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MEMORIAS FARIANAS: DESDE IRCO HASTA EL CAMBRÍN.

 TRAS LAS HUELLAS DE NUESTROS RECUERDOS.(segunda parte)

Manuel_1964_acua.jpg.jpg1. las raíces comunistas.

La violencia de finales de los años cuarenta había generado el desangre de miles y miles de familias colombianas, liberales, conservadores, comunistas, gente sin partido..., hijos del pueblo en fin, que tenían en común, entre tantas otras cosas, el no pertenecer a las familias oligarcas de Colombia.

 

Con el ascenso de Mariano Ospina Pérez al poder se disparó como nunca antes el terrible sectarismo godo que arrasó con los pocos atisbos de democracia de esta patria carcomida por la omnipotencia política de los partidos herederos del santanderismo más aberrante y traicionero. El parlamento fue cerrado, las manifestaciones públicas prohibidas, concejos municipales y asambleas departamentales clausuradas..., y el ejercicio de los abusos y violaciones de las libertades ciudadanas multiplicado sin límites. La creación y activación de la tristemente célebre policía chulavita puso en marcha el arrasamiento de los campos, cultivos, mejoras y todo aquello que perteneciera a quien no se proclamara godo ferviente ospinista.

Fue por esos tiempos cuando la oligarquía decidió asesinar a Jorge Eliécer Gaitán. Sin lugar a dudas el caudillo liberal amenazaba con echar al traste con la hegemonía liberal conservadora tradicional en sus discursos que hacían hervir las almas de los de abajo. Con el asesinato de Gaitán, los desafueros del partido en el poder, con la complacencia del liberalismo oficialista, se desmadraron, rebosando la copa del aguante popular que terminó desbocado en la fallida insurrección nueveabrileña.

La alianza de crisis entre liberales y conservadores para impedir que el pueblo tomara el poder, la inculpación cínica que los partidos de la oligarquía hicieron a los comunistas del asesinato de Gaitán, las manipulaciones en función de preservar la conducción del Estado entre el azul y el rojo, sólo en manos de las clases económicas pudientes forjaron un escenario de idilio efímero que apenas duró un año por que al fin de cuentas a los liberales no les cedieron puestos claves de poder. De tal manera que este tipo de circunstancias rodearon las siguientes elecciones presidenciales en las que el partido liberal decidió no participar.

Nuevamente elegido un mandatario conservador, nada más ni nada menos que el peor de los godos de la historia de Colombia, el señor Laureano Gómez, recalcitrante racista y aristócrata representante del fascismo, desbocó la persecución al pueblo como queriendo superar con creces a su antecesor Ospina Pérez.

La violencia estatal en Colombia obligó a muchas comunidades agrarias a desplazarse de un lugar a otro, ya dentro del mismo campo o de éste a la ciudad. Algunas familias se enmontaban huyendo y otras enguerrillerándose, armándose para defenderse. Otras familias iban a engrosar los cordones de miseria en los centros urbanos del país.

Entre los múltiples grupos de familias y amigos que se organizaron para resistir la violencia del Estado colombiano, hubo algunos que se armaron y se convirtieron en grupos de autodefensa liberales y otros en grupos de autodefensa comunistas. Es el caso por ejemplo de la familia campesina de Gerardo Loaiza, en el sur del Tolima, que tomó cierta dimensión, dinámica y estructura que le dio el carácter de guerrilla. Este grupo obedecía a orientaciones del Directorio Liberal del Huila y actuaba como guerrilla liberal con un comando de Dirección incipiente entre quienes se encontraban los hijos de Gerardo Loaiza y Leopoldo García, que era otro campesino liberal venido de la región de Aguas Blancas. Este grupo liberal, entre tantos otros que surgieron, tendrá una presencia importante en las primeras etapas de surgimiento de la organización armada comunista.

