ARTICULOS Y CONFERENCIA
 

CONFERENCIA LAS FIESTAS DE ORIGEN HISPÁNICO EN CUBA.


DRA. VIRTUDES FELIU. INVESTIGADORA TITULAR Y PROFESORA PRINCIPAL DEL CENTRO DE CONSERVACIÓN, RESTAURACIÓN Y MUSEOLOGÍA  (CENCREM) DEL CONSEJO NACIONAL DE PATRIMONIO CULTURAL.
07 DE SEPTIEMBRE DE 2010
SOCIEDAD CANARIA DE CUBA.
EN EL MARCO DEL CICLO SALA DE CONFERENCIAS SOBRE CULTURA HISPANO-CUBANA, COORDINADO POR LA DRA. CARMEN ALMODÓVAR.

En la medida en que la sociedad evoluciona y se desarrolla, transforma sus manifestaciones culturales, ninguna tradición permanece estática sino, que por el contrario, se renueva, incorporando o desechando elementos. El desarrollo de la cultura necesita negar, eliminar formas caducas y sustituirlas por otras que respondan a las nuevas condiciones de la contemporaneidad, a las relaciones intergrupales, al gusto y a las transformaciones económico-sociales del momento.

La fiesta, contemplada dentro del folklore social, no constituye una excepción en este sentido, a través del tiempo ha cambiado, o ha ganado elementos laicos hasta llegar a secularizarse, o las originalmente ateas se han ritualizado por interés del dogma religioso.

La fiesta es sobre todo una actividad colectiva de carácter social, donde se estrechan las relaciones personales, se muestran habilidades en distintos juegos, competencias y bailes y donde por lo general se altera la conducta acostumbrada, debido a la ingestión de bebidas alcohólicas, la euforia propia del momento o la personalidad incógnita escondida detrás de una careta o máscara. En la fiesta participan, en mayor o menor grado, importantes núcleos de la población que reside en la localidad y otros que, residiendo fuera de ella, sienten añoranza por aquellas celebraciones que le traen gratos recuerdos de niñez y juventud. De ahí que sean esenciales los estudios agonográficos; sus observaciones son fundamentales para el conocimiento de un pueblo, de las influencias que ha recibido y el legado que ha preservado .

El devenir histórico cubano, cuajado de acontecimientos y fenómenos económico-socio-culturales permite observar las complejas trasmutaciones de culturas que se verificaron.

La sociedad cubana durante la dominación española estaba divida en clases o estamentos bien definidos entre los que se produjo un proceso de influencias recíprocas. Este fenómeno, definido por el etnógrafo cubano Don Fernando Ortiz bajo el concepto denominado Transculturación, indica no solamente la pérdida o desarraigo de una cultura precedente sino que significa además la creación de nuevos fenómenos culturales, ya que ...”en todo abrazo de culturas sucede lo que en la cópula genética de los individuos: la criatura siempre tiene algo de ambos progenitores, pero también siempre es distinta de cada uno de los dos. En conjunto, el proceso es una transculturación y este vocablo comprende todas las fases de su parábola” . Como resultado de este proceso dialéctico surge una realidad nueva, independiente y original que en ningún momento puede confundirse con la acumulación mecánica de caracteres. Se trata de una transición activa de culturas que aportan elementos propios y dan lugar al advenimiento de una nueva realidad. Esta interinfluencia cultural se evidencia en múltiples ejemplos de la cultura material y espiritual.
En la génesis de la nación cubana, los inmigrantes hispánicos poseen un valor especial, en particular los pertenecientes a Galicia, Asturias y Cataluña, en la zona septentrional de España, y a Andalucía e Islas Canarias, en la zona meridional.

Entre los años 1882 y 1930, de Galicia llegó el 40% de los emigrantes hispanos, de Islas Canarias el 7%, y de Asturias y Cataluña un 10%. Una cifra alta es el 31 % asignado a “otros inmigrantes” . La emigración peninsular ostenta dos etapas: la primera se inició en el siglo XVI, con varios subperíodos, y culminó pasada la primera mitad del siglo XIX. La segunda comenzó en los años 60 de ese siglo, aunque no fue hasta los 80 que se tornó masiva y pudo cuantificarse, prologándose en Cuba hasta los años 30 del siglo XX.

La primera de estas migraciones creó las bases para la emigración futura, sobre todo durante la primera mitad del siglo XIX, debido al éxito que alcanzó un grupo minoritario de peninsulares, los denominados indianos, que se insertaron protagónicamente en la economía insular. La segunda corriente fue masiva, y estuvo destinada a suministrar una fuerza de trabajo que permitió depreciar los salarios en las actividades productivas fundamentales del agro cubano y que paralelamente se implantó en el sector terciario de la trama urbana. Durante esa etapa viajaron a Cuba más de 1 millón de españoles, una cuarta  parte de los cuales decidió establecerse de forma permanente .

Estos emigrados se organizaron por regiones de procedencia y fundaron sociedades benéficas, de instrucción y de recreo. A partir de 1898, con la separación de Cuba del colonialismo español, se produce un aumentos considerable de los asociados, impulsados por el afán de no perder su nacionalidad y continuar practicando sus costumbres y tradiciones, sin embargo, fueron sociedades abiertas también a los naturales del país. Incidió en ello el carácter esencialmente masculino de la inmigración, razón por la que muchos peninsulares se unieron (legal o consensualmente) con mujeres oriundas de Cuba, con quienes  tuvieron hijos. Sus familias “cubanas” acudían también a las actividades educativas y culturales de los centros en que estaban inscritos y utilizaban sus servicios de salud .

