ayudados por la Royal Geographical Society para llegar cumplir en 1934 el intento histórico en el bellísimo Nanda Devi, de 7820 metros, cuya cumbre fue alcanzada en 1936 por Tilman.

Tilman y el joven Shipton fueron buenos compañeros pesar de sus diversos modos de concebir la vida y las expediciones. Ambos quedaron fascinados por la Patagonia merced a la aventura global que a ellos les supo ofrecer. Pero hay más. Ambos, especialmente Tilman, eran ya partidarios de expediciones bien organizadas pero livianas, con un mínimo de materiales y alimentos. Y esto en épocas en que todos los equipos eran mucho más pesados que en la actualidad. En este sentido fueron precursores significativos, ya sea por la aproximación ideal como por las elecciones técnicas.
Por todo esto y mucho más, sus figuras son reconocidas y cada vez más apreciadas también por las nuevas generaciones de andinistas patagónicos. Silas Wild, Mark Allaback, Ambros Bittner y Michael Frank (USA) fueron los primeros en llegar (el 19 de marzo de 1996, con esquís por la pared Oeste y el filo Norte) a la cumbre de uno los cerros del Cordón Piedrabuena, situado al sur del Cerro Cervantes y que domina el recorrido de Tilman, cerro hasta ahora sin nombre, cuya altura se estima en 2721 metros en el IGM, y propusieron para él el topónimo de Cerro Tilman.

Desde el Brazo Calvo del Fiordo Peel partió también en 1996 el alemán Carsten von Birkhahn con dos compañeros, llegando al Hielo a través de un breve valle en "U" con dos lagunas y un paso más al Sur que el de Tilman. Bajó luego al Lago Argentino pasando, como Tilman, al Sur del cerro llamado "Cabeza de Elefante" (que corresponde al "Buttress" de Tilman), utilizando un original trineo obtenido del kajak con el que se había movilizado por los canales del Pacífico.

Numerosas son las cumbres todavía no escaladas en esta zona. Sólo el Cerro Gardiner, de 2230 metros, fue escalado a lo largo de su filo Sur el 18 de septiembre de 1993 por Alberto Del Castillo, Paula Marechal y José Luis Fonrouge, quienes partieron desde la vertiente Oeste del Cerro Cervantes y llegaron a la cumbre con los esquíes puestos. Ellos mismos (y en esta misma zona) subieron en 1994 a un cerro bautizado "Matacaballos" (de unos 1600 metros) y a otro bautizado "Morenito" (de 1450 metros aproximadamente).

 




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Kölliker, (izq.) y Witte, en 1916, de vuelta después de la primera travesía del Hielo Patagónico desde el Paso del Viento hasta las cercanías del Paso Moreno.

 

 


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Durante la travesía, Kölliker y Witte, utilizaron el trineo desmontable sobre esquíes ideado en Buenos Aires, llevando encima el conjunto de los 150 kg. de equipo. Al fondo, las estribaciones del cordón que bautizaron "Mariano Moreno", en homenaje al estadista argentino (1778-1811). Estas imágenes aparecen en el interesante libro "In den Einsamkeiten Patagoniens" ("En las soledades de la Patagonia") escrito por el suizo-argentino Alfredo Kölliker y publicado en Alemania en 1926.

 

 


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Al fondo se perfila el Cerro Grande. El Glaciar agrietado que baja hacia el Sur al Río Túnel recibió el nombre del destacado glaciólogo suizo A. De Quervain, profesor de Kölliker; pero el bautismo fue olvidado y en el mapa IGM sale como Glaciar Túnel Superior. Sin embargo, otros bautismos de la expedición 1915/16 quedaron: así "Paso del Viento", "Cordón Mariano Moreno" y "Cordón Adela", donde con el nombre Adela Kölliker quiso eternizar el recuerdo de su madre.

 

 

 


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Al centro, arriba del Glaciar Ameghino, se destaca oscuro el cerro que en el mapa IGM recibe el nombre de Fantasma. A su izquierda, se perfila el "Bastión Blanco"; a su derecha, el Cerro Inmaculado.

 

 


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A orillas del Lago Roca, donde se puede llegar con un buen camino desde Calafate, los turistas no tienen ni siquiera la sospecha que no muy lejos del lago quedan todavía intrigantes problemas de andinismo y exploración.

 

 


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La navegación es el medio más idóneo para las aproximaciones a la Cordillera, sea en los fiordos del Pacífico, sea en los brazos del Lago Argentino. Por todos lados la navegación puede tornarse difícil y peligrosa, necesitando capacidad y conocimiento de los lugares. Aún cuando como aquí, frente al Cerro Castillo, el lago aparece tranquilo, no hay que olvidar que dentro de pocas horas olas terribles pueden sacudir también las lanchas más fuertes.

 

 


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El detallado informe con las fotografías de J.C. Tamayo, que la expedición hispanoargentina dejó para documentación de su hazaña en la guardería de Parques Nacionales en El Chaltén.

 

 


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El detallado informe con las fotografías de J.C. Tamayo, que la expedición hispanoargentina dejó para documentación de su hazaña en la guardería de Parques Nacionales en El Chaltén.

 

 


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El detallado informe con las fotografías de J.C. Tamayo, que la expedición hispanoargentina dejó para documentación de su hazaña en la guardería de Parques Nacionales en El Chaltén.

 

 

 


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Un saludo a la amable tripulación de Prefectura Naval, que también en el Brazo de Mayo puede conectar a los andinistas con la civilización.

 

 

 


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En la inmensidad de los glaciares patagónicos, buscando el camino entre las grietas, los andinistas se encuentran en la soledad absoluta y sin amparo.

 

 


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Caminando otra vez hacia nuevas aventuras, los andinistas patagónicos quedan atrapados por la hermosura salvaje de los lugares y la tentación de los últimos desafíos.

MAS AL SUR, ENTRE LOS GLACIARES MORENO Y DICKSON

Hauthal le dio el nombre del glaciólogo austríaco Edoardo Richter al cordón que más tarde se encontró con el nombre "Adriana" y últimamente también con el de "Comandante Piedrabuena" (mientras "Adriana" se vuelve a encontrar pero atribuido a una estribación menor que antes se llamaba "Cristales"). Originariamente fue llamado "Richter" también el glaciar que luego se denominó Frías, confundido a veces con el Glaciar Dickson (así llamado por la expedición Nordenskjöld en 1895) que baja al lago homónimo y que sirve de límite, al Norte y al Este, al grupo del Paine.

Si bien descuidados, los cerros de este grupo fueron sin embargo visitados por andinistas argentinos como Luciano Pera, Juan Pablo Nicola, Jorge Lemos, Jorge Méndez y otros, quienes se establecieron incluso, más tarde, en Calafate. En 1978, luego de un intento en el año precedente, J. P. Nicola, Guido Iglesias y Mario González hicieron cumbre en la característica aguja llamada "Dedo del César", que despunta desde una loma de la vertiente Este y que corresponde al Cerro Torre Dedo de Dios (1480 metros) del mapa IGM edición 1990. Durante 1985 Mario González y Toncek Arko repitieron la ascensión al Cerro Cubo (de unos 2000 metros) ascendido algunos años antes por una expedición japonesa. Este Cerro Cubo de los andinistas no corresponde sin embargo al indicado en el mapa IGM con una altitud de 2240 metros ya que se encuentra a unos 6 km más al este aproximadamente. Es todavía un misterio cuál es el "Cerro Cubo" que otra expedición japonesa intentó escalar en 1969 y que fue declarado aún mucho más difícil. Al Norte del Cerro Cubo, González y Arko subieron también el cerro que llamaron "Carlos Sonntag" y bautizaron a otro como "José María Iglesias" en recuerdo de los válidos exponentes del Club Andino Bariloche.
A través de los glaciares Frías y Dickson es posible llegar sobre un altiplano del Hielo que fue llamado "Altiplano Polonia" (hoy también "Altiplano Argentina") por una expedición del Club Andino Buenos Aires guiada por Jorge Peterek en 1958/59, en referencia al origen de sus participantes.

