México desigual: más allá del ingreso

Publicado por en Sábado, agosto 16, 2014

Especiales | Pobreza y Desigualdad

viejita

A menudo escuchamos discusiones sobre la desigualdad en México y cómo ésta representa un problema grave para el país. La mayoría de dichas discusiones se centran en la desigualdad de ingresos y en qué se debe hacer—o si se debe hacer algo—para redistribuir a los más desfavorecidos. Sin embargo, en México la desigualdad de ingreso se ve traducida en otro tipo de desigualdades que, en principio, no tendrían por qué estar relacionadas con la disparidad en ingresos, y esta es una cuestión—grave—a la que se presta poca atención.

Muchas veces damos por hecho que por tener un ingreso bajo, la gente no tendrá acceso a la salud, a una vivienda digna o a una educación de buena calidad.  Al dar esto por hecho, olvidamos que nuestra Constitución, en su artículo cuarto, establece como derechos de todo mexicano y responsabilidades del Estado: la protección a la salud; el acceso, disposición y saneamiento de agua para consumo personal y doméstico en forma suficiente, salubre, aceptable y asequible; una vivienda digna y decorosa. Asimismo, el artículo tercero constitucional establece a la educación—desde preescolar hasta media superior—como un derecho y una obligación, y determina al Estado como el responsable de garantizar la calidad en la educación obligatoria.

Dadas estas responsabilidades que la Constitución confiere al Estado, éste provee de servicios públicos a los ciudadanos a través de distintos mecanismos. En materia de salud, existe un sistema de seguridad social que opera a través de instituciones como el IMSS y el ISSSTE; así como un sistema de protección social, a cargo del Seguro Popular. Las instituciones de seguridad social protegen a los trabajadores formales, mientras que el de protección social cubre a aquellas personas que no estén afiliados a alguna institución de seguridad social.

Por otro lado, en cuanto a la vivienda y servicios básicos, el Estado cuenta con instituciones—como el INFONAVIT y FOVISSSTE— que facilitan el acceso a la vivienda, a través del otorgamiento de créditos, a los trabajadores afiliados a alguna institución de seguridad social. También existen otros mecanismos como el programa “Vivienda Digna”, que se encarga de facilitar recursos a familias en situación de pobreza para que adquieran o mejoren sus viviendas; y la Sociedad Hipotecaria Federal que, a través de intermediarios financieros, busca impulsar el desarrollo de los mercados de crédito a la vivienda. En lo referente a servicios, los gobiernos municipales son responsables de la provisión de agua potable y drenaje.

En materia educativa, el gobierno provee educación pública en todos los niveles, incluyendo los que no son obligatorios.

Con esto en mente, la desigualdad en ingresos—que, per se, no está mal que exista en cierta medida, aunque en México la dimensión de ésta es grave—, no tendría por qué estar asociada a una desigualdad en los derechos mencionados anteriormente. Es decir, dado que el Estado mexicano provee educación, salud y servicios públicos, y facilita la adquisición o el mejoramiento de una vivienda digna para todos, estar en el primer o en el último decil de ingresos (el 10% más pobre y el 10% más rico de la población, respectivamente), no debería de estar asociado a tener o no acceso a agua potable, tener una vivienda digna, contar con una escuela con la infraestructura adecuada o poder acceder a tratamientos en materia de salud cuando sea necesario. La realidad del país, sin embargo, es distinta. La falta de acceso a los derechos previamente mencionados es muy grave y tiene consecuencias importantes para los individuos  que están en esta situación.

El economista Amartya Sen[1] analiza la desigualdad desde una perspectiva de las “capacidades para funcionar”, en donde la vida de los individuos consiste en un conjunto de funcionamientos—que pueden ir desde lo más básico, como alimentarse bien y tener buena salud, hasta cosas más complejas como ser felices o tener autoestima—, y dichos funcionamientos son alcanzables en la medida en que los individuos tengan las capacidades para hacerlo. Es así que las “capacidades para funcionar” representan un conjunto de funcionamientos que una persona puede lograr. Sen argumenta que se debe buscar una igualdad en “capacidades básicas para funcionar”. En ese sentido, tener acceso a una educación de calidad, a protección a la salud, y a una vivienda digna son capacidades básicas para funcionar que todo individuo debería de tener. Tan es así, que la medición oficial de pobreza en el país, a cargo del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), toma en cuenta no sólo el ingreso, sino también las carencias sociales—educación, servicios de salud, seguridad social, alimentación, espacios y servicios básicos en la vivienda— mismas que están relacionadas con la falta de los derechos en cuestión.