De la cultura popular tradicional española pasan a nuestro país por efecto de un proceso de interacción cultural diversos elementos del rico romancero español, determinadas formas de divertimento social y, también, principios y elementos de festejos populares que se insertan en un nuevo contexto económico-social y cuyo desarrollo ulterior estará en correspondencia con el propio avance cultural que nutre e integra la base de nuestras raíces culturales.

El crecimiento de los centros urbanos posibilitó nuevas formas de vida, determinadas por las relaciones sociales de la ciudad, que propiciaron cambios en las costumbres. La participación de las distintas etnias en el proceso de transculturación que se produjo en nuestro país, dio lugar al surgimiento de géneros musicales y danzarios, de una rica literatura oral propia, de formas plásticas originales y a expresiones en que las que el ingenio popular dejó una huella indeleble.

De la tonadilla escénica hispana, la romanza francesa y algunos módulos cancioneriles españoles surge la Canción. La Habanera, nacida de la danza criolla, alcanzó su clímax durante el siglo XIX. El Son fue el género cantable y bailable que sintetizó las influencias afro-hispanas con las características propias del cubano, para ello tomó como base la cuerda pulsada y la alternancia copla-estribillo (o solista montuno) con un ritmo que lo distingue con un sello propio. Como género vocal, instrumental y bailable el Son constituye la forma básica de la música cubana actual.

La danza también tuvo un proceso evolutivo que originó nuevas formas bailables. En los salones de la burguesía colonial y criolla prevalecieron los bailes de cuadros como los Lanceros, Cuadrillas, Valses, Minués y Rigodones; mientras, en los campos se impuso el Zapateo, al que se le sumó la Polka, la Caringa y el Tumbantonio. Los bailes europeos paulatinamente desaparecen para dar paso a los bailes de parejas enlazadas, creados en el país, más vigorosos y atractivos de acuerdo a la idiosincrasia de nuestro pueblo. Por cierto, la influencia fue mutua, algunos géneros que adquirieron fisonomía nacional cruzaron el océano para establecerse en la península, ya ahora enriquecidos con figuras y estilos de origen africano. Un ejemplo de ello lo constituye el baile “matar la culebra” viculado al Día de Reyes. Este baile era de pantomima o simbolismo ritual, negros saltando y bailando llevaban a cuestas por las calles de La Habana un enorme culebrón artificial, parándose en las casas que les daban aguinaldo; la escena representaba la muerte de la culebra y la celebración de sus características. En Canarias se refleja la influencia cubana a través de  la reproducción de este rito, claro exponente de la cultura de emigración, el que actualmente forma parte del programa de actos del Puerto de la Cruz, en Tenerife. Es allí tradición sacar la culebra el domingo, lunes y martes de Carnaval .

El período de transformación hacia formas festivas más evolucionadas se logró de manera gradual al utilizar las diversas fechas del santoral católico. De este modo notamos como las fechas de celebraciones se multiplican. Los días de precepto, además de los domingos pasaban de 52, sin contar las vísperas de muchas festividades que eran consideradas de asueto, ni los días que se prolongaban las conmemoraciones patronales. La fiesta de San Juan, la más importante de su tipo en Cuba, comenzaba el 23 de junio y se prolongaba hasta las fiestas de San Pedro y San Pablo. A estas se añadían las fiestas imprevistas de cada localidad (nuevas fundaciones de conventos, llegada de autoridades y otras). Se calcula que, por término medio, uno de cada 3 días era feriado, la mayoría de ellos, provocados por la iglesia. Sólo en La Habana, se celebraban anualmente 525 festividades en los 29 centros religiosos que entonces poseía la iglesia católica. Ya en el siglo XIX es evidente la decadencia del clero, lo que provoca negligencia en la observancia del culto y pocos devotos en la nueva generación. Las procesiones y otros actos religiosos se convirtieron en pretextos para festejos .

A la postre las fiestas eran una válvula de escape del control social. Los momentos de expansión, de júbilo y risa hacían olvidar (aunque solo fuera momentáneamente) las situaciones de penuria en que se vivía. La alegría colectiva era un alivio para los impulsos contenidos ante el hambre, las epidemias y las penalidades en general que se sufrían en la época.

En sus inicios la iglesia trató de evitar la injerencia de elementos laicos en actos y festejos, pero en la medida que aumentó la densidad demográfica a favor de los criollos, resultó muy difícil obstruir la paulatina democratización y desacralización de las costumbres, lo que se tradujo en la suma de elementos profanos de procedencia europea y la inclusión de instrumentos musicales de antecedentes africanos en las fiestas de origen religioso.
El festejo de mayor arraigo popular, la Fiesta Patronal, sufrió un proceso de cambios marcado por la eliminación de algunos elementos, incorporación de otros y creación de nuevas formas festivas. Al incrementarse el número de actividades laicas que se efectuaban días antes de la fiesta principal, durante la misma o con posterioridad a ella, surgen conmemoraciones que como la Fiesta Patronal de Corporaciones van ganando espacio hasta convertirse en festejos independientes. Estas fiestas toman como principio los gremios que con distintos oficios ostentan un patrón o patrona. Por ello, durante la Fiesta Patronal, había un programa especial de acuerdo a las habilidades laborales del gremio del que se tratara. En el caso de los músicos, el Día de Santa Lucía; de los médicos, el Día de San Rafael. Los pescadores, bomberos, zapateros y artesanos celebraban, además, tómbolas, bailes y competencias de beneficio. Hoy son conocidas por Fiestas Laborales y en ellas se realizan competencias de oficios, bailes y divertimentos. Las Patronales continúan celebrándose en el ámbito ritual y se ha revitalizado su programa laico de bailes, músicas, juegos, fuegos artificiales, comidas, bebidas y otros elementos. Se realizan Fiestas Patronales en Ciudad de La Habana, Pinar del Río, Sancti Spíritus, Granma, Guantánamo y Matanzas.