En 1982 se detiene por mucho tiempo sobre el Glaciar Dickson la expedición francesa guiada por J. L. Hourcadette al término de una travesía hacia el Norte del Hielo Patagónico Sur iniciada en el Seno Ultima Esperanza. Los franceses subieron por el canal Oeste hasta el punto culminante del islote rocoso entre los glaciares Dickson y Frías, al Sur del Cerro Cubo, llamándolo "Punta Arielle" (de unos 1100 metros). Correspondería al "Mocho Desastre", así llamado por la expedición Peterek a raíz de un incidente ocurrido en aquel punto, y al Cerro Gemelos del mapa IGM. Otra exploración fue también llevada a cabo en febrero de 1990 por José Luis Fonrouge, Alfredo Rosasco y otros dos compañeros, que dotados de esquíes y trineos se habían propuesto una travesía más larga hacia el Norte, pero que fueron obligados a regresar a raíz de las malas condiciones del glaciar.
Mientras esta parte del grupo vuelve a la soledad, a partir de 1990 se pone de moda el Cerro Cervantes (2383 metros) notable por sus bellísimas crestas de hielo. Fue escalado por L. Pera y J. P. Nicola con otros compañeros, y más tarde por Jorge Lemos y José Guerrido. Otros también lo lograron: Silas Wild y Sam Grubenhofer (llegados desde los Estados Unidos), Iain Gill y Patricia Kerr de Gran Bretaña, Ina y Eduard Koch, Christine Wieloch, Ferdinand Hujer y Kunibert Ochsenfeld de Alemania, y en 1992 los catorce participantes del curso de guías argentinos de alta montaña. También el Cerro Moreno (1640 metros), pico panorámico de perfil intrépido que da sobre la frente del Glaciar Moreno, ha sido escalado en reiteradas oportunidades, probablemente siempre por el lado norte. Sobre la cumbre, en 1990, Gino Buscaini y Silvia Metzeltin encontraron el papelito que había dejado Vicente Corradini de Ushuaia, que tuvo que haber llevado consigo el precedente testimonio de Jorge Lemos. Otros cerros de las estribaciones cercanas al Cerro Moreno fueron escalados por Luciano Pera. El paso que se abre entre el Cerro Cervantes y el Cordón Moreno fue bautizado "Paso Irene" por Günther Jüllich, quien llegó a ese lugar en 1991 (los autores y Angelo Todisco lo habían ya alcanzado con esquíes en 1990, y Pablo Kunzle en 1991).
En 1993, Pablo Kunzle y Jorge Méndez descendieron desde este paso hasta el río Camiseta, donde además de algún paso escabroso sobre roca encontraron un toro furioso de cuyos cuernos se salvaron permaneciendo durante muchas horas trepados a un providencial árbol. Aquí debemos destacar que todavía hoy se reproducen vacunos, ya vueltos salvajes, en varias partes de las zonas boscosas abandonadas por los pobladores luego de la creación del Parque Nacional. Los montañistas los deben prudentemente agregar a la lista de los peligros que deben ser evitados.

CERRO DE MAYO (2380 metros)

Visible desde Punta Bandera este esbelto pico oscuro bautizado por el perito Francisco P. Moreno se erige con lados escarpados y complejos sobre el Brazo de Mayo del Lago Argentino.
Su primera ascensión es uno de los bellos resultados andinísticos de las expediciones sistemáticas del Padre De Agostini. Durante su campaña de los años 1930/31 alcanzo su cumbre con el geólogo Egidio Feruglio y los guías Evaristo Croux y Leone Bron el 5 de enero de 1931. La ascensión se llevó a cabo por la pendiente Norte y la angosta cresta Noroeste partiendo desde el Fiordo Spegazzini y atravesando los bosques de la estribación montañosa con la que se inicia la Península Avellaneda. Llegaron al glaciar que cubre el Cerro de Mayo al Norte (Glaciar Mayo Norte), alcanzando una altitud de 1200 metros y lo remontaron unos 5 km; seguidamente la ascensión continuó sobre los esquistos y pizarras del mismo cerro. Las fotografías panorámicas tomadas por De Agostini a tantos cerros hasta entonces desconocidos y la atribución de nombres como Aguilera, Malaspina y Pietrobelli fueron durante decenios la única documentación sobre el interior de esta parte de la Cordillera.
El relato del Padre De Agostini estimuló a Piero Nava, oriundo de Bérgamo y quien tenía ya en su activo dos expediciones al grupo del Paine, a organizar una expedición al Brazo de Mayo en 1984. De aquel lado el acceso a la cumbre del Cerro de Mayo se presenta aún mucho más problemático. Antes de abordarlo, Mario Curnis, Carlo Ferrari, Sergio Dalla Longa y Antonio Manganoni quisieron sin embargo dirigirse hacia otro cerro: atravesaron el Glaciar de Mayo y se adentraron hacia su cabecera. Llegaron hasta los pies del salto terminal de una torre, bautizada por ellos mismos Torre Rossa, pero descubrieron que los últimos 400 metros eran de roca podrida y revestida de hielo que hace finalmente que renuncien a alcanzar su cumbre.

Luego de haber escapado milagrosamente de una avalancha durante la bajada y de haber llegado al campamento base, los cuatro bergamascos pudieron cumplir la segunda ascensión al Cerro de Mayo abriendo una nueva vía sobre la vertiente Sur hasta 1460 metros y sobre la arista Noroeste, de mediana dificultad técnica pero muy larga y en parte peligrosa.
La tercera ascensión al Cerro de Mayo la lograron Mark Houston, Kathy Cosley, Robert Parker y John Shutt, de los Estados Unidos, el 10 de abril de 1994 al término de una travesía desde el Río Túnel hasta la Laguna Escondida, remontando el cerro desde ésta laguna por la vertiente Sur y la cresta Noroeste y descendiendo al Fiordo Spegazzíni. Durante la travesía ascendieron también un cerro del Cordón Malaspina de unos 2400 metros de altura, ubicado sobre la divisoria de aguas, al que llamaron "Cerro Julie", y otro cerro que llamaron "Cerro Pio", situado en las inmediaciones del Cerro Inmaculado y que podría ser en realidad el mismo Cerro Inmaculado. El paso del Cerro Pío a la Laguna Escondida fue definido por ellos como "una travesía muy difícil y peligrosa". Y no se trata de personas sin experiencia patagónica: Houston y Cosley ya en 1988 habían escalado el Cerro Torre y habían sido los primeros en alcanzar la Torre de la Media Luna.

BAHÍA ONELLI

"En memoria de Clemente Onelli, apasionado estudioso de la Cordillera patagónica, que visitó y estudió en muchos y difíciles viajes incorporado a la Comisión de Límites, se le dio su nombre tanto al laguito como al glaciar y al monte"

Alberto M. De Agostini

Al Norte del Glaciar Spegazzini, una corona de cerros imponentes y cubiertos de hielos se abre menguando en dirección Este hacia una pequeña ensenada del Lago Argentino denominada Bahía Onelli. Actualmente hay allí una estructura de acogimiento de Parques Nacionales y atracan también las lanchas turísticas. Para el turismo común son transitables sin embargo sólo algunos senderos de los alrededores que, atravesando una rica vegetación con numerosas especies características de la floresta pluvial, conducen a admirar una laguna gris un tanto melancólica y obstruida por témpanos: se trata del Lago Onelli. Los grandes cerros de hielo cierran majestuosamente el horizonte del Oeste para quien mira desde Calafate más allá del Lago Argentino, y con todo eso son casi desconocidos en el mundo montañés. El primero en explorar los alrededores de la Bahía Onelli y en atribuir algunos topónimos fue el Padre De Agostini cuando moró en el lugar durante su campaña de exploración en 1931. Lo acompañaban el geólogo Egidio Feruglio y el guía alpino Evaristo Croux, quienes remontaron un buen trecho a lo largo el borde Norte del Lago y del Glaciar Onelli.

