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Historia Del Gigante de Arroyito

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La verdadera historia

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La verdadera historia
Fabián Bazán

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Indice
A manera de introducción Prólogo 1889 - 1894. Los portones 3 y 4 1894 - 1902. La Plaza Oldendorff 1902 - 1918. La cancha del Cruce 1919 - 1925. La Parada Castellanos 1925 - 1926. El Club Bolsa de Comercio. La Independencia Domingo 14 de noviembre de 1926. Primer partido en Arroyito 1928 - 1929. Las obras 27 de octubre de 1929. La inauguración oficial 1934 - 1945. Siguen las obras 1946 - 1949. Los terrenos propios 26 de junio de 1951. La permuta de los terrenos 1955. Central no deja de crecer 1957 - 1974. Se viene el Gigante 1974 - 1978. Sub sede Mundial ‘78 1978. El Mundial en Arroyito Después del Mundial Apéndice Anexo 1 Anexo 2 Resumiendo Bibliografía y fuentes consultadas 9 11 17 21 25 27 31 33 37 43 51 55 57 61 69 75 95 119 131 137 145 147 151 157

El Gigante de Arroyito La verdadera historia Fabián Bazán 2009 Editorial Cultura Canaya Secretaría de Cultura Canaya Club Atlético Rosario Central Bv. Oroño 49 bis, Rosario, provincia de Santa Fe, República Argentina Diseño Editorial: Diseño Armentano Fotografías de tapa: Gentileza Canalla.com Esta tirada de 1.500 ejemplares se terminó de imprimir en Agosto de 2009

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A manera de introducción
s evidente que el Gigante dejó en algunos sectores de la comunidad rosarina profundas heridas difíciles de cicatrizar. De otra manera no se explica que hoy, a más de 30 años de la designación del estadio de Rosario Central como sub sede del Mundial ‘78, haya sectores que periódicamente quieran revivir una estéril y absurda polémica que ya debería estar definitivamente archivada. Los frágiles e inconsistentes argumentos que se esgrimieron en contra de dicha designación pudieron estar justificados de alguna manera en aquellos años, decisivos para los intereses de ambas instituciones. Y era lógico, casi diríamos una obligación de la dirigencia ñulista de entonces, tratar de sacar el mayor provecho posible si la coyuntura le era favorable. Y así fue que dispusieron de todo tipo de influencias políticas sobre el oficialismo de la A.F.A. de ese año 1974, a través de sus buenas relaciones con David Bracutto, que era nada menos que el presidente de dicha Asociación durante el gobierno peronista. Y por medio de esa buena relación casi logran burlar el informe de la F.I.F.A. que era favorable al estadio de Rosario Central, después de la visita realizada a nuestra ciudad por Joao Havelange y Otto Neuberger en octubre de 1974. Y fue recién allí que Antonio Rodenas dispuso de sus contactos políticos para evitar ser burlado. Si se hubiera respetado la

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A manera de introducción

opinión de la gente de la F.I.F.A. no hubiera hecho falta comprometer ningún contacto político para la elección definitiva del estadio. Pero ellos sabían de antemano que llevaban todas las de perder, ya que el estadio Gigante de Arroyito estaba casi terminado. A principios de 1972 Rosario Central, bajo la conducción de Víctor Vesco y Antonio Rodenas, había encarado la terminación del doble anillo de cemento en todo el perímetro del estadio prolongando la línea de la doble tribuna con visera que da sobre calle Cordiviola, y que fuera inaugurada en 1968, durante la presidencia de Adolfo P. Boerio. El proyecto y dirección de esta futura ampliación fue encargado a los arquitectos Hope y Pujals, y la empresa constructora fue Noguerol y Brebbia S.A.. Se comenzó a ejecutar por etapas y la F.I.F.A. fue invitada a supervisar las obras. El Banco Monserrat financió estas obras por medio de la venta de 5.000 abonos a plateas por 10 y 15 años. El cronograma se venía cumpliendo casi sin atrasos. En 1974 ya estaba construida más de la mitad de la platea alta que da sobre el río Paraná, sector este, y en ejecución el resto de ese lateral de plateas altas, cuando el E.A.M. decidió hacerse cargo de la construcción del resto de las tribunas altas, en especial las que dan detrás de los arcos, y de adecuar el resto del estadio a las exigencias de la F.I.F.A. Es bueno recordar que para acelerar esta etapa final Rosario Central solicitó un préstamo de sólo 500 millones de pesos a pagar con garantía de su propio estadio. Pero el E.A.M. tenía sus intereses y decidió asumir por su cuenta el tramo que faltaba. Pero quede bien en claro: CON MUNDIAL O SIN MUNDIAL ROSARIO CENTRAL TENDRIA IGUAL SU GIGANTE DE ARROYITO, totalmente construido, tal como lo encararon Vesco y Rodenas y como lo proyectaron los arq. Hope y Pujals en 1972. En cambio la situación de Newell’s era totalmente distinta. Para construir el doble anillo de cemento, o algo similar, había que hacer prácticamente un estadio nuevo, y con un costo cercano a los 4.000 millones de pesos. Recordemos que Newell’s tenía tribunas bajas de cemento
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en un solo lateral, el de la visera, y detrás de un solo arco, el del Palomar. El resto del estadio se reducía a un lateral con tribunas totalmente de madera y, detrás del otro arco, el del Hipódromo, no había prácticamente tribunas, apenas 10 escalones, con muy escasa capacidad. En definitiva, había que hacer un estadio prácticamente nuevo con un costo que se acercaba, como dijimos, a los 4.000 millones de pesos. En cambio Rosario Central solicitaba un préstamo de 500 millones de pesos para acelerar la terminación del proyecto propio en marcha que ya estaba casi terminado. Creo que no había mucho para discutir. También se tuvo en cuenta, a la hora de decidir, la precaria situación en que se encuentran los clubes y las otras instituciones privadas que ocupan tierras públicas en el Parque de la Independencia. En 1961, durante la intendencia de Luis Cándido Carballo, los clubes y otras entidades que ocupan precariamente dichas tierras en el Parque aceptaron, ante las exigencias de las autoridades municipales, abandonar definitivamente dichas tierras liberándolas al uso público y cediendo al municipio todos los inmuebles construidos. Así se pactó, cumpliendo con la concesión original, y se les concedió un tiempo prudencial para que las instituciones desalojadas pudieran trasladarse a otros terrenos. Nos referimos a la Sociedad Rural, el Jockey Club, y los clubes Gimnasia y Esgrima, Provincial y Newell’s. El golpe de estado que en 1962 derrocó al gobierno de Arturo Frondizi permitió que las sucesivas intervenciones militares prorrogaran por más años estas concesiones precarias y es así que el 45% de la superficie del Parque de la Independencia continúa todavía ocupado por entidades privadas. Todos estos datos se pueden ampliar en el Nº 10 de la Revista «Rosario. Historias de aquí a la vuelta», dedicado a la historia del Bvard. Oroño y el Parque Independencia y escrito por la Arquitecta García Ortúzar. Aquel mandato de la intendencia de Carballo, acatado entonces por los clubes e instituciones del Parque, está todavía pendiente. Queda en claro, pues, que las autoridades de la F.I.F.A. y del E.A.M. 78 no tuvieron ninguna duda a la hora de elegir y, en
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octubre de 1974, tras la visita de Joao Havelange y Otto Neuberger, todo debió quedar resuelto sin ninguna connotación política. Sin embargo, las influencias políticas y de todo tipo que se usaron inteligentemente en contra de la designación del estadio de Rosario Central, casi dan sus frutos si no fuera por los rápidos y ágiles reflejos de Antonio Osvaldo Rodenas, quien logró desbaratar las maniobras que se urdieron desde arriba. Realmente hubiera sido un fraude. Sin embargo hoy, a la distancia, algunos pretenden «vendernos» al historia al revés: los que usaron todas las artimañas, dilaciones, contactos políticos, etc. para evitar que fuera designado el estadio de Rosario Central que, repito, tenía el visto bueno de la F.I.F.A., dicen que a Central le «regalaron» el estadio porque Rodenas era peronista. Es el colmo del caradurismo. Pero esa farsa no termina aquí. Casi dos años después, aprovechando el golpe militar que derrocó al gobierno peronista, hubo quienes acudieron «sin pudor» a los despachos del gobierno militar presentándose como víctimas del gobierno derrocado y acusando a los dirigentes de Central como cómplices de ese gobierno peronista. Esa actitud poco digna no les dio resultado, por más que tuvieran algún dirigente amigo formando parte de la intervención militar que en la provincia destituyó y reemplazó al gobernador Carlos Silvestre Begnis. No fue posible modificar la designación del estadio porque las obras de remodelación ya habían sido adjudicadas. El Gigante de Arroyito se mantuvo incólume ante la andanada de intrigas, presiones de todo tipo y los más insólitos recursos o argumentos «retorcidos». Por ejemplo: se llegó a decir que el estadio de Rosario Central no era apto para la televisión en colores porque «el espejo de aguas del Paraná interfería la televisación». Cuesta creer esta barbaridad expresada por un dirigente en un reportaje en el diario «Clarín» de esos días. Hoy, a la distancia, todavía quedan resabios de aquellas maledicencias y aún se sigue mintiendo: «el estadio es de la comunidad», «al estadio lo pagamos todos», «se lo regalaron los peronistas», «se lo regalaron los militares», etc. Es bueno recordar que a River Plate el E.A.M. 78 le constru14

yó totalmente la tribuna alta que da sobre el Río de la Plata, y que ocupa exactamente la cuarta parte de la circunferencia alta del estadio Monumental (con más capacidad que lo que se le construyó a Central), además del campo de juego, sistema de iluminación, palcos especiales de lujo, vestuarios, salas de prensa, etc., y a nadie se le ocurrió decir que a River le regalaron el estadio, aunque la inversión en River haya sido mucho mayor que en Rosario Central. Por eso decimos que todo esto no sólo es injusto sino que es una falta de respeto. La comunidad rosarina tiene una deuda de gratitud con aquellos 6.000 o 7.000 plateístas que en 1968 primero (plateas altas sobre Cordiviola) y en 1973 después (plateas altas sobre el río) compraron abonos por 10 o 15 años, o plateas vitalicias, para hacer posible la construcción de las nuevas tribunas del Gigante de Arroyito. Y ese reconocimiento se debe hacer extensivo a aquellos dirigentes que hicieron posible este Gigante que es orgullo de la ciudad. Desde aquellos pioneros del primer estadio de cemento, allá por 1929, pasando por Roberto Monserrat, Federico Flynn, Adolfo P. Boerio y culminando con la feliz gestión de Víctor Vesco y Antonio Rodenas. El esfuerzo de esas generaciones de socios y dirigentes debe servir de ejemplo para las actuales y futuras dirigencias. Durante aquellos años Rosario Central apuntó alto y tuvo su recompensa. Eduardo Ferrari del Sel

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Prólogo
l 30 de mayo de 2001, cuando faltaban apenas cinco minutos para terminar el partido por cuartos de final de la Copa Libertadores de aquel año, Rosario Central perdía por 3 a 0 (y con baile) contra el América de Cali. El partido se jugaba en Colombia, teníamos un jugador de menos porque el «Torpedo» Arias se había hecho expulsar infantilmente, las esperanzas se agotaban y ya se estaban preparando los festejos rojinegros en algunas zonas (pequeñas) de Rosario. Pero de pronto, cual Cid Campeador al frente de su mini ejército de 9 hombres, apareció Don Juan Antonio Pizzi con dos goles en dos minutos. Después Tombolini se vistió de héroe en la definición por penales y Central logró la clasificación para las semifinales de la Copa. Al día siguiente, Roberto Fontanarrosa escribió en el diario La Capital un artículo titulado «Más que hazaña fue milagro», en el que decía que «Central es un equipo que tiene más mitología que historia».

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No caben dudas de que la aguda observación del entrañable «Negro» es correcta. Si tomamos el Diccionario de la Real Academia Española, nos enteramos que «historia» es el «conjunto de los acontecimientos ocurridos a alguien a lo largo de su vida o en un período de ella», mientras que «mitología» es una «narración maravillosa (…) protagonizada por persona17

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jes de carácter divino o heroico. Con frecuencia interpreta (…) grandes acontecimientos de la humanidad». Esto es, más o menos, lo que enmarca la historia del que hoy conocemos como nuestro Gigante de Arroyito, nuestra cancha, la casa en la cual nos encontramos cada vez que once jugadores —no importa si buenos o malos, si queridos o no, si emergentes del Club o «extranjeros»— se ponen una camiseta azul y amarilla —no importa si de mejor o peor calidad, si lleva publicidad o no, si es la rayada original o una suplente— y salen a disputar un partido —sin importar que sea amistoso u oficial, por el Campeonato local o por alguna copa internacional, contra el Milan o contra Godoy Cruz de Mendoza—. Porque todos los hechos que rodearon a la adquisición de los terrenos y a la construcción de la cancha propia, están imbuidos de una especie de realismo mágico, constituyen en sí mismo una «narración maravillosa», «protagonizada por personajes de carácter heroico» e interpretan uno de los «grandes acontecimientos de la humanidad». Ni más ni menos. No podemos minimizarla diciendo simplemente que se trata de un «conjunto de acontecimientos ocurridos a alguien a lo largo de su vida o en un período de ella». Eso sería menospreciar el trabajo — a veces anónimo, otras con nombre y apellido— de miles de socios e hinchas de Central que trabajaron en pos de un objetivo común y de tradición tan arraigada en nuestro país —a través de nuestros abuelos italianos— como es la del «sueño de la casa propia». Trataremos, en las próximas páginas, de recordar a todos quienes han aportado su granito de arena para que hoy podamos disfrutar de uno de los mejores estadios de fútbol del país y del continente, protagonista de una historia tan rica como la de nuestro querido Rosario Central.

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1889 - 1894 Los portones 3 y 4
omo todos sabemos, el Central Argentine Railways Club (rebautizado en 1903, a pedido del socio Miguel Green, como Club Atlético Rosario Central) fue fundado por un grupo de trabajadores y funcionarios del Ferrocarril en la Nochebuena de 1889. El Ferrocarril Central Argentino había iniciado sus actividades en 1863, junto a los Talleres de Rosario, inaugurados en 1886. Se daba forma, con la fundación del Club, a una tradición ya acendrada entre los propios trabajadores de la empresa de prenderse en picados dentro del ámbito de los terrenos donde laboraban. Tanto es así que en 1863 se inició la práctica de fútbol en Rosario, frente a la Parada Castellanos y/o Villa Sanguinetti, aunque no se sabe con certeza si en una cancha o en dos.

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Cuenta la tradición oral que el equipo del nuevo Club tuvo su bautismo de fuego (o de juego) contra otro formado por la tripulación del buque de guerra inglés Beagle, que allá por mayo de 1890 había atracado en el muelle de Comas, en la actual Bajada Sargento Cabral. Frente a un público que no superaba las 40 personas, el primer equipo de nuestra historia lograba un empate en un gol en el primer partido y una notable victoria por 2 a 1 en la revancha. El lugar donde se habrían disputado los dos históricos partidos sería el actual Parque de España.
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1889 - 1894 - Los portones 3 y 4

Aquel primer equipo canalla formó con F. Barton; Postell y Gamp; J. Muskett, J. Barton y King; Mc Lean, T. Muskett, Miguel Green, Mac Intock y Hooper. «La primera época estuvo erizada de dificultades. Se jugaba por el deporte mismo. El juego de los ‘cuatro ingleses locos’ se practicaba, realmente, por pura diversión. Esos obreros entusiastas después de pasar muchas horas del día entregados a la tarea que a cada cual correspondía en los talleres del ferrocarril, junto a hierros y maquinarias, necesitaban, fuera del trabajo, buscar motivos de distracción. Rosario Central, puede decirse, abarcó desde los primeros tiempos en su zona de influencia todo el barrio norteño de la ciudad: Arroyito, Refinería, Industrial, Alberdi. En ese enorme sector, verdadero pueblo aparte de Rosario, si se nos permite, florecieron los grandes cracks de nuestro fútbol. Sus figuras fueron a enriquecer el historial argentino con sus actuaciones internacionales» (1). En sus primeros años, los muchachos despuntaban el vicio de pegarle a la pelota entre los portones 3 y 4 de los talleres de la estación Rosario Norte (es decir, saliendo del túnel Celedonio Escalada y yendo hacia el norte, a la derecha), cerca del Pasaje Celedonio Escalada (en aquel entonces Pasaje de las cadenas), al este de lo que hoy es la rotonda Gualberto Venesia y la plaza Ing. Della Paolera, aproximadamente en el lugar en el que actualmente se levanta el Albergue Municipal «La Casona». Las gestiones para lograr que la empresa permitiera tal cosa habían sido hechas por dos ingleses que formaban parte del personal superior del Ferrocarril Central Argentino: W. O. Lucas y T. G. Russell. Alguno de los tantos vagones en desuso que se encontraban en la zona hacían las veces de vestuario, secretaría y hasta de tribunas para los curiosos de la época aunque, por supuesto, las comodidades de la cancha eran muy escasas: apenas los arcos y los banderines que marcaban los corners.

Gente necesaria. Los obreros de los talleres ferroviarios fundaron Central.

La Revista del Cincuentenario nos confirma que «el ferrocarril aportó bien pronto un terreno para que se hiciera el campo de deportes. Aquellas tardes del viejo barrio Talleres hallaba a los ‘pioneers’ del gran fútbol de ahora, entregados a la práctica de un deporte que, con el correr de los años, habría de alcanzar enorme arraigo y popularidad. Pero si bien es cierto que el campo de juego, contando con la colaboración de la empresa, significaba un aporte considerable, no salvaba ello todas las necesidades del momento. Había que comprar los implementos necesarios para la práctica del fútbol, que no eran pocos, (y eso)
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representaba un gasto apreciable, si se tiene en cuenta la carencia de un número calificado de contribuyentes y lo elevado de esos artículos importados que más de una vez habrían de causar la risa de los empleados aduaneros» (2).