Imagen de la Fiesta Patronal de la Iglesia de Guanabacoa. Grabado del S XIX

Las Verbenas solían efectuarse alrededor de un mes antes de la Fiesta Patronal, con el fin de recaudar suficientes fondos para la celebración de la misma. Poco a poco se independizaron para celebrarse, después, durante los fines de semana de cada pueblo, o cada vez que se necesitara realizar una obra, durante las fiestas navideñas, fechas patrióticas y los dos últimos días de la Semana Santa, en horas de la tarde hasta bien entrada la madrugada.

En el programa de la patronal se instauró, a fines del siglo pasado, una actividad destinada a los oriundos de la localidad que por distintas razones vivían en otro sitio; previa invitación realizada por una comisión formada al efecto se les recibía con gran pompa y alegría y eran objeto de agasajos con banquetes, visitas a lugares históricos u obras recién construidas; recibían regalos y a veces se les conferían títulos honoríficos. Se señala como punto de partida de este festejo el recibimiento que se organizó el 26 de diciembre a los participantes en la gesta emancipadora del siglo XIX que regresaban a sus hogares. Paulatinamente esta actividad se convirtió en un festejo con un amplio programa de varios días de duración, que incluía bailes, representaciones teatrales, juegos, competencias, etc. Actualmente se le conoce con el nombre de Fiesta de los Ciudadanos Ausentes y son numerosas en la parte central del país (Cienfuegos y Villa Clara) y en menor medida en tres municipios de Matanzas y uno de la provincia Granma.

A través del devenir histórico la Fiesta Patronal de raíz hispana puede calificarse como la gran incubadora de tradiciones festivas cubanas, ya que en su seno gestó determinadas formas, que como hemos reseñado, se han convertido en verdaderos complejos de festejos que conforman el legado más querido de la cultura popular tradicional del país.

Los festejos rurales de los campesinos también sufrieron transformaciones en su desarrollo, con el predominio del sector urbano y desapareció el elemento fundamental de la fiesta campesina: el zapateo. El acercamiento a las zonas más pobladas hace que el campesino comience a asimilar formas de bailes propios del negro, aunque no pase de ser un gesto imitativo, una versión de lo que el campesino veía, conformado por la unión de lo hispánico y lo africano, a tal punto que instauró sus propias imágenes en danzas como el Papalote, el Gavilán y la Caringa en las llamadas “Rumbitas Campesinas” de marcada influencia hispánica .

Las Fiestas Reales tuvieron su origen en Cuba en la primera mitad del siglo XVI (1538) y 340 años de permanencia (hasta 1878) por ser Cuba precisamente uno de los primeros territorios conquistados en América y también de los últimos en liberarse en el siglo XIX. Paralelamente al carácter de vasallaje que ostentaban estos festejos, persistía un aspecto clasista en los mismos, al existir actividades diferentes de acuerdo al nivel de cada estamento de la sociedad de entonces. Las actividades elegantes de la nobleza y los funcionarios reales recibían el nombre de saraos, caracterizados por bailes en locales exclusivos para ellos, abundantes manjares y licores que los cronistas describen con lujo de detalles. Los Fandangos eran propios de la creación popular, bailes abiertos en tablaos y plazas públicas (aunque estaban prohibidos a los indígenas y negros, pero éstos también armaban su fiesta en otros sitios del pueblo). Estos Fandangos eran muy frecuentes durante el período de las fiestas de fin de año .


            Fiesta Real de 1875. Grabado

Las Fiestas Taurinas comenzaron a efectuarse en Cuba muy tempranamente, si tomamos en consideración que la primera corrida en América fue en Nueva España (1529), luego en Santiago de los Caballeros (1530) y a sólo 8 años de diferencia (1538) se realizó una en Santiago de Cuba, como parte de una Fiesta Real.

Las corridas eran divertimentos para algunos, juegos para otros, espectáculo para muchos, y tuvieron larga vigencia en nuestro país, pues se mantuvieron activas durante 361 años, es decir, 3 siglos y medio. Al contrario de lo sucedido en otros países, desaparecieron al cesar la guerra de independencia, porque el sentido de nacionalidad repudiaba todo lo que se identificaba con el dominio colonial, y las corridas eran un  símbolo del mismo, se convertían en un espacio teatral que sugería la pertenencia de la patria a España por lo que resultaba obsoletas en el nuevo contexto político-social.

De las fiestas caracterizadas hasta ahora, se mantienen vigentes las Solemnidades de Precepto sin mayores cambios en todo el país a través de su programa religioso. La fiesta del 6 de enero se revitalizó en Bayamo (provincia Granma) convertida en carnaval. En el ambiente doméstico se mantienen los alumbrados en Sancti Spíritus y los altares de Cruz en Baracoa (provincia Guantánamo). En Matanzas, en el territorio de la Ciénaga de Zapata se celebran aún los velorios.

