HISTORIA MILITAR DE ESPAÑA
Campañas




PRIMERA GUERRA DEL III PACTO DE FAMILIA (1762 - 1763)

Insensata guerra, declarada al final de la Guerra de los Siete Años que enfrentaba a Inglaterra y Francia, en la que España demostró su incapacidad militar para defender sus vulnerables posesiones de Ultramar y en la que los británicos conquistaron dos de los dos puertos más importantes del Imperio español: La Habana y Manila.








CAUSAS DE LA GUERRA

Carlos III desembarcó en Barcelona el 17 de octubre de 1759, e inició seguidamente su reinado proyectando una serie de reformas encaminadas a engrandecer la monarquía y procurar el bienestar de su pueblo. Cuestión prioritaria sería la reorganización del ejército, considerado el puntal de la política exterior, preocupándose especialmente de la renovación del armamento [01].

Al comenzar su gobierno, Francia e Inglaterra estaban enzarzadas en una cruenta guerra por la supremacía colonial en Norteamérica y la India denominada La Guerra de los Siete Años. De carácter pacífico y contrario al expansionismo militar, Carlos III estaba decidido a mantener la neutralidad y evitar las desgracias y altos costes de la guerra [02]. Pero ni el rey ni su mujer, María Amalia de Sajonia, podían desconocer que, a la sazón, Inglaterra era el más poderoso enemigo que tenía España, y que este enemigo había de buscar todas las ocasiones posibles para acabar de destruir la importancia colonial española y para detener el nuevo desarrollo de su marina y su comercio, logrado en los trece años del pacífico reinado del anterior rey, Fernando VI. En efecto, la ambición inglesa era poseer el mayor imperio colonial del mundo, por lo que toda expansión de sus dominios y actividades en el Nuevo Mundo debía lograrse inexcusablemente a costa de España, cuyo debilitamiento buscaba [03].

A pesar de sus intenciones, Carlos III no pudo mantener su política de neutralidad por mucho tiempo. Movido a instancias de Francia y Austria, el rey Carlos III trató de mediar ante Inglaterra y desempeñar un papel arbitral entre los contendientes, pero tuvo que renunciar ante la manera arrogante en que el gobierno inglés rechazó la mediación española. Francia estaba siendo desbordaba por los ingleses; parecía que iba a doblegarse a su rival y a aceptar una paz desastrosa en todos los órdenes. Carlos III no podía quedarse inactiva, pues la pasividad era muy peligrosa en aquellas circunstancias. Al rey español le pareció que el hundimiento del imperio colonial francés en beneficio de Inglaterra sería el preludio de la acometida británica al imperio español, por lo que creyó que había que hacer todo lo posible para lograr que Francia continuase la lucha. De esa manera, España comenzó a preparar el despliegue militar y a ampliar sus relaciones diplomáticas para estar prevenido [04].

El rey Carlos III tenía sus motivos para hacer la guerra a Inglaterra, pues ésta seguía manteniendo su política de agresiones contra España: [05]

  • los británicos se habían adueñado de un pequeño territorio en Río Tinto que no pensaban desalojar de buen grado.

  • seguían ejecutando agresiones y actos de contrabando en América, introduciendo mercancías prohibidas que tenían almacenadas en Jamaica.

  • los británicos negaban constantemente las demandas de Carlos III para que se permitiese el acceso de los barcos españoles a la pesca en el banco de Terranova, añadiendo que jamás cederían en este asunto, prefiriendo ceder antes la Torre de Londres a los españoles.

  • los filibusteros ingleses se habían establecido en la bahía de Campeche (Honduras), creando allí establecimientos sin permiso para cortar palo para teñir.

  • trataban de muy mala manera a los españoles que se dedicaban al comercio en las islas británicas.

  • los buques británicos atropellaban sin motivo a los buques españoles.

  • por último, estaban los agravios de tipo personal que tenía Carlos III de la época de la guerra de Italia, en vida de su padre Felipe V.







EL TERCER PACTO DE FAMILIA

La iniciativa de la alianza con Francia la inició ésta última a comienzos de 1761. El negociador español fue Jerónimo de Grimaldi, un genovés al servicio de España nombrado embajador ante Versalles; el negociador francés fue el ministro Choiseul. Durante las negociaciones el espíritu que presidió fue la intención de Carlos III de no dejarse involucrar en la guerra presente, pero que se le dejase tomar parte en las negociaciones de paz y sacar ventajas de ello. No obstante, también planeaba su intención de declarar la guerra a Inglaterra el año siguiente si no obtenía satisfacción de los agravios ya expuestos.