En la memoria de los más antiguos combatientes de las FARC, el surgimiento de nuestra organización insurgente tiene raíces fundamentales en la aparición de la organización de la resistencia armada comunista de finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta. El concepto del comandante Efraín Guzmán es que en el imaginario guerrillero fariano, la historia de la organización insurgente que se ha ido narrando de generación en generación es aquella que liga los orígenes de las FARC a la etapa de surgimiento de la resistencia armada comunista del sur del Tolima. Es decir que el antecedente político está sin lugar a dudas en la existencia del Partido Comunista Colombiano, para la época llamado Partido Comunista de Colombia, que como organización plenamente identificada con las clases populares más desfavorecidas, según el criterio del comandante, “desde sus orígenes centró su trabajo organizativo, de manera muy especial entre los obreros y los campesinos. En la Colombia rural de finales de los cuarenta, el trabajo agrario de los comunistas colombianos era una prioridad política que fue atendida como tal por su dirigencia”.

El Sexto Congreso del PCC había caracterizado la situación política nacional de a partir de 1946 como “de duras luchas y de reacción creciente”, de una manera tal que dicha valoración hacía concluir, de manera lógica, que los hechos del 9 de abril del 48 insoslayablemente se tomarían por la oligarquía, de manera sínicamente oportunista además, como una provocación que justificaría la persecución enconada e infame que se haría a los comunistas no sólo de parte del partido gobernante sino de la oligarquía liberal-conservadora en general.

El Partido Comunista, pese a sus previsiones y medidas, no pudo evitar los golpes de la represión estatal. A su aun débil presencia nacional y poca influencia en las masas se sumaron los encarcelamientos, muertes y persecuciones que casi lo obligaron a salir totalmente del panorama político sin que pudiera contribuir de mayor forma en la orientación del levantamiento de abril del 48 que bien pudo ser un momento sublime para la materialización de la revolución colombiana. Los actos tumultuosos, muchísimos de ellos de heroica ira popular, mezclados -sin guía, sin timonel- con el vandalismo, la asonada y el pillaje, pronto fueron canalizados por la oligarquía hacia el fracaso popular y la restauración del poder de los explotadores.

Con profundo sentido de realismo y autocrítica, el PCC, al evaluar los hechos del 9 de abril de 1948, hace la siguiente manifestación en el Pleno inmediatamente posterior de su Comité Central:

si las masas populares no pudieron ir más lejos fue porque no encontraron la orientación, la dirección y la organización necesarias a causa de la debili­dad del destacamento de vanguardia del proletariado: el partido comunista. La primera y mayor experiencia de los acontecimientos de abril es que, como lo enseñan por otra parte las revoluciones victoriosas, el proletariado y el pue­blo no podrán triunfar en Colombia, por grandes que sean sus energías revolucionarias, sin un fuerte partido comu­nista, experto y disciplinado, a la cabeza”.

(12o. Pleno del Partido Comunista de Colombia, 1948).

A partir de esta reflexión traza su línea política comprometida con el propósito de forjar un partido que preserve a su militancia y la ponga en el nivel de orientar suficientemente a las masas. Frente a la necesidad de luchar por una sociedad justa, sin explotadores ni explotados, en medio de la política terrorista de “sangre y fuego” desatada por el Estado con sus fuerzas represivas y de “pájaros” que asolaban al país, el Partido Comunista pone en marcha la orientación de la “autodefensa de masas”. Era una opción legítima para el campesinado sobre todo, y que arrancaba con el objetivo primordial de la defensa de la vida, y también de la familia y de la tierra.

