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Hoy se abre el noveno puente de Córdoba hacia una ronda inacabada

El nuevo paso sobre el río ha supuesto una inversión de 25 millones y es el hito del primer tramo de la Variante Oeste, que ha tenido un coste global de 51

Día 14/01/2011 - 08.51h
A partir de esta misma tarde, la ciudad de Córdoba contará con nueve puentes sobre el río Guadalquivir, que van desde el que se encuentra ubicado en la barriada de Alcolea hasta el recientemente finalizado paso del primer tramo de la Variante Oeste, y que llevará por nombre de Abbas Ibn Firnas.
Su longitud total es de casi 267 metros y en su parte más alta (la de los dos arcos metálicos atirantados) supera los 51 metros, mientras que el ancho es de 31 metros, contando con los tres carriles por sentido de la carretera y el vano que los separa.
Las obras fueron iniciadas por Dragados en marzo de 2006, al mismo tiempo que el primer tramo —el sur— de la Variante, y por entonces en ambos casos tenían un plazo de ejecución de 41 meses para un total de 5,94 kilómetros y un presupuesto de 51 millones de euros, de los que 25 millones corresponden al puente.
Desde entonces, y hasta el día de hoy, han transcurrido la friolera de cuatro años y diez meses (58 meses). Es decir, 18 meses más de lo previsto inicialmente debido, sobre todo, a la aparición de varios restos arqueológicos (tres) en todo el proceso, que frenaron la marcha de las obras de la carretera, por lo que las previsiones se retrasaron hasta octubre de 2010. De igual modo, la dificultad técnica que entrañaba la ejecución del puente, la «pieza más compleja de diseño de toda la calzada» y el «elemento crítico» de toda la obra, como la han calificado desde Ayesa, la responsable del diseño del paso, se vio muy complicada en 2010 por las fuertes lluvias caídas durante el mes de agosto. Hasta el punto de que Dragados solicitó una ampliación del plazo de obras.
Crecida de las aguas
Y es que esa crecida del río acabó impidiendo el movimiento de las aguas, al tiempo que parte de la estructura del puente acabó siendo arrastrada por las aguas. Todo ello llevó a técnicos y políticos a pensar más en «finales» del pasado año para el remate de todas las actuaciones.
De este modo, van a quedar conectadas la N-437 (la carretera del Aeropuerto de Córdoba) con la Cuesta de los Visos, a la altura del enlace de la A-45 con la A-4, con la sana intención de evitar el tráfico de vehículos de gran tonelaje por el casco urbano.
Pero este fin no tendrá sentido hasta que no se acaben los 2,3 kilómetros restantes de la Variante Oeste entre la N-437 y la carretera de Palma del Río (A-431). Algo para lo que ni en el Ministerio Fomento se aventuran a aportar una fecha, ya que ahora mismo sigue en fase de información pública un primer anteproyecto elaborado, por lo que su posterior licitación se antoja todavía bastante lejana y no sería tan extraño hablar de 2020 para el final de las obras. Hasta entonces, ni el parque logístico de El Higuerón, ni el Parque Joyero, ni tampoco el parque comercial de la A-431 van a poder llegar con rapidez hasta el puente de Abbas Ibn Firnas para contar con un acceso ágil hacia la Autovía de Andalucía y la A-45 a Málaga.
Un puente que, según ha contabilizado este diario, supone el noveno que cruza el Guadalquivir. Los demás son el de Alcolea, de 340 metros de largo repartidos en 20 ojos; los dos de la A-4, a la altura de Las Quemadas, el primero, y a la altura de El Arenal, el segundo; el propio de El Arenal, de 220 metros de largo por 22 de ancho; el de Miraflores, con un presupuesto final de más de 11,9 millones de euros; el Romano, de 223 metros en 16 arcos; el de San Rafael, de 217 metros por 18,5 de ancho, y, finalmente, el de Andalucía, el último que se construyó anterior a este, con 410 metros, entre los 210 del puente como tal y los 200 del viaducto que le sigue.
La nueva pasarela de la Variante Oeste pretende evocar la imagen de un ingrávido ente blanco con alas, tanto por la proximidad del aeropuerto como por el hombre del que toma prestado su nombre, quien en el año 860 fue capaz de planear durante 10 minutos sobre la ciudad de Córdoba tras arrojarse con un engendro de su invención desde la torre de la Arruzafa. Una hazaña que le permitió pasar a la Historia como el «Dédalo» andaluz y quedar inmortalizado al contar en el lado oculto de la Luna con un cráter que también lleva su nombre.
Con una forma que recuerda al de la Barqueta, en Sevilla, o al del río Odiel en la A-49, a su paso por la localidad onubense de Gibraleón, el puente cordobés incluye en su centro la representación de una figura humana, la de Abbas Ibn Firnas, del mismo material que el resto, acero atirantado, que descansa directamente sobre la pasarela, que en ese punto se apoya sobre un pilar de cemento en el cauce del Guadalquivir. Las «alas», por su parte, cada una con siete nervios acerados que se unen al cuerpo del puente, se sustentan directamente sobre una estrecha plataforma del mismo material sobre los otros dos pilares.

Entre los siete que tiene Valladolid y los 28 construidos en Zaragoza sobre el Ebro

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