Los franceses notificaron a los ingleses, con quienes mantenían conversaciones de paz, que se hacían solidarios de las reclamaciones españoles. Los británicos se negaron a vincular las reclamaciones españolas en sus negociaciones con los franceses, y pidieron explicaciones por los armamentos marítimos de España. Por su parte, el ministro Choiseul exigió a España la promesa de una ayuda inmediata y a retirar a Portugal de la órbita inglesa, pretensiones a las que Grimaldi no tuvo más remedio que acceder [06]. De esta manera se establecieron dos tratados entre España y Francia:

  • El primero fue un tratado de amistad y de unión, basado en el principio de que "quien ataca a una corona ataca a la otra". Era un Pacto de Familia que garantizaba los estados de los Borbones de Francia, España, Nápoles y Parma. Declaraba enemigo común a la potencia que estuviese en guerra con Francia o con España; consignaba las fuerzas de mar y tierra que cada uno de los dos signatarios había de proporcionar al otro cuando lo reclamase, y daba consideración de súbditos de ambas coronas a los españoles y franceses, de manera que no hubiese ley de extranjería entre ellos. Este nuevo Pacto de Familia se firmó el 15 de agosto de 1761.

  • El segundo tratado, "de alianza ofensiva y defensiva", era una convención secreta que despues sufrió algunas modificaciones el 4 de febrero de 1762, y que se estableció de cara a la guerra en curso contra Inglaterra. Estipulaba la unión de todas las fuerzas de las dos coronas y el acuerdo para las operaciones militares y para la paz. También estipulaba que Francia entregaría Menorca a España a cambio de la cesión a Francia de los derechos sobre la Dominica, San Vicente, Santa Lucía y Tabago. También estipulaba la intimación al rey de Portugal para que cerrase todos sus puertos a los ingleses y la prohibición de entraba de productos enemigos en Francia y España.







LA GUERRA CONTRA INGLATERRA (1762)

Visto el cariz que iban tomando los acontecimientos, los británicos fueron quienes rompieron las hostilidades y declararon la guerra a España el 2 de enero de 1762. España contestó de igual modo el 16 de enero. Las operaciones de realizaron en territorio portugués, americano y filipino. Durante este periodo final de la Guerra de los Siete Años, se puso de manifiesto la fortaleza de los británicos, que fueron capaces de terminar de vencer a los franceses y dominar a los españoles en prácticamente todos sus frentes.

España inició su enfrentamiento con Gran Bretaña en las peores condicones posibles, pues el ejército y la marina no se hallaban suficientemente preparados, a pesar del enorme esfuerzo modernizador realizado por la monarquía en los últimos años, y cuando Francia estaba siendo ampliamente derrotada en todos los escenarios bélicos.

La campaña de Portugal [07]

El 16 de marzo de 1762 los reyes Carlos III y Luis XV solicitaron al rey de Portugal que se uniese a su alianza. Ante su negativa y su declaración de neutralidad, que en la práctica significaba su apoyo a la causa británica, retiraron sus embajadores de la corte lusa y se prepararon para la inmimente campaña.

Carlos III hizo venir al conde Aranda de la corte de su suegro el rey de Polonia, donde había ido nombrado embajador por el propio Carlos III hacía tan solo un par de años, para que se reintegrara al ejército y se hiciese cargo de la dirección de la campaña contra Portugal.

El ejército de operaciones se puso a las órdenes del conde Maceda, reuniéndose en la Frontera de Castilla. El Fuerte de la Concepción y la plaza de Ciudad Rodrigo sirvieron como base de partida del ataque a la plaza portuguesa de Almeida. Las operaciones comenzaron en el mes de mayo con buen pie para las armas españolas, pues Almeida fue tomada el 25 de agosto. No obstante, el desembarco de un cuerpo expedicionario británico hizo que dos días más tarde las tropas anglo-portuguesas obtuvieran algunas pequeñas ventajas y lograron detener el avance victorioso español, que tan solo consiguió la toma adicional de Villavella antes de las operaciones se detuvieran por la firma del tratado de paz.

En el ejército del conde de Maceda iban integrados los ingenieros D. José de Hermosilla y D. Esteban Peñafiel, quienes levantaron sendos planos de Almeida y su conquista [08], así como de la comarca una vez firmada la paz.