Nos recuerda el camarada Efraín que “Las filas comunistas en el campo, -lugar donde se concentraba la mayor parte de la población de la Colombia del medio siglo XX-, habían sido organizadas por el Partido, en gran medida en las llamadas Ligas Campesinas, que eran las estructuras ideadas para adelantar la lucha por la recuperación de la tierra. Por que es que esta lucha, la lucha por la tierra está no sólo presente en los orígenes del Partido Comunista, sino en los orígenes y como causa fundamental de la confrontación de las clases sociales en nuestro país”. Veremos más adelante de qué manera, y cómo, además, estos factores mencionados son básicos como causas del surgimiento de la lucha guerrillera, a la que el Partido Comunista catalogó desde sus inicios como “heroica resistencia popular”. De tal manera que en esta etapa de la historia en la que se desenvuelve el origen y desarrollo de los movimientos agrarios comunistas sobreviviendo al terror estatal en la medida en que gran parte de su todo responde al imperativo de asumir las armas, el movimiento guerrillero emerge enfrentando la dictadura oligarca ya en cabeza de Laureano Gómez, Urdaneta o Rojas Pinilla.... con una clara ideología definida en favor del campesinado, el proletariado y los pobres en general. Esta forma de lucha se irá cualificando poco a poco, con mucho esfuerzo, dedicación, decisión y sacrificio hasta tomar el carácter de “forma más elevada y principal de lucha” en el contexto de la confrontación social, política y armada que padece Colombia por obra de la oligarquía gobernante con uno u otro color en Colombia.


2. La Primera Columna de Marcha:

La organización de los trabajadores en sindicatos y la de los campesinos en estructuras que les permitiera luchar por sus derechos, son dos aspectos presentes en la actividad del Partido Comunista desde su nacimiento. De tal forma que en la conformación de las primeras organizaciones sindicales favorables a los obreros, y en la constitución de las primeras organizaciones agrarias está la orientación de los comunistas. Sus cuadros dirigentes ayudaron a forjar la autodefensa sobre la base de las perseguidas organizaciones agrarias, y brindaron solidaridad y cimientos ideológicos y políticos para la cualificación de la lucha y surgimiento del movimiento guerrillero como opción que imponía la pertinaz violencia del Régimen. “En palabras del camarada Guzmán, Con su actividad de solidaridad y organización los comunistas hicieron sentir su presencia en regiones campesinas del Tolima, como son los casos de Natagaima, Líbano, Coyaima y Armero. En la zona caucana de Tierradentro, como también en Viotá (Cundinamarca), entre otras localidades a lo ancho y largo de la patria, la conformación de las llamadas Ligas Campesinas fue el arma principal para adelantar la recuperación de tierras y la organización de la resistencia campesina a la voracidad de los latifundistas, quienes apoyados por el Estado oligárquico regentaban como verdaderos señores feudales sobre los campos de nuestro país”.

Si queremos explicar las terribles injusticias a las que se enfrentaba la lucha campesina a la que nos referimos, y en cuyo desenvolvimiento jugaron un papel principal las Ligas organizadas por los comunistas, bástenos ejemplificar con algunas de las aberraciones más generalizadas por los grandes propietarios de tierra, destacadas por Calixto Sánchez en la Revista Documentos Políticos, en un artículo escrito con motivo del aniversario 35 del PCC:

... obligación personal, mediante la cual el arrendatario de la tierra ganaba menos que el trabajador “voluntario” o reenganchado; en épocas de cosechas estaba obligado a ganar un precio más bajo por cuartilla de café (25 libras) teniendo que alimentarse de ese ingreso; lo mis­mo le correspondía cuando trabajaba a salario.

La obligación personal establecía que el campesino, siendo arrendatario, tenía que servir con toda su familia en la recolec­ción del grano cuando la cosecha del señor terrateniente era abundante. Este trabajo se prolonga por espacio de trece se­manas.

Cuando se trataba de época diferente a la cosecha, los cam­pesinos tenían obligación de trabajar dos semanas por mes para el propietario de la tierra, obteniendo como salario una suma inferior al salario que devengaban los trabajadores no arren­datarios y teniendo que alimentarse del mismo salario.