En Camajuaní (provincia Villa Clara) se practica una fiesta el día 3 de mayo (el Altar de Cruz) con características diferentes a todas las de su tipo en el país. Surgió en el seno de la familia Fusté, y ha ganado creciente renombre al incorporársele un toque de tambores yuca (de origen bantú) pero que mantiene los cantos de alabanza en español. Su origen data del tiempo de la esclavitud cuando los negros de la dotación de Alejandro Fusté se reunían para festejar la cruz. Se trata de un sincretismo de varias tendencias, pues a la raíz española de la fiesta (el dogma católico) se le agregan deidades del panteón yoruba como Eleggua que es el que inicia y cierra el evento festivo; en el altar obran nueve cruces y no una como se acostumbra, y se adorna con velas y flores. A su vez, la parte conga se hace presente a través del toque de tambores yuka, totalmente ajeno a estas celebraciones.

Consecuencia también de la integración de etnias, culturas y credos diferentes es la Semana Santa de origen católico que llevan a cabo los haitianos y descendientes en sus zonas de asentamiento, en especial Las Tunas, Ciego de Ávila y Camagüey; se le hace llamar Semana Santa Haitiana o Band Rará, por celebrarse durante la festividad del mismo nombre del santoral católico. No obstante, sus elementos difieren de la festividad original. Se trata de una comitiva que recorre kilómetros para visitar lugares cercanos, haciéndose acompañar por músicas y cantos propios de sus tierras. Va presidida por una Reina y el grupo viste con llamativos colores. Entre ellos se destacan los tocados de  cabeza hechos de materiales brillosos que le dan un aspecto especial al grupo.

El fenómeno carnavalesco se integró como elemento de comparsa sobre todo a la Fiesta Patronal en algunas regiones del país, fundamentalmente desde las provincias centrales a las orientales; constituyéndose con el paso de los años en festejo aparte que en ocasiones suplantó a la Fiesta Patronal propiamente dicha. Aunque se celebre en la misma fecha, se conoce popularmente con el nombre de Carnaval. A las carrozas y comparsas se incorporaron faroles, pendones, disfraces, certámenes para elegir una reina o lucero del carnaval, actividades infantiles, bailes de máscaras y otros que la convirtieron en la principal atracción. Los carnavales son muy numerosos en todo el territorio y se conservan vigentes con carácter tradicional en Ciudad de La Habana, Camagüey y Santiago de Cuba. En Villa Clara coexisten con las Parrandas en varios municipios. Se efectúan asimismo en Matanzas, Cienfuegos, Sancti Spíritus, Las Tunas, Camagüey, Holguín, Granma y en algunas zonas de Guantánamo. Existe una modalidad revitalizada en Morón (Ciego de Ávila), Caibarién (Villa Clara) y Caimanera (Guantánamo), denominada Carnaval Acuático y que toma su nombre por desarrollar las actividades propias de la fiesta en el agua, pero conservando sus elementos característicos a excepción de la elección de la Estrella y sus Luceros (Reina y Damas antiguamente).

Las Parrandas de Remedios se mantienen en todo su esplendor con sus carrozas de temas foráneos, sus trabajos de plaza y su impresionante juego de fuegos artificiales, al estilo de las fallas valencianas. Lo mismo ocurre en Bejucal, lugar donde las Charangas se celebran la última semana de diciembre con el mismo entusiasmo de siempre.

Entre los canarios y sus descendientes encontramos formas de festejar análogas a las que se practican en las Islas. Es precisamente en el ciclo ritual festivo donde se pueden reinventar las tradiciones mediante una manipulación simbólica. Un ejemplo puede observarse en la “Danza Canaria” de la Zona de Las Pozas en Cabaiguán. Esta se interpretaba al son de Polkas, Islas, Pasodobles y Malagueñas. Desde 1982 comenzó su proceso de reanimación, sin embargo, la estructura del baile y la música no poseen similitudes con alguna otra danza que se realice en la actualidad en Canarias . En 1983 el grupo se convirtió en el Conjunto Danza Canaria, integrado por canarios y descendientes. Observan Alfredo Sánchez y Lucas Llanjet Hidalgo que aunque los pasos poseen semejanza con los similares canarios, hay diferencias en cuanto a los movimientos corporales. Los cubanos bailan con el cuerpo encorvado, mueven el cuello, giran el torso y doblan el brazo, diferente a los canarios que lo hacen con el cuerpo erguido. Ello se debe, sin duda, a la influencia que ejerce el Son en la interpretación de estas danzas . Galván Tudela señala que ...”los canarios cuando salen de las islas e interactúan con miembros de otras regiones y naciones se enfrentan a la necesidad de definirse y autoafirmarse diferenciándose del resto” . Desde esta perspectiva las fiestas que se celebran son utilizadas estratégicamente para aparecer ante los demás como canarios y no como palmeros, tinerfeños o gomeros. Como símbolo de esta canariedad se elige a la Virgen de la Candelaria, como Patrona de Canarias. No importa que la Virgen de la Candelaria cubana sea diferente a la Canaria. A diferencia de la Candelaria camagüeyana, que es blanca, la canaria es morena, lo cual  no impide identificarse con las tradiciones canarias, y es que no se trata de reproducir fielmente el pasado que se recuerda como convencional. Lo esencial es que ritualmente se puede demostrar públicamente una interacción interétnica que legitima el sentido de la existencia colectiva de la sociedad canaria en Cuba. Se quiere reclamar una identidad étnica (canarios) y para ello se seleccionan rasgos culturales canarios como son costumbres relacionadas con la religión popular, el ciclo ritual festivo o la alimentación. También es frecuente que se registren en asociaciones étnicas, organizaciones de auto-ayuda centradas principalmente en mejorar la competitividad económica y simbólica del grupo. Ninguna prohibición o incompatibilidad religiosa ha paralizado el mundo festivo y ritual de los inmigrantes canarios, lo que ha podido suceder es que las manifestaciones festivas públicas se hayan trasladado a espacios privados. La falta de espacios públicos y fiestas comunitarias se suplen con diversos rituales domésticos más relacionados con los procesos de trabajo (muerte del cochino, los ciclos vitales dentro de la unidad doméstica como bautizos, bodas, entierros) y, aquellos que responden a las interacciones domésticas en las relaciones diarias (juegos, comensalidad). Las fiestas se muestran, en este sentido, como mecanismos estratégicos que favorecen la adaptación sociocultural de los inmigrantes canarios .