1894 - 1902 La Plaza Oldendorff
sta especie de luna de miel vivida entre el Ferrocarril y sus trabajadores estaba condenada a durar poco. Apenas cinco años después de otorgar el permiso, el Ferrocarril reclama las tierras, argumentando necesitarlas para su actividad. Lejos de renunciar a seguir adelante con lo que ya era su pasión, las autoridades del Club, con la ayuda del mismo Russell, «quien intercedió ante las autoridades del ferrocarril, consiguiendo que le cedieran un terreno mayor, que era donde entonces se practicaba cricket» (3) consiguieron que otro filántropo, Hermann Oldendorff*, cediera parte de una propiedad suya ubicada en la Plaza Oldendorff, en la estación Parada del barrio Talleres, frente a lo que actualmente es el Ferrocarril Nuevo Central Argentino, cerca de la Av. Alberdi entre Humberto Primo y Jorge Harding (hoy Bv. Avellaneda) y cerca también del mítico café de Fuggini y de la Farmacia Británica del Sr. Taylor Paul. La misma fuente informa además que el terreno «se lo habían pedido en préstamo Green, Lucas, Calder y otros (…) Se sabe ciertamente que bajo la presidencia del señor Taylor Paul se siguió trabajando con la voluntad de siempre jugándose cada domingo un partido, y que la mayor parte de los integrantes Directivos eran sus propios jugadores. Había entonces 47 asociados» (4).

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Si bien la estadía de la cancha en ese lugar fue más prolongada que lo que había sido en la primera, no han quedado demasiados rastros de ella en la historia. Sí se sabe que frente a la cancha «se levantaba un chalé de estilo inglés de dos plantas, amplio, del mismo estilo que el núcleo habitacional del barrio inglés (pero de la vereda de enfrente), donde vivía Aurora del Río Imbert, pionera de la educación en nuestra ciudad» (5) y que a mediados de 1902, los terrenos que formaban la Plaza Oldendorff se lotearon y los viejos centralistas se quedaron otra vez sin lugar para disfrutar del fútbol.

1902 - 1918 La cancha del Cruce
nte este nuevo contratiempo, los dirigentes de la época (con el presidente Muhall a la cabeza) consiguieron habilitar la nueva cancha en la manzana que hoy forman las calles Alsina, Catamarca, Castellanos y las vías del Ferrocarril, que en aquella época era un descampado y en la actualidad es la Plazoleta Alfredo Palacios. Los terrenos pertenecían en su tercera parte al propio Ferrocarril Central Argentino y el resto a los sucesores de Bernardo Sanguinetti. «Cerca de la calle Alsina y al sur de la cancha se levantaba una casa de dos plantas: la Villa Sanguinetti, nombre de los propietarios» (6).

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* En algunas historias del Club figura que «H. Ollendorf» era británico, pero una entrevista con su bisnieto, éste nos aclaró algunas cosas: en realidad, y para empezar, se llamaba Hermann Oldendorff, y había llegado de Alemania junto con su padre, militar, en 1850, quien había conseguido que el gobierno le entregara 20 leguas en Azul, con la condición de que defendiera ese lugar de los ataques de los indios. Oldendorff organizó, entonces, una estancia modelo en Sudamérica e importó algunas máquinas a vapor desconocidas por aquel entonces en el país. Con los años fue Secretario de Agricultura de Bartolomé Mitre. Hermann, por su parte, era Ingeniero agrónomo y la única relación que tuvo con Inglaterra fue su pasión por los deportes, dominados en aquella época por los nacidos en la isla. Llegó a Rosario por negocios que tenía con el ferrocarril y aquí se quedó, convirtiéndose en una de las personalidades más importantes de la época. Era propietario de un palacio en la manzana que hoy ocupan las calles Mitre y Av. Pellegrini y de incalculables extensiones de tierra en la despoblada zona lindera con el ferrocarril —entre ellas, en las que hoy se erige la Subsede Cruce Alberdi—. Fue fundador y primer presidente de Gimnasia y Esgrima —apasionado por ese deporte— y en 1880 fue designado Presidente del Banco Provincial de Santa Fe. 26

A su vez, la nueva cancha fue bautizada popularmente como «la cancha del Cruce» (por su cercanía a la interesección de la Avenida Alberdi con el Bv. Avellaneda) o «la cancha de Talleres», ya que así era conocido por aquel tiempo el barrio. Se llegaba a ella con el tranvía 5, en una época en que el lugar quedaba muy lejos del centro y prácticamente no había autos. Según las crónicas de aquel entonces, el paraje era tan descampado que de noche se guardaban los arcos por temor a que fueran usados como leña, y se volvían a rearmar cuando se necesitaban para disputar el partido de la semana siguiente.
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1902 - 1918 - La cancha del Cruce

Agrega Jorge Brisaboa en su notable libro «De Rosario de Central», que «en ese campo brillaron las figuras de la época de oro de Rosario Central: Zenón Díaz, los hermanos Hayes, Danny Green, Vázquez, Serapio Acosta, Rota, Perrazo. Debutaron los hermanos Blanco y los Flynn. Y muchos más. Con la euforia que el equipo despertaba se construyó una tribuna de veinticinco metros, con tablones pintados de verde y con el cartel en la escalera de acceso: ‘Para socios solamente» (7).

en otras entidades puede decirse que estaban ligados fuertemente al instituto de la divisa azul y oro. Por eso aquellos clásicos partidos entre los obreros ferroviarios alcanzaron popularidad y fama. No eran todos futbolistas centralistas, mas, podían considerarse, tal era la amistad y el entusiasmo por el popular juego. Con emoción se recuerdan los encuentros entre los equipos denominados Locomotoras vs. Coches y Vagones. No habrá nada más que hacer desfilar por la memoria a los players que integraban aquellos conjuntos para apreciar la importancia, rivalidad y valor deportivo de aquellas jornadas inolvidables. Por Locomotoras solían jugar Serapio Acosta; Zenón Díaz e I. R. Rota; P. Molina, J. Díaz y E. Fagginani; C, Grieshaber, A. Blanco, M. Argüelles, C. Guidi y Ramírez.

La tribuna «para socios solamente».

Los días de «partidos promocionados como importantes, colocábase alrededor del tejido de alambre, por la parte interior, una ancha faja confeccionada con bolsas de arpilleras para impedir presenciar los partidos sin abonar entrada, precaución poco efectiva para los más audaces que, encaramados sobre los techos de vagones de carga, casi permanentemente estacionados sobre las vías férreas existentes casi tocando el sector norte del campo de juego, burlaban impedimentos visuales» (8). Cabe preguntarse qué tipo de partidos se disputaban por aquellos remotos tiempos: amistosos. «Hubo entre los players una familiaridad nunca desmentida. Jugadores que militaban
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El viejo equipo Locomotoras de comienzos del siglo XX, con la Copa Carlos H. Pearson. Parados, de izquierda a derecha, el segundo es Zenón Díaz y el cuarto Ignacio Rota. En la fila del medio, el segundo es Juan Díaz.

Y no menos poderoso era el plantel de Coches y Vagones: Colombo; Morgoux y Paldal; Jamil, E. Blanco y J. Perazzo; Barbieri, Sánchez o Antuña, H. Hayes o Laiolo, E. Hayes y
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Pimentel. Cracks de Rosario Central y Tiro Federal se confundían, pues, en partidos que tenían el alto significado de un acercamiento que con el correr de los años ha quedado grabado con caracteres indelebles» (9). 1903 será un año fundamental para el Club, no sólo porque «pasan a Rosario los talleres de Campana y del San Martín FFCC, que unían a Rosario con Buenos Aires; al juntarse con el Central Argentino (luego Mitre), que unían Rosario con Córdoba» (10), sino porque fue en ese año que una histórica Asamblea, que tuvo a Miguel Green como protagonista fundamental, castellaniza el nombre del club, modifica sus antiguos colores por los luminosos azul y amarillo y se da un paso fundamental hacia la creación del club moderno declarándolo abierto a todo el pueblo, sean o no ferroviarios, lo que permitió un crecimiento insospechado de simpatizantes y socios a lo largo de toda la ciudad. Los restantes clubes de la ciudad recién se fueron fundando durante los últimos años del siglo XIX y los primeros del XX, por lo que no se puede hablar de torneos y campeonatos hasta la creación de la Liga Rosarina de Fútbol, que la Revista del Cincuentenario cuenta de la siguiente manera: «El club Rosario Central, un activo propulsor del fútbol desde fines del siglo pasado, no podía estar ausente en el acto de fundación de una entidad que diera vida oficial al juego de la redonda. Y así, con la colaboración decidida de los dirigentes del floreciente instituto auriazul, surgió la Liga Rosarina de Fútbol, el 30 de marzo de 1905. Es memorable aquella reunión en donde se echaron las bases para la fundación de la Liga, llevada a cabo en el hotel Britania, que a la sazón estaba situado en la calle Urquiza a la altura del 1200. Fue primer tesorero de la Liga Rosarina de Fútbol don Miguel Green, representante del Club A. Rosario Central» (11).

1919 - 1925 La Parada Castellanos
otra vez la mitología, esa «narración maravillosa (…) protagonizada por personajes de carácter divino o heroico» que «con frecuencia interpreta (…) grandes acontecimientos de la humanidad». ¿Qué otra cosa podría ser la mudanza de una cancha en apenas 48 horas, sino una narración maravillosa protagonizada por personajes de carácter heroico..?

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Porque, como aclara Brisaboa, «la convivencia entre los dirigentes del club y las autoridades de la empresa no era de la mejor. Y éstos siempre priorizaban los negocios al espíritu deportivo». Y agrega, como preámbulo a lo que luego vendría, «…las relaciones de los ingleses con la comunidad rosarina y con Central continuaban mal. Ya era presidente Federico Flynn —había asumido en 1918—, y notaba las diferencias. Periódicamente el Ferrocarril insistía en recuperar los predios que cedía, en parte por cuestiones comerciales y en parte —según decían los centralistas— porque sus autoridades no habían asimilado nunca que el club se acriollara y permitiera que ingresaran socios que no fueran empleados de la Empresa» (12). En la rigurosa Historia de Rosario Central de Andrés Bossio, bajo el título «A TRABAJAR SE HA DICHO…» se da cuen-

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ta de esta nueva epopeya: «En 1917, propietarios de una franja de terreno que ocupaba el ferrocarril reclamaron la misma de inmediato. Era, justamente, parte también de la cancha que usaba Central para sus partidos oficiales. La Liga Rosarina, ante esta situación, intimó a Central para poner en condiciones su campo de juego —que había quedado ‘mutilado’ al entregarse el sector de terreno reclamado a sus propietarios—. Dos días después debían jugar contra Argentino (hoy Gimnasia) y si no arreglaban su campo debían jugar el bravo encuentro en el Parque. Cuando todos estaban desconsolados, pensando qué hacer, alguien resuelto exclamó: ‘¡Vamos, a trabajar se ha dicho, que solo faltan 48 horas para el partido!’ Allí comenzó una febril tarea. Jugadores, dirigentes y simpatizantes se unieron. Unos traían tierra, otros alisaban el terreno, mientras algunos se ocupaban de correr los arcos. Agotados y exhaustos, al momento de comenzar el partido con Gimnasia —que terminó uno a uno— la nueva cancha estaba en condiciones y sus ‘hacedores’ satisfechos…» (13). El gol de Central en aquel partido fue convertido por Zenón Díaz, de penal. La nueva cancha estaba en la Parada Castellanos, también cerca del Central Argentino, «…al comienzo de la calle Iriondo, contra la calle Facundo Zuviría, hoy Central Argentino, lindando con los viejos terrenos de esa empresa que, frente al comienzo de la calle Humberto 1º, siguen teniendo acceso por el Portón nº 1» (14). Hoy Central Argentino es la Avenida Intendente Luis Lamas y esos terrenos forman parte del parque Scalabrini Ortiz. En 1923 Federico J. Flynn convence a Mister M. F. Ryan, alto funcionario del Ferrocarril, de que éste done toda la madera que la empresa no utilizaba y «con la contratación de algunos peones especializados y cientos de socios y simpatizantes centralistas que prestaron su desinteresada colaboración, se construyó una tribuna con cien metros de gradas de unos diez escalones, de cada lado de la cancha, con lo que se dio comodidad a unos quince mil espectadores» (15). El costo de la obra fue de $ 15.000 de aquel entonces.
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1925 - 1926 El Club Bolsa de Comercio. La independencia

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urante estos dos años Rosario Central juega de local en la cancha que le alquila al Club Bolsa de Comercio, en la manzana ubicada entre las calles Ovidio Lagos, Zeballos, 9 de julio y Callao.

Pero para aquellos pioneros no parecía ser eso lo más importante en aquel momento, sino la independencia: «Largo tiempo estuvo Rosario Central bajo tutela. La empresa del ferrocarril ejercía influencia directa sobre la institución. Sus altos empleados eran sus dirigentes. Sus asociados no podían ser otros que obreros y empleados del F. C. Central Argentino» (16). Por eso, «el 1º de agosto de 1925 hay una Asamblea General en el Club. La presidencia informa que en la última reunión llevada a cabo entre altos jefes del F.C. se habló de fundar otro Club a base de Rosario Central, oficializado por la Empresa, pero tal vez sin cambiarle el nombre y, además, que se sabía que para antes de fin de año la Empresa pediría a todos los clubes que ocupaban terrenos suyos, incluso el nuestro, que se los desocuparan. Pide la palabra el Sr. Poy y manifiesta que Rosario Central es uno de los clubes más viejos de la ciudad, pero no ha progresado más a causa de verse siempre ligado a la Empresa, y que debe optarse por conseguir un terreno propio, liberándose defi33

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1925 - 1926 - El Club Bolsa de Comercio. La independencia

nitivamente de aquella tutela, máxime teniendo en cuenta que hace más de cinco años que se trata de oficializar nuestro Club por parte de la Empresa. El Sr. I. R. Rota dice que cree comprender por lo expuesto por la Presidencia que el Club tiende a desaparecer y que, teniendo en cuenta que gran parte de los socios más viejos se hallan presentes, mejor sería no seguir tratando el asunto, pues considera que si se oficializara el Club, los socios estarían subyugados a los jefes y capataces de la Empresa y de tal manera quedarían oprimidas las ideas de los socios, que el Club antes de fusionarse con la Empresa debería disolverse, como lo hizo Alumni cuando creyó terminada su misión (aplausos), se entraría a formar parte de otro Club con nuestro capital y premios y que así quedarían en el olvido todos los triunfos conquistados. Que vería con agrado que la C.D. tratara de llamar a la mayor cantidad posible de socios para tratar en otra Asamblea la cuestión. La Presidencia manifiesta que, por no haberse recibido notificación directa de la Empresa, sería prudente esperar un poco para tomar medidas concretas, pero que cree sumamente importante que de inmediato se tomen medidas para conseguir un terreno para campo deportivo del Club, que de ninguna manera se debe pensar en disolver la institución; que teniendo el terreno, según sean las propuestas de la Empresa, se estaría en condiciones de aceptarlas o rechazarlas. Habla otra vez el Sr. Rota y dice: que aquella es una de las mejores iniciativas que se pueden tomar en previsión, y que la C.D. podría hacer suya la manifestación del Sr. Presidente, que se busque un terreno, etcétera. De inmediato se colocan avisos en los diarios solicitando terreno para el Club. Se hace otra reunión el día 3, y allí el Sr. Flynn informa que ha vuelto a ser invitado a otra reunión de jefes y que, aunque no se nombró a Rosario Central, cree él que se creará otro club, que ha de tener sede en el pueblo de Pérez y contará con todo el apoyo de la Empresa, pero ha de ser absolutamente un club ferroviario. El 10 de octubre hay otra Asamblea y la Presidencia informa haber recibido con fecha 7 de setiembre pp. una nota del nuevo club, llamado ‘Deportivo Central Argentino’, invitando a todos los socios para asociarse,
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declarando hacerlo extensivo a los socios no empleados de la Empresa también, pero sin voz ni voto en las Asambleas. La Asamblea decide contestar correctamente la nota recibida, donde se agradece la invitación, pero que este Club no tiene interés en asociarse colectivamente y que podrán hacerlo los socios que así lo deseen, ya que los reglamentos de nuestro Club no lo prohíben… El Sr. Sparpa pide un aplauso para Rosario Central, ¡pues entiende que desde ese instante el Club queda libre para siempre de extrañas tutelas!… La Asamblea de pie aplaude unánimemente. La Asamblea, por moción de la Presidencia, nombra una Comisión de Finanzas para que de inmediato se aboque a la tarea de conseguir un terreno apropiado y así poder seguir adelante con los destinos de la institución. Dicha Comisión queda formada con los Sres. A. Ré, A. Rossi, J. Casagrande, D. Brangieri, V. Fuggini, F. J. Flynn y M. Morales, con la Presidencia del Sr. Flynn. Se nombra una Comisión para la reforma de Estatutos, la que cuenta con los Sres. J. Silva, V. B. Pisso, A. Pergolis y la Presidencia. Se corre la voz entre la masa asociada de lo que acontece y en todo Rosario hay una verdadera convulsión. De inmediato se produce un hecho que es maravilloso para la historia de la entidad, infinidad de personas vienen a asociarse al Club, adhiriéndose así a la hora de libertad definitiva que disfruta Rosario Central!» (17). Pongámosle cifras a esta afirmación: «En el año 1918 los socios apenas si llegaban a 182 y el capital oscilaba en los seis mil pesos. En 1926 los asociados sumaron la cantidad de 1.700 con un capital de 47.000 pesos. Tres años más tarde se triplicaba el número de socios y el capital ascendió a 73.000 pesos. Apenas lograda la autonomía, el club fue organizado en su carácter de sociedad civil y el gobierno de la provincia le acordó la personería jurídica (18).
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El 28 noviembre 1925 sucede un nuevo acontecimiento de importancia histórica: ante la imposibilidad económica de comprar el terreno adecuado —que había sido el mandato de la Asamblea—, y por iniciativa del socio Rossi, quien además realizó las gestiones, la Municipalidad le cede al Club Atlético Rosario Central por 20 años los terrenos de B. Avellaneda, Calle 31 (Cordiviola), Av. Central (hoy Génova) y el río Paraná, donde se comienza a construir la cancha. Las gestiones de Rossi contaron con el apoyo del Ministro de Hacienda de la provincia, Dr. Félix Roca, el intendente de la ciudad, Dr. Manuel Pignetto y una larga lista de concejales, entre los que debemos mencionar a Casas Duchenois, Bollero, Garavano, Nirich, Stoisa, Morcillo, Caramutti y Cepeda.