El campesino arrendatario tenía limitada la libertad para el mantenimiento de animales de su propiedad, pues aunque estos los tuviera en predios comprendidos dentro del arrendamiento establecido, tenía que pagar arrendamiento adicional por cada unidad, aun cuando la alimentación constara de desperdicios y vástago. Pero no podía tener cerdos, pues los administradores o capataces de los feudos o haciendas estaban autorizados para eliminar por cualquier medio el cerdo que encontraran, sin in­demnización de ninguna especie.

En el año, el arrendatario estaba obligado a trabajar un día sin salario de ninguna especie en la rocería de los caminos.

Se les prohibía a los campesinos el establecimiento de cultivos de larga duración; la caña era obligatorio elaborarla en el trapiche del patrón, pues el arrendatario campesino no gozaba del derecho a tener su propio trapiche, y el producto obtenido tenía que ser compartido con el terrateniente.

Todo arrendatario estaba obligado a adquirir sus artículos en los mercados -de las haciendas y en muchas ocasiones le paga­ban su trabajo con mercado. Se le obligaba a consumir la carne expendida en la hacienda, para lo cual no tomaban en cuenta la salud del animal ni otras consideraciones dignas de tenerse en cuenta en estos casos, y cuando el campesino no asistía a re-clamar la carne asignada, el latifundista se la descontaba de sus salarios.

El trabajo en esta época tenía que desarrollarse sin tener en cuenta las inclemencias del tiempo, pues aun cuando lloviera el campesino estaba obligado a permanecer al frente de su traba­jo, sin poder disponer de tiempo siquiera para sus necesidades fisiológicas, y empezaban la preparación de labores a las 4 de la madrugada, formando en fila para responder a. lista como en el cuartel.

Y lo que es más aberrante: cualquier falta o irrespeto al la­tifundista era castigado por la ley. En estos casos, el “ofendido” terrateniente enviaba al propio “ofensor” con carta cerrada- a donde el alcalde del poblado. La susodicha carta contenía la pe­na que la respectiva autoridad administrativa - debía ejecutar contra el inocente campesino.- Estas penas representaban días, meses o años de prisión.

 

"Además, durante la época referida, estaba vigente el pago de peaje por el derecho a pasar por cada una de las puertas establecidas dentro del feudo correspondiente”.

(SÁNCHEZ, Calixto. Partido Comunista Colombiano, 35 Años de Lucha.

Revista “Documentos Políticos”.No. 52. Julio 17 de 1965)


A estas injusticias sociales impuestas por la oligarquía y garantizadas para los latifundistas por sus aparatos armados, se sumaron los excesos de la violencia goda. La orientación de la autodefensa ya había sido lanzada y la puesta en práctica de dicha política ya era un hecho de desde 1949. Las Ligas Campesinas de Chaparral, dentro de su seno crearon las estructuras de autodefensa, y en efecto ya habían tenido que sortear en combate la envestida de la policía chulavita. Cuando sostenerse en la región se hizo cada vez más imposible debido al crecimiento de la hostilidad gubernamental, las Direcciones de los grupos de autodefensa comunista de Irco, Horizonte y Chicalá deciden, a finales de 1950, organizar lo que denominaron como Columna de Marcha, que tenía el propósito de tomar las alturas de la Cordillera Central para quitar la presión militar estatal sobre la población civil. Especialmente sobre Chicalá, donde en 1949 surgió el núcleo embrión de las autodefensas comunistas, se acentuó la ofensiva enemiga.

La Primera Conferencia de los comunistas de estas zonas definió la creación de “la columna guerrillera”, la cual una vez logrado el objetivo de atraer la atención del enemigo liberar de su presión a los pobladores de los lugares de origen del Movimiento Armado y asestarle algunos golpes, debía disolverse y diseminar a sus integrantes en pequeños grupos móviles que iniciarían una nueva fase operativa, tomando como bases de apoyo para su aprovisionamiento, a sus veredas de origen.

