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Viernes 4 de Marzo de 2016    
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DÍA DE LAS MADRES
'Te voy a pedir prestados dos años de mi vida'
María Luisa Camacho de Lavista añoraba ser madre de un niño y le llegaron dos. Uno de ellos es uno de los grandes compositores mexicanos
Héctor Guardado
01-05-2009
 
María Luisa Camacho de Lavista
Fotografía: Noroeste/Eduardo Reséndiz.
MAZATLÁN._ A dos años de haber contraído matrimonio María Luisa Camacho de Lavista estaba angustiada porque no había quedado embarazada, deseaba tanto tener un hijo, que cuando por fin le dieron la noticia saltaba de gusto.

"Recuerdo que a los seis meses de embarazo fui a consulta con la ginecóloga, en la Ciudad de México, vio algo extraño en el embarazo y me mandó hacer una radiografía", comparte.

"Me acompañaba mi madre. Cuando recogimos los resultados nos subimos a un camión y la curiosidad hizo que abriéramos el sobre antes de llegar con la doctora. Nos pusimos a gritar del asombro: era un parto gemelar. Todos en el camión me felicitaron".

Tuvo un niño y una niña, Mario y María Luisa. Mario es hoy uno de los compositores mexicanos de música culta más reconocidos en el extranjero, miembro del Colegio Nacional de México y Premio Nacional de Ciencias y Artes 1991, además de padre de la bailarina y coreógrafa Claudia Lavista, fundadora de Delfos danza Contemporánea, la compañía residente del Teatro Ángela Peralta, en Mazatlán.

María Luisa recuerda que cuando se casó con Mario Lavista Peimbert su contacto con la música había sido distante, pero el hermano de su marido, Raúl Lavista, era el compositor de la música de muchas películas de la Época de Oro del Cine Mexicano. Él sembró en ella un gran interés por este arte.

"El me introdujo al mundo de la música. Todos íbamos mucho a Bellas Artes, llevábamos a los niños a la ópera y a los conciertos. Todos los domingos nos reuníamos en nuestra casa de la Condesa, con el grupo de compañeros de la clase de apreciación de la música, interpretaban al piano y cantaban".

Recuerda cuando la llamó una maestra en la primaria de su hijo Mario, para decirle que su hijo tenía que tomar clases de música. La mentora tocaba el piano mientras los niños hacían gimnasia y el entonces niño prefería quedarse revisando y escuchando el instrumento que salir a recreo.

"Así entraron a estudiar piano mis dos hijos. Un día me llamó la maestra para decirme que Mario ya había sobrepasado sus conocimientos, que tenía que darle clases otro maestro. Empecé a preocuparme, porque en ese tiempo un músico era muy segundas partes y batallaban mucho con la vida", explica.

María Luisa deseaba que su hijo estudiara ingeniería y lo convenció de que, cuando terminara esa carrera, podría dedicarse a la música. Mario entró al Politécnico.

"Un día llegó mi hijo y me dijo: mamá, te voy a pedir prestados dos años de mi vida. El Instituto Francés para América Latina le había dado una beca para que se fuera a estudiar. Mi angustia fue enorme, tan lejos y con tanta música", cuenta María Luisa.

"Regresó en barco de ese período de estudios y uno de los pasajeros era Rosa Covarrubias, esposa del famoso pintor Miguel Covarrubias. Ella lo escuchó tocar piano en las tardes de travesía y le dijo: tú tienes que dedicarte a la música. Le consiguió una entrevista con el director del Conservatorio Nacional, Carlos Chávez".

María Luisa acompañó a su hijo a la entrevista.

"Inmediatamente Chavéz lo inscribió en el taller de composición Eran principios de los años 60 del siglo pasado, Mario era muy chico todavía. Nunca regresó al Politécnico y se convirtió en un gran músico mexicano", comparte orgullosa.

A final de cuentas, la vida haría que Mario también viviera las angustias que ella como madre sufrió. Su hija Claudia decidió ser bailarina. Otra historia en el aire.

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