El Lago Onelli alcanzó una cierta notoriedad cuando en 1963 se lo pudo admirar sobre la tapa de "Land of Tempest", libro en el cual Eric Shipton (1907-1977) cuenta sus viajes a la Patagonia.
En 1951 Shipton había guiado en el Himalaya una expedición ligera de cuatro montañistas para estudiar el acceso al Everest desde el collado Sur, pero a pesar de ello no le fue luego confiada la expedición victoriosa que conquistó esta cima, la más alta del mundo, en 1953.
A partir de dicha fecha cambiaron también los lugares ideales para los montañistas amantes de las exploraciones aventureras y es significativo que tanto Tilman como especialmente Shipton se hayan entonces dirigido a la Patagonia. Durante el verano de 1958/59 Eric Shipton organizó una expedición al Brazo de Mayo de la cual hablaremos más adelante. Pero antes, con sus compañeros Miles, Bratt y Mercer, entró a la Bahía Onelli. Para desplazarse sobre el Lago Onelli se valieron de un gomón "dinghy" con el que sufrieron varias peripecias, ya sea por haber chocado contra los témpanos perdiendo enseguida la hélice y el motor como por las ondas causadas por la caída de seracs en el lago.
Tuvieron también un peligroso encuentro con un toro furioso que permaneció en aquel bosque luego de un intento llevado a cabo por un pariente de Masters, dueño de La Cristina, de establecerse allí para la cría de ganado.

Una vez alcanzado el extremo Sudoeste del Lago Onelli, Shipton subió con Bratt y Mercer a lo largo del glaciar flanqueado por bosques llenos de colibríes y papagayos, abandonándolo un poco más abajo de la cuenca superior para alcanzar una cima arriba del ángulo Noroeste del anfiteatro. En la base del primer salto de cresta el glaciólogo Mercer renunció a continuar mientras Shipton y Bratt subieron en cordada unos 650 metros aproximadamente de la cresta estrecha y escarpada, de roca podrida pero sin grandes dificultades. A una altitud de 1980 metros aproximadamente, la cresta termina sobre una pendiente de nieve muy inestable, bajo la cresta extrema de la montaña. Superado un difícil muro de hielo de 7 metros, la cresta larga y fácil los condujo en otras dos horas hasta la cima de unos 2470 metros, el 2 de enero de 1959. Creyeron encontrarse sobre la divisoria y mirando más allá de un paso que llamaron Onelli vieron oscuras florestas y un fiordo que según ellos podía ser el Penguin. Es muy probable que este importante cerro por ellos ascendido corresponda al Cerro Masters, situado sobre la divisoria pero sin nombre ni altura sobre el mapa IGM, o eventualmente al Cerro Bolado (Cerro Onelli Norte, de 2420 metros sobre el mapa IGM).

Desde el borde Sur del Lago Onelli se puede acceder a los cerros del Cordón Heim. La cumbre del Cerro Heim Norte, de 2180 metros, llamado también "Heimito", separado de la cumbre principal por un profundo valle, fue alcanzada en 1981 por Verónica Thoroughgood, Oscar Grizzi, Alec Scheuer y Tulio Calderón, como así también un collado al Sudoeste del mismo.

Mientras tanto Mario Gutiérrez Burzaco subió al Cerro Jani de 1565 metros que había sido ya ascendido en 1978 por la expedición de Pedro y Jorge Skvarca. Ellos encontraron sin embargo más dificultad para desplazarse a lo largo de la orilla del lago, dado que encontraron todavía ganado bagual de los antiguos pobladores, que para subir a los cerros. El año siguiente, Luciano Pera y Jorge Skvarca descubrieron un pasaje mejor para superar las inaccesibles riberas, confiándose a restos de alambre que pendían de las rocas. Luego superaron la ladera norte del Cerro Heimito por acarreos y canaletas y finalmente, a través de un glaciar, llegaron a la cumbre. Fue una expedición relámpago: partieron desde Calafate el 20 de febrero y regresaron el 24.

LA "DAILY EXPRESS EXPEDITION"

Francisco P. Moreno gozaba de estima y notoriedad no solamente en la Argentina sino también en Europa. Se le atribuyó incluso uno de los máximos reconocimientos del mundo montañés de la época porque fue elegido, junto a grandes exploradores como Sven Hedin y Fritjof Nansen, socio honorario del Alpine Club Británico.
En Gran Bretaña Moreno era muy bien considerado también en los ambientes científicos. Fue invitado a Londres por la Royal Geographical Society donde con gran éxito dictó una conferencia sobre los resultados de las expediciones en la Patagonia. El informe de la conferencia fue publicado con elogiosos comentarios en el tomo XIV del prestigioso "Geographical Journal" en 1899.
Este artículo suscitó la curiosidad de un joven naturalista británico que había quedado ya fascinado con la hipótesis que un animal prehistórico, el llamado Mylodon, del cual hablaba su profesor de zoología, pudiera aún vivir en la floresta de las montañas patagónicas. Sin embargo este joven, H. Hesketh Prichard, no tenía los medios necesarios que entonces requería un viaje de exploración.

En la búsqueda de un posible mecenas que lo apoyara, Prichard encontró a Mr. Pearson, el propietario de un gran diario de la época, el "Daily Express", quien generosamente financió su expedición en nombre de la ciencia. Así Prichard llamó "Daily Express" a su expedición de una sola persona y en 1900 partió hacia la Argentina.
En Buenos Aires fue recibido por Moreno quien le brindó apoyo y útiles indicaciones. Así Prichard recorrió durante dos años, casi siempre a caballo, los vastos territorios entre Trelew, Río Gallegos y Punta Arenas, haciendo observaciones naturalísticas de todo género sin descuidar por ello las antropológicas.
En 1901 se dirigió a la zona del Lago Argentino para verificar una indicación de Moreno quien suponía que un gran río que desembocaba en el Brazo Norte podría a su vez tener origen en otro gran lago aún desconocido. Moreno basaba su suposición en el hecho que las aguas de este río eran claras y no acarreaban el limo de los glaciares que las torna por el contrario turbias.
Prichard encontró el río de las aguas claras, lo llamó Katarina y remontó su curso encontrando también el lago de modestas dimensiones en el que se origina, y le atribuyó el nombre de su mecenas llamándolo Pearson. Regresó luego a caballo hasta Río Gallegos siguiendo los toldos de los Tehuelches a lo largo de los cursos de los ríos Bote y Coyle. Río Gallegos no era ciertamente la gran ciudad que es hoy en día si bien tenía ya un banco y hacían escala allí los vapores que la conectaban con Punta Arenas, óptima alternativa al caballo que Prichard no despreció.
Entre sus muchas observaciones naturales sobre todo zoológicas, impresiona con la identificación del lobo cordillerano (Canis magellanicus). Recordó a su mecenas también en la clasificación de una nueva subespecie de pumas que llamó "Felis concolor Pearsoni".
Una vez que hubo regresado a Gran Bretaña Prichard se dedicó a la publicación de sus investigaciones con la misma determinación y capacidad de trabajo que había demostrado sobre el terreno. En 1902 se publicó en Londres su libro "Through the Heart of Patagonia" con el editor William Heinemann. Este tomo de 346 páginas es hoy un libro raro, de anticuariado, no sólo por los informes de viaje y de investigación sino también por las ilustraciones que lo acompañan.
Estas preciosas ilustraciones se le deben al conocido pintor inglés John Everett Millais (1829-1896) y contribuyen al alto valor actual del tomo. Ya antes de la partida de Prichard él le había preparado dibujos de animales como huemules y guanacos para que Prichard los mostrara a los Tehuelches y pudiera así entenderse con ellos a falta de nociones del idioma. Como reconocimiento Prichard quiso recordarlo también sobre el Lago Argentino y atribuyó su nombre a un cerro que se podría identificar con el Cerro Peineta.
La escasa difusión de su bellísimo libro no permitió sin embargo la afirmación de los muchos topónimos por él atribuidos. También su "Giant's Glaciers" (Glaciar de los Gigantes) fue rebautizado Upsala (más correcto sería Uppsala) por la expedición sueca que lo ascendió y estudió en 1908, divulgando luego en forma mucho más extendida el conocimiento del mismo en el mundo científico.

