Noticias de Cali, Valle y Colombia - Martes 1 de Septiembre de 2015

Las dos caras de una condena ‘histórica’

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Las dos caras de una condena ‘histórica’
Tania Vega acaricia a su esposo, el coronel (r) Alfosno Plazas, durante una audiencia realizada en 2009. La imagen expresa el desconzuelo de ambos.
Foto / Archivo El País

Esta es la crónica de una historia con dos caras. Por un lado, la de la satisfacción y esperanza de un grupo de familiares de once víctimas de la retoma al Palacio de Justicia en 1985, que vieron cómo luego de 25 años se condenaba al primer responsable de la desaparición de sus seres queridos.

Otra, la de la indignación por un fallo que condenó a 30 años de prisión a uno de los militares que comandó la operación y se enfrentó contra los guerrilleros del M-19. Una decisión que indispuso al Gobierno y a la rama judicial .

El protagonista es el coronel (r) Alfonso Plazas Vega, héroe para unos, villano para otros. Luego de estar preso durante tres años, de asistir a múltiples audiencias, de ser considerado un enfermo depresivo y hasta de intentar agredir físicamente a algunos de los familiares de la víctimas a la salida de una audiencia, el oficial podría terminar sus días en la cárcel La Picota por una condena de 30 años. Él tiene 60 años de edad.

Es también la historia de la “dedicada y valiente esposa de un soldado de la patria”, de unos hermanos que dieron una lucha sin tregua porque se hiciera justicia, la de una juez amenazada, la de un Presidente enfadado con los jueces. La de un holocausto que sigue vivo.

Rechazo de las familias

En una rueda de prensa las familias de los desaparecidos del Palacio, a través de René Guarín, rechazaron las palabras del Presidente Uribe, quien dijo que “nosotros vamos a tener que pensar en Colombia un proyecto de ley, una revisión del ordenamiento jurídico, para evitar el desestímulo en las Fuerzas Armadas de Colombia”.

Ante lo cual respondieron: “No aceptamos, por irrespetuosas con las familias de los desaparecidos y con la rama judicial, las palabras que ha pronunciado el presidente de la República, Álvaro Uribe.

“¡Cómo me duele la ingratitud de un país!”

Hace nueve meses, más exactamente un domingo 27 de septiembre, Tania Vega de Plazas tomó una libreta y escribió una carta extensa inspirada en el dolor que le producía ver a su esposo, el coronel (r) Alfonso Plazas Vega, postrado en una cama del pabellón de heridos en combate del Hospital Militar de Bogotá.

“Jamás pensé que mi esposo, 17 años después de haberse retirado del Ejército, iba a estar en este pabellón. La verdad es que este es otro tipo de combate, diferente a los que él libró estando activo. Este es un nuevo tipo de combate que está siendo muy fructífero para los enemigos de Colombia: ¡el combate jurídico!”, afirma la adolirida cónyuge del veterano militar.

Y parece que el miércoles pasado el coronel no solo perdió ese combate del que habla su esposa, sino también, de momento, la guerra por demostrar que no es culpable de la desaparición forzada de once personas que habrían sobrevivido a la incursión de la guerrilla del M-19 al Palacio de Justicia, en 1985 y luego se esfumaron.

En un fallo considerado histórico, la juez Tercera Especializada María Stella Jara condenó al militar retirado a 30 años de prisión, que deberá pagar en una cárcel de alta seguridad y no en una guarnición militar.

Desde ese momento, Tania, la abnegada esposa del coronel Plazas Vega ni siquiera habla con los medios. “Está destrozada, usted entenderá, no ha sido fácil para ella y para la familia del coronel esta decisión. Ella ahora sólo quiere seguir cuidando a su esposo”, dijo en diálogo con El País Jaime Granados, el abogado que defiende al coronel.

Su defendido, dice el jurista, está siendo tratado por una junta médica que evalúa, entre otros, su estado mental. “Hace nueve meses el coronel Plazas Vega está sumido en un fuerte estado depresivo, “aislado en una habitación del piso seis del Hospital Militar”, cuenta Granados.

En ese sitio es custodiado por tres guardianes de los grupos especiales del Inpec. En ese cuarto de hospital asegurado con rejas, el coronel Plazas Vega cumplió ayer dos años y once meses de reclusión.

“¡Cómo me duele el alma, cómo me duele el corazón, cómo me duele la injusticia! ¡Cómo me duele la inversión de valores! ¡Cómo me duele la ingratitud de un país! ¡Y cómo me duele la indolencia de la gente!”, dijo Tania Vega ese 27 de septiembre de 2009.