Domingo 14 de noviembre de 1926 Primer partido en Arroyito
Las mitologías también admiten casualidades. omo quedó dicho, durante 1925 y 1926, y ante la falta de un terreno propio, Rosario Central disputaba los partidos de local en la cancha que alquilaba al Club Bolsa de Comercio. Pero cuando le tocó jugar con Newell’s por la Copa Vila de Primera División de 1926, que organizaba la Liga Rosarina de Fútbol, la cancha de calle Ov. Lagos no se podía utilizar. Entonces, las autoridades del Club decidieron jugar el partido en la cancha que con el tiempo sería nuestro orgullo y que en aquel entonces no estaba terminada aún: el Gigante de Arroyito, que ya tenía el alambrado perimetral y los arcos. Poco más. Ni vestuarios había…

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De esa manera, el 14 de noviembre de 1926, Rosario Central vence nuevamente a Newell’s, esta vez por 4 a 2, en lo que no sería un partido más: era el primero en nuestra nueva cancha.

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cia». «Una de las obras más importantes es el Jardín de Niños, que por entonces es el primero entre sus similares en la provincia. Su inauguración significó todo un suceso; concurrieron cientos de familias y más de 2.000 niños. Dichas instalaciones eran para los hijos de asociados y también para todos los niños del barrio» (20).

Diario La Capital del 14 de noviembre de 1926.

El diario La Capital del 14 de noviembre titulaba «ROSARIO CENTRAL, SOSTENDRÁ, EN SU NUEVO FIELD, UN MATCH CON NEWELL’S OLD BOYS» y comentaba que «con el match a celebrarse hoy, la representación nombrada en primer término, dará por inaugurada su cancha situada en Sorrento, en el ángulo que forman las calles avenida Central (hoy Génova) y 31 (hoy Cordiviola). Se trata de un amplio campo de deportes, al que se le ha dotado de toda clase de comodidades para la concurrencia de público, que sin mayores molestias podrá presenciar el encuentro que se celebre en el mismo» (19). También informaba que ese día reaparecería Octavio Díaz, después de su exitosa participación con la Selección Nacional en el Campeonato Sudamericano de Chile. Ese día también se inauguraba, a las 9 de la mañana, el Jardín de Niños en el Campo de Deportes ubicado en Av. Central y Bulevar Avellaneda, compuesto por «diversos aparatos de entretenimientos para la infan38

Las primeras instalaciones del Jardín de niños, inaugurada en el Estadio el 14 de noviembre de 1926.

El 15 de noviembre, lunes, La Capital titula «EN SU MATCH CON NEWELL’S OLD BOYS, ROSARIO CENTRAL ALCANZÓ UN MERECIDO TRIUNFO». Dice la crónica que «fue tanta la cantidad de público que las autoridades de la entidad local, se vieron en la necesidad de suspender la venta de entradas, quedando incluso gente sin poder entrar al field» (21), habiéndose recaudado la suma de $ 2.515. Rosario Central formó ese histórico día con Octavio Díaz; Florencio Sarasibar y De Cicco; Félix Sarasibar, Fioroni y Fajardo; Macías, Ongaro, Bertey, Coirini e Indaco. El árbitro fue Angel Gamez. «A las 17 horas inició el juego Bertey, haciendo un pase a Coirini que fue despojado por Vila». A los 10 minutos Central perdía
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2 a 0, pero a los 15’ descontó de penal Sarasibar —quien fue, a la postre, el autor del primer gol canalla en su nueva cancha—, empató Castagno en contra a los 24’ y a los 25’ Bertey anotó el 3 a 2. El mismo Bertey, a los 6’ del segundo tiempo, puso el 4 a 2 definitivo. La Capital de ese día publicó, en un gesto que lo caracteriza, la foto del segundo gol de Newell’s… El partido, entonces, se jugó. Pero, ¿en qué andaban las obras?, ¿cómo estaba la cancha? «La memoria del año siguiente —1926— indicaría que todas las obras fueron ejecutadas por administración, habiéndose logrado con ello importantes economías que —dice— si no fueron apreciables en todos los casos representaron un aporte al caudal social. Es que —agregamos nosotros— cada peso en aquellos años tenía un valor fundamental. De allí que entre esas pequeñas economías y la ayuda personal de socios y simpatizantes, el estadio fue teniendo poco a poco su campo de juego sembrado y sus tribunas se fueron levantando lenta pero inexorablemente, lo mismo que las instalaciones sanitarias y demás» (22). Un plan financiero cuidadosamente elaborado en 1926 y la colocación de un empréstito interno, permitió que en 1927 se encarara en firme la construcción de la obra, que es encargada a la empresa «de los señores Ferrarese Hnos y Cia., de esta plaza comercial, cuya seriedad y profesionalidad avalaban la erección de edificios tales como el Palacio Fuentes, el Banco de la Nación Argentina, sucursal Arroyito, compañías de seguros y demás. El contrato fue firmado por un monto total de $ 46.955» (23). Ello después de que, el 1º de diciembre de 1927, el Intendente Isaías Coronado firmara el decreto nº 277 que otorgaba a Central los terrenos del Barrio de Arroyito por un plazo de 20 años. Es dable recordar que el presidente canalla, entre 1923 y 1931, era nada más y nada menos que don Federico J. Flynn, quien ejercía la segunda —y extraordinaria— presidencia de las cuatro que le concedió la historia.
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En el primer partido jugado en Arroyito, que ganó Central 4 a 2, La Capital muestra uno de los goles de Newell’s…

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1928 - 1929 Las obras
n 1928, el presidente Flynn contrata al constructor y socio canalla Román Rodríguez para que construya las tribunas populares. El mismo Rodríguez financió la obra, debido a que los intereses que le pedían a Central en el banco para el préstamo eran muy elevados. Esa generosa actitud de Rodríguez le significó al Club el ahorro de $ 1.975. La Memoria de ese año informa detalladamente sobre el tema: «TRIBUNAS POPULARES. Con respecto a este importante asunto, la Comisión Directiva queriendo dar cumplimiento al deseo expresado por las autoridades anteriores, se avocó de lleno a su estudio, y reuniendo antecedentes y precios confeccionó un extenso memorial que, leído, fue puesto a consideración de la H. Asamblea Gral. Extraordinaria de fecha 13 de noviembre 1928. Como recordarán los Señores asociados se aprobó en la misma el proyecto presentado, facultando a la C.D. la adjudicación de la obra al Constructor o Empresa Constructora que ofreciera precios y condiciones más ventajosas, a la vez que las necesarias garantías. En reunión extraordinaria de Comisión, fueron discutidas las propuestas, resolviéndose por unanimidad adjudicarse la obra al Socio Sr. Román Rodríguez, quien a su vez y para mejor ayudar al Club decidió dejar sin efecto la operación Bancaria y conceder él las mismas facilidades de pago que hubiera dado el Banco. Al aceptar esta nueva propuesta, la C.D. ha

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tenido muy en cuenta el beneficio que reportaría a la Institución por la diferencia de intereses que se calcula más o menos en pesos 1.975.— m/n. a nuestro favor y que por otra parte revela en alta forma el espíritu de ayuda hacia el Club que anima al Sr. Rodríguez, obligándonos a dejar expresa constancia de nuestra

detrás de los arcos, y el lateral bajo, sobre el río Paraná. Esas graderías macizas eran un privilegio casi único en Sudamérica, ya que solamente Independiente tenía un estadio de esas características» (25).

Así se veía la Tribuna Oficial en la época de la inauguración de la cancha.

gratitud, y quedando conceptuado por tan noble gesto como un socio ejemplar» (24). La obra total costó $ 164.788,50. Las nuevas tribunas de cemento (con capacidad para 35.000 personas) «son las mismas que hoy ocupan las tribunas bajas
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Es interesante atender el tono en que narra el hecho la Revista del Cincuentenario: «El estadio de Arroyito que supliera a la vieja cancha de los ‘talleres’, tenía su tribuna oficial, que enhies45

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ta se levantaba, como índice del progreso de Rosario Central. Frente a ella, las populares parecían más pequeñas que nunca y su capacidad era fácilmente colmada apenas se jugaba un cotejo más o menos interesante. Es que al team representativo auriazul lo seguían millares de aficionados, que a medida que la entidad crecía en prestigio se sumaban en forma intensa, para llegar a reclamar mayores comodidades. Fue entonces cuando se creyó conveniente la construcción de las tribunas populares de cemento que hoy bordean el hermoso campo de juego. Crecieron ellas de la misma manera que creció Rosario Central: sobre bases firmes, y cuando quedaron terminadas, parecían como si quisieran demostrar a los que las vieran, que se sentían orgullosos de servir para evidenciar la importancia poderosa de su club. Sus espaciosos escalones, fuertes como la tradición del club, de haber tenido el don de la palabra, habrían, con seguridad, manifestado su inmensa alegría de poder albergar a la bulliciosa concurrencia que hasta ella llegaría para asistir a los futuros espectáculos» (26).
Vista aérea de la cancha en la década del ‘30.

Ingreso a la primer cancha de Rosario Central

Vista del frente de mampostería donada por los Sres. Fernández y Sust.

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Fantástica imagen de nuestra primera cancha.

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27 de octubre de 1929 La inauguración oficial
a nueva cancha con sus flamantes tribunas se inauguró oficialmente el 27 de octubre de 1929, en un recordado partido contra Peñarol de Montevideo, antiguo club amigo de Central, adversario de muchos partidos históricos contra el auriazul. Tanto es así, tanta era la amistad entre ambas instituciones, que la inauguración de la nueva cancha fue postergada hasta que Peñarol pudiera venir a Rosario: en las memorias del Club de 1928 se informa que «no obstante haber sido habilitada desde hace tiempo, aún no fue inaugurada en carácter oficial, quedando esto posiblemente hasta tanto Peñarol, cuadro elegido con preferencia, pueda cumplir el compromiso contraído con nosotros, que ha de ser en el año en curso» (27). Esta demora en la inauguración de la cancha permitió al Club poder inaugurar todas las tribunas, es decir, la oficial que ya estaba construida, y las populares que se construyeron en 1928. También pudieron inaugurarse las mejoras interiores, como «la instalación del servicio de agua caliente para baños, habilitada en el mes de Julio, tanto en las dependencias destinadas a los jugadores locales como en las de los visitantes, poniendo a cubierto con ello la salud de los jugadores en épocas poco propicias para baños con agua fría» (28). y «el salón para el Buffet, sala para el Botiquín, habitaciones para el mayordomo, bolete-

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27 de octubre de 1929 - La inauguración oficial

rías, vestíbulo, ampliación de los servicios sanitarios y de la vereda en un total de 165 metros, y cuyo costo asciende a $ 13.783,30 m/n» (29). Las tribunas, todas de cemento, permitían el ingreso al estadio de 36.000 personas, 6.000 en la Oficial y 30.000 en las populares. La cancha de Central y la de Independiente eran, por aquel entonces, las dos únicas en toda Sudamérica que podían mostrar esa prosperidad… Rosario Central formó aquel día con Octavio Díaz; De Cicco y González; Podestá, Juárez y Romano; Vázquez, Rivaz, Tamalet, Indaco y Luna. El encuentro terminó 2 a 2 y los tantos canallas fueron convertidos por Tamalet y Vázquez. Las entradas costaban 50 centavos, uno y dos pesos. Ese día, entonces, Central estaba de fiesta, y por eso los festejos comenzaron temprano y terminaron bien tarde, de acuerdo al detalle que consignamos: PROGRAMA DE ACTIVIDADES PARA ESE DÍA
9:00 horas: Venta de medallas conmemorativas del acto inaugural 9:30 horas: Excursión por la ciudad 11:30 horas: Vermouth en el Hotel Italia 12:30 horas: Partidos preliminares entre Atlético Arsenal de Guerra de San Lorenzo vs. Segunda división A de Rosario Central. 13:45 horas: Sporting Club de Corral de Bustos vs. Segunda división B de Rosario Central. 14:45 horas: Inauguración del Estadio. 15: 00 horas: Desfile de ex dirigentes, ex jugadores y jugadores actuales del Club. 15:15 horas: Entrega al presidente del Club, señor Federico J. Flynn, de un obsequio que un grupo de socios le hace por su actuación dentro del Club después de 10 años. 15:20 horas: Entrega en el field, a la delegación de Peñarol, de una plaqueta como acto recordatorio de la inauguración. 15:30 horas: El Sr. Cónsul del Uruguay, Dr. Manuel Núñez Regueiro, dará el kick off y seguidamente se iniciará el partido entre Rosario Central y Peñarol. 17:45 horas: Lunch en el Estadio con la presencia de la delegación de Peñarol, Sporting Club, Arsenal de Guerra, Comisión Directiva, Sub Comisión

Entradas para la inauguración oficial. pro festejos, jugadores del Club y periodistas. 21:00 horas: Banquete en el Hotel Italia en honor a los delegados y jugadores de Peñarol.

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1934 - 1945 Siguen las obras
l 28 de enero de 1934 Federico J. Flynn retoma la presidencia de Rosario Central por un nuevo período, esta vez el tercero. Se produce un serio entredicho por aquellos días entre las autoridades municipales y las de Rosario Central. Aquellas reclaman una franja del terreno que ocupaba en concesión el club auriazul. (Recordemos que la cancha se levantaba sobre terrenos cedidos en 1927 por la Municipalidad por espacio de 20 años.) Incluso inspectores comunales llegan a derribar el alambrado que circundaba el predio. Central recurre a la Justicia, que ordena a la Municipalidad no innovar. Después de numerosas y fatigosas tratativas, el comando auriazul se compromete a realizar una serie de obras mientras permanece usufructuando la tenencia precaria de que gozaba.

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Diario La Capital del 27 de octubre de 1929.

También por aquella época se coloca la primera iluminación al estadio. La inversión fue de $ 22.000 (amortizables en 5 años) que incluía la instalación de un equipo sonoro para publicidad comercial y divulgación de información deportiva. Gracias a aquel notable avance tecnológico, el 4 de enero de 1936 se jugó en Arroyito el primer partido nocturno, en el cual Central derrotó a Nacional de Montevideo por 2 a 1, inaugurando el primer torneo nocturno del país, del que tomaron parte Boca, River,
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Racing, Independiente, San Lorenzo, Central, Newell’s y Peñarol y Nacional de Uruguay, y en el cual Central terminó tercero. El 31 de diciembre de 1939 se coloca la piedra fundamental de la nueva tribuna oficial de la cancha, y en 1940 se adquiere la sede de calle Mitre en $ 70.000, cerrando un período fecundo en obras, en crecimiento patrimonial del Club y en una notable cantidad de socios nuevos que ya habían colocado a la institución entre las más importantes del país y, lejos, la más grande del interior.

1946 - 1949 Los terrenos propios
ara los centralistas, la cuestión del terreno propio era una idea fija, una obsesión que se transmitía de generación en generación. Desde el mismo nacimiento del club este tema había acentuado las diferencias con los ingleses del ferrocarril y el punto final había sido la liberación de la tutela de la empresa, allá por 1925» (30).

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Es por ello que el 25 de junio de 1946 Central compra, en subasta pública, unos terrenos del Central Argentino ubicados en la manzana que circundan las calles Av. Pellegrini, Vera Mujica, Iriondo y Pje. Boero para construir su futuro Estadio Monumental. El 2 de septiembre del mismo año se firma la escritura respectiva. «Eran 38.665,16 metros cuadrados por los que Don Adrián Giannini —dirigente y miembro de la Subcomisión de fútbol— peleó con funcionarios del Ferrocarril Central Argentino —propietario del predio— hasta lograr las ventajas de financiación y precio que tornaron posible la adquisición. La Comisión Directiva — que presidía don Roberto Monserrat— resolvió en su reunión del 25 de junio de 1946 aprobar y apoyar todo lo actuado por Giannini. Y convocó a la familia centralista a
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avalar aquella operación, que fue finalmente corroborada y consolidada definitivamente el 2 de septiembre cuando se firmaron las pertinentes escrituras» (31). Es imperdible el relato de la subasta hecho por la sabia pluma de Jorge Brisaboa, porque demuestra la catadura de la que estaban hechos aquellos mitológicos canallas de la época, dispuestos a todo para lograr el sueño de la casa propia: «Aquella compra se había concretado en un remate, precisamente del ferrocarril Central Argentino (¡cuando no!), producto de la visión del presidente Roberto Monserrat y de la picardía —y algo más— de un grupo de hinchas ‘canallas’ liderados por el ‘Gringo’ Adrián Giannini, quien además había sido el buscador de ese espacio verde. El escenario de la adquisición fue uno de los salones de la Bolsa de Comercio. Entre quienes acompañaban a Giannini estaba Alfredo O’Shea, el hincha—periodista : ‘La cosa es que la tarde del remate un grupo numeroso de centralistas, por supuesto, bien aleccionados, hacíamos vigilia en armas esperando la hora decisiva… Los que estábamos nos conocíamos todos salvo tres personas fácilmente identificables por sus boinas que evidentemente iban a participar de la puja, ¿y estos vascos?, nadie los conocía’, rememoraba años después O’Shea. —Hablemos con ellos— reaccionó con rapidez el ‘Gringo’ Giannini. En ese mismo instante el rematador Virgilio Sánchez Granel abrió el juego de ofertas: —La base es 250 mil pesos. —251 mil—gritó uno de los vascos. —252 mil—contragolpeó el presidente centralista Roberto Monserrat, junto a quien estaban otros directivos y el gerente interino Alberto Errico. El grupo de la hinchada, mientras, ya rodeaba a los vascos.
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‘Les decíamos que el club necesitaba los terrenos para un gran estadio, que patatín, que patatán. Los vasquitos sabían de fútbol y de Central tanto como si les hablaran en groenlandés, así que prestaban atención muy gentilmente pero querían seguirla en las ofertas. Giannini y nosotros los queríamos convencer de que no terciaran en el asunto’, contaba O’Shea reviviendo el ‘apriete’. —¿No hay quién de más?— apuraba el martillero. Los vascos seguían rodeados, estaban dispuestos a subir la propuesta pero desorientados por lo que O’Shea definió como ‘amigable charla’. —Una… dos… yyyy… tres… adjudicado al Club Atlético Rosario Central— bajó el martillo Sánchez Granel. La operación se cerró en 252.000 pesos, de los cuales Central entregó al contado 50.000 y el resto en cinco cuotas iguales y anuales. ‘La Capital’, en su edición del 26 de junio de 1946, consignó que ‘los socios del club que se encontraban presentes se manifestaron dispuestos a iniciar un movimiento con el propósito de colaborar con las autoridades de la entidad, a fin de facilitar el cumplimiento de la deuda contraída’. Giannini y sus amigos habían hecho el ‘trabajo sucio’ para que el costo no se fuera tan arriba y el club pudiera comprar los terrenos. Ahora saldrían a buscar la plata» (32). Por aquel entonces «…el Gobierno de la Nación comenzó a dar prioridad a las obras destinadas a difundir la práctica del deporte. Racing estaba construyendo en Avellaneda un monumental estadio (que inauguraría en 1950) y otras instituciones menores recibían créditos a largo plazo para construir o mejorar sus instalaciones. Los directivos de Central enteraron al sena59

