Vicente Castaño: muerto

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A PRIMERA HORA del jueves 23 de agosto, el fiscal Mario Iguarán recibió un oficio confidencial del DAS que explicaba las razones por las cuales en la madrugada del día siguiente, el jefe paramilitar desmovilizado Diego Fernando Murillo, Don Berna, debía ser trasladado de urgencia de la cárcel de Itagüí a la prisión de máxima seguridad de Cómbita. "Hay informaciones que dan cuenta de que el señor Murillo Bejarano, recluido en la cárcel de máxima seguridad de Itagüí, sigue dirigiendo sus estructuras delincuenciales hacia la ejecución de asesinatos selectivos, comercialización y transporte de estupefacientes", decía la carta con la que Andrés Peñate, en ese momento director del DAS, remitía las pruebas.

La carta llevaba un documento anexo de cuatro páginas con una relación cronológica de los crímenes que podían imputársele al jefe de la temible "oficina" de Envigado y el aparte sobre los homicidios selectivos iba encabezado con un párrafo que llamó la atención de un fiscal y un equipo de investigación designados para evaluar si el caso de Don Berna debía ser enviado al Tribunal de Justicia y Paz para éste que decidiera sobre si debía o no ser privado de los beneficios legales consagrados en la Ley de Justicia y Paz.

El párrafo decía: "El 22 de agosto de 2007 se recibe un documento manuscrito por un sujeto que se identifica como N.N. alias El Gordo, en el cual se establece que el homicidio de Vicente Castaño ocurrió el 17 de marzo de 2007 en una finca ubicada entre los municipios de Nechí, Antioquia, y Ayapel, Córdoba...". Curiosamente, aunque el manuscrito que daba noticia sobre la muerte de Castaño -también conocido como El Profe-estaba mencionado entre las pruebas remitidas, inicialmente no apareció.

No obstante, poco antes de que el fiscal Iguarán se dispusiera a llamar por teléfono para pedir que le enviaran el documento, llegó a su despacho un nuevo oficio urgente del DAS, firmado por Luz Marina Rodríguez Cárdenas, directora general operativa del organismo de seguridad. El oficio iba acompañado por un informe adicional según el cual los resultados del proceso de verificación le daban al manuscrito "alta confiabilidad". La información enviada por Rodríguez al Fiscal General mencionaba personas que habrían participado en el atentado criminal contra Castaño. Entre ellas figuraba Carlos Mario Jiménez, Macaco, otro de los pesos pesados recluidos en Itagüí, recién trasladado a Cómbita y pedido en extradición por Estados Unidos. También aparecían como protagonistas del crimen otros dos hombres identificados en principio como Julián Daniel y El viejito Cuco.

La carta de ocho páginas había caído en manos de un grupo especial integrado por orden del presidente Álvaro Uribe para capturar a Castaño, después de que este se negó a trasladarse de un sitio de reclusión temporal en La Ceja a la cárcel de Itagüí. El comando de búsqueda se enteró de que el firmante del manuscrito, conocido como El Gordo, era el hombre de confianza de Castaño y de su esposa, Alexandra Pimienta Escobar, y una de las pocas personas que tenía acceso al lugar donde estaba escondido.

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