GLACIAR UPSALA

El Glaciar Upsala se puede considerar de unos 60 km de largo según la posición de la divisoria desde la cual desciende (y que es difícil de establecer con precisión sobre el Hielo Patagónico). Cerca de su frente tiene 4 km de ancho y se encuentra recorrido longitudinalmente por dos grandes morenas mediales. Las partes Oeste y Este de estas morenas mediales son alimentadas por diversas cuencas y avanzan de modo diferente.
Este glaciar se mueve más rápidamente que el Glaciar Moreno y su avance diario llega a 3,7 metros y hasta 5 metros por día cerca de la frente, la cual se eleva unos 50 metros sobre las aguas del Brazo Norte del Lago Argentino. En su conjunto el glaciar se encuentra sin embargo en marcada retracción y de las últimas investigaciones efectuadas resulta que desde 1984 retrocede alrededor de 200 metros al año. El límite de las nieves perennes se sitúa actualmente en alrededor de 1150 metros, limite por debajo del cual la superficie del glaciar se encuentra en gran parte torturada y cortada por profundas y complicadas grietas, que tornan difícil y peligroso su tránsito.

El Glaciar Upsala ha llamado reiteradamente la atención de glaciólogos y geólogos que a menudo eran también montañistas: el sueco Quensel en 1908, Egidio Feruglio en los años '30 y '40 (quien publicó en 1949/50 en Buenos Aires por cuenta de YPF el primer tratado completo sobre la geología de la Patagonia); John Mercer en 1963; el glaciólogo argentino Pedro Skvarca, quien como andinista destacado fue el primero en cumplir numerosas ascensiones y travesías en esta zona y que colabora con glaciólogos japoneses cuyas investigaciones guió durante los años '90 sobre estos glaciares; los geólogos argentinos Eduardo Malagnino y Jorge Strelin, quienes completaron en 1990 los estudios sobre los sistemas de las morenas del glaciar reconociendo tres etapas principales y pudiendo entonces individualizar las lagunas que tenía antes la complicada historia de esta gran lengua de hielo que puede ser considerada la mayor de América del Sur.

UNA PRIMICIA POR MUY POCO NO CONCRETADA

El interior del Brazo Norte fue colonizado con muchos esfuerzos por la familia Masters desde 1913 y su estancia "La Cristina" dio durante años hospitalidad y apoyo a quienes llegaban al lugar con fines andinísticos y de investigación.
Aprovechó tal apoyo también la expedición del Padre De Agostini durante los años 1930/31. Acompañado por los guías alpinos italianos del Valle de Aosta, Evaristo Croux, Leone Bron, y por el geólogo Feruglio, el Padre De Agostini apuntaba a ser el primero en cumplir una travesía completa del Hielo Patagónico Sur de Este a Oeste, y había estudiado tal posibilidad partiendo justamente desde "La Cristina" para alcanzar el Fiordo Falcón.
La travesía del agrietadísimo Glaciar Upsala fue laboriosa junto al habitual mal tiempo, hizo muy lenta la expedición. Pero De Agostini había planeado hábilmente la logística y desde un campamento sobre las laderas del Cerro Cono, una especie de oasis verde entre los hielos donde permanecieron bloqueados durante muchos días, remontaron un gran glaciar tributario del Upsala que llamaron Bertacchi (en honor al poeta italiano de los Alpes Giovanni Bertacchi). Al mismo poeta le dedicaron también un cerro cerca del cual franquearon la divisoria oceánica. Atravesaron la gran planicie que denominaron Altiplano Italia el 6 de febrero de 1931 y llegaron todos juntos a la cumbre de un cerro aislado sobre la margen Oeste al que llamaron Monte Tormo.
Desde la cumbre se ve claramente el Fiordo Falcón pero De Agostini no bajó a tocarlo y consideró cumplida su travesía en el Monte Torino. Si esto le quitó la primicia en sentido deportivo, dado que el cumplimiento concreto tendría que haber terminado en el Fiordo Falcón y los recorridos que conducen desde el Hielo al océano no son simples aún cuando parecen breves, esta valiente iniciativa de la expedición de De Agostini tuvo de todos modos un gran valor exploratorio. Vimos ya que la primera y verdadera travesía Oeste-Este, incluso de ida y vuelta, será cumplida recién en 1955/56 por la expedición de Tilman.

En esa expedición de 1930/31 De Agostini bautizó probablemente más cerros y glaciares que personas. Por su importancia recordamos aquí, además de los ya citados, al Cerro Don Bosco, al Cordón Roma, al Cordón Malaspina. Es de destacar que en la cartografía argentina más reciente, el Monte Torino resulta corrido 10 km al Sud-Este de su real posición y está ubicado en cambio claramente sobre el borde occidental del Altiplano Italia en vista de aquel Pacífico que De Agostini tendría que haber alcanzado para dar total credibilidad al titulo del capitulo IX de su fascinante libro "Andes Patagónicos".

NUEVAS EXPLORACIONES

Entre el Glaciar Upsala y el Altiplano Italia se erige sobre los hielos una alineación Norte-Sur de majestuosos cerros aislados. El nombre de Cordón Darwin que le fuera otorgado en los primeros mapas cayó ya en desuso. Estos cerros fueron meta de diferentes expediciones espaciadas entre los años '50 y '80. Los mayores éxitos de tinte clásico, por así llamarlos, son aquéllos de las expediciones de los hermanos Skvarca, mientras el éxito moderno es el de la expedición de Casimiro Ferrari al Cerro Murallón (2656 metros). El esbelto pilar de roca que separa las paredes del Este y del Norte de este cerro, bien reconocible en las vistas panorámicas, ha sido ascendido por Casimiro Ferrari, Paolo Vitali y Carlo Aldé en 1984 con una escalada al límite de las dificultades técnicas de aquel período. De esta empresa se habla difusamente en el Cuaderno Patagónico Número 1.
Se puede de todos modos recordar que para el mismo Ferrari el éxito había sido precedido por sus tres intentos anteriores: en 1979, en 1980 y en 1982. Años antes, en 1964, José Luis Fonrouge, que había individualizado los grandes problemas modernos del andinismo patagónico, había llevado a cabo un intento por la pared Este. Su compañero de entonces, Rafael Juárez, desaparecería en 1974 entre los hielos del Cordón Adela, y a él le será dedicada por los primeros escaladores la bella aguja hasta ese entonces llamada Innominata entre la Poincenot y la Saint-Exupéry (Grupo del Fitz Roy).

NUEVAS EXPLORACIONES

Al Sur del Cordón Roma, en el mapa orográfico de De Agostini se encontraba una mancha blanca y la indicación "montes y glaciares inexplorados". Una mejora sustancial en la cartografía se verificó recién a fines de los años '40 luego de un relevamiento aerofotogramétrico que la Fuerza Aérea de los Estados Unidos llevó a cabo por encargue del gobierno chileno durante 1944/45. El afamado glaciólogo y montañista Luis Lliboutry supo deducirme el primer mapa completo de los Hielos Patagónicos Norte y Sur, no asignando nuevos topónimos pero indicando claramente las muchas lenguas glaciales con las siglas HPN (Hielo Patagónico Norte) y HPS (Hielo Patagónico Sur) y una numeración progresiva de allí en más adoptada en general por los investigadores.
Recordamos aquí algunas de las ascensiones efectuadas al Oeste del Glaciar Upsala y del Brazo Norte hasta la Bahía Onelli. Ya se habló del pilar Nordeste del Cerro Murallón; una elevación cumbre del cerro había sido ya ascendida por la expedición de Eric Shipton en 1963 a la que pertenecían también Ewer, García y Marangunic. El Cerro Don Bosco, de 2420 metros, fue escalado por su cresta Este en 1957 por la expedición del Club Andino de Buenos Aires guiada por Jorge Peterek; luego en 1961 durante la travesía del Hielo Patagónico Sur conducida por Shipton con los mismos compañeros del Murallón; en 1973 por una expedición estadounidense que perdería a dos de sus integrantes, Carrol y Mac Andrews, quienes murieron algunos meses más tarde en la Supercanaleta del Fitz Roy; en 1990 por Benigno Balatti, Giuseppe Alippi y Luciano Spadaccini de Lecco por la pared Sur; por Tony Valeruz que también abrió una vía en la pared Sur y luego la recorrió nuevamente durante la bajada en gran parte con los esquíes puestos.
El Cerro Cono (2440 metros), situado en la desembocadura del Glaciar Bertacchi, ha sido escalado en 1967 por Luciano Pera y Jorge Skvarca; en 1970 los hermanos Skvarca con Nicolic y Serrano escalaron los Cerros Bertacchi (2612 metros), 29 de Octubre (más al Norte) y Santa Cruz (más al Oeste).
En 1966 la expedición de Pedro y Jorge Skvarca escaló los grandes cerros Masters (dedicado a los dueños de "La Cristina"), Bolado (indicado erróneamente como Onelli Norte en el mapa IGM) y Kennedy. Conquistó también el Cerro Agassiz (de unos 2800 metros y ubicado en el mapa IGM en el lugar del Cerro Roma pero situado en realidad a casi 9 km más al Sur) dedicado al original estudioso suizo de glaciares y peces fósiles Louis Agassiz (1807-1883), quien se opuso tenazmente a las teorías de Darwin sobre la evolución de los organismos. Así también alcanzó a cumbre del Cerro Bertrand (3064 metros) situada entre el Cerro Roma y el Cerro Mac Andrews, sin nombre en el mapa IGM.
En 1969, Jorge Skvarca y Mario Serrano subieron la cima de hielos del Cerro Roma (3180 metros): querían bautizarla Cerro Vivod en recuerdo del amigo desaparecido poco tiempo antes en el Tronador pero el topónimo dado por De Agostini había sido ya adoptado y renunciaron entonces a ello para no crear confusiones.
En 1977 Jeff Salz subió solo la cresta Nordeste del cerro 2.581 metros, que dedicará a Steven Mac Andrew, compañero en la expedición al Cerro Don Bosco que cayó en el Fitz Roy en el mismo año.