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dor nacional Alejandro B. Giavarini de las ambiciones que envolvía a aquella gestión, que bien pronto dio sus frutos; no bien acreditadas la solvencia y trayectoria de la institución así como los fines para los que sería destinado el préstamo solicitado, el Gobierno Nacional dictó el decreto nº 1634 del 23 de enero de 1947, que en su parte resolutiva dice textualmente: ‘Artículo 1º. Acuérdase al Club Atlético Rosario Central, de Rosario, un préstamo de hasta un millón quinientos mil pesos ($ 1.500.000 m.n.) moneda nacional, que podrá hacerse efectivo una vez reunidos los antecedentes e informes y llenados los requisitos exigidos por las disposiciones para la realización de tales beneficios, con destino a la financiación de obras en su campo de deporte sito en Rosario para la exhibición y práctica de la cultura física. Fdo.: Juan Domingo Perón (Presidente) Ramón A. Cereijo (Ministro de Hacienda). Los antecedentes, informes y requisitos mencionados por dicho decreto llevaron un largo año de gestiones y trámites hasta que el 6 de abril de 1948 —cubiertos todos los recaudos legales exigidos por el Gobierno— se dictó un minucioso, extenso y esclarecedor decreto en el que se estipulan todas y cada una de las exigencias oficiales, el destino de los fondos adelantados, la forma de proceder a su devolución, las garantías y todos los demás extremos normales en estos tipos de créditos que, no obstante la frecuencia con que eran otorgados, no constituían fondos facilitados alegremente. Todo un proceso engorroso de largos trámites y barreras burocráticas debían ser superadas hasta poder disponer de los mismos. Junto a todos los términos de la relación que regía aquella vinculación entre el Club y el Gobierno de la Nación vale la pena transcribir el artículo 11 de aquel Decreto nº 9797 del 6 de abril de 1948 que, junto a Perón y a Cereijo, suscribía el ministro de Obras Públicas, Juan Pistarini: ‘El Club Atlético Rosario Central se obligará a acordar las franquicias que oportunamente requiera el Gobierno de la Nación y el de la Provincia de Santa Fe para los alumnos de la enseñanza primaria y media para la práctica de los deportes y concurrencia a los espectáculos deportivos por él organizados» (33).
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26 de junio de 1951 La permuta de los terrenos
esumamos la situación a esa fecha: después de vagar por distintos predios durante años, y con la idea de «la casa propia» entre ceja y ceja, los dirigentes canallas habían conseguido comprar, en 1946, un terreno de casi 40.000 metros cuadrados cercado por las calles Av. Pellegrini, Vera Mujica, Iriondo y Pje. Boero, con la idea de construir allí el futuro Estadio Monumental del Club. Lograron, además, que el gobierno peronista de la época le otorgara a Rosario Central un préstamo de un millón y medio de pesos moneda nacional destinados a tal fin. Mientras tanto, y desde 1925, Central continuaba construyendo la cancha en los terrenos que la Municipalidad le había cedido por 20 años en Av. Génova y Cordiviola, donde ya jugaba oficialmente desde 1929.

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Sin embargo, y como acertadamente comenta Bossio, «costaba mucho construir sobre la nada. Y había que gastar mucha plata para desmantelar el terreno de Arroyito. Además —esta fue la razón de mayor peso— el corazón de Rosario Central estaba y latía en Arroyito, mucho más que a unas pocas cuadras del Parque Independencia. Un precursor centralista —don Adrián Giannini— el mismo que había conseguido el terreno de avenida Pellegrini, se ocupó de hacer viable la permuta de ese predio por el de propiedad municipal donde estaba el estadio auria61

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zul. Hubo que vencer muchas dificultades, felizmente superadas por la buena disposición de otras autoridades más sensibles al sentir popular y por la aceptación de las garantías hipotecarias que el Ministerio de Hacienda de la Nación admitió atendiendo al cambio de los inmuebles» (34). Tengamos en cuenta que Rosario Central no reclamaba terrenos más valiosos que los que ofrecía a cambio, ni mucho menos: en aquella época la zona que hoy ocupa el Gigante era una zona de quintas, muy poco habitada y alejada del centro, donde sólo se llegaba con el tranvía Cuatro. O sea que, a casi el mismo tamaño, tenía mayor valor el terreno que el Club ofrecía que el que pretendía a cambio, donde ya estaba asentado. En este, como en otros muchos temas del presente trabajo —que no pretende la originalidad sino que busca la información y la divulgación— es imposible no reproducir textualmente el capítulo que le dedicara al mismo el periodista Brisaboa, bajo el subtítulo «EL CAMINO HACIA EL ESTADIO PROPIO»: «Sr. Presidente (Diez Mori): —En consideración. Sr. concejal Gladis: —Pido la palabra. Sr. Presidente: —Tiene la palabra. Sr. Gladis: —Sé que al sancionar el Honorable Concejo este despacho —que desde ahora descuento ha de ser aprobado por unanimidad—, será criticado por un reducido sector de la ciudad, que lo hace por costumbre. Sé también que los dirigentes del Club Atlético Rosario Central se verán en la misma situación que los componentes de este Cuerpo (…). La sesión del Concejo Deliberante del 26 de junio de 1951 comenzaba a tratar sobre tablas la permuta de terrenos propiedad de Rosario Central por el predio municipal que ocupaba la institución desde 1927 en Arroyito, para entonces ya denominado barrio Doctor Lisandro de la Torre, en homenaje al tribuno desaparecido.
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Ahora, los concejales de la ciudad se disponían a aceptar una propuesta de los dirigentes de Central: el trueque directo de los 39.704,94 metros cuadrados junto al río, donde la cancha crecía con tribunas, vestuarios, y demás instalaciones, por un terreno de 39.860,16 metros cuadrados ubicado en Pellegrini e Iriondo, que el club había adquirido en 1946 para levantar el ‘Estadio Monumental’. Eran tiempos de política y deporte. El peronismo se acercaba al fútbol. Y no pasó mucho para que los contactos se aceitaran. En 1948 el presidente Juan Perón y su ministro Ramón Cereijo firmaron un decreto acordando un préstamo de 1.500.000 pesos a Rosario Central para financiar la construcción de su campo de deportes. Pero el grueso del dinero no llegaba y el proyectado ‘Estadio Monumental’ estaba cada vez más lejos. Por eso, con Federico Flynn nuevamente en la presidencia, tomó impulso la posibilidad del cambio. El terreno de Pellegrini, que ya era de Central, por el de Arroyito que estaba cedido precariamente desde 1927. La sesión del 26 de junio de 1951 seguía su curso en el Concejo Deliberante: Sr. Gladis: —…La comisión de Gobierno, Interpretación y Acuerdos al producir su despacho no ha fijado precio ni conveniencia en este asunto, por cuanto siguiendo la política del general Perón —que es quien nos inspira en estos actos— llegamos a la conclusión de que debemos prestar toda clase de ayuda a las instituciones deportivas… Y como fundamento del despacho, el concejal peronista Gladis citó una y otra vez a Perón, recordó sus discursos, habló de una ‘nueva época’ en la vida política argentina y definió a Rosario Central: —Es una gloria del deporte rosarino porque dio el primer jugador criollo para integrar el seleccionado argentino: el
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ex jugador Zenón Díaz, de tan destacada actuación y ejemplo del deportista caballeresco. Sr. Hasán: —Pido la palabra. Para destacar sólo la necesidad urgente de que el Honorable Concejo se pronuncie acerca de este despacho, con el objeto de que una vez aprobado ocupe esos terrenos (los de Pellegrini e Iriondo) la Empresa de Transporte de Rosario, lo que resolverá un problema de mucha importancia… Sr. Ricardo Mainetti: —Señor Presidente: los demócratas progresistas vamos a votar favorablemente esta permuta sin que ello signifique un precedente. Y lo haremos porque la Comuna no renuncia ni enajena bienes propios, sino que los permuta por otros de igual valor (…). Por otra parte, estamos en presencia de una entidad tradicional de indiscutible arraigo popular que lleva brindando a los rosarinos más de una satisfacción en el campo de la acción deportiva. Su estadio monumental habla del espíritu progresista y de la iniciativa de sus hombres. Nada más. Sr. Presidente (Diez Mori): —Se va a votar nominalmente, en general (votan por la afirmativa 16 concejales, incluido el presidente). Sr. Presidente (Diez Mori): — Afirmativa de 16 votos. El diario de sesiones convalida los dichos. Por unanimidad el Concejo autoriza el trueque. Eso sí, en la parte resolutiva se aclara que del terreno comprendido entre Génova, el río Paraná, el límite con el Club Regatas Rosario y Cordiviola, se quitarán 1.040 metros de la Subprefectura Marítima. La historia del predio propio no terminó ese día de junio en el Concejo Deliberante. El 7 de agosto de 1951 Central convocó a una asamblea general extraordinaria, uno de los actos más trascendentes de la vida de la institución, tal cual se desprende del acta 51:
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Socio D’Agostino.— Pido un voto de aplauso para la comisión directiva por los trámites que ha realizado y que están a punto de finiquitarse y por la buena predisposición y sano fin que ha existido en la tramitación de este asunto, que va a coronar lo que Rosario Central necesita… (Aplausos generales) Socio Borro: —No se puede negar que en una forma agradable, de acuerdo con los principios del amor que le tenemos a nuestra institución, esta noche va a ser memorable e histórica para Rosario Central… Vamos a llegar en forma definitiva a ser una de las primeras instituciones de la ciudad, ya que va a tener su gran estadio propio… (Aplausos generales) …Deseo que se aclare si además del trámite oficial, que celosamente y con tanta perfección ha cumplido la comisión directiva, que obliga al agradecimiento de los asociados, ha intervenido algún otro socio, como he tenido referencia… Sé que se trata de Adrián Giannini, viejo socio que siempre le ha dado todo lo que pudo al club, sin esperar ni recibir nada jamás… (Aplausos generales) …Es necesario que se sepa que ha sido este amigo quien trajo al seno de la comisión directiva la noticia sobre la posibilidad de hacer esta permuta… (Grandes aplausos y felicitación de la asamblea para el socio Giannini. Se lee la carta de un alto funcionario de la Empresa de Transportes donde se pone de manifiesto que ha sido el señor Giannini quien iniciara los primeros pasos, que luego desarrolló hasta muy feliz término en aras del engrandecimiento de Rosario Central)
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El ‘Gringo’ Giannini, el buscador del terreno, el líder del grupo de hinchas que ‘persuadió’ a los vascos en el remate, el que ‘siempre dio sin esperar ni recibir nada jamás’ —como dijo el doctor Borro—, habló. Agradeció. Recordó los años de lucha. Y se emocionó. Socio Borro: —¡Que se vote…! La asamblea se pone de pie, por unanimidad y por aclamación, aprueba la permuta. Central transita ya el camino hacia el estadio propio. Por obra y gracia de personajes como el ‘Gringo’ Giannini, de algunos dirigentes que supieron ver un horizonte lejano —Monserrat, Flynn— y de los vínculos con la política peronista. La cancha de Arroyito es de Central» (35). La historia se completa con la siguiente anécdota que cuenta don Silvio Jou, dirigente del Club durante décadas: «Junto a Flynn conseguimos permutar nuestro terreno de Av. Pellergini e Iriondo por el predio que ocupábamos en Génova y Cordiviola. Fue muy difícil la gestión ya que había una condición especialísima: Cordiviola había donado los terrenos para una plaza pública y, por lo tanto, no se podía escriturar. Junto al gerente Errico tuvimos un arduo trabajo desde 1951 hasta 1954. Recorrimos el país para localizar a los herederos del donante, quienes finalmente dieron el consentimiento» (36). Finalmente, como broche de oro a este titánico —mitológico— trabajo, el nuevamente presidente Federico J. Flynn escritura los terrenos, en presencia del histórico Escribano General de Gobierno del peronismo, el Dr. Jorge E. Garrido, el 26 de enero de 1955.
Momento en que el Sr. Federico J. Flynn suscribe la escritura de permuta de los terrenos que poseía el Club por el actual, donde se asiente el Gigante.

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espués de muchos años de lucha, Rosario Central tenía su estadio propio, edificado sobre terrenos que también le pertenecían, con sus imponentes tribunas de cemento e iluminación acorde a la época. Pero el afán progresista de aquellos dirigentes no se detendría: siempre se podía hacer más:

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«LAS OBRAS EN EL ESTADIO No podemos ocultar el íntimo regocijo que experimentamos al señalar a la consideración de los estimados consocios la cristalización de un deseo unánime; tal es las obras que se están efectuando en nuestro estadio del barrio Dr. Lisandro de la Torre, que permitirá una mayor capacidad en lo atinente a tribunas y plateas, como así también la construcción del balneario aprovechando el río Paraná que, sin lugar a dudas, brindará a los señores asociados interesante motivo para disfrutar momentos de sano esparcimiento.

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Nuestra playa hacia 1957, cuando todavía no era el Caribe Canaya.

Baños del Balneario hacia 1957.

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Por el Club A. Rosario Central, los Sres. FEDERICO J. FLYNN y Arq. ATILIO TODESCHINI; por la Sociedad de Arquitectos de Rosario, el Arq. Sr. ROBERTO MOLLER; y por los Concursantes, el Arq. Sr. MIGUEL A. MENDOZA CASACUBERTA. El Jurado resolvió por unanimidad declarar desierto el Primer Premio y acordar el Segundo Premio al anteproyecto presentado con el lema ‘AVENIDA GENOVA’, de los Arquitectos Sres. HOPE y PUJALS, a quienes, luego del respectivo asesoramiento de la Sub Comisión de Obras, resolvió la Comisión Directiva otorgarles la dirección de las obras. Posteriormente, se procedió al llamado a licitación, acto al que se presentaron dos firmas, optándose por la Empresa Constructora ‘R. Verna Useglio S.R.L.’, quien tendrá a su cargo la ejecución de las obras que seguidamente se detallan: Tribuna oficial, codo sudoeste, con plateas altas cubiertas y bajas, con un total de 2.081 asientos; Balneario y Vestuarios: El importe total de estas obras asciende a pesos 2.994.813,16 m/n., permitiendo una capacidad de 10.000 espectadores más en relación con la que disponemos. Con lo expresado se cumple la primera parte del plan trazado de acuerdo al proyecto elevado por los Sres. Arquitectos Hope y Pujals, y formulamos votos para que el mismo se complete en su totalidad y en el menor tiempo posible. No podemos cerrar este capítulo sin mencionar el gesto del Arquitecto Sr. ATILIO TODESCHINI, al renunciar a los honorarios que le correspondían por su función en el carácter de Jurado del Concurso de Anteproyectos» (37).

Estas obras, que es el principio de un plan debidamente estudiado, han tenido feliz éxito con la muy eficaz colaboración de los miembros integrantes de la Sub. Comisión de Obras Auxiliares en el Estadio. Previo a todo, se llamó a Concurso de Anteproyectos del Gran Estadio y Campo de Deportes bajo el patrocinio de la Sociedad de Arquitectos de Rosario, entidad ésta que designó al Arquitecto HILARION FERNÁNDEZ LARGUIA Asesor del referido Concurso. Cuatro fueron los interesados en el mismo y el Jurado quedó integrado de la manera siguiente:
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urante este período se producen otros dos hechos que demuestran la clara vocación de crecimiento del club en el terreno patrimonial: el 5 de abril de 1967 se inaugura la Ciudad Deportiva de Granadero Baigorria, que actualmente lleva el nombre de su gestor, Adolfo Pablo Boerio y se construyen, después de la compra de los terrenos, las plateas altas que dan sobre la calle Cordiviola, que reemplazan a la vieja tribunal oficial de 1927. La obra se realiza en tres etapas, en los años 1957 (el codo de Cordiviola y Av. Génova, pagado con el dinero de la venta de Oscar Massei —goleador del año anterior— al Inter de Italia), 1963 (el codo de Cordiviola y el Club Regatas) y 1968, año en que queda finalmente terminada.

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Un partido de 1966 sería especial. Veamos por qué: «Motivo de gran orgullo fue para los dirigentes centralistas la instalación del nuevo sistema de iluminación en el viejo estadio de Arroyito, inaugurado con bombos y platillos el 21 de enero de 1966. Por diversas circunstancias, fue aquella una jornada inolvidable. Veamos: la iluminación era fantástica, como nunca se había visto en una cancha argentina. Jugó esa noche el Rapid de Viena, un equipo de gran prestigio y trayectoria en el fútbol europeo, lo que constituía una gran novedad para los rosarinos.
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Proyecto de tribuna oficial: codo sudoeste y un total de 2.801 plateas, de las cuales 318 serán cubiertas. Hacia 1955 ya estaban en construcción.

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Ese día debutaba en Central un director técnico con los pergaminos más importantes que se podía presentar: el de haber conducido a la victoria a los jugadores de Independiente, en épicos partidos por la Copa Libertadores de América. De todo aquello quedó muy poco para la historia centralista, porque la iluminación quedó superada con la construcción del Gigante; el triunfo ante el Rapid por 3 a 1 solo es estadística y Manuel Giúdice —el técnico triunfante de aquellas horas— fue un técnico sin trabajo poco tiempo después. Pero algo quedó de aquella noche. Algo grande, muy grande. Sin lustrosos pergaminos, silencioso y parco, había llegado desde Montevideo Jorge José González. Que jugó esa noche, por primera vez, con la casaca de Central. Esa noche y quinientas veces más, González lució la auriazul sobre su pecho. Fue el profesional que más veces la usó. Y con todas las luces de su talento encendidas, como las de la vieja cancha de aquel 21 de enero de 1966, cuando el ‘Negro’ González llegó y se quedó para siempre» (38). El 11 de febrero de ese mismo año se presenta en la cancha de Arroyito el Santos de Pelé, el equipo más importante del mundo en esa época. Ganan los brasileros 1 a 0, recaudándose $ 6.561.157,60. Central formó con Spilinga; Manilo y J. J. González; Ainza (Aranda), Sesana y Bautista; Pignani (Poy), Bulla (Manfredi), Borgogno, Palma y Bielli. El 17 de agosto de 1968 se inaugura la primera tribuna doble con visera sobre la calle Cordiviola, y el 27 de noviembre del mismo año, a las 20,30 horas, se produce otro hecho que será histórico: por primera vez la Selección Argentina se presenta en la ciudad de Rosario y, como no podía ser de otra manera, la cancha elegida es la de Central. Esa noche, Argentina, con Edgardo Norberto Andrada —el «Gato» Andrada— custodiando los tres palos y el «Coco» José Aurelio Pascuttini en el banco de suplentes, vence a la Selección de Chile por cuatro goles a cero. Vale aquí hacer mención a otro dato que no es menor: la Selección Nacional disputó, a partir de ese día, 11 partidos en
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la ciudad de Rosario. Como ya dijimos, el primero fue en la cancha de Central, el segundo en el estadio municipal del Parque Independencia, y los nueve posteriores volvieron a jugarse en Arroyito. O sea que de esos 11 partidos, 10 se jugaron en nuestra casa, incluidos, por supuesto, los tres que disputó por el Mundial de 1978.