Ataque inglés a La Habana (Julio de 1762)

El 12 de julio de 1762 la escuadra británica del almirante Pocock apareció ante la vista de la ciudad de La Habana. Transportaba un ejército al mando del general Albemarle, quien desembarcó sus tropas e inició el ataque a la ciudad. El capitán de navío Luís de Velasco opuso una feroz resistencia en el castillo de El Morro, pero el 12 de agosto se vió obligado a capitular y rendir la ciudad los odiados británicos, que la retuvieron en su poder hasta la firma del tratado de paz.

El ataque británico a La Habana puso en máxima alerta al virrey de Nueva España, D. Joaquín Monserrat, marqués de Cruillas, quien tomó unas medidas defensivas que llevaron a la organización del primer ejército mejicano. En efecto, como los británicos amenazaban con desembarcar de un momento a otro en Veracruz, el marqués de Cruillas dispuso fueran pertrechadas bien las fortalezas y que se hicieran obras de defensa en una gran faja tierra adentro. Se levantaron nuevas tropas que, si en un principio dejaban bastante de desear, fueron organizándose y disciplinándose a un grado tal que llegaron a ser muy efectivas. Para escoltar las mercancías el comercio de México organizó dos compañías de granaderos, negros y mulatos, a los que el pueblo llamaba "los morenos".

En este clima de defensa ante el inminente ataque enemigo, el comerciante Juan de Lasaga, encabezando a un grupo de hombres de negocios de aquel puerto, formó otra compañía, cuyos sueldos, equipo y armamento cubrían esos comerciantes. Surgieron batallones y regimientos provinciales en México; el batallón del Príncipe y de Nueva España, el de Valladolid, los de León, Puebla y Oaxaca, escuadrones de caballería y muchas milicias en las ciudades grandes. Las tropas estaban formadas por mestizos, negros y mulatos. Los indios no entraban en el servicio militar.

Ataque inglés a Manila (Septiembre de 1762)

La caída de Pondicherri proporcionó a los británicos una oportunidad de utilizar las tropas destacadas en la India para atacar las Filipinas. El general Drapper, que había regresado a la metrópoli enfermo tras las campañas indias, diseñó un plan de invasión y en junio de 1762 fue comisionado para llvarlo a cabo. Los preparativos del plan fueron llevados en el mayor de los secretos en la India para coger desprevenidos a los españoles.

La fuerza expedicionaria británica estaba compuesta por 1.000 soldados de tierra al mando del general sir Willian Draper, 4.330 marineros y 2.000 auxiliares. Todo el conjunto estaba al mando del vicealmirante sir Samuel Cornish. La fuerza zarpó del puerto de Calcuta (otros dicen que de Madras) el 1 de agosto de 1762, desembarcando en la bahía de Manila el 24 de septiembre de 1762.

El capitán general de Filipinas, D. Simón de Anda y Salazar, contaba con 965 soldados y una milicia de 9.000 indígenas. Tras los combates que siguieron al desembarco enemigo, el capitán general rindió la ciudad el 5 (o el 6) de octubre, pero abandonó la capital para organizar la resistencia. D. Simón de Anda inició una guerra de guerrillas contra los odiados británicos que causó bastantes descalabros a los enemigos y que consiguió evitar la caida del resto de la isla en manos britanicas. No obstante, éstos se mantuvieron en la capital hasta la firma del tratado de paz, momento en que abandonaron la capital filipina.

Conquista de la colonia de Sacramento (Octubre de 1762)

España aprovechó la ruptura de hostilidades con Portugal para recuperar los territorios de la colonia de Sacramento (actual Uruguay), en permanente litigio por las apetencias portuguesas de extender su dominio americano hasta el Río de la Plata. Para ello, el gobernador de Buenos Aires, general D. Pedro de Ceballos, guió una columna de tropas españolas que acabó conquistando la colonia el 30 de otubre de 1762. En su ataque capturó 27 buques ingleses ricamente cargados, hecho que evitó una proyectada expedición anglo-portuguesa para apoderarse del territorio del Río de la Plata [09].





EL TRATADO DE PARÍS (1763) [10]

A mediados del año 1762 se hablaba abiertamente de una paz entre Francia e Inglaterra, que aquella deseaba firmemente habida cuenta su derrota militar. Por lo que respecta a España e Inglaterra, el sentimiento revanchista español aconsejaba al rey continuar las hostilidades y concretarse en la defensa de las costas. Por su parte, el pueblo inglés se entusiasmó al recibir las noticias de las conquistas de La Habana y Manila, por lo que pedía abiertamente proseguir la guerra contra los españoles. Sin embargo, el rey Jorge III y su jefe de gobierno, lord Bute, aspiraban a la paz, y el rey Carlos III cedió ante las presiones de su primo Luis XV. Finalmente, el 3 de noviembre se firmaron los preliminares de la paz, que dió comienzo a las conversaciones que culminaron con la firma del Tratado de París el 10 de febrero de 1763.