ENTRE LOS LAGOS ARGENTINO Y VIEDMA

Al Este del Glaciar Upsala, comprendidos entre el Brazo Norte del Lago Argentino, el Lago Viedma y el Gran Glaciar Viedma que desemboca en el lago del mismo nombre, hay algunos grupos de cerros de formas atrevidas y atrayentes, pero muy poco visitados hasta ahora a pesar de su avanzada posición hacia el oriente.
Los relieves próximos al Lago Argentino son los mas modestos aunque también los más característicos del paisaje.
Ya los había individualizado el mismo comandante Fitz Roy quien en aquella primera exploración de 1834 les había dado algunos topónimos como el de Cerro Castillo ("Castle Hill") y Cerro Hobler.
Pero las cimas más bellas se encuentran al Norte, en dirección al Lago Viedma. También éstas fueron exploradas por personalidades a las que ya nos hemos referido merced a haberse adentrado más que otras en los misterios andinísticos de la Patagonia. En su expedición del verano 1931/32, el infalible Padre De Agostini subió hasta cota, 1984 metros, entre los cerros Cristal y Moyano, asomándose sobre el Glaciar Upsala. Lo encontramos también sobre el lado Este del Cordón Mascarello, al que bautizó así en recuerdo del oficial de la marina argentina José Mascarello y que más tarde fue ascendido por el lado Oeste por Jorge Skvarca y Mario Serrano en 1971. Ellos mismos alcanzaron las cumbres de los Cerros Campana (2459 metros) y Cristal (2l05 metros) en 1968, y el Cerro Boj 1969; nuevamente en 1965 Jorge Skvarca subió el vecino Cerro Mesa Chico (2458 metros).
En 1970 Jorge y Pedro Skvarca lograron la primera ascensión al cerro más elevado del grupo, el Cerro Norte (2730 metros), que expone altas y escarpadas paredes de hielo, interrumpidas por barreras rocosas. Subieron por la pared Oeste después de haber intentado la escalada ya varias veces en los años precedentes. En 1986 hicieron cumbre por la aún más difícil pared Este Casimiro Ferrari y Giuliano Maresi.
La primera ascensión más batallada fue la del Cerro Moyano (2615 metros), cerro imponente que domina, desde el fondo de una enorme y salvaje quebrada, el Seno Moyano del Lago Viedma. La primera exploración fue llevada a cabo por el Padre De Agostini quien le atribuyó el nombre de Cerro Moyano en recuerdo del oficial de la marina argentina Carlos Moyano quien en 1877 había acompañado al perito Francisco P. Moreno en el descubrimiento del Lago Argentino. No se les podía escapar a los andinistas la descripción apasionada del Padre en "Andes patagónicos", y sobre las escarpadas paredes de roca y de hielo se alternaron dos grupos, rivales finalmente en esta conquista. El primero en aceptar el desafío fue Cesarino Fava quien hizo intentos en 1962, 1974 y 1975 pero que egresó siempre sin haber alcanzado la cumbre. Mientras tanto también los andinistas amigos de los hermanos Skvarca habían puesto los ojos en esta montaña pero sus expediciones de 1967, 1973 y 1975 tampoco tuvieron éxito. La competencia fue intensa entonces y fue vencida en 1976 por Jorge Skvarca, Héctor Cuiñas y Guillermo Viero quienes conquistaron la cumbre después de haber subido por una difícil y repulsiva canaleta de roca y hielo en la pared Norte. Desde entonces, terminado el largo desafío que significaba la primera ascensión, el Cerro Moyano retornó a la austera soledad de todas las cimas patagónicas que no se hicieron famosas y de las que no se tuvo noticias de posteriores escaladas.

LAGO VIEDMA

Este lago lleva el nombre de quien lo descubrió en l786. Antonio Viedma había sido encargado por el virrey español para explorar las costas patagónicas y crear así nuevos asentamientos. Quiso explorar desde San Julián el curso del Río Santa Cruz pero siguió el curso del río que los Tehuelches llamaban Chalia y, pasando por el lugar que luego se llamó Piedra Clavada y más tarde aún Tres Lagos, llegó al gran lago.
El Lago Viedma se comunica con el Lago Argentino a través de su emisario, el Río La Leona, que fue llamado así porque en su ribera una hembra de león puma le saltó encima al perito Francisco Moreno causándole algunas heridas aunque no de gravedad. Durante muchos años, antes de la construcción de un puente, la hostería "La Leona" no era solamente como hoy el punto de escala principal a lo largo del camino entre Calafate y El Chaltén, sino también lugar en el cual se podían transportar sobre una balsa accionada por la misma corriente del río hombres, animales y vehículos de una orilla a la otra.
A diferencia del Lago Argentino, el Viedma no está ramificado y se adentra poco en el interior de la Cordillera; sólo Seno Moyano, al Sur, muestra una conformación a fiordos mientras al Norte se adentra la Bahía Túnel. En el Viedma desemboca el glaciar del mismo nombre que a raíz de su muy agrietada superficie no es casi nunca recorrido, aún cuando constituye un cruce importante en las cadenas que delimitan por el Este al Hielo Patagónico Sur. La estancia más próxima a la Cordillera, llamada Helsingfors por su fundador -el finlandés Alfred Ramström- quien se estableció en el lugar a comienzos del siglo XX, está situada al ingreso del Seno Moyano; ha sido transformada recientemente en hostería para turistas y goza de una pista de acceso terrestre.
Cerca de la orilla Norte pasa en cambio el camino para El Chaltén, más cuidado y frecuentado. En los alrededores de la estancia "Punta del Lago", y por iniciativa de Casimiro Ferrari, ha sido inaugurado en 1996 un refugio llamado Carlo Mauri (1930-1982), destacado montañista de Lecco quien en 1958 intentó subir el Cerro Torre con Walter Bonatti y nuevamente en 1970 con Casimiro Ferrari. Ferrari inicia así con Mauri su excepcional carrera patagónica subiendo luego el Cerro Torre en 1974 y paso a paso muchos otros cerros.
Hacia la Cordillera, la orilla Norte termina con una bahía en cuyo fondo fue levantada la estancia Río Túnel. El Río Túnel nace de ramificaciones en la cabecera del valle que desde el Lago Viedma se adentra hacia el Oeste hasta el Paso del Viento, en los alrededores del cual hoy existe un pequeño refugio para emergencias. Entre el Río Túnel y el Glaciar Viedma se eleva un cordón de escasa glaciación pero de complicada orografía llamado Huemules en referencia al pequeño ciervo andino, en un tiempo habitual poblador de sus faldas.