Adolfo P. Boerio, dirige la obra de la segunda bandeja sobre Cordiviola

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Vista aérea de nuestra cancha (siempre llena) a comienzos de los ‘60.

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Aviso publicitario de las nuevas obras.

La primera parte de la platea alta sobre Cordiviola ya está terminada.

…La segunda parte está en construcción.

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Fines de la década del ‘60. La platea alta sobre Cordiviola está terminada.

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El plantel Campeón de 1971 posando con el fondo de la nueva platea.

Maqueta del Gigante, donde se observan algunas leves diferencias con el resultado final.

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Pero el espíritu progresista de las autoridades del Club no iba a detenerse ahí: en la vieja revista Central de febrero de 1972 (ver imagen en página 92), el entonces presidente Víctor José Vesco informa que «no lo diría con absoluta seguridad en cuanto a fecha, pero estamos estudiando la firma de contratos por obras de tal magnitud que muy pocas entidades de nuestras características, al menos en la AFA, están en condiciones de intentar. Para demostrarle que todo ha superado ya el nivel de intención, puedo afirmarle que los planos están terminados, y concretados algunos importantes detalles de financiación con una poderosa institución de nuestro medio, de inmediato echaremos manos a la obra. Se trata de unir las actuales tribunas en la parte alta cerrando así el anillo norte y sur de Cordiviola. Se construirán 20.000 plateas altas con una inversión estimada al momento de 370 millones de pesos viejos (…) es obvio significar que este tremendo esfuerzo marcha hacia la designación de nuestra ciudad como sub sede del Mundial y, por reflejo, nuestra cancha como escenario de los principales partidos» (39). Las obras comienzan en el mismo año (1972). Los arquitectos Nelson Hope y Oscar Pujals, los mismos que se habían adjudicado las obras de 1951, a través de la empresa Noguerol & Brebbia S.A., son los responsables de unir el resto de la tribuna en la parte alta, cerrándose así el doble anillo de cemento. Para financiar la obra, en 1973 salieron a circulación unas chequeras del Banco Monserrat, con las cuales los socios y simpatizantes aportaban dinero para las obras, habiéndose vendido para tal fin la impresionante cifra de 5.000 abonos a plateas por 10 y 15 años. Todo este empuje puesto de manifiesto por los distintos dirigentes que fueron pasando a lo largo de la historia, con la colaboración siempre incondicional del pueblo canalla, no solo hicieron de nuestro Club el más grande del interior del país, sino que lograron que, cuando hubo que elegir cuál de las canchas de los equipos de Rosario sería designada como sub sede del Mundial de 1978 a jugarse en nuestro país, nosotros pudiéramos mostrar un espléndido escenario propio terminado en un 85%, mientras que nuestros supuestos rivales apenas pudieron proponer una cancha alquilada (aunque nunca pagaran el alqui92 93

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ler) y en un estado deplorable, más propio de un club de primera C que de la primera división del fútbol argentino, en la que estaba todo por hacer. Pero esa es la historia que contaremos a continuación.

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o el tema lo conozco bastante bien porque primero la AFA designó una comisión especial para elegir el estadio de Rosario. En esa época el presidente de AFA era un Donofrio (se refiere a Raúl D’Onofrio, N. del R.). Yo integré esa comisión y el que tenía que hacer el dictamen era un arquitecto (Juan) Alvarez de Buenos Aires. Alvarez me ponía el mapa de Rosario sobre la mesa y me decía, acá esta la cancha de Ñuls, acá vienen los de Casilda, Santa Fe, los de Buenos Aires y San Lorenzo. Ustedes están en un rincón de la ciudad, es decir que el acceso al estadio de Central es más difícil que el acceso al estadio de Ñuls. Pero las condiciones del estadio en el momento de la construcción mostraban que estaba en mejor posición el de Central porque nosotros teníamos una tribuna en construcción que era la que da sobre el río Paraná y teníamos todo el estudio de más fácil remodelación que el estadio de Ñuls. La FIFA vino a Rosario, se hizo una reunión en la Municipalidad y después los dirigentes de FIFA visitaron el estadio de Ñuls y el de Central, y finalmente esa comisión apoyó al estadio de Rosario Central. En esa comisión estaba el presidente de Ferrocarril Oeste, Santiago Leyden, que dictaminó a favor de Central» (40).

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En la misma revista Central de febrero de 1972 se deja constancia no sólo del permanente espíritu de crecimiento del Club, sino también de que el Gigante se iba a hacer, con Mundial o sin Mundial.

De esta manera, en apariencia sencilla, el entonces presiden95

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te Víctor José Vesco, contaba en el programa televisivo «De cerca», emitido por Canal 3 hace algunos años, lo que en realidad se había transformado casi en una guerra entre los dos clubes para que su cancha (en realidad, en el caso de Newell’s no podemos hablar de «su» cancha) fuera designada como sub sede del Mundial que se disputaría en nuestro país cuatro años después. La historia, como siempre, fue bastante más compleja, según quien la cuente. Es más, habrá que recordar que las opciones no eran sólo dos —la cancha de Central o la municipal del Parque— sino que el periodista Evaristo Monti, que por aquel entonces tenía un poder casi ilimitado, encabezaba una movida que pretendía la construcción de un estadio único para la ciudad de Rosario. En una entrevista mantenida con el Dr. Osvaldo Rodenas, hijo del entonces Secretario del Club, don Antonio Osvaldo Rodenas, éste ubica el comienzo de la historia un par de años antes de lo que lo hace Vesco: «Según lo que yo sé, las gestiones comienzan en noviembre de 1972. En ese momento, mi viejo viaja a Puerta de Hierro y ya se comenzaba a hablar sobre el Mundial ‘78. Mi viejo le lleva a Perón la camiseta de Central, una pelota y una foto firmada por todos los campeones de 1971. Esa habría sido la primera vez que se habla de la posibilidad de que la cancha de Rosario Central sea la sub sede del Mundial: se habla con Perón. Hay que tener en cuenta la situación particular que vivía el país en esos momentos: recién al año siguiente vino todo el episodio de Lanusse que decía que a Perón no le daba el cuero para volver y todas esas cosas. Mi viejo le habría hecho el planteo a Perón de que si Argentina era designada sede del Mundial ‘78, la cancha de Central debería ser una de las sub sedes. En esa reunión habrían participado también Lorenzo Miguel y Eugenio Blanco. Cuando Perón muere, la charla se vuelve a repetir con Isabel. Ella se acordaba de la charla en Madrid y le asegura a mi viejo que la sub sede era para Central. Por eso, todo lo que viene a posteriori, viene con la seguridad que él tenía de esa decisión ya tomada. Es cierto que en un momento se designó al de Newell’s, pero mi viejo sabía que la
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decisión ya estaba tomada. Porque esa era una definición esencialmente política y no otra cosa» (41). A partir de este inicio oculto hasta el presente, se suceden hechos un poco más conocidos: es cierto que, en un momento, la designación como sub sede del Mundial 78 recayó sobre la cancha municipal del Parque Independencia: «Apareció por esos días (1974, N. del R.) una versión según la cual el espejo de agua del río Paraná conspiraba contra la irradiación de ondas de enlace que el satélite encargado de transmitir las imágenes televisadas de los partidos necesitaba, por lo que no cabía alternativa respecto a la elección de la subsede: no podía ser el estadio de Central; o sea, debía ser en el de Newell’s. Tal ramplonería, sin ningún sustento técnico según explicaron los que sabían del tema, llegó también a los omnipotentes funcionarios del EAM 78 (que no necesariamente entendían sobre ciertas especificaciones técnicas), que seguían acopiando datos, informes, recortes periodísticos, investigaciones privadas, sugerencias y consejos. Aquí debemos clarificar un poco la cuestión para la mejor comprensión del lector. FIFA, por lo general, aceptaba la sugerencia de la entidad dueña de casa para asignar las sub sedes por razones elementales, ya que ninguna inspección circunstancial, por minuciosa que fuere, podía reemplazar el conocimiento acabado que los propios dirigentes del país sede tenían de cada ciudad, de cada estadio. Pero el Consejo Directivo de AFA estaba profundamente dividido en torno a la elección del estadio rosarino. Y hubo un momento durante 1974 que el platillo de la balanza pareció inclinarse hacia el Parque Independencia. (…) Los dirigentes de uno y otro club se movieron en busca de apoyatura política para sustentar sus respectivas ambiciones. Central tenía muy buenos contactos y excelentes relaciones en el gobierno peronista de la época; pero también los tenía Newell’s Old Boys. Y una noche, mientras los aficionados al fútbol se aprestaban a ver uno de los habituales partidos oficiales televisados —que se adelantaba en la noche del viernes— recibió un profundo sacudón cuando el periodista que presentaba la transmisión prometió para la finalización del primer tiempo una noticia de extraordinaria importancia, especialmente
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para el hincha ñulista: aseguró el colega —caracterizado por la seriedad de sus datos informativos y la profundidad de su juicio crítico— que dicha noticia merecería un largo y explosivo festejo de los simpatizantes rojinegros. (…) Una hora después del anticipo, el colega aseguró tener información fehaciente de que el Consejo Directivo de la AFA ya tenía decidida la elección del estadio de Newell’s para el Mundial. En ese mismo momento, mientras los rojinegros festejaban, Vesco, Rodenas, Scarabino y los demás miembros de la directiva centralista llamaban por teléfono, concertaban citas, planeaban viajes a Capital Federal y pedían audiencias con las más altas autoridades de la Nación. La noticia era exacta. La decisión —aparentemente— estaba tomada. Sólo restaba darle forma y volcarla al papel, comunicarla. La celeridad con que se movieron los dirigentes centralistas fue pareja con la exactitud de cada movimiento. Finalmente, la firme postura del presidente de Ferro, Santiago Leyden — que acompañó junto con River y las ligas del interior la candidatura del estadio centralista— determinó que el interventor en AFA, doctor David Bracuto, postergara la decisión que sometería finalmente a la impresión que los delegados de FIFA pudieran tomar sobre el propio terreno. Muchos vieron en aquel momento, en aquella postura de Bracuto, la que creyeron decisiva influencia del secretario afista, Paulino Niembro, ex diputado nacional por el peronismo y figura relevante del sindicalismo de la provincia de Buenos Aires» (42). «Niembro, dirigente del peronismo histórico, era la pieza clave en el tablero del poder político—futbolero. Vesco y Rodenas lo sabían» (43). Rodenas relata la misma historia desde su vivencia personal: «Una noche del año 74 suena el teléfono en mi casa, en calle Valparaíso 1280. Era Vesco. Me pregunta adonde estaba mi viejo. —Víctor, la verdad es que no tengo idea. —Necesito ubicarlo en forma urgente, me dice Vesco. —¿Por qué?, pregunto yo. —Eligieron la cancha de Newell’s. Nooooooo!!!!!!!!!!!, me quería matar, porque yo, además
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de ser hijo del Secretario del club, era hincha fanático de Central. Entonces Vesco me dice: — Decile a tu viejo que yo ya hablé con Botti (en ese momento presidente de Ñuls) y se comprometió a esperar una semana para dar a conocer la noticia oficialmente, pero la designación ya está. Cuando yo lo ubico a mi viejo, desesperado como hincha, no como hijo, mi viejo me dice ‘quedate tranquilo que ya está todo arreglado. Vesco no sabe nada, pero la cancha del Mundial va a ser la nuestra’. Lo que había pasado es que se había llamado a una nueva elección y Santiago Leyden (presidente de Ferro) cambia su voto y apoya a Central. Leyden era peronista, muy amigo de mi viejo y seguramente a él, como a cualquier porteño, le daba lo mismo que el estadio designado fuera el de Central o el otro, pero por afinidad ideológica, terminó votando al nuestro. Por eso en un partido contra Ferro, que se juega al poco tiempo (4 de mayo de 1975, documentado como el vigésimo abandono pechifresco en el fascículo de la OCAL ‘Ñuls, la hinchada que (casi) nunca abandona’, N. del R.) se armó un quilombo fenomenal, que tiraron plateas a la cancha y alguno que lo veía de afuera se preguntaba por qué tanto despelote entre Newell’s y Ferro. Fue por eso, por el apoyo que Leyden le había dado a Central el año anterior» (44). El hijo del entonces Secretario del Club pone en duda, empero, las afirmaciones de Bossio en cuanto a la que habría sido determinante participación de otras personas en la resolución favorable que tuvo el conflicto: «La gente que estuvo más cerca de la negociación final fueron tres personas: mi viejo, Eugenio Blanco (de la UOM de Villa Constitución) y Lorenzo Miguel. Y Lorenzo no lo hacía por una decisión personal, sino por lo que le rompía las pelotas Eugenio… Todo lo que se dice de la supuesta intervención fundamental en las discusiones de Scarabino, Vesco y Vanrell no es cierto. No los juzgo a ningu99