Las distintas asociaciones hispánicas fundadas en Cuba, atravesaron por las vicisitudes propias de los momentos históricos que ha vivido la sociedad cubana. Durante el período de la guerra contra España las ideas separatistas trataban de imponerse, sin embargo, los catalanes de Matanzas tenían entre sus objetivos crear fondos por medio de una contribución voluntaria, y por cualquier otro que estuviese a su alcance, para socorrer las necesidades de los vecinos en Matanzas y barrios adyacentes. Es decir, independientemente de las ideas políticas que se manejaban, la sociedad propugnaba la ayuda a todo el que lo necesitase. En todas las sociedades se realizó una loable labor por la conservación de cultura de grupos artísticos, organizando cursos y conversatorios, realizando fiestas regionales y religiosas. Cabe señalar como ejemplo la fundación de instituciones artísticas como la “Coral Asturiana”, sociedad fundada en 1874 con el fin de participar en las Fiestas Reales que se celebrarían por la coronación del rey Alfonso XII. Los gallegos también crearon su sociedad artística y la Sociedad “Concepción Arenal”, que aún mantiene su magisterio de aires españoles a lo largo de varias generaciones. En Matanzas se desecha el espíritu exclusivista provincial y se hace extensiva la sociedad a todos los españoles de la provincia, lo cual evidencia la autoconciencia étnica desarrollada por los peninsulares en nuestro suelo.

En la medida en que las sociedades incorporaron a los hijos de sus socios estas fueron tomando elementos culturales criollos de forma creciente. Poco a poco estas instituciones evolucionaron en el tiempo ampliando objetivos y programas a desarrollar. Ya no solamente se celebraban las fiestas patrióticas de España o los acontecimientos acaecidos allende los mares, también se hacían eco de lo que ocurría en el país, compartían nuestras fechas patrias, las fiestas populares, los deportes y cualquier acontecimiento social relevante.

