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Pierre Boulez, director

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"Hamlet", Obertura-Fantasía Op.67a 17'50
Orquesta Sinfónica de Montreal
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Krzysztof Penderecki: “Tengo muchos deseos de ir a Chile”

KP 7 I

El compositor polaco conversó con Radio Beethoven durante su visita a Lima, donde se presentó en el Gran Teatro Nacional frente a la Orquesta Sinfónica Nacional del Perú.

El compositor y director Krzysztof Penderecki (n.1933) ocupa un lugar de excepción en la música contemporánea, si adoptamos esta denominación para la creación de los últimos cincuenta años. Lo decimos porque su obra ha sido transversal entre los públicos de hoy, y ha sido aclamada tanto por los amantes de las estéticas modernas como por aquellos que aun sienten suspicacia por los sonidos del presente. Y es que la propia obra de este músico polaco ha abarcado tanto la experimentación más radical como una concepción más tradicional del lenguaje musical en cuanto a armonía y forma, pero en cualquier caso, siempre manteniendo una voz identitaria única.

Su estatus de ícono se subraya con la comunicación directa que tiene con las audiencias a través de la dirección orquestal. En efecto, su agenda es muy activa en este ámbito, y se presenta en teatros de todo el mundo, a veces con programas enteramente dedicados a su música, o también en convivencia con obras del repertorio establecido. Y así fue que el músico ofició como director invitado de la Orquesta Sinfónica Nacional del Perú en un exitoso concierto realizado el pasado 24 de octubre en el moderno y magnífico Gran Teatro Nacional de Lima. Aprovechamos esa visita para que el compositor conversara con Radio Beethoven.

Lamentablemente Penderecki no se ha presentado aún en Chile, donde su música es altamente valorada (es cosa de recordar el interés provocado por los estrenos nacionales de su Concierto para Flauta y su Sinfonía No.2 hace pocos años), pero el maestro es consciente de que nuestro país es una plaza que le falta por cubrir. “Tengo muchos deseos de ir a Chile”, manifiesta, a la vez que consulta por nuestra vida musical. “¿Cómo se encuentra el medio chileno en cuanto a compositores?”, pregunta interesado. Además guarda gratos recuerdos de nuestro último Premio Nacional: “conocí a León Schidlowsky en los sesenta. Un compositor muy ‘loco’ pero con grandes ideas”.

 

¿Cuál es su evaluación del concierto en Lima?

Me encontré con una orquesta muy buena, joven, realmente entusiasta y con ganas de tocar. Trabajé con ellos dos piezas mías totalmente distintas. Primero el “Treno a las Víctimas de Hiroshima” de mi primera etapa creativa, que después de cincuenta años sigue siendo muy difícil de tocar. Después el Adagio de la Tercera Sinfonía, en un arreglo exclusivamente para cuerdas que hice el año pasado. Y por supuesto, incluimos la Cuarta Sinfonía de Mendelssohn, que los músicos naturalmente ya conocían, por lo que el trabajo fue muy fluido.

 

Esta es su primera visita a Perú, pero no su debut en Sudamérica.

A Caracas viajo constantemente debido a mi conexión con El Sistema. Será alrededor de unos 25 años que voy para allá y trabajo con los jóvenes músicos, además que José Antonio Abreu es muy amigo mío. Hay una vida musical de alto nivel en ese lugar. También he estado en Brasil unas tres o cuatro veces, y en Argentina, donde existe una escena muy rica en lo que se refiere a música contemporánea, y una ópera mía, “Ubu Rex”, se hizo en el Teatro Colón hace unos diez años.

 

Su trabajo como director de la música de otros no está extensamente documentado. ¿Puede comentar sobre esta faceta de su carrera y cual es enfoque a la hora de dirigir una obra como la Cuarta de Mendelssohn?

Comencé en la dirección con mi propia música, y fui ganando experiencia. El hecho de trabajar piezas de gran complejidad como mi “Polymorphia” me ayudó en gran medida a cimentar ese aspecto. Posteriormente, cuando comencé a ser invitado por las orquestas, me empezaron a pedir obras del repertorio tradicional. Para mí es un agrado principalmente dirigir las obras de Beethoven, que después de Bach, es el compositor más importante para mí, como una especie de ‘mentor’. Su concepto de forma influyó mucho en lo que hago, y sin duda fue un compositor revolucionario en su tiempo. También me gusta abordar las obras de Dvorák, Tchaikovsky, pero mi repertorio no va más atrás de Beethoven. No dirijo ni a Bach ni a Mozart.