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no, pero no es cierto que hayan intervenido en forma directa en la designación de la cancha de Central como subsede del Mundial de 1978. Por otra parte, además de que los dos eran demasiado jóvenes como para tener tanta injerencia, Vanrell ni siquiera era dirigente de Central (…) Y otro que tuvo que ver (no en las decisiones, pero sí en el proyecto futuro) fue Gualberto Venesia, porque él tenía un plan general para Rosario y en especial para la Costanera» (45). Como se puede ver, si bien la cuestión ya se venía conversando desde antes y cada uno trataba de hacer valer sus influencias como mejor podía, la fecha clave de todo este asunto parecía ser (porque en realidad no lo fue), el viernes 11 de octubre de 1974, ya que para ese día estaba prevista la visita a Rosario de una delegación de la FIFA que supuestamente decidiría sobre el tema. Puntualmente, a las 10 de la mañana de aquel día, el entonces presidente del organismo rector del fútbol mundial, el brasilero Joao Havelange, bajaba del avión encabezando la delegación técnica de la FIFA que inspeccionaría ambos estadios. La primera reunión se produjo en la Municipalidad de Rosario, donde agasajaron a los huéspedes el Intendente Rodolfo Ruggeri y el gobernador de la provincia de Santa Fe, Carlos Sylvestre Begnis. «En la intendencia rosarina había una maqueta que las autoridades de Ñuls habían llevado para que las autoridades de FIFA vean cómo iba a quedar el estadio y qué comodidades tenían sus adyacencias. En medio del ágape los platitos de sándwich, los vasos de vino y gaseosa apoyados entre las tribunas de cartón de la maqueta, hicieron que a los pocos minutos poco quedara del proyecto presentado» (46). La exposición de ambos clubes en la Municipalidad no fue muy larga porque los visitantes no tenían mucho tiempo y querían ver las dos canchas in situ, por lo que se subieron a los autos y hacia allá fueron. «Los choferes que conducían los vehículos eran canallas y tenían órdenes precisas. Desde Santa Fe y Buenos Aires, ir por Santa Fe hasta Oroño y de Oroño derecho hasta el Parque. Eran horas del mediodía. El lento tránsito de los automóviles dieron la impresión a los alemanes de estar en una zona
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de alta congestión. Cuando pasaron por la zona de los colegios apostados por Oroño la alarma se incrementó. Autos en doble fila y una multitud en las inmediaciones lograron que la comitiva demore más de 30 minutos en recorrer sólo 25 cuadras. Eso no es habitual, se esforzaron en argumentar los leprosos. De allí velozmente para Arroyito, los choferes tomaron Avenida Godoy, Pellegrini, Avellaneda y de allí derecho al Gigante. Menos de diez minutos para recorrer casi 5 kilómetros» (47). En la cancha municipal del Parque, los dirigentes de FIFA tuvieron que presenciar un «espectacular audiovisual presentado por Newell’s Old Boys. El documento fílmico fue un alarde de buen gusto y excelente presentación. El ‘producto’ que se intentaba vender estaba prolija y tentadoramente exhibido, exaltado hasta niveles difícilmente igualables para cualquier competidor. Fue, en suma, una demostración más de calidad de una agencia rosarina de publicidad que colmó de gozo a los dirigentes ñulistas. Con ese audiovisual, los dirigentes de la FIFA no podían hacer otra cosa que señalar con su dedo definitorio el estadio parquense» (48). Una vez en el Gigante (llegaron a las 12,15, después de haber visitado la cancha municipal del Parque), el presidente Vesco y su Secretario, Antonio Osvaldo Rodenas, comenzaron con una serie de argumentaciones que iban de lo real a lo disparatado: «…el escribano Vesco, presidente de Central, anunció: ‘No vamos a descansar para brindar mayores comodidades al periodismo’. Sabía por qué lo decía. En el Parque, los hombres de FIFA habían objetado el lugar reservado a la prensa. Más ventaja para Central. Y para rematar la gran diferencia que había entre Central y Newell’s, Antonio Rodenas, quien acompañaba a Vesco en la conducción del club, le dijo al brasileño Havelange, de cara al río Paraná, que los simpatizantes de otros países podrían venir por el río en barco y utilizarlos como hoteles ‘flotantes’, una idea que se le acababa de ocurrir. Con el mismo ingenio, Rodenas se había dado cuenta de que Hermann Neuberger había captado la corta distancia que separaba el arco de la tribuna en la cancha de Newell’s, que no había foso. Central tampoco cumplía las medidas, pero hizo escribir un informe en
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alemán donde explicaba que era imposible solucionar esto en el Parque Independencia» (49). «El presidente Vesco, ante la prensa nacional, remarcó entonces: ‘Quedó demostrado que en pocos minutos se llega al centro de la ciudad’. Y con aire peronista adelantó: ‘Para 1978, con el plan ferrourbanístico del gobierno del pueblo, seremos el estadio mejor ubicado (…) ‘Me satisface que hayan admirado el espíritu progresista de Rosario Central construyendo todo sobre terrenos propios, siguiendo la línea que nos marcaron nuestro fundadores’. Havelange, Neuberger, Franchi y Käser volvieron a anoticiarse que, en cambio, Newell’s utiliza un terreno municipal» (50). «Fue una visita de médico la de la FIFA. A la una de la tarde ya estaban volando hacia Córdoba. Haciendo gala de esa diplomacia que lo hacía quedar bien con Dios y con el diablo, Havelange se despidió con un ‘Cualquiera puede ganar la sede. Será una decisión de la AFA» (51). «Un día después, el Día de la Raza, se puso en marcha la era Menotti. La selección argentina empató 1 a 1 con España, y los dirigentes de la FIFA estuvieron en River. Carlos Allende, enviado de ‘La Capital’, escuchó de Havelange la posibilidad de que ‘los dos estadios sean los escenarios para la Copa del Mundo’ en Rosario ya que ‘esa determinación será la más justa, los dos se lo merecen’. Pero, en recuadro a una columna, escribió: ‘…circuló en fuentes autorizadas la noticia de que en el día de ayer la AFA habría designado al estadio del Club Atlético Rosario Central…’ Y al preguntarle a Niembro sobre la versión, este dijo: ‘Todavía no hay nada defininitivo’. Niembro estimaba que debería ser Central, pero uno de sus mayores opositores era el presidente de la AFA: David Bracutto. Los días fueron pasando y la resolución no salía. Es que existía una gran paridad entre las posturas del Comité. En una reunión se dio la posibilidad de que se volcara la balanza a favor de Newell’s y una eléctrica reacción de Niembro
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lo impidió. Bracutto debió postergar la definición ante la firme posición de varios delegados, entre ellos los de River, Ferro y los clubes del interior. A todo esto, en los pasillos de AFA, de la Casa de Gobierno, de sedes gremiales, las operaciones de dos ‘canallas’, el sindicalista de la UOM Eugenio Blanco y el joven dirigente peronista Antonio Vanrell, eran cada vez más constantes. A favor de Central, por supuesto» (52). Las posturas existentes en la Asociación del Fútbol Argentino se encuentran perfectamente graficadas en el siguiente texto publicado en aquel momento por la desaparecida revista Goles, citado en el libro de Brisaboa: «Existían dos tendencias notables: una, la del propio presidente de AFA, David Bracutto, que allá lejos y hace mucho tiempo, se había comprometido con el contador Botti. La otra era obra del ‘bocho’ y la amistad, y, ¿por qué no decirlo?, el convencimiento personal de Paulino Niembro acerca de que la cancha de Central era mejor y debía ser sub sede. Pues bien, el martes de la semana anterior, a última hora, se habló en el seno del Comité Ejecutivo de la visita que iba a hacernos el titular de la FIFA para conocer Mar del Plata sub sede. Entonces Bracutto y Niembro, reflotaron, delante de los demás integrantes del Comité, el caso de la cancha rosarina, porque a dos meses vista, volvía Havelange y no la habían designado. Fueron a votación y Paulino, que tenía apalabrados a varios, ganó la mano. El barrio Arroyito será escenario de una de las sub sedes. Los demás no objetaron pero a don David le quedó atragantado, porque se dice que recriminó a Paulino. Una vez decidido, se juramentaron todos que de ninguno de ellos saldría la noticia. Y a fe que cumplieron. Nadie abrió la boca. Ningún periodista supo nada. Y cuando a las 23.30 de la noche del pasado viernes nadie quedaba en la Casa del Fútbol, sale un Boletín Oficial con la designación. Gran sorpresa, alguna sonrisa (canalla), alguna bronca (de los otros) y se terminó. A don Joao le presentaron un problema resuelto y listo. Es que el secretario de la AFA, Paulino Niembro, está bien visto ‘arriba’ y lo que él dice…» (53).
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«Finalmente, el 17 diciembre 1974, llegó al despacho de Antonio Andrade, titular del consejo Municipal de Rosario y entonces presidente del Comité Organizador Rosario Sub sede Mundial 78 el despacho telegráfico nº 11.470, que decía textualmente: «Comunícole sus efectos decisión elegir estadio club Rosario Central para partidos Copa Mundial 78 debiéndose entregar antes día 20 corriente respuesta cuestionario remitido con nota fecha 30 de octubre ppdo. Conjuntamente con informaciones sobre necesidades infraestructura hoteleras, viales y aeropuerto. Saludos, doctor David L. Bracuto, presidente. Paulino Niembro, secretario. Comité Organizador Mundial 78’. La carrera estaba ganada. Hubo grandes festejos y exaltaciones. La memoria centralista de aquel año destaca, en su página 17, la ‘preponderante actuación (que) en todo momento es dable reconocer en la persona del señor Antonio O. Rodenas» (54). Por todo lo relatado es absolutamente falso e injusto que algunos simpatizantes de Newell’s sigan diciendo todavía: «A la cancha se la hicieron los milicos». La realidad fue que la designación de nuestro estadio como sub sede del Campeonato Mundial de Fútbol de 1978 la realizó un gobierno democrático como era el peronista que gobernaba nuestro país en 1974 y contó con el aval de la FIFA. Es más, fueron los inquilinos del Parque Independencia quienes, a partir de la instauración de la dictadura en 1976 comenzaron a tender redes hacia ella para tratar de torcer la decisión que ya estaba tomada. En este tema todos coinciden, aunque no sean hechos históricos muy conocidos por la mayoría: «Con todo, habría que pasar otra prueba de fuego. Al producirse al golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 se movieron algunos intereses para tentar una modificación que era prácticamente imposible, desde que la decisión de FIFA ya era irreversible. Pero hubo algún militar de muy alta graduación, vinculado por lazos familiares a dirigentes del fútbol argentino, que esbozó un intento que abortó casi antes de nacer. Central era el estadio para el Mundial» (55). «…aprovechando el golpe militar que derrocó al gobierno peronista, hubo quienes acudieron sin pudor a los despachos del gobierno militar presentán104

dose como víctimas del gobierno derrocado y acusando a Central como cómplice de ese gobierno peronista. Esta actitud poco digna no les dio resultado, por más que tuvieran algún dirigente amigo en la intervención militar que en la provincia destituyó y desplazó al gobernador Carlos Silvestre Begnis» (56). También es falso que la dictadura haya pagado el costo de la remodelación del estadio. Recordemos que ya veníamos contando todas las obras que había hecho el Club para tener una cancha como la que tiene aún sin saber siquiera si la Argentina sería designada como sede del Mundial de 1978 y Rosario como una de las sub sedes; y que las obras para unir el segundo anillo habían comenzado en 1972. Por eso, cuando el estadio es designado sub sede en un acto de estricta justicia, Rosario Central ya tenía construido alrededor del 85 % del total de lo que se utilizaría a partir de junio de 1978. Esto lo dice claramente el libro de Editorial Atlántida: «…el Ente Autárquico Mundial 78 (EAM 78), comandado ahora por la dictadura militar que toma el poder por la fuerza el 24 de marzo y con el almirante Lacoste a la cabeza, decidió que se haría cargo del estadio centralista y que corría por su exclusiva cuenta final la remodelación: campo de juego, torres de iluminación, foso perimetral, vestuarios, sala de prensa, etc, además de las tribunas altas que faltaban construir en las cabeceras, y el tramo que faltaba terminar en la platea alta. Esto representó el 15% del estadio. Claro, el 85% de la estructura del Gigante de Arroyito la había hecho Rosario Central, por su exclusiva cuenta, antes de 1975: más de 5.000 centralistas pagaron por medio de chequeras del Banco Monserrat las nuevas plateas que hasta hoy son testigo de la emoción de cada domingo» (57). El entonces presidente Vesco informa en aquel momento — en un reportaje publicado en el diario La Capital del 2 de junio de 1978—, que «de acuerdo con un convenio suscripto entre el Ente Autárquico Mundial 78 y Rosario Central, una vez terminada la Copa del Mundo se realizará un inventario de los bienes, ya que el 20 de julio recibiremos provisionalmente el estadio. Desde esa fecha al 31 de diciembre de este año (1978) se elaborará dicho inventario de los bienes que habrán de quedar
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en el estadio. Se va a constituir una obligación hipotecaria a favor del estado y Rosario Central va a pagar esa deuda en 20 años, sin intereses ni indexación, semestralmente.» «¿Cuánto va a costar la obra?», pregunta el periodista, a lo que Vesco responde secamente «Veinte millones de dólares». Además, debemos tener en cuenta que por aquella época el club contaba con una masa de 45.000 socios que sustentaban cualquier proyecto que se encarara. También vale la pena aquí hacer una aclaración que resulta necesaria: hemos intentado contar la crónica de lo sucedido por aquellos días de la manera más honesta posible y de la forma más detallada que pudimos. Pero, así como quisimos desmentir aquella mentira de que «al Gigante lo hicieron los milicos», tampoco debe quedar en nadie la equívoca idea de que Central tiene su gran estadio gracias a tres o cuatro dirigentes con buenas relaciones en los círculos políticos donde se necesitaba tenerlas. No fue sólo eso. Por lo que demuestra la historia, por el esfuerzo de cientos de dirigentes y de miles de socios a lo largo de más de 80 años, por la labor incansable de hombres y mujeres canallas que sabían que se podía tener un estadio Gigante y por el apoyo de la mayor parte de la ciudad donde creció, Rosario Central iba a tener su Gigante con Mundial o sin Mundial. Bien lo explica la OCAL: «Newell’s sólo tenía tribunas bajas de cemento en un lateral, el de la vieja visera, y detrás de un solo arco, el del Palomar. El resto era un lateral con tribunas de madera, y detrás del otro arco, que da al Hipódromo, no había tribuna, sólo existían 8 o 10 escalones. En definitiva, había que hacer un estadio nuevo. A la hora de decidir, también se tuvo en cuenta la situación precaria en que se encontraban —y encuentran— los clubes y otras instituciones que ocupan tierras públicas en el Parque Independencia. En 1961, durante la intendencia de Luis Cándido Carballo, los clubes y entidades que ocupan precariamente dichas tierras aceptaron, ante las exigencias de las auto106

ridades municipales, abandonar definitivamente dichas tierras, liberándolas al uso público y cediendo al municipio todos los inmuebles construidos. Así se pactó, cumpliendo con la concesión original, y se les concedió un tiempo prudencial para que las entidades desalojadas pudieran trasladarse a otros terrenos. Nos referimos a la Sociedad Rural, el Jockey Club, y los clubes Gimnasia y Esgrima, Provincial y Newell’s Old Boys. El golpe de estado que en 1962 derrocó al gobierno de Arturo Frondizi permitió que las sucesivas intervenciones militares prorrogaran por más años estos permisos precarios, y es así que el 45 por ciento de la superficie del Parque Independencia continúa ocupado por instituciones privadas. Aquel mandato de la intendencia de Carballo, acatado por los clubes e instituciones del parque, está todavía pendiente. Queda en claro, pues, que las autoridades de la FIFA y del EAM 78 no tuvieron ninguna duda a la hora de elegir, y en octubre de 1974, tras la visita a Rosario de Havelange y Neuberger, todo debió quedar resuelto sin ninguna connotación política. Sin embargo, las influencias políticas y de todo tipo que se usaron en contra de la designación del estadio de Rosario Central casi da sus frutos, pero los rápidos y ágiles reflejos de Rodenas lograron desbaratar las maniobras que se urdieron desde arriba. Realmente hubiera sido un fraude. Hoy, a la distancia, algunos pretenden ‘vendernos’ la historia al revés. Los que usaron todas las artimañas para evitar que el estadio canalla fuera la subsede del Mundial dicen que a Central le regalaron el estadio porque Rodenas era peronista» (58). Reiteramos: con Mundial o sin él, Central tendría igual su Gigante de Arroyito, porque el Gigante ya estaba en plena etapa
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de construcción cuando fue designado sub sede del Mundial: todos coinciden que entre el 80 y el 85% del trabajo ya estaba hecho cuando los militares de la dictadura tomaron a su cuenta la finalización del trabajo, a lo que, por otra parte, Rosario Central no podía oponerse, teniendo en cuenta que la Argentina era, en ese entonces, un país tomado por un ejército de ocupación. «En cambio, Newell’s en aquellos tiempos, recorrió un camino inverso. No obstante tener su viejo estadio en terrenos municipales, con la amenaza de desalojo pendiente de la época de Luis C. Carballo, en vez de buscar soluciones para el futuro, como hizo el Club Provincial con el complejo deportivo Barrio Cura, se desprendió de los terrenos que tenía en Ovidio Lagos y Rueda. Luego malvendió el valioso terreno que tenía en Paraguay al 800 (actual playa de estacionamiento), invirtió en Circunvalación y Jorge Newbery, pero luego lo vendió, lo mismo que hizo con la sede social del Parque Independencia, y sólo atinó a extender el alambrado tomando para sí más superficie de dicho Parque» (59).

Mario Kempes y el «Colorado» Killer miran con asombro la maqueta del nuevo estadio.

Proyecto definitivo del Estadio Mundialista Gigante de Arroyito.

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Facsímil del despacho telegráfico en el que se confirma la designación del Gigante de Arroyito como sub sede del Campeonato Mundial de Fútbol de 1978.

Estos son los Bonos del Banco Monserrat que se vendieron para solventar la construcción del 85% del Gigante.

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El anillo superior del Gigante se comienza a cerrar

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El presidennte Víctor J. Vesco y el Secretario Antonio O. Rodenas: verdaderos artífices del «Gigante de Arroyito».

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l Mundial se acercaba y las obras florecían una tras otra: el 13 de mayo de 1978 se inaugura el Paseo Ribereño (hoy Avenida Centenario del Club Atlético Rosario Central) que une el Boulevard Avellaneda con el Parque Alem; el 22 le toca el turno al Hotel de la Ciudad Deportiva de Granadero Baigorria que, sin que nadie pudiera preverlo en aquel momento, albergaría a nuestra selección durante los diez días que duraron las semifinales del Mundial. Finalmente, el 23 de mayo de 1978, a las 17 horas, se inaugura el Gigante de Arroyito con un partido amistoso entre dos seleccionados de la Asociación Rosarina de Fútbol, una de Juveniles y otra de Mayores, quienes empataron 1 a 1. El diario La Capital del día siguiente titularía «Rosario admiró su gran estadio».

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El cartel de bienvenida al Gigante —ubicado sobre la futura Avenida Centenario del Club Atlético Rosario Central— y un sueño hecho realidad: el Mundial de fútbol se juega en casa…

Diario La Capital del 24 de mayo de 1978.

de Santa Fe. Según los entendidos era la tierra ideal para un buen campo de juego. Los vestuarios, las tribunas altas, las plateas, el foso perimetral, las torres de iluminación, el tablero electrónico. ‘¡El Gigante!’, dice Vesco. Y será el ‘Gigante de Arroyito» (61). En cuanto a la nueva iluminación, la encargada de llevarla adelante es la Empresa Tecsa S.A., a través de cuatro torres de hormigón armado con encofrado deslizante de 57 metros de altura. El estadio pasa a tener, además, estacionamiento para 215 automóviles. Después de los partidos de primera ronda, sí, Argentina. Todos daban por descontado que la Selección Nacional ocuparía el primer lugar de su grupo y con ello se quedaría en Buenos Aires para disputar la segunda fase de la competencia. Pero los tanos no pensaban igual y dieron el gran golpe en el Monumental de River derrotando a la Argentina por 1 a 0, mandándola a jugar a Rosario. Al Gigante…
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El 2 de junio de 1978, después de la emotiva ceremonia inaugural, se juega el primer partido oficial en el nuevo Gigante de Arroyito: la Selección de Túnez vence 3 a 1 a la de México por el Grupo 2 de la XI Copa del Mundo FIFA 1978. La Capital se asombra de que, durante el encuentro, hubieran caído 15 pelotas al foso perimetral —que era toda una novedad en el país—, aunque también recalca que «este nuevo estadio de Rosario Central ha sido remodelado de una manera tal que desde la más alta tribuna el espectador pueda apreciar panorámicamente todo lo que acontece en el terreno de juego» (60). «El primer impacto, el verde césped, como decía Angelito Labruna. La tierra la trajeron de María Teresa, un pueblo del sur
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Mario Kempes contra Polonia en el Gigante

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La Selección arribó a Rosario en la noche del 11 de junio, y el plantel completo con el cuerpo técnico se dirigieron hacia la Ciudad Deportiva de Granadero Baigorria, estrenando de ese modo el nuevo hotel que había construido el Club para la ocasión. El 14 de junio de 1978 la Selección Argentina comienza su participación en esta segunda ronda del certamen derrotando por 2 a 0 a Polonia. Marito Kempes (que hasta ese momento venía con la pólvora mojada) convierte los dos goles («En esa cancha no podía fallar», tituló El Gráfico) y hace de arquero evitando el transitorio empate polaco con un manotazo que deriva en un penal que atajaría Fillol. «Y otra cosa verdaderamente impactante fue la entrada a la cancha de Central. Me temblaron las piernas, y no es una figura gramatical. Me pasó lo que nunca me había ocurrido en mi vida futbolística. Y reviví el primer gol que hice allí, un partido contra Boca que ganamos 3 a 1, el día del debut. Miré el arco y hasta me vi empujando la pelota. Me acordé de cuando íbamos en bicicleta a la cancha, de pibes, porque yendo por Juan José Paso no es demasiado lejos de Fisherton. Mi viejo no me dejaba ir. No quería que fuera a la cancha si no me llevaba él, pero me escapaba con alguna excusa y allá íbamos. Juntábamos unos pesos entre todos y nos metíamos en la popular. La época de Massei, de Rosa, de Mur… Y de pronto, yo estaba ahí adentro, en medio de esa hoguera, con los gritos que te pegan en la nuca, adentro de ese infierno que impacta más aún que la cancha de Boca. Estaba ahí adentro donde podía culminar la posibilidad de ser finalista de la Copa del Mundo, ahí mismo donde había empezado en este trabajo… Estaba ahí adentro en ese estadio espectacular, que me impresionaba como la vieja canchita. Y estaba ahí adentro porque iba a empezar el primer partido de la segunda serie, probablemente el más importante de los tres» (62). El 18 de junio se produce el triste pero tenso empate en cero con Brasil y, finalmente, el 21 de junio, la Selección Argentina derrota a Perú por 6 a 0 en un sospechado partido, consiguien128

do —con otros dos goles del «Matador»—, el ansiado pase a la final del Campeonato Mundial. Brisaboa cita una expresión conmovedora de aquel maestro del periodismo que fuera Osvaldo Ardizzone, quien escribió para la desaparecida revista Goles: «¡Lo que era el estadio de Central! Ahí tiene, ve. De eso no me podré olvidar nunca. Lo que era ese estadio…» (63). Finalmente, en el partido definitivo contra Holanda, Kempes
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espués del Mundial, lo que quedaba era volver a jugar en la nueva casa, a enorgullecernos cada vez que entramos, a caminar entre sus tribunas extasiados por tanta maravilla, a gritar cada gol con más fuerzas que antes, sabiendo que estábamos en nuestra casa. Como dice Marcelo Miñozzi en su extraordinaria Semblanza al Gigante: «Génova y Cordiviola: la historia se hace con hombres y nombres, con sinsabores y alegrías, con lágrimas y risas. Alguna vez nos piramos de primera para volver y gritar con orgullo ¡Fuerza, Central! Fijate. Mirá para atrás canalla ¿No parece un sueño todo? No… No lo nombrés todavía… Miralo… Grandote y mudo por las noches, con su boca inmensa campaneando el cielo rosarino. Lo vimos crecer, ¿te das cuenta? Lo sentimos patalear en la panza de la mama ciudad. De tanto en tanto, nos pirábamos para Génova y Cordiviola para después echar pinta en el feca haciendo pata ancha como padre primerizo: ¡Cada vez está más grande, viejo, cada vez está más grande..! Fijate, Mirá para atrás canalla. Hay tanto recorrido. Son tantos años de este Central querido. Tenemos tantos nombres, tantas copas, tanto quedarnos afónicos en las tribunas al grito de ¡Central! ¡Central! ¡Central! Tenemos, como todos los grandes, te lo dije, lágrimas y risas, estrellas de campeones, como cuando vestimos la ciudad entera a dos colores, azul y amarillo, en nuestra patria por sobre todo