A partir de estas instituciones surgieron sociedades fundadas por españoles de economía media y cubanos que vivían en barrios humildes de las ciudades. Ellos fundamentaban la solicitud de permisos para su creación en la posición geográfica del vecindario, lejana del enclave de teatros y sociedades, por lo que carecían los vecinos de diversiones honestas que evitaran el ocio y el vicio. A ello coadyuvó también el aumento demográfico de la capital. Los objetivos de su funcionamiento fueron muy similares a las restantes sociedades de instrucción y recreo. Se planteaba que serían Sociedades de Declamación, Filarmonía, Pintura y Baile. Así surge la “Sociedad del Pilar” el 24 de junio de 1848, una de las primeras fundadas en La Habana extramuros, en el barrio del Horcón (hoy barrio del Pilar), situado en el actual municipio Cerro, donde existía la parroquia de la Virgen del Pilar. En días de la celebración de la patrona se efectuaban, hasta la tercera década del siglo XIX, animadas ferias populares que concentraban gran público, por lo que llegaron a caracterizar a la población que allí residía. Su primera directiva la conformaron un gallego, un catalán y un cubano, como gestores de la idea que progresó hasta alcanzar en su primera etapa 65 miembros o socios entre españoles y vecinos cubanos. Durante este período colonial la “Sociedad del Pilar” se corresponde plenamente con la clase que la creó y cuyos intereses defendió siempre: Durante el período 1848-1900 pudo asumir posiciones progresistas que aportaron al proceso de formación de la nacionalidad y la cultura nacional y desarrolló una intensa vida cultural con los vecinos del barrio del Pilar, proporcionándoles actividades relacionadas con la declamación, la música y la pintura, así como una amplia labor educativa y atención a diferentes problemas sociales de la comunidad. Fundaron una escuela de primeras letras  a las que acudían los niños pobres a recibir clases por la tarde y los hombres por la noche. A partir de 1851 se extiende esta actividad docente para los artesanos de todas las edades (tabaqueros, carpinteros, herreros, torneros, dependientes de bodega y otros). La sección de declamación fue de las más activas, contando en su seno con un gran número de aficionados que representaron muchas obras dramáticas y líricas. Estrenaron el 12 de junio de 1881, el drama “El Gran Galeoto” en el teatro que lograron construir gracias a los donativos de los socios. La sección de Filarmonía organizaba conciertos mensuales y brindaba clases de música a jóvenes con aptitudes musicales, sufragando los gastos de profesores, instrumentos y útiles necesarios. Luego se creó una orquesta entre estos alumnos, por lo que amenizaron los bailes y las fiestas de la institución hasta 1853. La sección de Pintura impartía clases de dibujo y pintura, lo que posibilitó que los alumnos decoraran el teatro y demás locales de la sociedad. La sección de Literatura comenzó en 1863, integrada por figuras tan prestigiosas como el sabio Felipe Poey, Ramón Zambrana, el poeta Joaquín Lorenzo Luaces, fundador del periódico “La voz de la Patria” de Nueva York, Joaquín Govantes y otros intelectuales. Con sus conferencias y tertulias literarias ayudaron a la formación intelectual de los vecinos. En 1863, debido al auge de las actividades artísticas y literarias se aprobó un nuevo reglamento. Por medio de este se modificaba el nombre de la institución por el de “Sociedad artística y literaria del Pilar”. A fines de ese año también se acordó la organización de la biblioteca pública, que funcionó hasta 1868. En los primeros 30 años de existencia la sociedad acogió a intelectuales de ideas avanzadas como Manuel Sanguily, Juan Gualberto Gómez, Miguel Coyula y Fermín Valdés Domínguez; que hicieron de sus tribunas verdaderas cátedras de educación popular. La sociedad fue también cuna de los ideales patrióticos. Por su acento criollo despertó los ideales independentistas de los que asistían a sus actividades. Al estallar la guerra de 1868 los acontecimientos políticos agravaron la situación económica de la institución, ante esta crisis aprovecharon las temporadas del Carnaval de 1869, de modo que  sus famosos bailes le permitieran cubrir los atrasos que debían a los acreedores. Sucede que la población que frecuentaba estas fiestas no entendía que se hicieran bailes mientras otros cubanos luchaban por la libertad de la Patria. Por ello anuncian la fiesta para conocimiento del Gobierno y al mismo tiempo realizan una campaña en contra de la actividad entre los jóvenes para que no asistan y tener un pretexto para suspenderla ante las autoridades. Muchos de sus integrantes ya habían marchado a la manigua, como Antonio Zambrana, Luis Victoriano Betancourt y otros. Ante el hallazgo de un cargamento de balas destinado a los libertadores que iba envuelto en recibos de la sociedad la policía clausura el inmueble y muchos de sus directivos son detenidos. Para continuar sus actividades toman la decisión de cambiar el nombre por “Sociedad Española del Pilar”, pero esta situación sólo se prolongó por dos años.  Finalizada la guerra se acordó celebrar un baile, cuya recaudación se destinó al sostenimiento de los hospitales de los cubanos heridos en la guerra . Ya en pleno siglo XX la Sociedad estuvo estrechamente vinculada a los distintos programas que se desarrollaban por el Carnaval, bailes de disfraces, desfiles y la elección de la Emperatriz que representaba la institución en estos divertimentos. Asimismo, cedió sus salones para que la comparsa tradicional “Los Dandys” realizara sus ensayos. De este local salía este colectivo hacia Prado y Monte. Posteriormente comenzaban su actuación y llegaban hasta el Malecón (a la altura del hotel “Riviera”) . En reconocimiento a sus méritos revolucionarios la “Sociedad del Pilar” recibe al término de la guerra, los bienes del “Liceo cubano de Tampa”, el cual cerró sus puestos al regresar sus miembros a la patria. A través de sus 52 años de existencia la sociedad desarrolló una intensa labor social y se convirtió en el centro cultural fundamental de la barriada del Horcón en el siglo XIX .

Otras instituciones de este carácter y origen con los cuales la “Sociedad del Pilar” mantuvo estrechas relaciones fueron el “Liceo de Guanabacoa”, “El Liceo Social”, “El Centro Gallego”, “El Liceo de Mariano”, “El Liceo de Regla”, “El Progreso de Jesús del Monte” y “El Liceo de Jesús María”

Luego del cambio político-social de 1959 se produce un viraje de los cánones establecidos. Muchas instituciones desaparecen, otras cambian su proyección y algunas su denominación. Los centros de las distintas nacionalidades tienen un receso hasta que a fines de la década del 70 y principios de la del 80 del siglo pasado, reciben un nuevo impulso, fundamentalmente por el apoyo que les brindan sus respectivos gobiernos; en cuanto a ayuda material para reparar sus locales y recomenzar sus actividades culturales y artísticas en general. A partir de entonces hay un renacer de las culturas hispánicas, con una labor educativa que ha posibilitado la creación de numerosos grupos músico-danzarios. Algunos han saltado al plano profesional por su reconocida calidad, sobre toso los que cultivan el flamenco. Esta influencia se ha reflejado en el quehacer comunitario de gran cantidad de municipios, donde proliferan colectivos infantiles y juveniles que actúan en la programación de Casa de Cultura y otras instituciones, así como en los medios masivos de comunicación.

Han surgido también instituciones que investigan y promueven las manifestaciones culturales hispánicas, las cuales realizan eventos que ya alcanzan nivel internacional por la participación activa de diferentes países, la Casa Iberoamericana de la provincia de Holguín organiza su evento así como las Romerías en Mayo en esa región, parodiando a las que otrora se celebraban en el siglo pasado. Esta es una vieja tradición que tenía como protagonista la fiesta de la Cruz de Mayo que se efectuaba en la “Loma de la Cruz”, lugar emblemático de la ciudad, por ser el punto geográfico más alto, donde se vislumbra como un valle la comunidad. Rememorando esa costumbre la multitud sube la cuesta, no ya para hacer un altar, sino para asistir a misa y luego colocar el escudo que simboliza a la provincia, acompañados de música, bailes y alegría popular.