Para Francia, la paz constituyó una grave derrota, pues cedió a Inglaterra el Canadá, la isla de Cap Bretón, la mayor parte de sus posesiones en la India, el Senegal y Menorca; y se vió obligada a ceder la Luisiana a España como compensación de las pérdidas de su aliada. Francia quedó apartada de la lucha colonial, quedando tan solo Inglaterra y España frente a frente.

Para España, la paz supuso una grave humillación, pues puso de manifiesto su incapacidad defensiva. Las obligaciones contraídas por Carlos III fueron las siguientes:

  • dejar las cuestiones de las presas marítimas a juicio de los tribunales del almirantazgo británico.

  • permitir a los británicos seguir cortando palo en Honduras, a condición de demoler todas las fortificaciones de sus factorías.

  • renunciar las pretensiones españolas de pescar en Terranova.

  • devolver la colonia del Sacramento y Almeida a Portugal.

  • ceder a Inglaterra la Florida, el fuerte de San Agustín, la bahía de Pensacola y los territorios al este y sudeste del río Missisipi, a cambio de la devolución de La Habana y Manila.

La victoria británica significó el hundimiento colonial francés, pero no satisfizo las aspiraciones del pueblo británico, lo que motivó la continuación de las agresiones a España y los futuros focos de conflicto con ella, que desembocarían en el incidente de las Malvinas (1766-70) y la Segunda Guerra del III Pacto de Familia (1779-83). Tampoco satisfizo a los españoles, que a partir de entonces aumentaron su resentimiento contra los británicos, esperando la hora del desquite.

La debilidad de España y Francia les empujaría a mantener la alianza del III Pacto de Familia, aunque con muchos altibajos y graves recelos mutuos. Pero ambas aprenderían la lección y quedarían a la espera de una nueva y mejor oportunidad que les permitiera desquitarse de la pérfida Inglaterra. Carlos III aprovechó la experiencia y, aunque fue siempre partidario de la paz, se aplicaría tenazmente al desarrollo del ejército y la marina para que le permitieran en adelante una adecuada defensa de sus extensas posesiones e intereses políticos y económicos [10].




NOTAS:



    [01] Mª de los Ángeles Pérez Samper. La vida y la época de Carlos III. Editorial Planeta. Barcelona 1998. ISBN: 84-04-02344-6. Pág. 123.

    [02] Pérez Samper. Op. Cit., pág. 124.

    [03] Rafael Altamira. Historia de España y de la civilización española. Volumen 2. Editorial Crítica. Barcelona, 2001. ISBN: 84-8432-257-4 (obra completa). Pág. 1.222.

    [04] Pérez Samper, op. cit., pág,s. 124 y 128. Altamira, op. cit., pág. 1.222. Ferrán Soldevilla. Historia de España, volumen II. Editorial Crítica, serie Mayor. Barcelona, 1995. ISBN: 84-7423-749-1 (obra completa). Pág. 495.

    [05] Altamira, op. cit., pág. 1.223. Soldevilla, op. cit., pág. 495.

    [06] Altamira, op. cit., pág. 1.223. Soldevilla, op. cit., pág. 495.

    [07] Altamira, op. cit., pág. 1.223. Soldevilla, op. cit., pág, 496. R. de la Flor. La Frontera de Castilla. El Fuerte de la Concepción. Diputación de Salamanca. Salamanaca, 2003. ISBN: 84-7797-195-1. Pág.164.

    [08] "Plano de la plaza de Almeyda y sus contornos en el que se manifiestan los campamentos e imbestida de ellas con los puestos que se tomaron". Biblioteca Nacional, manuscrito 73 de la Sección de Geografía y Mapas. "Plano del castillo de la plaza de Almeyda". Biblioteca Nacional, manuscrito núm. 68 de la Sección de Geografía y Mapas. Ambos citados por R. de la Flor en op. cit., notas 69 y 70 de la pág. 166.

    [09] Altamira, op. cit., pág. 1.223 y 1.224.

    [10] Altamira, op. cit., pág. 1.224. Soldevilla, op. cit., pág. 496.

    [11] Pérez Samper, op. cit., pág. 130.

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