HOY, 5 de enero de 1997

El presidente Abdalá Bucaram organizó una teletón para recaudar fondos con el fin de comprar juguetes para los niños más pobres del país, en un show en el que cantó, bailó y animó el espectáculo durante 13 horas seguidas. El mandatario anunció que se había recaudado más de 17 000 millones de sucres. Las fundas ofrecidas nunca llegaron a varias provincias, casi la mitad de lo recaudado había desaparecido, y en los juguetes se escribieron los nombres del presidente, sus hermanos y ministros, y eran parecidos a los entregados en la campaña.

'Las mujeres fuimos las primeras en gritar que se vaya Bucaram'


Mónica Cevallos

Quién es ex legisladora, asesora de la coordinadora política de mujeres

En el hotel Crowne Plaza (Quito) vivía la mayoría de ministros del Gobierno de Abdalá Bucaram, por eso decidimos tomarnos ese lugar para hacer escuchar nuestra voz de protesta. No fuimos al Palacio de Gobierno porque el presidente no vivía allí, pues decía temer a los fantasmas que lo atormentaban.

El 3 de febrero de 1997 un grupo de militantes de la Coordinadora Política de Mujeres contrató uno de los salones con el pretexto de que íbamos a realizar el cambio de directiva del club literario Gabriela Mistral. Muy elegantes llegamos alrededor de 50 mujeres, pero en nuestros bolsos llevábamos pancartas, pitos, cucharas, tapas de ollas y todo lo que pudiese ayudarnos a hacer bulla. También introdujimos una soga con la que pensábamos amarrarnos en cadena -por la cintura- en caso de que la Policía o los guardias intentaran detenernos.

Para no llamar la atención, otras 200 mujeres se hallaban repartidas en el Quicentro Shoping y en el Centro Comercial Naciones Unidas, en las cercanías del hotel. Teníamos previsto encontrarnos todas a las 17:00, en la avenida de los Shyris.

Adentro se desarrollaba la pantomima de elegir la directiva, muchas estábamos nerviosas y prácticamente no probamos ningún bocadillo, a mí me temblaban las rodillas. Yo era "candidata" a presidir el "club" y pronuncié un discurso. Los meseros comentaban entre ellos que debíamos ser importantes porque estaban reporteros de un canal de televisión y de un diario capitalino, a quienes habíamos avisado lo que íbamos a hacer.

A la hora convenida empezamos a hacer bulla y gritar consignas en contra del Gobierno; como si tuviéramos resortes nos levantamos del "té" y nos dirigimos a la puerta del hotel para juntarnos en la calle con nuestras compañeras que habían avanzado desde los centros comerciales. Los guardias del lugar intentaron impedirnos la salida, pero no lograron contenernos. En medio de la trifulca nosotras les decíamos que protestábamos contra la corrupción, contra el alto costo de la vida que nos afectaba a todos, entonces uno de ellos puso en mi mano un pedazo de papel arrugado, era un plano del hotel que señalaba los lugares por dónde podíamos escapar.

Enseguida llegaron policías que intentaron detenernos, mas no pudieron llevarnos porque estábamos amarradas. Esa fue la primera vez que en Quito se escuchó gritar ¡Que se vaya!, eso estaba escrito en nuestras pancartas y en miles de papeles que logramos distribuir entre la gente. El grito se propagó por todo el país y retumbó durante las jornadas ciudadanas de los días siguientes, hasta el 7 de febrero, cuando cayó Bucaram.

Sin los medios de comunicación, el país no se habría dado cuenta del desgobierno y de la corrupción que reinaba en el bucaramato; como siempre, fueron la voz de quienes no la teníamos. Los hechos de corrupción expuestos a la luz pública dieron una idea de lo que ocurría, caso contrario nadie se habría enterado, porque el poder siempre se maneja en un círculo estrecho y reservado.

Actualmente, la Asamblea Nacional analiza varios proyectos de Ley de Comunicación y he visto que los medios han puesto reparos ante algunos contenidos que pretenderían coartar la libertad de expresión. Mi sugerencia es que se involucren en el debate, acudan a la Asamblea y expongan sus puntos de vista, caso contrario no lograrán ser escuchados. (AA)