 

Su versión de la Cuarta de Mendelssohn resultó muy energética.

¡Es que la obra es así! La propia música te empuja y te lleva a dirigirla con una energía que está al servicio de la partitura. Es una pieza muy fresca, llena de vitalidad.

 

En sentido inverso, hay directores de todo el mundo que interpretan su música. Por ejemplo, ¿qué le parecen las grabaciones de sus obras que ha hecho Antoni Wit en los últimos 15 años para el sello Naxos?

Muy buenas. Debe ser el mejor director de mi música. Él tiene una visión global de toda mi carrera, por lo que entiende las conexiones entre mis distintos períodos y la evolución que ha tenido mi lenguaje. Diría que es el mejor director polaco a nivel mundial en estos momentos.

Un aspecto conocido de usted es su pasión por los árboles, los cuales colecciona en su parque privado. ¿Diría usted que su amor por los árboles y la naturaleza han influenciado su música de la misma manera que la religión católica?

Pienso que sí. Mi abuelo estaba muy interesado en los árboles, y a la edad de cinco años comencé a aprender sobre estos. Así se transmitió ese amor hacia mí, y me llevó a crear mi colección. Actualmente tengo 18.000 especies de árboles en mi arboretum. Entonces es parte de mi vida, tal como lo es la fe católica. Y sí, yo busco la inspiración cuando camino por mi parque o trabajo en él, y siempre se transforma en una experiencia iluminante a la hora de componer.

 

Después de la muerte del compositor Dave Brubeck hace dos años, usted pareciera ser el único nombre conocido a nivel mundial cuyo trabajo está fuertemente influenciado por el catolicismo.

También tuvimos a Messiaen, un compositor que no tiene nada que ver con mi lenguaje pero que siempre respeté. Solo puedo decir que eso viene de mis raíces. Provengo de una familia muy religiosa, y desde temprano escribí música de tipo sacro. En mi carrera posterior hice oratorios y otras obras de largo aliento relacionadas con el credo católico. También tiene que ver con mi amor por la escritura para coros. Trato de cada año escribir algo para coro a capella, por ejemplo, es algo que siempre estoy ejercitando. Hay que amar la voz humana para hacerlo. Otro punto importante es que el régimen comunista de Polonia reprimió la religión, y cuando yo era joven el escribir música sacra era una forma de rebelarse.

 

¿Y qué piensa de los problemas que ha tenido la Iglesia Católica en los últimos años?

Creo firmemente en Dios, pero no siempre apoyo la institucionalidad. Pero cuando digo esto me estoy refiriendo al clero polaco, que es muy conservador y no se movió con los tiempos, ni siquiera ahora. Los obispos polacos critican incluso al Papa Francisco porque no quieren perder su poder. Y eso me irrita, porque el Papa está trabajando por una iglesia más abierta, que es lo que a mí me interesa. Realmente el Santo Padre está haciendo una gran labor a la cabeza de la Iglesia.

 

Hablando de la fe católica, usted ha manifestado que Anton Bruckner ha sido una de sus grandes inspiraciones como compositor.

Sí, él escribió mucha música de alto nivel, en especial el Te Deum. Para mí es más importante que Mahler. Su concepción de la forma en el desarrollo sinfónico sirvió como punto de partida para una reflexión sobre estos conceptos, principalmente a mediados de los setenta, cuando mi foco era analizar y estudiar los formatos de la tradición y hacer algo propio con ellos.

 

Se suele dividir su carrera creativa en tres fases. La primera, avant-garde, exploratoria, experimental si se quiere, la segunda, denominada ‘neo-romántica’, y finalmente una síntesis de las dos anteriores. La transición entre las dos últimas, ¿fue algo consciente o surgió de manera natural?