Otro evento digno de mencionar es el Festival “La Huella de España”, inspirado en la reanimación de diferentes géneros de la cultura española (teatro, danza, música, literatura, artes plásticas) el cual propicia la participación de todos en espacios abiertos de la parte más antigua de la ciudad: La Habana Vieja.

El Centro Iberoamericano de la décima, de reciente creación, labora en el rescate y divulgación de este estilo poético, tan propio de nuestra cultura por vía española. No descuida la formación de nuevos valores en este quehacer, cuenta para tal fin con diferentes modalidades docentes de los niños interesados que muestran aptitud para tal desempeño. El Instituto Superior de Arte (ISA) recién estrenó la Cátedra de la Décima, con el objetivo de ayudar en el desarrollo de decimistas, sobre todo, a niños y jóvenes.

La proliferación de fiestas españolas en Cuba resultaba una necesidad para los inmigrantes. Los divertimentos de sus diferentes regiones contribuyeron a la reafirmación de su identidad cultural, en el momento en que se fundían los múltiples elementos de la identidad cultural cubana.

Las sociedades por ellos fundadas en los últimos años del dominio español en Cuba, y fortalecidas en el primer cuarto del siglo XX, sirvieron para integrar a los españoles en la sociedad cubana de un modo pausado .

Como cultura fundacional la influencia hispana ha quedado indeleble en el habla, costumbres, manifestaciones orales, festivas y artísticas de indudable valor para nuestro pueblo. A ellas se sumaron las propias de otros grupos étnicos que conformaron nuestra nacionalidad. Al efecto, la cultura cubana es portadora de la idiosincrasia y características originales de un pueblo que se nutrió de diferentes raíces, pero que supo imponer un sello distintivo y reconocible “a lo cubano” en todas sus manifestaciones populares tradicionales, especialmente, en sus fiestas.

 

 

 


 

 

Distribución geográfica de las Fiestas
SÍNTESIS DE CURRICULUM VITAE

Virtudes Esperanza Feliu Herrera

Especialidad: Etnóloga, Musicóloga e Historiadora.
Cargo: Investigadora Titular y Profesora Principal del Centro de conservación, restauración y museología (CENCREM) del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural. Responsable del Equipo de  las Investigaciones relativas a la Cultura Intangible. Jefa del Tema “Fiestas Populares Tradicionales Cubanas”, de la Obra Científica. Atlas Etnográfico de Cuba y el referido al Carnaval de La Habana. Doctora en Ciencias  Históricas en la especialidad de Etnografía, Licenciada en Musicología y Profesora de Historia. Especialista en música antigua de los siglos XVIII y XIX, Etnografía y Cultura Popular Tradicional (Metodología de la Investigación, Fiestas, Músicas, Danzas, Religiones, Comidas y Bebidas etc.).

Se desenvuelve como investigadora y profesora desde hace 48 años en el campo educacional y cultural. Trabajó como Profesora-Investigadora en la Universidad de Oriente,  junto al Prof. Pablo Hernández Balaguer fundó y organizó el Museo eclesiástico de la Catedral de Santiago de Cuba y el Archivo Provincial de Música de Oriente. Asimismo laboró en la investigación de la obra musical de Esteban Salas y otros compositores de la Capilla de Música de Santiago de Cuba. En la Escuela de Música de Escuelas de Arte  fungió como subdirectora docente. Y desempeñó el cargo de Jefa de Investigación de Música en el Centro de Documentación del antiguo  Consejo Nacional de Cultura. Fue jefa del  Equipo Nacional del Atlas de la Cultura Popular Tradicional Cubana que luego se convirtió en la Obra Científica Atlas Etnográfico de Cuba. Fue investigadora titular y profesora del CIDCC Juan Marinello hasta marzo de 2005. Profesora de Etnología a nivel nacional e internacional impartiendo maestrías, postgrados, talleres y seminarios. Tutora, consultante y oponente de numerosos trabajos de diplomas y tesis de grados científicos. Pertenece al claustro de profesores de la Cátedra UNESCO que radica en el CENCREM, CNPC, al frente de un Diplomado sobre Cultura popular tradicional, patrimonio e Identidad cultural.

Se ha desempeñado como experta en el Instituto de Artes Populares de Quito (Ecuador) del Convenio Andrés Bello, en el CONAC de la República Bolivariana de Venezuela y actualmente en la Oficina Regional de la UNESCO para América Latina y el Caribe.