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Mario Kempes contra Perú en el Gigante

vuelve a convertir un inolvidable doblete para poner el 3 a 1 final. Argentina es Campeón del Mundo de 1978, habiendo jugado 3 de sus 7 partidos en el Gigante de Arroyito, donde terminó invicta, y habiendo vivido durante una decena de días en el recién inaugurado Hotel de la Ciudad Deportiva de Granadero Baigorria del Club Atlético Rosario Central, que además aportó al equipo nacional el Mejor Jugador y el Goleador del torneo y todo el cuerpo técnico. Nada más y nada menos…
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celeste y blanca. Fijate canalla, mirá para atrás. Sentite feliz, feliz del pasado, de lo que hicieron junto a vos estos, que continuamos: un Gigante. Ya nació, ya tiene vida, ya podemos gritar a los cuatro vientos en el feca: ¡Varón, hermano! ¡Varón y nació en Arroyito! ¡Es nuestro Gigante!». El 27 de agosto de 1978, por la vigésima cuarta fecha del Campeonato Metropolitano de aquel año, Rosario Central vuelve a su casa e inaugura oficialmente el Gigante de Arroyito ganándole a San Lorenzo de Almagro por 1 a 0. El equipo de esa tarde formó con Ferrero; González, Craiyacich (Bauza), Van Tuyne y García; Aimar, Mancinelli y Zavagno; Bóveda, Pérez y Orte (Pintos). El gol —el primero de la nueva era— fue anotado de cabeza por Oscar Feliciano Craiyacich a los 4 minutos del
Diario La capital del 28 de agosto de 1978.

primer tiempo, después de casi dos años —exactamente un año, ocho meses y veintidós días— de jugar en la cancha municipal del Parque Independencia. El arquero de San Lorenzo era Ricardo La Volpe y esa tarde se recaudaron $ 25.716.850. A partir de aquel día, no solo una larga serie de éxitos deportivos jalonaría la vida del Gigante, sino que, además, y para que fuera completo, comenzaron a desfilar por su verde césped los músicos más importantes del orbe. Los primeros fueron aquellos cuatro ingleses integrantes del grupo Queen. Efectivamente, el 6 de marzo de 1981, Freddy Mercury, Brian May, John Deacon y Roger Taylor subieron al escenario del Gigante de Arroyito para delirio de 20.000 fanáticos que llenaron el césped, la popular de Regatas y gran parte de las plateas que se habían puesto a la venta. Dos años después, el 11 de junio de 1983, quien convocó casi la misma cantidad de gente —con el escenario, esta vez, apuntando a las plateas del río—, fue el gran canalla Joan Manuel Serrat, en su regreso al país después de haber estado prohibido por la dictadura argentina. No fue la única vez que el «Nano» se presentó en el Gigante, pero además de él desfilaron por el Gigante monstruos de la canción como Sting (el 23 de marzo

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de 1994), Peter Gabriel (el lunes 4 de octubre de 1993), Charly García, Fito Páez, Mercedes Sosa, El «Puma» Rodríguez, Julio Iglesias, Seru Giran, Soledad, Mercedes Sosa, Charles Azanvour, Alejandro Sanz, Joaquín Sabina y una larga lista de etcéteras. De todos modos, creemos que hasta aquí debe llegar nuestra historia. El resto, el último cuarto de siglo, está demasiado fresco en la memoria de todos como para contarlo. Por otra parte, es necesario que el tiempo decante los hechos y los convierta en historia. Ya se ocuparán las generaciones futuras de contar las grandes fechas y las grandes hazañas vividas en el Gigante en estas últimas décadas. Quizás, el 14 de noviembre de 2026, cuando nuestra casa cumpla 100 años, tenga un anillo más y sus ubicaciones sean todas plateas, alguien continúe esta historia —esta mitología, llena de personajes heroicos protagonizando gestas maravillosas y grandes acontecimientos— y relate, por ejemplo, lo que ocurrió el 23 de noviembre de 1997, el día que nuestro rojinegro rival abandonó la cancha cuando perdía por 4 a 0; o lo que sucedió el 8 de febrero de 1995, cuando Mario Alberto Kempes les ganó el partido con un gol a los 41 años; o la hazaña del 19 de diciembre del mismo año cuando, en un hecho inédito a nivel mundial, Rosario Central dio vuelta una derrota por 4 a 0 de visitante para quedarse con la única copa internacional de la ciudad de Rosario; o el partido del 29 de agosto de 2005, el del Pirulazo; o el 5 a 1 a Racing de Córdoba para empezar a gritar campeón, o la los motivos por los cuales el técnico y los jugadores de la Selección Nacional prefieren jugar en el Gigante de Arroyito antes que en cualquier otra cancha del país, o… Imposible. No se puede. La memoria canalla tiene tantos y tantos momentos «jalonados de coraje, de hazañas sin par», como dice nuestro himno, que el futuro historiador va a necesitar muchas más páginas que las que disponemos nosotros para contarlas. Mientras tanto, disfrutemos de nuestro estadio, sin dudas el más hermoso, el de mejor visión, el que tiene más historias, el único mundial, el teatro para los músicos, el Gigante de Arroyito. Y como dice Miñozzi, «Mirá para adelante, canalla. Saboreemos juntos este triunfo de saber que es todo nues134

tro. Allí, pegadito a la Ribera, pero pensando que también debajo de ese pasto crecido y flamante quedaron muchos gorriones bordando gambetas, miles de goles en tardes de gargantas afónicas. Y el grito nacido en faroles, calles y cafetines ¡Central! ¡Central! ¡Claro! ¡Soy canalla! ¡Como un grito al viento! ¡Como un grito guerrero!».

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Capacidad del Gigante ara el Mundial de 1978 la FIFA, autorizó la habilitación de sólo 41.000 lugares para espectadores, porque se exigen mayores comodidades que las habituales, para evitar tribunas ‘abarrotadas’. Se incluían en esa habilitación espacios amplios en el sector de plateas y palco oficial, y en el sector de plateas techadas de Cordiviola, se destinaron 700 lugares para periodistas con amplias butacas, mesas tableros con luces y telefonía. Esos sectores, después del Mundial 78, sin las normas de la FIFA, la capacidad total del Gigante de Arroyito, supera largamente los 45.000 espectadores. Es bueno recordar que para la final de la Copa Libertadores 1988 entre Newell’s y Nacional, la Confederación Sudamericana exigía un estadio con capacidad para 50.000 espectadores. Pues bien, Newell’s calculó y certificó, con respaldo de la AFA y la Municipalidad de Rosario, que el estadio de Rosario Central tenía capacidad para 50.480 espectadores. Esta cifra está certificada en el anuario de la revista El gráfico de 1988». (64) Oficialmente, el Gigante contó para el Mundial con lugar para 25.000 personas en la populares, 16.500 en las plateas, 700 lugares para los periodistas (que posteriormente se convertirían en 2.800 plateas ubicadas en el sector K) y 32 palcos con

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comodidades para 10 personas cada una, lo que da un capacidad aproximada de 45.000 ubicaciones, constituyéndose (aún hoy) en la cancha más grande de la ciudad, aunque está comprobado que, por ejemplo, para la final de la Copa Conmebol de 1995, los asistentes al estadio llegaron casi a los 50.000, con gente apiñada en los pasillos de las plateas y las populares en las que no se podía ni respirar… (Quien quiera ahondar en el tema y revisar, por ejemplo, El libro de oro del Mundial 1930 -1998, de Clarín, comprobará que en los partidos contra Polonia y contra Perú se contabilizaron 40.000 personas, pero en el encuentro con Brasil el Gigante estuvo colmado con 46.000 almas…). Partidos de la Selección Argentina en Rosario. En el «Gigante de Arroyito» 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9. 10. 27 noviembre 1968 9 julio 1971 10 agosto 1975 16 agosto 1975 14 junio 1978 18 junio 1978 21 junio 1978 12 mayo 1982 19 febrero 1991 14 junio 1995 Argentina 4 - Chile 0 Argentina 1 - Paraguay 0 Argentina 11 - Venezuela 0 Argentina 0 - Brasil 1 Argentina 2 - Polonia 0 Argentina 0 - Brasil 0 Argentina 6 - Perú 0 Argentina 1 - Rumania 0 Argentina 2 - Hungría 0 Argentina 2 - Paraguay 1

2. 3. 4. 5. 6.

6 junio 1978 10 junio 1978 14 junio 1978 18 junio 1978 21 junio 1978

Polonia 1 - Túnez 0 Polonia 3 - México 1 Argentina 2 - Polonia 0 Argentina 0 - Brasil 0 Argentina 6 - Perú 0

En la cancha municipal del Parque Independencia … De la final de la Conmebol «Un pedazo de tierra a orillas del río Paraná se movía como si caminaran gigantes en las tribunas y más gigantes en el campo de juego. Era escalofriante ver la cantidad de gente que había en la cancha aquella noche. El templo estaba repleto y los oradores eran miles y miles, arriba de todos aparecía un Dios conmovido dispuesto a escuchar. (…) La final disputada en el Gigante se vio en toda América a través de ESPN y Luis Omar Tapia fue el narrador principal. Sobre el final de la transmisión, contagiado por la multitud y el clima imperante no pudo evitar decir antes del cierre de la transmisión: ‘Cómo me gustaría ser hincha de Central esta noche» (CASTILLA, EDUARDO - SONZOGNI, DIEGO LISANDRO, Gigantes, edición de los autores, 2005). Textual I

En la cancha municipal del Parque Independencia 1. 19 marzo 1969 Argentina 1 - Paraguay 1 «Un hilo muy delgado une a los canallas con el Gigante, que pasa exclusivamente por el corazón» (ELISEO TRILLINI, diario La Capital, 21.10.98, en ocasión de la final de la Conmebol contra el Santos de Brasil). Textual II En el «Gigante de Arroyito» 1. 3 junio 1978 Túnez 3 - México 1
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Partidos disputados en Rosario por Campeonatos Mundiales de Fútbol. «Entramos a la cancha nerviosos. En vez de ver la pelota no veíamos más que la camiseta de Central» (JOSÉ FABRINI, jugador
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de Newell’s, en la revista El Gráfico nº 1041, del 23 de junio de 1939). ¿Quién fue Cordiviola? Juan B. Cordiviola nació en 1871 y falleció en 1927. Fue una prestigiosa personalidad del comercio rosarino —propietario de Cordiviola, Questa y Cía., ubicada em Santa Fe 1051 y Av. Pellegrini 486—, como también entusiasta deportista, actividad a cuyo desarrollo prestó amplia colaboración. También fue presidente de la Bolsa de Comercio de Rosario y, en la actualidad, una de las salas principales del edificio de Corrientes y Córdoba lleva su nombre. SobrelaTercera Bandeja Ahora que la tercer bandeja del Gigante parece ser un sueño encaminado a concretarse, vale la pena conocer un hecho que pocas veces se hizo público: en la entrevista que mantuvimos con el Dr. Osvaldo Rodenas, el destacado médico y alguna vez candidato a presidente de nuestra institución, nos reveló que «La cancha de Central estaba proyectada con tres bandejas. Yo de esto me enteré muchos años después, cuando mi viejo se enfermó y no sabíamos cómo llevarlo a la cancha, y una vez me dijo: «Qué lastima que no hicimos el ascensor que estaba proyectado para la tercer bandeja». Entonces empecé a investigar el tema y realmente no pude saber nunca si fue por una decisión del EAM ‘78 o si alguien se quedó con la plata. Si fue esto último, el que lo debe saber es Scarabino, porque él queda como Secretario de Actas a cargo de la Secretaría General y es quien se hace cargo de la relación con el EAM 78 que estaba a cargo de mi viejo. Ahora, como te digo esto, también debo reconocer que el tipo que más laburó en el tema del Estadio (encargándose de todos los detalles de todos los días), fue Pablo Scarabino».

Sobre los palcos oficiales Muchas veces nos hemos preguntado cómo puede ser que los palcos preferenciales y el sector de las autoridades estén del lado más «sufrido» del estadio, con sol de frente y calor insoportable en épocas estivales. La respuesta tiene que ver con la seguridad, porque el EAM 78 pensó en ese momento que era más sencillo sacar a algún milico que pudiera ser objeto de un atentado por la platea del río que por calle Cordiviola; pero también influyó la loca idea pergeñada por Rodenas de que los turistas pudieran llegar al Estadio por barco, amarrar en el Caribe y tener acceso directo al palco… Los nuevos bancos de suplentes En agosto de 2006, gracias al aporte de tres empresas de la ciudad, se cambiaron los viejos bancos de suplentes (los originales de 1978) por unos modernos y adecuados a las nuevas reglamentaciones de la FIFA. Está de más decir que es la única cancha de la ciudad de Rosario que cumple con esos requisitos. A eso debe sumarse que se construyeron también dos nuevos vestuarios, con lo cual el Gigante cuenta hoy —como pocos estadios en el país —, con cuatro: para el local, para el visitante, para el árbitro y para las reservas. Invicto de local Central ostentó durante 35 años un récord que será muy difícil de igualar a nivel mundial: entre 1971 y 2005, jugando Copas Internacionales, nunca perdió como local ante equipos extranjeros: disputó 42 partidos en el Gigante, de los cuales ganó 32 y empató los 10 restantes. Im-pre-sio-nan-te. Personajes Durante décadas, se lo conoció como «La voz del estadio». Era infaltable en cada uno de los partidos que Central jugaba como

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local, donde la gente esperaba que, a través de los altavoces de la cancha, Cayetano Lico dijera con emoción «Ellll nuestro…» y pronunciara el nombre de los 11 canallas que ese día defenderían el sagrado trapo azul y amarillo.

les y nacía el Parque Alem, cuando la canchita de Sparta lucía donde queda el Freyre. Y más allá, balconeando el Paraná, la cancha del glorioso aurizaul: Rosario Central. Génova y Cordiviola: la historia se hace con hombres y nombres, con sinsabores y alegrías, con lágrimas y risas. Alguna vez nos piramos de primera para volver con orgullo y gritar con orgullo ¡Fuerza, Central! Fijate. Mirá para atrás canalla ¿No parece un sueño todo? No… No lo nombrés todavía… Miralo… Grandote y mudo por las noches, con su boca inmensa campaneando el cielo rosarino. Lo vimos crecer, ¿te das cuenta? Lo sentimos patalear en la panza de la mama ciudad. De tanto en tanto, nos pirábamos para Génova y Cordiviola para después echar pinta en el feca haciendo pata ancha como padre primerizo: ¡Cada vez está más grande, viejo, cada vez está grande..! Fijate, Mirá para atrás canalla. Hay tanto recorrido. Son tantos años de este Central querido. Tenemos tantos nombres, tantas copas, tanto quedarnos afónicos en las tribunas al grito de ¡Central! ¡Central! ¡Central! Tenemos, como todos los grandes, te lo dije, lágrimas y risas, estrellas de campeones, como cuando vestimos la ciudad entera a dos colores, azul y amarillo, en nuestra patria por sobre todo celeste y blanca. Fijate canalla, mirá para atrás. Sentite feliz, feliz del pasado, de lo que hicieron junto a vos estos, que continuamos: un Gigante. Ya nació, ya tiene vida, ya podemos gritar a los cuatro vientos en el feca: ¡Varón, hermano! ¡Varón y nació en Arroyito! ¡Es nuestro Gigante! Mirá para adelante, canalla. Saboreemos juntos este triunfo de saber que es todo nuestro. Allí, pegadito a la Ribera, pero pensando que también debajo de ese pasto crecido y flamante quedaron muchos gorriones bordando gambetas, miles de goles en tardes de gargantas afónicas. Y el grito nacido en faroles, calles y cafetines ¡Central! ¡Central! ¡Claro! ¡Soy canalla! ¡Como un grito al viento! ¡Como un grito guerrero! Marcelo Miñozzi
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Semblanza del Gigante Vení… Vamos a andar las veredas de siempre, a sentir la caricia del encuentro con un tango en el alma y la esperanza chiquilina de empapelar de mariposas el cielo del presente. Vení… Vamos a sentir que nada transcurrió y en la tarde regresan las viejas cosas acodadas de estaño brumosos y de ginebras partidas. A sentir que por patios olvidados nos llega un sonar de tangos como oración esquinera por lo que no queda. Dale… Sacudí las cenizas del pucho de la testa y volvela a su color natural. Sentite pibe. Soñá que por los patios de conventillo nos aguarda una ilusión de sillas en guardia durmiendo el sueño de un gringo jubilado o un gato que nadie supo nunca cómo llegó, vagabundo de lunas y techos de zinc. Sentite pibe como un tango viejo y volvelo joven. Regresá almanaques y hacé que el cuore se sienta grillo y cante quién sabe de qué lugar escondido del alma. Vení… vení y quedate. Dale manija a la jonora y juguemos un desafío a los once invencibles del tiempo que siempre acepta a pura tiza en la pared del recuerdo Y si después no te sentís bien, me la contás. ¿Sabés? Yo soy del tiempo aquel donde el tiempo se hacía a mate bajo la parra del patio enmacetado de geranios, helechos y malvones. Cuando se colaban por los rombos de los alambrados las blancas coronitas de novias para mezclarse con el verde de las quintitas particulares. Yo soy como vos: el pibe que creció para ver tres adioses, tres partidas sin retorno: el último organito, el último mateo y, al fin, el último tranvía. Mirá cuánto alcanzamos a ver de queruza nomás y el resto contado entre tango y tango. Si…. Yo soy del tiempo aquel, cuando aún el arroyo se alzaba con bronca y la correntada tiraba con todo, cuando el barrio era tirado a punta de luna y los primeros asfaltos… Arroyitro de mis amores… Cuando desalojaron los yuya142

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Nohaydetalle que no se vea uien visite el estadio de Rosario Central sin duda quedará admirado por la imagen que el mismo presenta, sea desde el exterior, donde la perspectiva permite apreciar íntegramente su belleza, o desde el interior, donde no es menor la jerarquía de su diseño. Pero si entre los múltiples detalles que llaman al elogio hay uno que no pasará inadvertido para el espectador, ese, indudablemente, será el de la perfecta visualización, cualquiera sea el ángulo en que se halle ubicado el mismo. Contrariamente a lo que ocurre en otros estadios del país, en los que existen «puntos muertos» de visión, este nuevo estadio de Rosario Central ha sido remodelado de una manera tal que desde la más alta tribuna el espectador podrá apreciar panorámicamente todo lo que acontece en el terreno de juego. Ello se ha logrado merced a un profundo estudio técnico que determinó en su momento la opción de cortar el anillo de tribunas bajas con lo cual, a la vez de diferenciar netamente las cuatro tribunas, se alcanzó un escape visual para el interior y el exterior de la cancha, como también una solución a las situaciones de circulación. Para el total de circulaciones internas de público se reemplazó la mampostería interior que bloqueaban las

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visuales del estadio al exterior (al río principalmente), por un sistema de cerramientos en base a carpinteras metálicas y mallas galvanizadas que a modo de piel envuelven las cuatro fachadas, revalorizando visualmente el sistema de pórticos de acceso. Como se ve, la preocupación por brindar al espectador la mejor visión interior y exterior del estadio ha sido una de las pautas contempladas en la remodelación.
Diario La Capital del 2 de junio de 1978

Anexo 2
Presente y futuro de un estadio que es orgullo
Reportaje publicado en el diario La Capital, el viernes 2 de junio de 1978.