Hoy, aunque no plasmadas en el papel ni difundidas por los medios de comunicación, esas mismas palabras quieren salir de la garganta de esta mujer, que se niega a expresar su dolor públicamente.

Sin embargo otros sí lo han hecho a través de protestas públicas y redes sociales. En Facebook se creo una comunidad, que ya tiene 3.319 miembros, y bajo la consigna ¡ libertad para el héroe colombiano, coronel Luis Alfonso Plazas Vega! busca invitar a miles de personas a rechazar el fallo proferido por la justicia colombiana.

En ella sus amigos y sus hijos, quienes residen en el exterior donde han logrado sumar varios jóvenes a su causa, dejan mensajes de respaldo como: “Salgamos todos a vitorear a Plazas, no nos pueden callar... marchemos por su LIBERTAD!”

También se creó el sitio www.yocreoenplazas.com y hasta La Unión de Organizaciones Democráticas de América, UnoAmérica, publicó un comunicado de respaldo al ex militar. Esas voces y una apelación son por ahora la esperanza del ex coronel.

“La lucha es nuestra, por la verdad y la justicia”

El otro capítulo de esta historia lo escribieron los familiares de las once personas que nunca aparecieron.

René Guarín, hermano de Cristina del Pilar, la cajera de la cafetería por donde supuestamente entraron los guerrilleros del M-19, es uno de ellos. Él, junto a otros familiares, creen que el rumor de que su hermana colaboraba con la guerrilla se difundió para tratar de justificar su desaparición.

Tras años de lucha y dolor, a René lo embargó una leve satisfacción el pasado miércoles, 25 años después de que viera por última vez a Cristina del Pilar con su blusa color fucsia, su falda a cuadros y su chaqueta negra. Ese 6 de noviembre, la licenciada en Ciencias Sociales, la bilingüe de la familia, la menor de ocho hermanos nunca regresó.

“Esperábamos este momento, pero fue demorado; años de dolor, amenazas, exilio e impunidad. Esperamos que no sea la última sentencia, pues hay otros militares, políticos y un ex presidente que tienen incluso más responsabilidad que la del coronel Plazas Vega”, expresó.

Con cada audiencia, cada indagatoria y ahora con el fallo es inevitable que René traiga a su mente lo vivido el 6 y 7 de noviembre de 1985. “Yo estaba en la Universidad Nacional, tenía 23 años. Cuando me enteré de la toma fui al Palacio, pero no nos dejaban pasar.. Pregunté por Pilar, vimos el incendio, los disparos. Esperamos que llegara pero no llegó”.

Recuerda, aún con asombro, el día en que el coronel Plazas, iracundo, intentó agredir a los familiares que protestaban a la salida de una audiencia. A su mente se vienen las imágenes del abogado José Eduardo Umaña, el primero que los representó para reclamar al Estado un juicio contra los responsables, y quien fuera asesinado en 1998. Recuerda el exilio en Europa... los años de angustia.

Sin embargo, dice, la incertidumbre de no saber dónde está lo que quedó de su hermana y de las otras personas, es un fantasma que lo persigue.
Lo mismo piensa César Rodríguez, hermano de Carlos Augusto, el administrador de la cafetería.

“El fallo nos dejó una sensación de satisfacción y esperanza. Es también una advertencia a todos los militares que participaron en estas desapariciones, pero nos queda aún un profundo dolor”.

Alejandra, la niña que en noviembre de 1985 tenía un mes de nacida, ahora sigue los pasos de su padre: estudia derecho, tal como lo hacía Carlos Augusto a sus 29 años.

“Para ella ha sido una tragedia recordar ese suceso, habiendo perdido a su padre en esas circunstancias. Ella sabe que es un logro de la justicia, pero un logro muy tardío”, relata César.

Durante todos estos años en busca de ser escuchados, los familiares de los once desaparecidos han insistido en la culpabilidad de la línea de mando de esa época, que incluye generales, civiles y al mismo Presidente Belisario Betancur.

Creen que los verdaderos responsables tanto de la toma como de las desapariciones han vivido durante los últimos años disfrutando de comodidades y altas posiciones en el Gobierno, “mientras que las familias de las víctimas siguen sufriendo”, dice César Rodríguez.

René y César dicen que entienden el dolor de la señora Tania Vega, pese a que en días pasados ella dijo que “ellos eran víctimas utilizadas”. “Entendemos su dolor, pero no hemos sido utilizados, la lucha es nuestra por la verdad y la justicia”.

Datos claves

El coronel (r) Plazas Vega, para la época del Holocausto, tenía la función de llevar el refuerzo para facilitar el ingreso de las tropas al Palacio.

Según René, nunca la justicia colombiana se había tardado tanto en proferir una sentencia contra agentes del mismo Estado.

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