“A pesar de este plan, dice Guzmán, jamás los combatientes lograron hacer entender al personal civil que la operatividad militar debía darse guardando prudencial distanciamiento entre unos y otros. Las familias sólo se sentían protegidas al lado de los guerrilleros, y por ello prefirieron mantenerse como personal auxiliar de “La Columna”. Por su parte, los guerrilleros no podían abandonar a las familias a su propia suerte”. Así, “La Columna Guerrillera” en realidad era una estructura de combatientes y de civiles que permaneció en actividad bajo la orientación estricta solamente de los comunistas, durante 3 meses. Transcurrido este tiempo los destacamentos comunistas, ya bastante aprestigiados en su disciplina, organización, y en el combate, reciben la propuesta de las guerrillas liberales de Gerardo Loaiza para que una comisión de los destacamentos comunistas viaje hasta su comando para que enseñen algunos métodos de acción y organización. Con esta propuesta surgió la idea de que “La Columna” en lugar de disolverse se trasladara hacia el área de influencia de los Loaiza con un cierto número de las familias más perseguidas para que se refugiaran en dicho territorio.

A la pregunta sobre ¿Por qué se da este proceso de unidad entre comunistas y liberales en el Sur del Tolima?, el comandante Guzmán considera que la visión que sobre este episodio de la historia se mantienen como la más acertado dentro de las FARC, es que “fueron quizás las conveniencias de orden político, militar y social -aunque de diversa y opuesta índole- que existían en ambos grupos las que obligaron dicha unidad en un nivel en que para ni uno ni otro era sensato desistir...”

“El Partido Comunista adelantaba su política de Frente Democrático que buscaba por sobre cualquier interés partidario, particular y mezquino, coadyuvar en el impulso de la unidad nacional en busca de la restauración de la democracia y la consolidación de la paz. Así que la unión con los liberales, sobre todo con los campesinos con quienes compartían la persecución, el terror y la muerte que propinaba el gobierno conservador, era un positivo paso en el impulso del Frente Democrático. También la necesidad de aunar fuerzas contra un enemigo común, cada vez más terrible en sus métodos de terror, en un momento en que la saña sobre Irco, Chicalá y sus alrededores se hacía insostenible, obligaba a un desplazamiento para el cual la propuesta de los Loaiza aparecía oportuna”.

Existe el criterio, además, de que “los Loaiza al tiempo que veían en los comunistas a un enemigo de su enemigo, conocían de su prestigio en materia organizativa y militar, y tenían la certeza que como aliados los comunistas no solamente eran autosuficientes en la forma de generar su economía de guerra, sino que eran además un verdadero refuerzo necesario. Nunca los Loaiza estuvieron pensando en ideas relacionadas con el fortalecimiento de Frentes Patrióticos o de unidad en función de la Nación. Podemos decir con certeza de que muy a pesar de que pudiese haberse presentado algún tipo de solidaridad campesina entre combatientes, la unidad pensada por la Dirección Guerrillera Liberal en cabeza de los Loaiza y Leopoldo García no sobrepasaba los linderos del utilitarismo”.

Reforzada con una comisión enviada por los liberales, la “Columna” inició su marcha con la persecución de la policía encima. Luego de evadir una emboscada y abrirse paso librando combates constantes, los marchantes se adentraron en la selva, donde las siguientes peleas tuvieron que hacerlas contra el hambre, enfermedades y algunas muertes derivadas de las vicisitudes propias del pobre pertrechamiento alistado para atravesar la montaña. La capacidad y la experiencia acumuladas, y la pericia en el manejo de los movimientos tácticos, son los aspectos que el camarada Manuel Marulanda destaca en el avance de la Columna.

Entre los guerrilleros que marcharon en estaban Marco Aurelio Restrepo (fundador del Partido Comunista en Chaparral), Pedro Pablo Rumique (originario de Chaparral, también llamado Teniente Canario), los hermanos Bermúdez (entre ellos Andrés Bermúdez, conocido como Llanero), los hermanos Valbuena (entre ellos Raul Valbuena, originario de Chicalá, a quien llamaban Baltazar), José Alfonso Castañeda (también llamado Richard, quien comandaba la retaguardia de “La Columna” en la marcha hacia el cañón del Cambrín) y, entre otros Jorge Hernández Barrios quien tomó el nombre de Olimpo. Fue este grupo de comunistas quien condujo la organización, el accionar y la marcha de “La Columna” hasta su arribo a La Lindosa, en lo alto del cañón del Cambrín; obviamente, estos dirigentes eran quienes orientaban el movimiento comunista de toda la región de Chaparral.