Desde la perspectiva de igualdad planteada por Sen, la desigualdad en el ingreso no es grave si ésta es consistente con una igualdad en capacidades básicas para funcionar. Sin embargo, en México no vemos dicha igualdad. Esta situación se ve reflejada en los 33.5 millones de personas vulnerables por carencias sociales—que en promedio tienen 1.8 (de 6) carencias. (CONEVAL 2012). Más aún, se observa en el país que la desigualdad en ingresos está asociada con desigualdad en “capacidades básicas para funcionar”.

Mérida

Una primer problema que se observa es que, tanto en materia de salud como de vivienda, hay una distinción clara en cuanto a provisión de servicios, entre trabajadores formales  e informales, ya que los mecanismos con los que cuenta cada tipo de trabajador no son los mismos. Si todos los mexicanos tenemos los mismos derechos, no debería de distinguirse el tipo de servicio otorgado a cada quien dependiendo del esquema bajo el que trabaje.

Asimismo, hay una diferencia en el acceso real que tienen los individuos a protección a la salud, vivienda digna, agua potable y educación, que está asociada con la diferencia existente en el ingreso entre individuos. Para ilustrar las desigualdades no equiparables, pero sí asociadas, con la desigualdad en ingresos, se presenta información de la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares (ENIGH) 2012, llevada a cabo por el INEGI, así como del Censo de Escuelas, Maestros y Alumnos de Educación Básica y Especial (CEMABE) 2013.

Para entender mejor los datos presentados, cabe hacer una aclaración sobre la unidad de análisis de los datos. Cuando se hable de personas, los datos se tratan de los individuos dentro de un hogar. Al mencionar hogares, se hace referencia al conjunto de individuos que comparten gasto en alimentos y, finalmente, al mencionar viviendas, se considera al hogar o conjunto de hogares que viven bajo un mismo techo.

Educación

En materia de educación, vemos que el porcentaje de personas que pueden leer y escribir un recado, y que asisten a la escuela es mayor para el último decil de ingresos (10% más rico), que para el primero (10% más pobre). En cuanto al alfabetismo, la diferencia entre ambos deciles es de casi 25 puntos porcentuales. El 30% de los individuos más pobres no pueden leer y escribir un recado.

Tabla 1. Variables relacionadas con educación, según decil de ingresos (personas).

Fuente: Elaboración propia con datos de la ENIGH 2012. Nueva construcción de variables.  Nota: Porcentajes calculados de acuerdo al número de personas que respondieron.

Fuente: Elaboración propia con datos de la ENIGH 2012. Nueva construcción de variables.
Nota: Porcentajes calculados de acuerdo al número de personas que respondieron.

Se observa, también, que casi todas las personas del primer decil que asisten a la escuela, asisten a una escuela pública, mientras que este es el caso sólo para un poco más de la mitad de personas que asisten a la escuela en el último decil. Con esto en mente, se analiza el tipo de inmuebles de escuelas públicas—pues son las que provee el Estado, en cumplimiento con el artículo 3° constitucional—, para estados con distintos niveles de desigualdad de ingresos. La medida convencional para la desigualdad de ingreso es el Coeficiente de Gini. Dicha medida es un índice que va desde cero hasta uno donde, entre más cercano a uno sea, hay mayor desigualdad. A continuación se presenta información sobre los inmuebles en las escuelas públicas para los 5 estados más desiguales, y los 5 estados menos desiguales.

Tabla 2. Información de inmuebles educativos (escuelas públicas) para los cinco estados más desiguales.

Fuente: Elaboración propia con datos del CEMABE 2013.

Fuente: Elaboración propia con datos del CEMABE 2013.

Tabla 3. Información de inmuebles educativos (escuelas públicas) para los cinco estados menos desiguales.

 

Fuente: Elaboración propia con datos del CEMABE 2013.

Fuente: Elaboración propia con datos del CEMABE 2013.

Comparando los datos de las tablas 2 y 3, vemos que, en la mayoría de los casos, los inmuebles de escuelas públicas en los estados menos desiguales están mejor equipados que aquellos de los estados más desiguales. Exceptuando Quintana Roo, vemos que para los estados menos desiguales, más del 70% de los inmuebles educativos cuentan con áreas deportivas o recreativas. Asimismo, para casi todos (exceptuando Morelos)  estos estados, al menos el 38% de los inmuebles cuentan con rampas para personas con discapacidad. Y se observa que, para todos los estados en este grupo, al menos el 87% de los inmuebles cuentan con patio o plaza cívica y menos del 1.5% están construidos con materiales ligeros y precarios.