OTRO ACCESO AL HIELO PATAGÓNICO

Remontémonos a 1914. Al regreso de su exploración al Glaciar Moreno, Federico Reichert estaba colmado de entusiasmo y hubiera querido volver enseguida a la Patagonia para seguir con este tipo de investigaciones. Dado que sus ocupaciones profesionales no se lo permitieron enseguida le encargó tal misión al químico Alfredo Kölliker, al geólogo Lutz Witte y al geógrafo Franz Kühn, quienes partieron en 1915 bajo los auspicios de la Sociedad Científica Alemana de Buenos Aires.
Varias naciones estaban entonces entrando en la primera guerra mundial. La nave en la cual se habían embarcado era de propiedad alemana y fue enseguida capturada por un buque de guerra inglés. Sólo luego de varias peripecias pudieron seguir con otra nave y desembarcar en Santa Cruz.
Meta de la exploración era la región del Lago Viedma, con el intento de atravesar la Cordillera de Este a Oeste y confirmar la supuesta presencia de una continua colcha de hielos entre el Lago San Martin-O'Higgins y el Lago Argentino. Para atravesar los hielos llevaron cinco pares de esquíes, uno de ellos provisto de un trineo desmontable. Luego de haber comprobado que no era posible adentrarse a lo largo del agrietadisimo Glaciar Viedma decidieron explorar el acceso al Hielo por el valle del Río Túnel. Ayudados a lo largo de todo el viaje por los estancieros que también los apoyaron para entrar en este valle, establecieron un buen campamento, hicieron muchas observaciones en el campo de las ciencias naturales y relevamientos topográficos, tuvieron aventuras con los caballos y con los animales salvajes y escalaron el Cerro Huemul (2677 metros) que resultó más comprometedor de lo previsto.
Habían intentado también alcanzar alguna cima del cordón situado al Noroeste del valle al que habían bautizado Adela, pero debieron conformarse con menores relieves en los alrededores del paso al que dieron el nombre de Paso del Viento. Estas ascensiones fueron efectuadas sobre todo con el fin de mirar hacia el Oeste para descubrir un posible paso hacia el Océano Pacífico.

Más allá de una extensión de hielos que llamaron "Hielo continental", a pesar de considerar impropia la definición, vieron alzarse con estupor un largo cordón de majestuosos cerros cubiertos de hielos que llamaron "Mariano Moreno". Y valientemente se lanzaron a través del hielo, establecieron campamentos, tomaron fotografías e hicieron relevamientos con vistas al Paso de los Cuatro Glaciares y alcanzaron las estribaciones septentrionales del Cordón Moreno, pasando el "divortium aquarum". Pero aquí los sorprendió la tempestad y tuvieron que iniciar el retorno que los dejó exhaustos.
Consumidos todos los víveres debieron apelar a todas sus fuerzas para lograr regresar al Paso del Viento y descender el Río Túnel.

La empresa de Kölliker y Witte, y de Silbermann y Diener que los acompañaron haciendo de peones, merece ser considerada no solamente con gran respeto sino también con gran simpatía. Y no sólo por el resultado exploratorio en si mismo, conseguido con el equipamiento precario de la época, sino considerando también la genuina pasión por aquellas tierras y aquel tipo de vida, por su comprensión para los colonos con los que tuvieron excelentes relaciones. Los informes de su extensa investigación científica, publicados en Buenos Aires por la Sociedad Científica Alemana en el año 1917 en dos tomos, son muy ricos en descripciones emocionantes. A ellos una nostalgia patagónica los acompañó por el resto de sus vidas.
El Cordón Mariano Moreno, al que se acercaron y relevaron en calidad de precursores, limita al Sur con el Cerro Gemelos Blancos del cual se ramifican dos pequeñas crestas. En el mapa IGM argentino el cerro de 2042 metros en la cresta hacia el Sudoeste se llama actualmente Kölliker, y el cerro de 2095 metros sobre la cresta Sudeste se llama Witte; otro cerro que ya antes figuraba en los mapas con el nombre de Kölliker está situado al Norte del Cordón Mariano Moreno. Ellos son de esta manera recordados entre las solitarias extensiones del Hielo, extensiones que ellos mismos recorrieron y estudiaron por vez primera. Pero aquí los recordamos también con sus palabras de despedida luego de la empresa de 1915.

Lutz Witte: "Con gran sentimiento abandonamos todos este valle tan hermoso y tranquilo donde habíamos pasado un mes inolvidable tanto por las penurias que habíamos sufrido, y que ahora en el recuerdo nos parecen menos malas, cuanto por la belleza singular e indescriptible que siempre nos encantaba; y no había ninguno entre nosotros que no exteriorizara en alguna forma el deseo de prolongar su permanencia otro mes más".
Alfredo Kölliker: "¡Adiós Patagonia! También yo soy de aquellos que probaron el calafate, de los que pudieron contemplar tus incomparables hermosuras. He logrado penetrar en tu vida. Si una fuerza mayor no interpone su veto volveré a contemplar de nuevo tus riquezas y bellezas. Gozaré de nuevo de todo lo que tu tierra y tus pobladores saben dar en tanta abundancia. Eres el ídolo de libertad y magnitud aún lejos de ser doblegado por el yugo de una civilización degenerada ¡Eres la tierra del hombre fuerte y del alma libre!".

LA GRAN INCÓGNITA DEL HIELO PATAGÓNICO SUR

Parece casi imposible que en nuestro planeta, y en los umbrales del siglo XXI, existan aún pequeños misterios de tipo geográfico y verdaderos desafíos en torno a las montañas, a su escalada y a su exploración. Sin embargo existen. Y fue justamente uno de estos misterios, el que yace en el medio del Hielo Patagónico Sur, lo que cautivó ya la atención de algunas generaciones de andinistas.
Justo aquí, a 50° 20' Sur, la gran extensión de altiplanos de hielos se interrumpe y sus lenguas se enhebran con escarpadas pendientes cubiertas de seracs entre altos cerros dispuestos sin regularidad. La misma cordillera se presenta aquí en su punto más estrecho: entre el Fiordo Peel y el Brazo de Mayo hay en línea de aire alrededor de 9 km. Este es aún hoy el punto clave para efectuar la travesía verdaderamente completa de Norte-Sur, o viceversa, del Hielo Patagónico Sur.
Lo había ya advertido el Padre De Agostini en 1931 y también Lliboutry se había referido a una "depresión Fiordo Andrew-Fiordo Mayo" (y aquí es necesario observar que, para evitar confusiones con el vecino Fiordo Andrés, desde 1981 se hace referencia solamente al Fiordo Peel, del cual el Andrew era el seno más adentrado en la Cordillera).
Entre la altitud de 2261 metros del Cerro Inmaculado al Norte y la altitud de 2238 metros de un cerro innominado sobre los mapas (para el cual ha sido propuesto el nombre "Bastión Blanco") al Sur, la divisoria desciende para formar un ancho collado que en el mapa de Lliboutry figuraba con la cota de 1300 metros. De este collado desciende hacia el Oeste el atormentado Glaciar García que llega hasta el Fiordo Peel, mientras hacia el Este una lengua más breve desciende hasta la Laguna Escondida. Al Sur del Altiplano Japón un paso a 1900 metros aproximadamente sobre el lado Oeste del Cerro Inmaculado permite el acceso a la extensa zona de seracs que lleva al collado a 1300 metros y se conecta más abajo con el Glaciar García. Desde el Lago Argentino la continuación del Brazo de Mayo hacia el Oeste se encuentra obstruida por el Glaciar Mayo que, fluyendo en cambio desde el Sur hacia el Norte, termina contra las paredes rocosas del Cerro de Mayo y crea una barrera de hielo. Dicha barrera en el Brazo constituye el origen de aquel lago interno, llamado justamente "Laguna Escondida" o "Lago Mayo", que varía de nivel y que se encuentra subdividido en varios espejos según los años y las estaciones y en el cual desembocan diversos y escarpados glaciares.
Hemos citado ya las exploraciones de Eric Shipton que partieron desde el Lago Onelli. También durante el verano de 1958/59 el mismo Shipton quiso penetrar al interior de la Cordillera y considerar la factibilidad de atravesarla justo por el collado a 1300 metros entre el Brazo de Mayo y el Fiordo Peel.
Shipton y Geoff Bratt, a los que se había unido el argentino Barney Dickinson, desembarcaron con víveres para un mes en la orilla Norte del Brazo de Mayo. Dos veces intentaron superar la barrera de hielo constituida por el Glaciar Mayo y sólo en el tercer intento, valiéndose de angostas sendas a lo largo del borde rocoso y adentrándose con sumo riesgo en un largo túnel del glaciar, lograron atravesarlo y llegar a una ensenada de la Laguna Escondida llena de témpanos.
Al darse cuenta de que el único medio para continuar era el gomón, regresaron a buscarlo al campamento base donde tuvieron la mala suerte de constatar que los zorros habían comido buena parte de sus víveres. El transporte del gomón a través del túnel en el glaciar fue una prueba de coraje pero gracias a este pudieron atravesar, si bien con mucha fatiga, una primera sinuosidad de la laguna y acampar entre las empinadas florestas de la ribera opuesta.