Ha impartido cursos en instituciones de Baja California y Morelos (México), Caracas y Barquisimeto (Venezuela), Ecuador y Cuba. Especialista en la preparación técnica-metodológica del personal destinado a la investigación de Historia, Música, Etnografía y Cultura Popular Tradicional. Ha publicado libros, ensayos, artículos e informes de investigación en Moscú (Rusia), España, República Dominicana, EE.UU. y Colombia, entre ellos destacan:
La Fiesta Cubana
Folklore panameño
El romance cubano
Fuentes documentarias en los archivos de música
Las Fiestas de San Juan en Camagüey
Informe final de la investigación de fiestas populares tradicionales cubanas
Obra musical del músico catalán Juan París en la Capilla de Música de la Catedral de Santiago de Cuba
Actuales fiestas populares tradicionales cubanas: Carnavales, Parrandas y Charangas
Teatralidad y representación de las  fiestas  populares tradicionales
Significación de la fiesta patronal en la Identidad Cultural Cubana
Calendario de fiestas Populares Tradicionales cubanas
Cultura Popular Tradicional
Presencia China en Cuba

Es, además, autora de la sección de Fiestas Cubanas del CD-ROM ATLAS ETNOGRÁFICO DE CUBA realizado por el CEISIC del Ministerio de Cultura y de la sección Los festejos negros de Cuba en la multimedia española de la Fundación “Hernando de Larramendi”. Redactó el texto del CD-R de la UNESCO “La Habana en carnaval”, en proceso industrial. Fue la responsable de la multimedia “Alegría y Tradición, fiestas populares tradicionales cubanas”, CD-R auspiciado por  la oficina regional de la UNESCO.

Pertenece a la Asociación de Músicos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC),  es miembro del Consejo Asesor de la Revista Afroamérica de Venezuela, de los Consejos Científicos del Centro Nacional de Superación del Ministerio de Cultura,  y la Dirección de Cultura de Ciudad Habana. Forma parte  del Consejo de Redacción y de Expertos de la Obra Científica Atlas Etnográfico de Cuba y es la Secretaria del Consejo Científico del CENCREM. Preside el tribunal  de otorgamiento de categorías científicas del Ministerio de Justicia,  el jurado del Carnaval de La Habana y el Consejo asesor de la Empresa de carnaval y eventos culturales.   

Ha recibido premios y distinciones por el resultado de su labor docente e investigativa,  entre ellas:

  1. Premio Quinquenal de Investigación (1985-90)
  2. Distinción Raúl Gómez García (1990)
  3. Distinción Por la Cultura Nacional (1992)
  4. El Sello del Laureado (1992)
  5. Distinción 80 Aniversario del Natalicio de Lázaro Peña (1993)
  6. Premio Nacional de Investigación (1997)
  7. Distinción Gitana Tropical (1999)
  8. Distinción 23 de Agosto de la FMC (2000)
  9. Medalla Conmemorativa de la Federación de Asociaciones Culinarias de la República de Cuba (2002)
  10. Hazaña Laboral del consejo de Estado (2000)
  11. Diploma “Amadeo Roldán”, de la Asociación de músicos de la UNEAC 2006)
  12. Diploma acreditativo del Consejo prov. de patrimonio cultural como mujer destacada en el estudio de la cultura habanera.(2008)
  13. Diploma acreditativo por los 30 años del Consejo Nacional de Casas de Cultura (2008)

Barreal, Isaac. Necesidad de la investigación científica de las fiestas populares tradicionales, artículo inédito, La Habana, año (?). Mecanografiado.

Ortiz, Fernando. Contrapunteo del tabaco y el azúcar. Edit. Ciencias Sociales. La Habana, 1975, p. 103

 Barcia, María del Carmen. Un modelo de emigración “favorecida”: el traslado masivo de españoles a Cuba (1800-1930). Rev. Catauro, año 3, no. 4, 2001, p. 44

Ibídem, p. 37

Ibídem, p. 55

Barreto Vargas, Carmen Marina. Inmigración, identidad y adaptación sociocultural en los rituales festivos Canario-Cubanos. Rev. Guize, Asoc. Canaria de Antropología, Vol. 2-1995, p. 79

López Cantos, Angel. Ob. Cit.p. 24, 80 y 81

Para más detalles ver el estudio de Ramiro Guerra “Raíz hispánica en la danza tradicional cubana”, Rev. Signos no. 38, Santa Clara, junio-diciembre 1989, p. 108 y 109

López Cantos, Angel. Ob. Cit., p. 73

Barreto Vargas, Carmen Marina. Ob. Cit., p. 71

Sánchez Alboñiga, Alfredo y Llanget Hidalgo, Lucas. Valoración de la música y la danza en el grupo tradicional de Las Pozas, Sancti Spíritus, 1989 (mimeografiado)

Galván Tudela, Alberto. La construcción de la identidad cultural en regiones insulares: Islas Canarias, España. En Ávila, R. Y Calvo, T. (comp.) Identidades, Nacionalismos y Regiones. México, Universidad   de Guadalajara. Universidad Complutense de Madrid, ps. 199-224 (citado por Carmen M. Barreto) Ob.Cit., p.75.  

Barreto Vargas, Carmen Marina, Ob. Cit., p. 79

Acta de la Junta Directiva de la Sociedad del Pilar, 6 de septiembre de 1898. Archivo del Museo del Cerro. Libro de Actas de la Sociedad del Pilar, 1890-1898, p. Foliada 570

Entrevista realizada a Luis Yañez Blanco, de 78 años. Fue bailador de “Los Dandys” durante 3 años en la década del 50 del siglo pasado. Pertenecía al “Club deportivo de Ayestarán”.  

Guerra, Dolores y otros autores. Apuntes históricos sobre la Sociedad del Pilar del barrio del horcón. Ponencia de Cuba, La Habana, año 1985, p. 3 y siguientes.

Naranjo, C. Del campo a la bodega; recuerdos de gallegos en Cuba (siglo XX), La Coruña, Edicios do Castro, 1988, p. 96-100