 

3. El Estado Mayor Unificado.

La marcha había terminado en la región de la Quebrada de la Lindosa, hasta donde llegó Leopoldo García (Capitán Peligro), de la Dirección de los Liberales, enviado por Gerardo Loaiza, a invitar a los dirigentes comunistas a pasar hasta una casa que los Loaiza tenía en la zona, en una finca de su propiedad. El punto exacto se denominaba La Gallera, donde en chozas bien distribuidas habitaban guerrilleros liberales. Es en este sitio donde habiéndose encontrado comunistas y liberales se da el festejo por la llegada exitosa de La Columna de Marcha. Todos consideraban que se había logrado una verdadera hazaña, y había tal entusiasmo que “en una gran asamblea de masas los comunistas reciben la propuesta de quedarse, constituir un destacamento fuerte y crear un Estado Mayor Unificado para todo el sur del Tolima” (MARULANDA Vélez, Manuel. Cuaderno de Campaña. Página 27. Impreso por Bloques José María Córdova y Caribe de las FARC-EP. Montañas de Colombia, febrero de 2001).

Los comunistas centraron sus intervenciones políticas en insistir en la idea de fortalecer el Frente Democrático de Liberación Nacional, pero ante ello la respuesta de los liberales fue el silencio evasivo.

Finalmente se integró el Estado Mayor Unificado con ocho comunistas y siete liberales, pero solamente para comandar limitadamente las misiones conjuntas y algunos destacamentos del municipio de Rioblanco. Entre los liberales que integraban la Dirección estaban Gerardo Loaiza, los cuatro hijos de G. Loaiza y Leopoldo García. Entre los comunistas estaban Olimpo, Manjarrés, Rumique, Baltazar, Richard y Peñuela.

“Contaban quines se encargaban de nuestra formación ya en los tiempos de la resistencia del Guayabero, dice el comandante Efraín, que Establecida la Dirección, se sugirió que los comunistas se ubicaran en una cumbre que tenía el nombre de Filo de las Culebras, pero hasta allí llegó la policía chulavita y entonces se produjo el primer combate que liberales y comunistas tuvieron que enfrentar conjuntamente en aquella zona. La conducción que estuvo al mando de Manjarrés contó, en el campo de batalla, con la especial participación de Richard, quien tubo el honor de recuperar el único fusil de la intensa jornada frente a cincuenta efectivos de la fuerza enemiga. Y aunque los policías fueron chocados contundentemente y obligados a retirarse, los comunistas concluyeron que el Filo de la Culebra era indefendible y que lo mejor era buscar una nueva posición más favorable. Fue entonces cuando los combatientes tomaron ruta hacia lo alto del cañón del Cambrín...”

“Un día después del combate del Filo de La Culebra, sería atacado Irco por los chulavitas. Así lo supo con anticipación Isauro Yosa, dirigente destacado de los comunistas que no había partido en la Columna sino que había quedado en su finca, desde donde le correspondía continuar el trabajo organizativo. Pero con la noticia de la inminencia del ataque, Isauro decide asegurar su ganado y granos; junto con la finca, los entrega a su mujer y sus hijos; echa su escopeta al hombro..., y con sus cuarenta años de edad encima toma el camino hacia la montaña enrumbando sus pasos hacia el Cambrín…”

A proposito del autor(a)

Jesús Santrich

Jesús Santrich

Integrante del Estado Mayor Central de las FARC-EP, hace parte de la delegación de Paz en La Habana desde octubre 2012.

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