De manera natural. Yo escribo la música que siento y que amo. En los últimos sesenta años mi música ha cambiado, por cierto. Y siento que sigue cambiando, pero yo compongo según mis necesidades. Algunos me han criticado que los giros que ha tomado mi lenguaje respondieron a una concesión al público. Eso es absolutamente falso. Yo no pienso en el público al escribir música, pienso en lo que a mí me interesa. La división de las etapas me parece adecuada como referencia general, pero hay obras de mi primera etapa, notoriamente “La Pasión Según San Lucas”, que incorporan elementos de la tradición, así como hay música que compongo hoy en día, principalmente en el formato de música de cámara, donde la conexión con mi trabajo de los sesenta es directa.

Existe gente (compositores, músicos, críticos, público) que consideran su ópera “Los Diablos de Loudun” de 1969, como una de sus más importantes obras, una de las más logradas. ¿Lo siente así?

Sí, estoy muy orgullo de esa obra. Hace poco hice una segunda versión, porque cuando la escribí originalmente, incluí una cantidad enorme de músicos extras, con instrumentos que no son habituales en una orquesta, como los saxos y el bajo eléctrico. Son cosas que se podían hacer en esa época. La nueva versión contempla una orquesta sinfónica más convencional, aunque no por eso menos grande. Es más práctica para montarla. El año pasado se hizo en Copenhague y luego en Varsovia. El material se mantiene casi intacto, solo hay unos pequeños pasajes donde re-compuse.

 

Su música se ha usado en filmes más de una vez. ¿Cómo lo ha sentido usted? ¿Está bien o parecen fuera de contexto para usted?

Cuando uno da permiso para que usen tu música, uno no tiene ningún control sobre el resultado. Nunca es fácil para un compositor ver como se mutilan sus obras o se toma un pequeño fragmento que se repita una y otra vez, pero hay casos como el de Stanley Kubrick y “El Resplandor”, donde se hizo un buen trabajo, tomando pasajes bien seleccionados de mi música para realzar ciertas atmósferas. Más recientemente fragmentos de mis obras se usaron en un film polaco titulado “Katýn”,  incluyendo mi Chaconna para orquesta, que compuse en 2005 en memoria de Juan Pablo II, un gran amigo a quien conocí desde 1951.

 

Causó sorpresa que usted hiciera un disco en conjunto con Jonny Greenwood, más conocido por ser el guitarrista del grupo rock Radiohead.

Es un músico muy dotado. Nos conocimos cuando él me visitó en Cracovia, y me dijo que mi música lo influyó mucho cuando estudiaba en Inglaterra, porque él se formó en conservatorio. Organizamos varios conciertos juntos, para el cual él compuso sus “48 Respuestas a ‘Polymorphia’”. En Gdansk, nunca lo olvidaré, actuamos antes 15.000 personas, mayoritariamente jóvenes, que por supuesto lo iban a ver a él (risas). Yo nunca había tenido tanto público.

 

Ha trascendido de que usted se encuentra trabajando en una nueva ópera, basada en “Phédre” de Jean Racine.

Solamente está listo el libreto, que es una excelente traducción del texto original al alemán adaptada por mí. Firmé un contrato con la Ópera de Viena, y debería estar haciéndose en 2018 o 2019. No me dieron una fecha límite, lo que en verdad no es bueno para un compositor, porque teniendo un plazo uno se programa para trabajar. El acuerdo que es la obra debe montarse no más allá de 16 meses después de que yo entregue la partitura. Espero comenzar el próximo año a componer la música, y eso me tomará un año y medio o dos años.

 

Por último, ¿podemos esperar una Novena Sinfonía de Penderecki?

Tengo ocho sinfonías, pero en verdad la Sexta no está terminada, así que es como si no existiera. Solo hay unos pocos bocetos de ella. Luego de la No.5, comencé la 6, pero rápidamente me involucré en el proyecto de hacer una obra por encargo de la ciudad de Jerusalén, lo que dio como resultado “Las Siete Puertas de Jerusalén”, que luego decidí que sería mi Séptima Sinfonía. Yo espero terminar mi Sinfonía No.6 antes de embarcarme en una Novena, lo que también está en mis planes.

 

Álvaro Gallegos M.

03/11/2014

 

 

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