La Capital: Escribano Víctor Vesco, ¿existía con anterioridad algún proyecto de remodelación? Víctor Vesco: — Rosario Central tenía proyectada la remodelación de su estadio desde la época de Federico Flynn, trabajo que habían realizado los arquitectos Nelson Hope y Oscar Pujals. Cuando se comienza a hablar del mundial, miembros de la C.D. mantenemos un primer contacto con Raúl D’Onofrio, allá por el año 1971. Se constituye luego una comisión de subsede y estadio presidida en Buenos Aires por el arquitecto Juan Alvarez e integrada por presidentes de clubes de la AFA, entre los que me encontraba yo. Posteriormente, viene la inspección de la FIFA que recorre los dos estadios: el de Newell’s y el nuestro.

L.C.: —¿Qué sucede entonces? V.V.: —La FIFA se expide a favor de Rosario Central . Eso sucede a raíz de diversas gestiones entre las cuales se destaca la actuación del secretario general de nuestra institución, señor Antonio Osvaldo Rodenas.
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L.C.: —Pero luego viene la creación del EAM… V.V.: —Efectivamente. Cuando ello sucede, el contralmirante Lacoste en visita a esta ciudad, confirma la remodelación de nuestro estadio. Se hacen los proyectos por intermedio de los arquitectos ya nombrados y por los del estudio Gilli y Sánchez Gómez, de la Capital Federal. L.C.: —¿El estadio quedará así después del Mundial? V.V.: —De acuerdo a un convenio suscripto entre el EAM y Rosario Central, una vez terminada la Copa del Mundo se realizará un inventario de los bienes. Ya que el 20 de julio recibiremos provisionalmente el estadio. Desde esa fecha al 31 de diciembre de este año, se elaborará dicho inventario de los bienes que habrán de quedar en el estadio. L.C.: —Esos bienes, ¿cómo los pagará Rosario Central? V.V.: —Se va aconstituir una obligación hipotecaria a favor del Estado y Rosario Central va a pagar esa deuda en 20 años, sin interés ni indexación, semestralmente. L.C.: —¿Habrá modificaciones? ¿Por ejemplo, el sector para el periodismo será el actual? V.V.: —El proyecto definitivo prevé que en el sector actualmente destinado a la prensa, o sea el ex sector K de la tribuna oficial, sea totalmente destinado a plateas. Vale decir que se eliminarán todos los pupitres para instalar plateas. En cuanto al periodismo, existe un proyecto de prolongar las cabinas que están sobre la actual tribuna oficial, o sea bajo la visera, para que las ocupen los periodistas. O bien los palcos que hay en la tribuna oficial… L.C.: —¿Equivale a decir que en 1979 Rosario Central podrá decir que su estadio es totalmente suyo? V.V.: —No, el estadio es de Rosario Central. Los bienes también. Lo que pasa es que debemos establecer qué es lo que debemos pagar, porque hay cosas que se han adquirido en carácter de inmuebles por accesión y que no se pueden devolver. Lo único que puede devolverse son las cosas muebles. L.C.: —¿Cómo va a mantener Rosario Central su estadio?
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V.V.: —Estamos realizando un exhaustivo estudio con técnicos, con gente especializada, sobre el costo de mantenimiento del estadio y la forma de mantener las cosas como están actualmente. Es probable que la C.D. designe una comisión exclusiva para la explotación del estadio, la cual estudiará las propuestas que han llegado ya hasta mi mesa de empresas de televisión y de espectáculos públicos, por ejemplo, y con el fútbol, por supuesto. L.C.: —Una inquietud de los socios es la de saber si Rosario Central volverá a contar con su balneario frente al estadio. ¿Qué hay de ello? V.V.: —El balneario va a estar habilitado para la próxima temporada. L.C.: —Por último, ¿cuánto costaron las obras del estadio? V.V.: —Veinte millones de dólares. L.C.: —¿Para que lo disfruten cuántos socios? V.V.: —Cuarenta y cinco mil, entre activos, patrimoniales y cadetes. L.C.: —¿Quiere decir que Rosario Central está entre los clubes más grandes del país? V.V.: —Así es.

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24 de diciembre de 1889 Se funda el Central Argentine Railways Club, rebautizado más tarde como Club Atlético Rosario Central. Mediados de 1890 Rosario Central juega su primer partido contra la tripulación del barco inglés Beagle, empatando 1 a 1, cerca del actual Parque de España. La revancha la ganó Central por 2 a 1. 1889 - 1894 Los primeros partidos del nuevo Club se llevan a cabo entre los portones 3 y 4 de los talleres de estación Rosario Norte (es decir, saliendo del túnel Celedonio Escalada y yendo hacia el norte, a la derecha), cerca del Pasaje Celedonio Escalada, al este de lo que hoy es la rotonda Gualberto Venecia y la plaza Ing. Delia Paolera, aproximadamente en el lugar en el que actualmente se levanta el Albergue Municipal «La Casona». 1894 - 1902 Cando el Ferrocarril solicita los terrenos que había prestado, Hermann Oldendorff cedió parte de una propiedad suya ubicada en la Plaza Oldendorf, en la estación Parada del barrio Talleres, cerca de la Av. Alberdi entre Humberto Primo y Jorge
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Harding (hoy Bv. Avellaneda) y cerca también del mítico café de Fuggini y de la Farmacia Británica del Sr. Taylor Paul. 1902 - 1918 En 1902 se lotean los terrenos de la Plaza Oldendorff, por lo que los dirigentes de la época (con el presidente J. Muhall a la cabeza) consiguieron habilitar la nueva cancha en la manzana que hoy forman las calles Alsina, Catamarca, Castellanos y las vías del Ferrocarril, que en aquella época era un descampado y que hoy es la Plazoleta Alfredo Palacios. La nueva cancha fue bautizada popularmente como «la cancha del Cruce» (por su cercanía al cruce de la Avenida Alberdi y el Bv. Avellaneda) o «la cancha de Talleres», ya que así era conocido por aquel tiempo el barrio. Al poco tiempo se construyó una tribuna de veinticinco metros, con tablones pintados de verde y con el cartel en la escalera de acceso: «Para socios solamente». 1917 Algunos propietarios reclaman los terrenos y Central debe mudarse a otra cancha que hubo que «inventar de la nada» en sólo 48 horas. La nueva cancha estaba en la Parada Castellanos, también cerca del Central Argentino, al comienzo de la calle Iriondo, contra la calle Facundo Zuviría, hoy Central Argentino, lindando con los viejos terrenos de esa empresa que, frente al comienzo de la calle Humberto 1º, siguen teniendo acceso por el Portón nº 1. Hoy Central Argentino es la Avenida Intendente Luis Lamas y esos terrenos son el parque Scalabrini Ortiz. 1923 Federico J. Flynn consigue la madera y se construye en la cancha una tribuna de cien metros de gradas de unos diez escalones a cada lado de la cancha, es decir, para 15.000 espectadores. 10 de octubre de 1925 Por decisión de la Asamblea, Central se independiza del Ferrocarril y se forma una comisión que deberá encontrar un terreno definitivo para el futuro estadio. 28 noviembre 1925
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Al no conseguirse ese terreno, se logra que la Municipalidad ceda por 20 años los ubicados entre las calles Bv. Avellaneda, Calle 31 (Cordiviola), Av. Central (hoy Génova) y el río Paraná, donde se comienza a construir la cancha. 1925 - 1926 Mientras comienza a construir el futuro estadio, Rosario Central juega de local en la cancha que le alquila al Club Bolsa de Comercio, en la manzana de Ovidio Lagos, Zeballos, 9 de julio y Callao. 14 de noviembre de 1926 Se juega el primer partido en la nueva cancha de Arroyito: Rosario Central 4 - Newell’s 2. 1º de diciembre de 1927 El Intendente Isaías Coronado firma el decreto nº 277 que otorga a Central los terrenos del Barrio de Arroyito. 1928 Se construyen las tribunas de cemento que están detrás de los arcos y las que dan espalda al río. Ninguna otra cancha de Sudamérica , con excepción de la de Independiente, ofrecía esas comodidades al público en aquella época. 27 de octubre de 1929 Se inaugura oficialmente la cancha (con todo el perímetro bordeado de tribunas de cemento) en un partido amistoso contra Peñarol, que termina 2 a 2. 31 de diciembre de 1939 Se coloca la piedra fundamental de la nueva tribuna oficial de la cancha. 25 de junio de 1946 Central compra, en subasta pública, unos terrenos del Central Argentino ubicados en la manzana que circundan las calles Av. Pellegrini, Vera Mujica, Iriondo y Pje. Boero para construir su futuro Estadio Monumental.
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2 de setiembre de 1946 Se firman las escrituras de los terrenos comprados. 23 de enero de 1947 El gobierno peronista de la época otorga un préstamo de $1.500.000 m.n. para la construcción de la futura cancha. 26 de junio de 1951 El Consejo Municipal aprueba por unanimidad el canje de los terrenos que Central había ofrecido (los ubicados entre las calles Av. Pellegrini, Vera Mujica, Iriondo y Pje. Boero) por los que ocupaba desde 1927, en Arroyito, y donde ya se había construido la primera versión del futuro Gran Estadio Canalla. 7 de agosto de 1951 La Asamblea del Club también aprueba el canje. 26 de enero de 1955 Federico J. Flynn escritura los terrenos, en presencia del histórico Escribano General de Gobierno del peronismo, Dr. Jorge E. Garrido. 1955 Se resuelve llamar a concurso para la construcción de la bandeja alta de plateas sobre la calle Cordiviola. 1957 Se inaugura el codo de la platea alta de Cordiviola y Av. Génova. 1963 Se inaugura el codo de la platea alta de Cordiviola y el Club Regatas. 21 de enero de 1966 En un partido contra el Rapid de Viena se inaugura la nueva iluminación de la cancha y debuta Jorge José González. 17 de agosto de 1968 Se inaugura la primera tribuna doble con visera sobre la calle Cordiviola.
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27 de noviembre de 1968 La Selección Nacional juega por primera vez en Rosario. En la cancha de Central, por supuesto, derrota a Chile por 4 a 0. El arquero fue el «Gato» Andrada y en el banco estuvo el «Coco» Pascuttini. 1972 Comienza la construcción de la platea alta del río y de las cabeceras. 1973 Salen a la venta los bonos para financiar la obra: 5.000 canallas contribuyen para construir el Gigante. 11 de octubre de 1974 Llega a Rosario la comisión de FIFA, encabezada por Joao Havelange y Hermann Neuberger con el fin de inspeccionar los dos estadios. 17 de diciembre de 1974 La FIFA confirma a la cancha de Central como subsede para el Mundial de 1978. 13 de mayo de 1978 Se inaugura el Paseo Ribereño. 23 de mayo de 1978 Primer partido amistoso en el Gigante entre dos seleccionados de la Asociación Rosarina de Fútbol, una de Juveniles y otra de mayores, quienes empataron 1 a 1. 2 de junio de 1978 Comienza el Mundial en Arroyito: Túnez 3- México 1. 14 de junio de 1978 Argentina 2 - Polonia 0. 18 de junio de 1978 Argentina 0 - Brasil 0.
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21 de junio de 1978 Argentina 6 - Perú 0. 27 de agosto de 1978 Después de casi dos años, Central vuelve a su nueva casa y derrota 1 a 0 a San Lorenzo, con gol de Craiyacich. 6 de marzo de 1981 Comienza la serie de grandes recitales en el Gigante: toca Queen.

Bibliografía y fuentes consultadas
(1) Revista del Cincuentenario, 1939. (2) Revista del Cincuentenario, 1939. (3) Revista Bodas de Brillante 1889 - 1964, Editorial Sur, noviembre de 1964. (4) Revista Bodas de Brillante 1889 - 1964, op. cit. (5) RAZUK, HÉCTOR y RODRÍGUEZ, MARÍA DOLORES: «Central hizo patria en la educación», Suplemento Lacadé, del diario La Capital, 05.09.1999. (6) BRISABOA, JORGE: De Rosario y de Central, Homo Sapiens Ediciones, 1996. (7) BRISABOA, JORGE: De Rosario y de Central, op. cit. (8) MIKIELEVICH, VLADIMIR: en «Memorias de Rosario», citado por BRISABOA, op. cit. (9) Revista del Cincuentenario, op. cit. (10) RAZUK, HÉCTOR y RODRÍGUEZ, MARÍA DOLORES, op. cit. (11) Revista del Cincuentenario, op. cit. (12) BRISABOA, JORGE: De Rosario y de Central, op. cit. (13) BOSSIO, ANDRÉS: Historia de Rosario Central, R. R. Ediciones S.R.L., 1985. (14) MIKIELEVICH, VLADIMIR, op. cit. (15) BOSSIO, ANDRÉS, op. cit. (16) Revista del Cincuentenario, op. cit. (17) Revista Bodas de Brillante, op. cit. (18) Revista del Cincuentenario, op. cit. (19) Diario La Capital, 14 de noviembre de 1926. 156 157

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El Gigante de Arroyito | La verdadera historia
(20) Revista Bodas de Brillante, op. cit. (21) Diario La Capital, 15 de noviembre de 1926. (22) BOSSIO, ANDRÉS, op. cit. (23) BOSSIO, ANDRÉS, op. cit. (24) Memorias y Balances Generales 1928 - 1929. (25) Rosario Central, Ed. Atlántida, 2001. (26) Revista del Cincuentenario, op. cit. (27) Memorias y Balances Generales 1928 - 1929. (28) Memorias y Balances Generales 1928 - 1929. (29) Memorias y Balances Generales 1928 - 1929. (30) BRISABOA, JORGE; op. cit. (31) BOSSIO, ANDRÉS, op. cit. (32) BRISABOA, JORGE; op. cit. (33) BOSSIO, ANDRÉS, op. cit. (34) BOSSIO, ANDRÉS, op. cit. (35) BRISABOA, JORGE; op. cit. (36) Diario La Capital, Suplemento Lacadé, 03.12.00. (37) Memoria - Balances. Ejercicios Diciembre 1954 - Noviembre 1955 y Diciembre 1955 - Noviembre 1956 (38) BOSSIO, ANDRÉS, op. cit. (39) Revista Central, Febrero de 1972 (40) DEL FRADE, CARLOS: La ciudad goleada. Fútbol, lavado de dinero y poder, edición del autor, 2005. (41) Entrevista con Osvaldo Rodenas, 15 de febrero de 2008. (42) BOSSIO, ANDRÉS, op. cit. (43) BRISABOA, JORGE; op. cit. (44) Entrevista con Osvaldo Rodenas, 15 de febrero de 2008. (45) Entrevista con Osvaldo Rodenas, 15 de febrero de 2008. (46) ARMENTANO, JAVIER - CAFERRA, ROBERTO: Canalladas. Historia de la pasión, Homo Sapiens Ediciones, 2000. (47) ARMENTANO, JAVIER - CAFERRA, ROBERTO; op. cit. (48) BOSSIO, ANDRÉS, op. cit. (49) BOSSIO, ANDRÉS, op. cit. (50) BRISABOA, JORGE; op. cit. (51) Rosario Central; op. cit. (52) BRISABOA, JORGE; op. cit. (53) BRISABOA, JORGE; op. cit. (54) BOSSIO, ANDRÉS, op. cit. (55) BOSSIO, ANDRÉS, op. cit. 158

Bibliografía y fuentes consultadas
(56) OCAL, Nueva Carta Encíclica Destinum Mágnum y otros temas de interés, edición ampliada, Ediciones El vuelo continúa, 1996 (57) Rosario Central, op. cit. (58) OCAL, «No habrá ninguno igual, no habrá ninguno», suplemento Lacadé del diario La Capital, 27.12.1998. (59) OCAL, La verdadera historia del Gigante de Arroyito, Diciembre 1993. (60) Diario La Capital, 02.06.1978. (61) BRISABOA, JORGE; op. cit. (62) MENOTTI, CÉSAR LUIS: Cómo ganamos la Copa del Mundo, Ed. El Gráfico, 1978. (63) BRISABOA, JORGE; op. cit. (64) «Los que llenaron el Gigante»; documento de OCAL, diciembre 1997.

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