Por otro lado, considerando a los 5 estados más desiguales, vemos que Chihuahua y Zacatecas presentan características más similares a los estados menos desiguales. El caso de Oaxaca, Chiapas y Guerrero  sí es muy contrastante, pues al menos el 3% de los inmuebles educativos en dichos estados están hechos con materiales ligeros y precarios, menos del 10% de los inmuebles son accesibles a personas con discapacidad, y menos del 61% de dichos inmuebles cuentan con áreas deportivas o recreativas.

Estos datos sugieren que, la gente que habita en estados con mayor nivel de desigualdad tiene acceso a escuelas con peores condiciones de infraestructura. Recordemos que casi la mitad de las personas que forman parte del 10% más rico de la población asisten a escuelas privadas, por lo que pueden elegir una que se adecúe a sus expectativas de calidad e infraestructura. Este no es el caso para las personas en el 10% más pobre (muchas de las que se encuentran en Chiapas, Oaxaca y Guerrero).  Si una persona pobre en uno de los estados más desiguales tiene alguna discapacidad que requiera el uso de rampas para desplazarse, no podrá acceder al 90% de las escuelas públicas del estado. Asimismo, las personas más pobres, en los estados más desiguales, tendrán menor posibilidad de desempeñar algún deporte o actividad recreativa, puesto que muchas de las escuelas no cuentan con las instalaciones adecuadas. Esto sólo perpetúa la brecha en “capacidades básicas para funcionar” entre los más pobres y los más ricos.

Salud

Para los datos de salud, se comparan distintas respuestas que los encuestados de la ENIGH 2012 dieron, según si se encuentran en el primer decil de ingresos (10% más pobre de la población), o en el décimo decil (10% más rico de la población). Un primer dato contrastante: únicamente el 5.23% de las personas en el primer decil dijeron estar afiliados a alguna institución para recibir atención médica, mientras que este fue el caso para el 68.7% de las personas en el último decil. Asimismo, el porcentaje de gente que dijo haberse: pesado o medido, tomado la presión arterial y realizado estudios de detección de diabetes en el último año, fue menor para el primer decil que para el décimo. Estos datos nos hablan de una atención médica básica desigual para los más pobres respecto de los más ricos. Sin embargo, la diferencia en el porcentaje de personas de ambos deciles que realizaron los estudios preventivos mencionados anteriormente, así como en el porcentaje de menores que recibieron atención médica en caso necesario, no es muy grande. Esto muestra que hay cosas que sí están funcionando en cuanto a política de salud.

Tabla 4. Variables relacionados con acceso a la salud, según decil de ingresos (personas).

Fuente: Elaboración propia con datos de la ENIGH 2012. Nueva construcción de variables. Nota: Porcentajes calculados de acuerdo al número de personas que respondieron.

Fuente: Elaboración propia con datos de la ENIGH 2012. Nueva construcción de variables.
Nota: Porcentajes calculados de acuerdo al número de personas que respondieron.

Por otro lado, también hay una desigualdad notoria al observar datos de las razones por las que las personas no se atienden cuando tienen la necesidad. En primer lugar, cabe notar que el porcentaje de personas que no se atienden cuando lo necesitan es mayor para el primer decil (19.21%) que para el último (8.51%). Se presenta una tabla con las principales respuestas que dieron los individuos de las razones para no atenderse cuando lo necesitaron, las respuestas más recurrentes en las personas del primer decil son: que no les dan medicamento, no los atienden, hay que esperar mucho,  les dan citas fuera de tiempo, o la unidad médica es lejana. Esto implica que muchas de las personas más pobres que no se atienden cuando lo necesitan toman esa decisión, en muchos casos, con base en la mala atención médica que esperan recibir en caso de decidir acudir a algún centro de salud. Las personas del último decil responden esto último con menor frecuencia.

Tabla 5. Razones para no atenderse cuando fue necesario

Fuente: Elaboración propia con datos de la ENIGH 2012. Nueva construcción de variables. Nota: Porcentajes calculados de acuerdo al número de personas que no se atendieron cuando fue necesario.

Fuente: Elaboración propia con datos de la ENIGH 2012. Nueva construcción de variables.
Nota: Porcentajes calculados de acuerdo al número de personas que no se atendieron cuando fue necesario.