Durante los días sucesivos el viento y las ondas ya no permitieron más el uso del gomón para continuar sobre el lago y tuvieron que proseguir caminando penosamente a lo largo de las orillas escarpadas y desmoronadizas. Se dieron cuenta luego de que no hubieran podido atravesar a pie los agrietados glaciares que entran en el lago desde el Norte y a este punto renunciaron al intento de una travesía completa. Una vez que dejaron las cargas y a Barney para que las cuidara, Shipton y Bratt siguieron aún hacia una nueva exploración dirigiéndose livianos con el gomón hasta el final de la laguna en un momento de viento calmo. Se encontraron con estupor en medio de una rozagante floresta de altísimos árboles y, luego de haber reconocido un posible pasaje hacia el paso ubicado más arriba, a 1300 metros, regresaron con muchas peripecias en medio de la tormenta que se había levantado de repente y que empujaba el gomón contra los témpanos entre remolinos y ondas que amenazaban continuamente con tumbarlos en la laguna.

¿HASTA DÓNDE?

El desafío de recorrer espacios aún desconocidos fue recogido por los jóvenes japoneses Takeuchi, Tsuzuki y Yoshizawa en 1971/72. Iniciaron una travesía al Fiordo Falcón, con trineos pero sin esquíes, y la terminaron antes de lo programado en el Fiordo Europa, cerca del cual por suerte habían preparado antes un depósito de víveres. La empresa necesitó acampar veintinueve veces y quedó entrampada más por el mal tiempo y los problemas logísticos que por los obstáculos andinísticos; las aproximaciones desde el océano fueron especialmente complicadas y peligrosas. Ellos llamaron Altiplano Japón al que habían recorrido y que constituye la continuación hacia el Sur del Altiplano Italia del Padre De Agostini.
Pero los desafíos existen para poder desquitarse. Giuliano Giongo había escalado ya el Fitz Roy en 1978, la Torre Egger en 1980 por una nueva ruta sobre la pared Este y la Punta Herron. En 1983 fracasó en el intento de cumplir la primera ascensión invernal al Cerro Torre (cosa que lograron luego en 1985 Salvaterra con Giarolli, Sarchi y Caruso), pero la Patagonia lo había ya embrujado. En 1985, buscando la más completa autonomía, se propuso hacer una travesía invernal del Hielo Patagónico Sur. Entró por el Paso Marconi, y luego de una ida y vuelta hacia el Norte hasta el Glaciar Rivera, se dirigió hacia el Sur. Sin radio ni cartografía confiable comenzó a perder referencias sobre el terreno en medio del mal tiempo que lo atrapó decididamente en el tramo Sur del Altiplano Japón. Es difícil reconstruir con precisión el itinerario que siguió en la tempestad, individualizar el lugar en el cual cayó a una grieta salvándose sólo porque había quedado colgado del trineo encajado en el hielo sobre su cabeza, dónde logró cruzar las estribaciones orientales alimentándose sólo de hojas y raíces para regresar al Glaciar Upsala y llegar exhausto, luego de cuarenta y dos días, a "La Cristina". Tendría que haber sido el primero en encontrar un paso para llegar al Glaciar Moreno.
De todos modos ni esta experiencia extrema ni las polémicas surgidas a su regreso le impidieron embarcarse en otra aventura solitaria: durante el invierno austral de 1988 navegó solo durante setenta días con una canoa los tempestuosos mares entre el Cabo de Hornos y la isla Navarino. Lo cuenta entre otras cosas en su cautivador "Tekenika", uno de los más bellos libros de aventura publicados en estos últimos años.

EL PASAJE DE LA LAGUNA ESCONDIDA

El descenso desde el Norte a la Laguna Escondida se presenta en todo caso problemático y es de todos modos difícil y peligroso. Pudo con él, en el año 1992, la expedición de Paolo Cavagnetto quien junto a Joel Blumenerg, Paolo Falco y Alberto Guelpa había partido desde el Fiordo Calén y había iniciado la travesía del Hielo por el glaciar Jorge Montt. Ellos recorrieron el Altiplano Japón, intentaron una salida hacia el Oeste, luego doblaron hacia el Sur alcanzando, a través del paso a unos 1900 metros aproximadamente, el borde de los peligrosos seracs amenazantes sobre el collado a 1300 metros. Regresaron sobre sus pasos, doblaron hacia el Este y descendieron por el ramal Sur del Glaciar Spegazzini hasta donde un canal de hielo les permitió llegar a la parte superior del Glaciar Mayo Norte. Allí descendieron evitando sobre las líneas divisorias de las vertientes los agrietadísimos glaciares y bajando los trineos mediante sogas a la Laguna Escondida. Emplearon cuatro días sólo para este descenso. Habían vislumbrado una posibilidad para continuar la travesía hacia el Sur pero dado que los víveres ya se habían acabado, luego de treinta y cinco días y con la incertidumbre general también sobre el uso de los esquíes (era ya diciembre), optaron por hacerse rescatar por un helicóptero argentino en el Brazo de Mayo.
En 1993 estuvo en cambio muy cerca de convertirse en tragedia la aventura de los dos suizos Franco Della Torre y Arturo Giovanoli. Venían de cumplir la travesía Norte-Sur del Hielo Patagónico Norte y se habían comunicado a través del Río Baker con el Hielo Sur. El 2 de diciembre, intentando bajar a lo largo de los seracs hacia el collado a 1300 metros, una caída en la grieta más el trineo que se le cayó encima hiere seriamente a Giovanoli. Luego de emitir vía radio pedidos de auxilio y de haber sido recibida por casualidad una de las señales por un avión de línea, los dos lograron llevar a cabo la proeza de un durísimo regreso con sus propias fuerzas, habiéndoseles acabado también los víveres, hasta el Glaciar Upsala. Allí los encontraron el 20 de diciembre los socorristas que los buscaban mucho más al Sur, durante un último vuelo de reconocimiento con el helicóptero efectuado por Oscar Almirón. De la expedición estadounidense, que partió desde Paso del Viento y que en 1994 bajó a La Laguna Escondida para luego remontarse para salir al Glaciar Spegazzini, hicimos alusión ya en el capítulo Cerro Mayo.
El recorrido de ellos coincide en parte con el de la expedición del verano de 1994/95 llevada a cabo por Ermanno Salvaterra con tres compañeros pero que en cambio desde el Paso Marconi se dirigió primero al Glaciar Jorge Montt y bajó casi hasta el Océano, luego regresó sobre sus pasos y se dirigió hacia el Sur. Pero no quisieron aceptar los riesgos de un descenso hacia el collado a 1300 metros, doblaron hacia el Sudeste y luego de un peligroso cruce del Glaciar Spegazzini se dirigieron a la Península Avellaneda donde permanecieron aún varios días más a la espera de un medio que los llevara hasta Calafate.