Un dato que ilustra la accesibilidad que tienen los hogares a un hospital cercano (o a un transporte eficiente para llegar al mismo), es el número de horas que tardaron en llegar a un hospital la última vez que tuvieron una emergencia. De acuerdo a la ENIGH 2012, para el caso del último decil de hogares (10% más rico de hogares), el 88.5% tardó menos de una hora, mientras que en el primer decil (10% más pobre de hogares) este fue el caso únicamente para el 42.7% de los hogares. Diez por ciento de los hogares en dicho decil tardaron 3 horas en llegar. Sin necesidad de consultar datos de la calidad de la atención médica recibida, vemos que hay claras señales de que los más ricos tienen una mayor oportunidad de tratar exitosamente alguna condición de salud que los más pobres, por el simple hecho de tener acceso efectivo a servicios médicos.

Vivienda y servicios

El análisis de las características de la vivienda para el primero y último decil de ingresos por vivienda, muestra que la disparidad en el acceso a una vivienda digna es muy grave. La única variable que presenta un nivel similar para ambos deciles es la disponibilidad de energía eléctrica y la antigüedad promedio de la vivienda. Los contrastes más notables son en el porcentaje de viviendas en propiedad de los encuestados, el acceso a agua entubada dentro de la vivienda, la tenencia de bomba de agua, el acceso al crédito para financiar una vivienda y la carencia de escrituras de la misma. La diferencia en el porcentaje de viviendas para todas las características mencionadas, entre ambos deciles es de, al menos, 30 puntos porcentuales.

A pesar de que, de entre los aspectos analizados, la vivienda es el que está más claramente relacionado con el nivel de ingreso, vemos que el Estado no está cumpliendo su función como facilitador de recursos para que, quienes no tienen los ingresos suficientes para adquirir o acceder a una vivienda digna, puedan contar con el financiamiento, la infraestructura y/o los servicios necesarios para obtenerla.

Tabla 6. Caraterísticas de vivienda y servicios básicos, según decil de ingresos (vivienda).

Fuente: Elaboración propia con datos de la ENIGH 2012. Nueva construcción de variables. Notas: Porcentajes calculados de acuerdo al número de personas que no se atendieron cuando fue necesario. Se consideran pisos reemplazables si son de tierra, y paredes reemplazables si son de material de desecho, lámina de cartón, lámina metálica o de asbesto, carrizo, bambú, palma, embarro, bajareque o madera. *Del INFONAVIT, FOVISSSTE, FONHAPO, banco, sofol, caja de ahorro u otra institución

Fuente: Elaboración propia con datos de la ENIGH 2012. Nueva construcción de variables.
Notas: Porcentajes calculados de acuerdo al número de personas que no se atendieron cuando fue necesario. Se consideran pisos reemplazables si son de tierra, y paredes reemplazables si son de material de desecho, lámina de cartón, lámina metálica o de asbesto, carrizo, bambú, palma, embarro, bajareque o madera.
*Del INFONAVIT, FOVISSSTE, FONHAPO, banco, sofol, caja de ahorro u otra institución

Consideraciones finales

Los datos mostrados sugieren que, si bien la constitución otorga a todos los mexicanos por igual el derecho a una educación de calidad, vivienda digna, servicios públicos y acceso a la salud, la realidad es que, el acceso efectivo a dichos derechos, está asociado con el nivel de ingreso de cada quien. Es así que los más ricos tienen una mayor facilidad para adquirir las “capacidades básicas para funcionar” que los más pobres. Siendo insuficientes o de mala calidad algunos de los servicios públicos o recursos que el gobierno otorga para el acceso a los derechos previamente mencionados, los más ricos tienen la posibilidad de pagar servicios educativos y de salud privados, y de obtener recursos para contar con una vivienda digna. Los más pobres no cuentan con esa posibilidad.

Si un Estado no es capaz de igualar el punto de partida de todos los individuos en la sociedad, de manera que todos tengan educación, salud y una vivienda digna, la desigualdad en el ingreso, lejos de disminuir, se seguirá perpetuando. Sin importar la posición en la que estemos en la distribución del ingreso en el país, todos tenemos estos derechos, y el gobierno tiene la obligación de otorgar, por igual, los servicios correspondientes para alcanzarlos.  No debemos acostumbrarnos a que esto no sea así.

 

Referencias

Censo de Escuelas, Maestros y Alumnos de Educación Básica y Especial 2013. Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática- Secretaría de Educación Pública.

Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares 2012. Nueva construcción de variables. Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática.

Resultados de pobreza en México 2012. Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social.



[1] Sen, Amartya. 1979. “Equality of what?” The Tanner Lecture on Human Values

 


Paulina Lopez

Paulina Lopez

Estudiante de Economía y Ciencia Política del ITAM. Le gusta la teoría política y le interesan temas de desarrollo económico, políticas públicas y planeación urbana. Comprometida por cambiar a México (aunque sea un poquito). Amante de las novelas históricas y políticas. Siempre dispuesta a aprender.

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