CUMPLIDA INCUMPLIDA

"La idea de la travesía surgió en una cumbre, se esbozó en los bares, se aumentó en el alma y se hizo con el espíritu".
Sebastián de la Cruz

Claro: no tan sólo con el espíritu. Sebastián de la Cruz es considerado el mejor andinista argentino de estos años que además cumplió relevantes actividades en el extranjero. La cumbre a la cual hace referencia en la cita es la del Cerro Torre que alcanzó en 1988; la cumbre que lo encantó por la vista que de ella tenía del Hielo Sur era la del Fitz Roy, cumbre a la cual él mismo realizó la primera ascensión invernal en el año 1986. No sólo fuerza mental entonces, sino también gran capacidad técnica y sobre todo una gran pasión.
Los ingredientes para el desafío de una travesía sobre el hielo estaban todos. Lo que faltaba era el dinero para organizar una travesía de ese tipo. El y sus compañeros españoles entre los que se encontraba Antonio Trabado, con quien había subido el Cerro Torre, encontraron una solución en 1993 proponiendo realizar durante la travesía un film para la transmisión "Al filo de lo imposible" de la televisión española. De este modo se aseguraron un cierto apoyo logístico y, apenas recibido el consenso, por miedo que en la televisión repensaran la idea, se lanzaron a la aventura.
No nos detendremos sobre la larga travesía iniciada el 28 febrero de 1993 en el Fiordo Calén y que luego de una salida restauradora en el Paso del Viento terminó cincuenta y cuatro días más tarde en el frente del Glaciar Tyndall en el grupo del Paine. Los detalles, muy interesantes también en cuanto al aspecto organizativo, fueron publicados en revistas argentinas, españolas e italianas y se trata de la más completa entre todas las travesías del Hielo Sur efectuada hasta 1997.

PEDAZO QUE FALTA

El 4 de abril Sebastián de la Cruz, Antonio Trabado, José Carlos Tamayo y José Luis Bedía llegaron al paso de unos 1900 metros "de acceso al glaciar colgante al Oeste de la montaña escarpada que divide las cuencas" del Brazo de Mayo y del Fiordo Peel (es decir del Cerro Inmaculado). El día anterior Tamayo había sobrevolado el gas lugar con el helicóptero de Almirón para "echar un vistazo en la zona problemática". ¿Y qué vio?.
Vio un posible itinerario a lo largo de "un glaciar bastante agrietado hasta un collado a unos 1300 metros, luego una ladera glaciar poco peligrosa hasta la cumbre de un cerro de 1800 metros y finalmente haciendo un rapel de unos 500 metros en pendientes entre 45( y 80( hasta un amplio collado".
Pero desde el 5 hasta el 11 de abril permanecieron bloqueados en las carpas a raíz de la tempestad. Aprovechando un momento de calma bajaron por el glaciar para investigar el paso. "Llegamos al último punto posible, debajo de una barrera de seracs y por encima de otra. Estamos de acuerdo que es francamente imposible y arriesgadísimo: en cualquier momento alguna ráfaga desequilibra un serac tipo naipe gigante y nos fuimos!"
La solución llegó el 13 de abril con el helicóptero de Almirón que trasladó hombres y materiales a 12 km más al Sur aproximadamente, "justo al Sur del cerro de los rapeles", es decir de aquél al que otros llamarán "Bastión Blanco". Y mientras Almirón llevaba a Calafate los deshechos y los materiales sobrantes, ellos continuaron la travesía sin otros contratiempos, pasando por el collado del Cerro Dos Codos y por el Paso Reichert para llegar hasta el Altiplano Polonia y continuar hacia el Paine.

ENTRE LOS NAIPES GIGANTES

Los naipes son una doble metáfora para la extensa zona de seracs que desciende desde el collado a 1900 metros hacia el Glaciar García y el Fiordo Peel: los seracs se asemejan a naipes y recorrer la zona de seracs es un arriesgado juego de azar.
A pesar de ello llega quien la recorre en serio, más que nada porque entonces ya se encontraba dentro de ella y tenía que bajar al Fiordo Peel. Para realizar entre 1994 y 1996 aquél que había sido el sueño del gran Amundsen, es decir una circunnavegación completa de las dos Américas, el alemán Arved Fuchs (1953) armó el cutter ballenero "Dagmar Aaen" construido en 1931. Fuchs, luego de varias experiencias en las montañas y muchos viajes de aventura, había también alcanzado los polos Norte y Sur en 1989 y quería completar su circunnavegación de las Américas, en la que participaron diferentes compañeros, también con aventuras sobre tierra firme.
Así es que incluyó en sus planes también una travesía desde el Norte hasta el Sur del Hielo Patagónico Sur. La inició desde el Glaciar Jorge Montt con Till Gottbrath y Roger Schmidt mientras el "Dagmar Aaen" iba hacia el Fiordo Peel a desembarcar a otros compañeros. El programa preveía el encuentro de los dos grupos en el punto Sur del Altiplano Japón.
En el Fiordo Peel desembarcaron con un gomón Pablo Besser, uno de los mejores jóvenes andinistas chilenos, la joven skipper y montañista islandesa Sigridur Sverrisdottir y el chileno-alemán Günther Jüllich como conexión al campamento base entre el cutter y los andinistas.
Mientras Fuchs, Gottbrath y Schmidt se desplazaban sobre el Hielo, Besser y Sverrisdottir, habiendo constatado la intransitable condición del Glaciar García, encontraron más hacia el Oeste un acceso al Hielo por un glaciar que llamaron Margarita. Luego de idas y venidas para transportar cargas, el 9 de noviembre de 1995 levantaron una pequeña carpa sobre el Hielo a unos 1800 metros y desde allí cumplieron algunas bellas primeras ascensiones sobre cerros cubiertos por hielos.
Subieron al cerro "Dagmar Aaen", de 2200 metros, desde el que divisaron la Laguna Escondida; luego el difícil "Cerro Centinela" situado justo sobre el campamento. Fue entonces que corrieron la carpa cerca del paso a 1900 metros, desde donde subieron a una delgada aguja de hielo que llamaron "Cerro Ilusión"; al fácil "Cerro Mirador"; al difícil "Cerro Aparición" con tramos sobre hielo de 70(-80(, y para concluir, a una cumbre del Cerro Inmaculado el 17 de noviembre.
Cuando los dos grupos se encontraron felizmente, el tiempo que hasta ese momento había sido incierto, aunque matizado con alguna buena jornada, se tornó decididamente malo. Subieron una vez más todos juntos a un cerro que bautizaron "Cuatro Vientos" pero a partir del 21 de noviembre permanecieron bloqueados, sumergidos por las nevadas, con una carpa completamente destruida.
El 30 de noviembre decidieron dejar esa situación ya muy precaria y afrontaron, inmersos en el mal tiempo, el descenso a través de la extensa zona de seracs. Llegaron al nivel del collado a 1300 metros luego de numerosos incidentes, bajando los trineos y ellos mismos con rapeles; más tarde se dirigieron hasta el Fiordo Peel a lo largo de la ribera Norte del Glaciar García y, luego de penosas idas y venidas entre florestas y pantanos, se reunieron finalmente con los compañeros de la "Dagmar Aaen".
Pablo Besser reintentará la aventura en 1996 con dos jóvenes compañeros chilenos, Fica y Crossley, apoyado por la Marina Chilena y partiendo a su vez desde el Glaciar Jorge Montt, pero tendrá que interrumpir la travesía nuevamente en el Fiordo Peel.

UN PEDACITO Y ALGO MÁS

Para que hayan sido tocados todos los pasos de una travesía completa por tierra del Hielo Patagónico Sur, posiblemente en las cercanías de la divisoria de aguas, alguno debe aún poner los pies sobre el collado a 1300 metros y sobrepasar el "Bastión Blanco". Es sólo un pedacito en esa inmensidad de cerros y hielos y el desafío de la superación técnica se ha reducido hoy en día a ese fragmento.
Pero podemos igualmente imaginar que, cuando un día también estas últimas metas sean alcanzadas, permanezca aún intacto por mucho tiempo el sueño de un desafío no tan técnico, sino de aventura silenciosa, autónoma, carente de apoyos externos. Un desafío del cual no importe quién lo haya cumplido en primer lugar, que sólo concierna a quienes lo cumplan, quizás sin radio ni GPS, quizás sin alimento para astronautas y regresando al tocino que aconsejaba Witte o a la manteca en lata que amaba Shipton.

No está prohibido soñar ni referirse a la ejemplar pasión de aventura de quienes nos han precedido y han encontrado en las soledades patagónicas las satisfacciones más profundas de los propios anhelos existenciales. Quien desde las orillas del Lago Argentino dirija su mirada a la Cordillera puede perseguir el sueño más bello de su vida.

 
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